Emir Lovelace - Capítulo 23
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 23: Capítulo 22
Emir me abrazó con fuerza, como si tuviera miedo de que me iría en ese momento, y le acaricié la base del cuello con cariño.
—Y al mismo tiempo me arrepiento de haber cometido esa estupidez, ¿sabes? —murmuró.
—Sí, porque tu vida estuvo en peligro de muerte, lo comprendo.
—No—me contradijo—es más que eso.
—¿Qué quieres decir?
—Mi padre se enfermó del corazón a raíz de ese suceso y hace unos días tuvimos una discusión que lo envió directamente al hospital.
Me aparté de él para mirarlo a los ojos. ¡Qué agonía inundaba su mirada! Sentí que mi corazón se partía.
—Pero él está bien ahora, ¿verdad?
—Aparentemente sí, pero no quise quedarme más tiempo porque necesitaba recuperarte del secuestro.
Me mordí el labio inferior y volví a abrazarlo.
¿Cuánta fue su desesperación por encontrarme que incluso dejó a su padre a un lado con tal de que yo estuviera a salvo?
Era imposible de creer.
Frotó su mejilla contra mi pecho e inhaló hondo antes de besarme el cuello, causándome cosquillas.
—No me he bañado en días—le recordé, aturdida.
—Eso es incluso mejor—ahogó una risita.
—¡Emir!
—Espero que esto te haga darte cuenta que de verdad eres importante para mí, Spirit—dijo con la voz seria—a mí no me gusta jugar con los sentimientos de nadie.
Me quedé en silencio sin soltarlo y asentí.
—Deberíamos beber nuestro café y degustar los panecillos antes de que se pongan duros—mencioné para cortar el silencio y volví a sentarme bien en el asiento.
—No solo los panecillos se pondrán duros si no nos damos prisa—le oí bromear y no pude evitar reírme.
Luego de comer y beber aquella delicia, seguimos andando hacia una dirección que solamente Emir sabía. Según él, ya había hecho esas llamadas importantes y nos dirigimos rumbo a su Jet privado que no estaba lejos del aeropuerto, pero era una zona privada que le correspondía a la realeza.
Tardamos cuarenta minutos en llegar y en el transcurso, Emir no me soltó la mano, a menos que fuese para mover la palanca de velocidades.
Pronto vislumbré un enorme edificio en donde él se escabulló, y comprendí que simplemente era una fachada, porque una vez adentrándonos, era una enorme pista de aterrizaje con muchos jets privados de color oscuro, probablemente pertenecientes a todas las personas que eran de la realeza y políticos.
—Príncipe Dominic—lo saludó un señor con una sonrisa de oreja a oreja en cuanto nos detuvimos.
—Hola, Eoin.
Emir me hizo señas para descender y obedecí. En otras circunstancias me habría gustado que me abriera la puerta, pero en aquel momento me interesaba más llegar a Londres y hablar con mi amigo Cameron.
—¿Qué le trae por aquí? Jamás ha usado su jet—preguntó el hombre y estiró el cuello para verme reunirme con Emir a su lado.
—Siempre hay una primera vez—convino Emir, afianzando su mano con la mía—el jet está listo, ¿no?
—Por supuesto, el mantenimiento sigue impecable y también el combustible—le informó Eoin con extrañeza—¿va a viajar con la joven o esperará a sus familiares?
—Eoin—sentenció Emir con franqueza y severidad—voy a viajar con ella—me señaló con la barbilla—y mi familia no lo sabe, así que más te vale no abrir la boca al respecto, ¿de acuerdo? Si te preguntan, no me viste y si se dan cuenta que mi jet no está, di que vine solo y no te dije a dónde iba.
El hombre asintió.
—Gracias, Eoin, serás recompensado en tu próximo cheque.
—Llamaré a su piloto, Príncipe Dominic.
Emir asintió, viéndolo marchar.
Y acto seguido, él tiró de mí rumbo a su jet, el cual parecía ser el color arena muy brillante que estaba hasta el fondo. Había personas puliendo la pintura y al ver a Emir, dejaron de hacerlo y cuadraron los hombros, casi sin respirar y le hicieron una reverencia antes de apresurarse a abrir la compuerta y bajar la escalera.
Emir me brindó el paso primero y subió después de mí, ambos siendo presas de miradas perplejas.
—Te alcanzo enseguida—me dijo, quedándose atrás.
Supuse que quizá hablaría con ellos para comprar su silencio, así que decidí entrar al jet y quedé totalmente anonadada.
Solo había visto en las películas o fotografías de famosos el interior de un jet, pero no pensé que sería más elegante y pulcro.
A los pocos minutos, Emir se reunió conmigo y yo continué de pie, admirando todo a mi alrededor. Tenía miedo de romper algo.
—¿Qué ocurre? —preguntó al ver mi expresión.
—Necesito usar un sanitario.
—Es justo al fondo—me señaló con el dedo y asentí con nerviosismo.
Incluso el baño era lujoso. Dios.
Me lavé la cara a conciencia y vi mi reflejo en el pequeño espejo. Mi rostro y cabello eran un desastre y a Emir ni siquiera le importó. ¿Qué estaba pasando? ¿En verdad iba a seguir con esta relación con alguien de la realeza?
Cuando salí del sanitario, encontré a Emir recostado en uno de los sillones reclinables color blanco, bueno, todo el interior era de ese color y podía mancharse con facilidad.
Alcancé a escuchar al piloto desde la cabina y vi a dos chicas vestidas de azafatas. ¡Qué emoción!
Emir volteó a verme cuando sintió mi presencia y me animó a sentarme a su lado. Con vergüenza, obedecí.
—Siento que voy a manchar o estropear algo—dije.
—No te preocupes, si se ensucia o se rompe, se reemplaza—eludió él, sonriendo.
Se inclinó hacia una pequeña nevera y sacó un par de sodas.
El piloto anunció que estábamos por despegar y abroché mi cinturón.
Le di un sorbo a la soda y miré por la ventana. ¡Era impresionante que estuviera a punto de viajar en un jet privado!
—¿Gusta comer algo en lo que llegamos a su destino, joven Príncipe? —Ambas azafatas se dirigieron a él con una sonrisa muy coqueta.
Él se quedó pensativo y me miró.
—¿Quieres comer algo? Hay todo lo que desees, solo pídelo. El vuelo durará una hora aproximadamente.
—Quisiera algo dulce, como pan tostado y nutella—respondí.
—Yo también quiero lo mismo, y café americano—ordenó Emir.
El par de mujeres asintió y desaparecieron detrás de una cortina.
—Aun siento que esto es demasiado, ¿cómo puedes lidiar con este tipo de atenciones? Yo me volvería loca, sin ofender—murmuré entre risas.
—Te entiendo—acotó, sonriendo—pero te acostumbras, es decir, esto lo vengo viendo desde que tengo uso de razón y me parece lo más normal, aunque he de decir que a veces me llega a hostigar tanta atención porque puedo hacer algunas cosas por sí solo y se empeñan a hacerlo por mí.
—Es el precio de ser el gran Príncipe de Irlanda—bromeé.
—También será el precio que deberás pagar cuando te cases conmigo y te conviertas en la Princesa de Irlanda—me guiñó el ojo.
Sus palabras me aturdieron y él sonrió al ver mi rostro sin expresión, totalmente asombrada.
—¿O acaso pensaste que solamente te quiero por un rato? —enarcó una ceja con escepticismo.
—Tú puedes tener tus propios planes, pero tu familia otros—arrugué la nariz—y no se diga ese sujeto extraño del muelle que nos amenazó.
—Seguramente es obra de Eleanor. Ella está enloquecida por mi hermano y pensó que tú eras el interés romántico de él, así que intenta no pensar mucho en ello. Yo voy a solucionarlo.
—¿Cómo lo harás?
—Encontraré la manera. Ella no me ama y es recíproco, así que podríamos llegar a un acuerdo, además, la marquesa estará más que feliz de casarse con Ewan que conmigo. A ambos nos va a beneficiar.
—¿Y qué hay de Ewan? ¿Le va a corresponder?
—Es lo de menos. Él acatará la orden directa de mis padres. De lo único que debemos preocuparnos es de que mis progenitores estén de acuerdo con el plan de cancelar mi compromiso y dárselo a mi hermano.
—¿Sabes? —me hundí en el cómodo asiento—ya conocía con anterioridad a Eleanor Darcy.
—¿De qué hablas? —se acomodó para poder observarme de manera cómoda.
—¿Recuerdas la vez que me fuiste a recoger al Puente Samuel Beckett?
Él asintió.
—Bien, pues antes de que llegaras, Eleanor planeaba lanzarse de ahí y morir, prácticamente—me encogí de hombros al verlo entornar los ojos—por obvias razones, evité que lo hiciera y estuvimos hablando un rato hasta que fueron a buscarla.
Emir se quedó en silencio, reflexionando.
—Y si yo hubiera dejado que se suicidara, tal vez ella no hubiera mandado a secuestrarme y nada de esto habría ocurrido, ninguna amenaza ni nada—suspiré.
—Nunca me imaginé que también Eleanor odiara tanto su vida como yo…
Aventuré a levantarle la barbilla con los dedos para que me mirara y él lo hizo con ternura.
—Jamás dejaré que vuelvas a odiar tu vida, Emir Lovelace, seré el mejor Willem y Andy para hacerte ver cuán importante eres para mí.
Con suavidad, tomó la palma de mi mano y le dio un delicado beso, para después recargar su mejilla en ella sin dejar de observarme. Alcancé a notar que sus pupilas se dilataban a pesar de que sus ojos eran oscuros.
Las azafatas interrumpieron nuestro íntimo momento para llevarnos nuestro manjar dulce.
Comimos con entusiasmo mientras veíamos una película en la pequeña TV que estaba sobre nuestras cabezas.
Y en todo el rato que estuvimos enfrascados en la película, él no soltó mi mano ni dejó de acariciarme el dorso con el dedo.
—¿En dónde aterrizaremos? —pregunté cuando el piloto anunció que habíamos llegado.
—En el aeropuerto porque en Londres no tenemos permitido aterrizar en otro sitio.
—Bien, entonces tomaremos un taxi para buscar a Cameron—manifesté ansiedad—espero no esté muy preocupado.
—¿Por qué te preocupas por él, cuando deberías haber pensado en tu familia? —frunció el ceño.
—A ellos no les comenté que me iría de regreso, ya que tenían entendido que estaría dos meses en Dublín.
Me sentí tranquila cuando vi a través de la ventana a mi bello Londres. Ya no estaba en Dublín, una ciudad y país tan frío como su gente, a excepción de Emir Lovelace, que yacía a mi lado, sosteniendo mi mano y mirándome atentamente con una media sonrisa.
En cuanto aterrizamos, Emir tuvo que detenerme para no lanzarme hasta el suelo, puesto que la escalera aún no estaba lista.
Una vez que pisé tierra londinense, quise incluso besar en donde estaba parada de tanta felicidad.
—¡Vamos! —le insté a Emir, emocionada.
Él asintió, pero antes me detuvo por un segundo.
—Dame un momento, daré indicaciones.
Desesperada, asentí, pero me dediqué a mirar a todas partes, sabiendo que era poco probable que Cameron siguiera ahí, esperándome después de tantos días.
Cuando Emir regresó, lo arrastré conmigo, atravesando el aeropuerto, en busca de la salida.
La mayoría de personas postraron su atención en Emir porque, para ser sincera, él era tan atractivo y siempre tenía que llevar una gorra para cubrir su perfecto rostro, pero esta vez no fue posible.
Él mantuvo la mirada en sus pies hasta que llegamos a la salida.
Sin embargo, unas manos ajenas a él, me abrazaron desprevenidamente, haciendo que lo soltara bruscamente. Esa persona me elevó por encima de mis pies, estrechándome con fuerza contra su cuerpo.
—¡¿En dónde estuviste?! ¡Te he esperado todo este tiempo! ¡No bajaste de ese maldito avión y decidí quedarme todo el tiempo necesario!
Me estremecí.
Reconocí esa voz y lo abracé de vuelta.
—¿Qué está pasando aquí? —ladró Emir detrás de nosotros, pero siendo educado de no comenzar una riña.
Le palmeé la espalda a Cameron para que supiera que ya era momento de separarse de mí, pero afianzó más sus brazos alrededor de mí.
—Cameron, quiero presentarte a Emir—dije, risueña.
En cuanto mencioné el nombre de los dos, ambos respingaron.
Cameron me depositó sobre mis propios pies y giró sobre sus talones en dirección a Emir y quedé en medio de ellos.
Para ser sincera, no esperaba que fueran de la misma altura. Hasta ese instante me di cuenta que yo era demasiado bajita en comparación a los dos.
—Emir, él es Cameron, mi mejor amigo—corté el silencio filoso—Cam, él es Emir, mi…
—…novio—Emir terminó la frase por mí y extendió su mano hacia mi amigo.
—El famoso Emir Lovelace en persona—canturreó Cameron, estrechando su mano de vuelta y esbozando su típica sonrisa coqueta—así que estuviste con él todo el tiempo y yo me preocupé en vano.
Percibí la irascibilidad en su voz disfrazada de dulzura. Era más que obvio que quería asesinarnos.
Emir no comprendía su actitud.
—Me estoy perdiendo de todo, ¿de qué hablas, Lucien?
Cameron rodó los ojos.
—Tu hermano Ethan es el que más me tiene con los pelos de punta, Emir Lovelace.
—Mi hermano se llama Ewan—lo corrigió y frunció el ceño— ¿y tú qué sabes de él?
—Antes de abordar el avión, le comenté a Cam que tu hermano me hostigó en el hotel y por eso decidí volver a Londres—le expliqué a Emir.
Emir resopló, sulfurado.
—¿Y por qué no me llamaste para decirme que estarías con tu novio, en vez de hacerme perder el tiempo todos estos días aquí? La gente quería echarme a la policía porque pensaron que quería robar o algo—masculló Cameron con los ojos en llamas.
Abrí la boca para contestarle, pero Emir se adelantó.
—Ocurrieron cosas banales, que no son importantes de contar—mintió y parpadeé, perpleja. Él me envió una mirada cómplice y no tuve más remedio que asentir.
Probablemente Emir no quería involucrar a Cameron en nuestros problemas y por eso decidió omitir el detalle de cuando fui secuestrada, aunque, de todos modos, yo sabía que tarde o temprano mi mejor amigo lo descubriría.
—El motivo de nuestra visita eres tú—añadió Emir, agarrándome de la mano—Spirit estaba preocupada por ti y quería verte.
Mi amigo se caracterizaba por tener una mirada glacial y por tener los ojos azules muy fríos, pero en ese momento, parecía un pequeño cachorrito y más cuando me abrazó, sin importarle la presencia de Emir.
—Gracias por traerla a casa, en donde debe estar—dijo Cameron.
Me tensé bajo su abrazo.
—Eh, sí, eso, Cam…
—¿Qué ocurre? —él me miró confundido.
—Vamos a irnos de viaje los dos—replicó Emir con autoridad—y solo quería cerciorarse de que estabas bien antes de irnos.
—¿A dónde te vas? ¡Acabas de regresar! —Cameron ignoró a Emir y no dejó de abrazarme.
Mis mejillas se tiñeron de rojo gracias al rubor.
—A pasar tiempo a solas—carraspeó Emir.
Entonces Cameron dejó de abrazarme para enfrentar la mirada oscura de Emir, quedando peligrosamente cerca de él, con la intención de intimidarlo.
—¿No crees que ya han pasado demasiado tiempo juntos? —estrechó los ojos en modo acusatorio.
Emir se pasó una mano por el cabello, probablemente harto de la situación y usando toda la paciencia posible para no romperle la cara a mi mejor amigo.
—Cameron, déjalo así. Quiero ir con él, ¿de acuerdo? Solo será por unos días más—titubeé.
—Iré también yo—increpó Cameron.
—¿Qué? —inquirimos Emir y yo al unísono.
—Sí, ¿o pensarás que voy a dejarte ir con este irlandés desconocido, así como así? —masculló, irritado—no toleraré que nuevamente desaparezcas del mapa, no, señorita. O los acompaño o armo un escándalo para que te quedes.
Miré de soslayo a Emir y vi que un músculo palpitaba en su mejilla, señal de que había perdido la paciencia.
La tensión entre ellos terminó por abrumarme. ¿De verdad quería más problemas?
Había sido secuestrada por culpa de la realeza irlandesa y mi mejor amigo no tenía idea de ello porque Emir decidió que guardáramos el secreto y ahora ambos estaban mirándose como perfectos idiotas en la salida del aeropuerto sin tener la menor preocupación de que estaban bajo el escrutinio público, pero eso no era lo peor: me tenían agarrada de los brazos, intentando llevarme de su lado.
Sin embargo, el teléfono de Emir comenzó a sonar y pese a responder la llamada, no me soltó.
—¿Qué crees que haces? —le espeté a Cameron.
—Spirit, ¿acaso no te das cuenta de que estás actuando como una loca? —me riñó de vuelta—no puedes solo irte con él a quien sabe dónde sin avisarle a tus padres.
—Te estoy avisando a ti.
—Soy tu mejor amigo—siseó, irritado y sus petulantes ojos azules se postraron en la mano de Emir que sostenía mi otro brazo con firmeza y atendía su llamada en murmullos—y tu familia debe saber en qué estás metida.
Suspiré.
—No me hagas refrescarte la memoria, Cameron—gruñí—a ellos no les importo en lo absoluto. Desde que me fui de casa, apenas me llaman y ni siquiera me enviaron más mensajes cuando les informé de mis vacaciones en Dublín.
Era cierto que jamás tuve una buena relación con mi familia porque eran conflictivas, y minimizaban mis sentimientos desde niña y tras tener la oportunidad de alejarme de ellos, lo hice y no me arrepentía para nada.
Y a estas alturas, ¿qué les iba a importar si yo estaba saliendo con un Príncipe irlandés? Mientras no les diera problema, ellos estarían a gusto.
—Spirit.
La voz de Emir me hizo salir del ensimismamiento y volteé a verlo.
—Es hora de irnos.
Asentí y volví el rostro hacia a Cameron, que no tenía indicios de dejarme ir.
—Por favor—le imploré—suéltame.
Pero lejos de aflojar su agarre, incrementó la fuerza, llegando al grado de comenzar a lastimarme.
Hice una breve mueca para que Emir no se diera cuenta, pero fue imposible ocultárselo porque en cuestión de segundos, Cameron yacía en el suelo, inmovilizado rudamente por Emir.
Mi mejor amigo pataleaba y hacía un esfuerzo sobrehumano por gritar, pero Emir le había cubierto la boca con una mano y el resto de sus extremidades las tenía alrededor del cuerpo de Cameron como si fuera una serpiente. Era una llave de lucha o algo por el estilo.
—¡Emir, suéltalo! —chillé cuando vi a Cam cambiar de color, de rojo a morado— ¡por favor!
Escuché un bufido por parte de él, señal de resignación y por fin lo soltó, dándole una patada para mantenerlo alejado. Me arrodillé a auxiliar a Cameron, pero él me rechazó la ayuda y empezó a toser con desesperación, tratando de respirar bocanadas de aire.
—¡Eres un maldito loco! —logró decir Cameron, agonizando de dolor en el suelo.
Las personas estaban muy confundidas de lo que había ocurrido porque Emir no parecía haber estado asfixiando a mi mejor amigo minutos atrás, puesto que se había alisado la ropa y estaba de brazos cruzados y recargado en el cristal con la mirada oscura en nosotros, esperándome con aire calculador. ¿Qué le pasaba?
—¿Y así piensas que voy a dejar ir con él? —masculló Cam, buscando algo en su ropa—llamaré a la policía…
—Si lo haces, saldrás perdiendo—repuso Emir a nuestras espaldas—además, si esto es lo que estás buscando, será mejor que lo des por perdido.
No supimos a qué se refería hasta que volteamos a verlo. Sostenía el teléfono de Cameron en una de sus manos y acto seguido, lo estrelló en el suelo con todas sus fuerzas, haciendo añicos el aparato.
Sacudí la cabeza, aturdida por su comportamiento.
Mi amigo por su parte, se quedó con los ojos entornados mirando lo que quedaba de su teléfono y de no tener algo más importante como recuperar el aliento, tal vez se le habría ido encima.
—¿Qué te sucede, Emir? —le pregunté con voz temblorosa. No parecía él.
Sus ojos oscuros que habían estado a la defensiva, se suavizaron y alcancé a sentir calidez en ellos otra vez.
—Solo vámonos—suplicó, extendiendo su mano hacia a mí.
Tomé su mano con indecisión.
—Está bien, pero primero quiero cerciorarme de que mi amigo llegará con bien a casa…
Me quedé quieta cuando sentí la mano de Cameron en mi tobillo y volteé a verlo por encima del hombro.
—Cam…
—Voy contigo o te quedas—carraspeó él, sin dejar de agarrarse el cuello con la otra mano.
Busqué enseguida la mirada de Emir y él frunció el ceño.
—Por favor, llevémoslo, solo así Cameron estará tranquilo y yo también. Podemos darle su espacio y pedirle que no nos moleste.
Involuntariamente, alcé la mano y le acaricié la mejilla con cariño, haciendo que él se estremeciera bajo mi tacto. Tomó mi mano y besó la palma antes de ponerla nuevamente sobre su mejilla y cerrar los ojos unos segundos.
—De acuerdo, puede acompañarnos, pero con la única condición de que no estorbará en lo absoluto—dijo Emir, mirando con recelo a Cameron, quien se incorporó lentamente y tambaleante.
A ciencia cierta no podía estar de parte de nadie porque para ser sincera, solo deseaba estar tranquila. Quería ducharme y dormir.
Insté a Emir a irnos y tomándome de la mano, comenzamos a andar de regreso al área de abordaje con mi mejor amigo pisándonos los talones.
Me sorprendía que Cameron no hubiera hecho alguna protesta o comentario sarcástico. Nos siguió en silencio hasta atravesar el aeropuerto entero y salir a la pista.
—No me has dicho a dónde quieres ir—me susurró Emir en la oreja de manera juguetona. No pude evitar reír por las cosquillas.
—A Zermatt, Suiza.
Desde pequeña aquel había sido siempre mi mayor anhelo, conocer ese hermoso país y deleitarme con las montañas y la calma total de la naturaleza. Y como ahora tenía la oportunidad para visitar algún sitio de mi preferencia, definitivamente era Suiza.
—Me gusta—le oí decir—entonces iremos a donde tú desees.
Esbozó una sonrisa y le devolví el gesto. Me soltó la mano, solo para rodearme los hombros con el brazo y atraerme más a él mientras avanzábamos hacia el jet.
Por varios minutos me olvidé que Cameron venía con nosotros y no fue hasta que subimos la escalera que reparé en él. Su mirada destilaba desprecio hacia a Emir y traición hacia mí, aunque también percibí que había quedado encantado con el jet privado, pero como era muy orgulloso, se mantuvo callado y tomó asiento lo más alejado de nosotros.
—Será un vuelo de dos o tres horas aproximadamente—informó Emir a ambos, pero mirándome solo a mí—iré a hablar con el piloto, no tardaré.
Asentí, viéndolo caminar hacia la cabina.
—¿Me dirás a qué demonios se dedica este sujeto? —bramó Cameron con voz filosa.
Me mordí el labio inferior y volteé a verlo.
—Pregúntaselo personalmente.
—¿Por qué no me lo dices tú? ¿Es de la mafia irlandesa o italiana? —se precipitó.
—No me concierne decírtelo, Cam. Lo siento. Esa respuesta es únicamente de Emir.
—¿Qué puede ser peor que salir con un mafioso? —musitó.
Me encogí de hombros.
—Actúas muy diferente—observó y se acercó a donde yo estaba, quedando a un asiento de distancia—es como si fueras otra persona.
—¿A qué te refieres? —fruncí el ceño.
—No lo sé, tu mirada es distinta y no me refiero a cuando tienes sexo con alguien, sino es algo más—me escrutó el rostro con descaro.
—Si te mantienes tranquilo, es posible que Emir decida contarte todo—lo tranquilicé.
—Carajo, Spirit, ¿por qué ya no confías en mí? ¿Qué te hizo ese idiota para que eligieras ya no contarme nada? se supone que somos mejores amigos, ¿no? —le tembló la voz— ¿o acaso ya no lo somos?
Tragué saliva. Dios. Si tan solo Cameron supiera…
Emir regresó de la cabina con las dos azafatas detrás de él, que se encargaron de llevarnos charolas con bocadillos a los tres y una de ellas pareció llamarle la atención Cameron, pero él estaba demasiado ocupado despotricando en susurros como para darse cuenta, además, podría la chica incluso desnudarse y él jamás la habría volteado a ver.
El jet se puso en marcha, ganando velocidad para poder elevarse y nos pusimos el cinturón de seguridad.
Emir de vez en cuando le echaba un vistazo a Cam y luego a mí.
—Creo que voy a dormir un rato—le avisé después de beber un poco de jugo—estoy muy cansada.
Ahogué un bostezo y me hice un ovillo en el sofá. De pronto sentí que me inclinaba y miré a Emir.
—Así estarás más cómoda—sonrió. Él había inclinado el asiento para mayor comodidad y le sonreí en agradecimiento.
Supuse que no se percató de que mis ganas de dormir habían sido fingidas, puesto que deseaba que Cameron y Emir tuvieran una conversación mientras yo no estaba “aparentemente” presente y limar las asperezas.
Cerré los ojos y agudicé los oídos para escuchar cualquier cosa que ellos dijeran.
Transcurrieron alrededor de quince minutos de absoluto silencio, y pensé en darme por vencida y dormir de verdad.
—¿Quién eres en realidad o de qué trabajas para poseer este tipo de avión, que por lo que veo, cuesta una fortuna?
Cameron fue el que rompió el lúgubre silencio y contuve la respiración.
—¿Habría alguna diferencia en tu manera de tratarme si te respondo? —inquirió Emir, con aire irónico.
—Probablemente no, pero al menos me ayudaría a entender la extraña obsesión de mi mejor amiga contigo.
Di un respingo cuando escuché el sonido de cristales chocando entre sí tras abrir algún compartimiento que estaba fuera de mi campo visual.
—¿Quieres un poco de vino? —le ofreció Emir.
—Bien.
El sonido del corcho y el vino deslizándose en las copas me estremeció. Esperaba que esa conversación fuera amena y perfecta para poder tenerlos a los dos juntos sin que pelearan.
—Te escucho—dijo Cameron.
—Mi nombre completo es Dominic Emir Cavanaugh Lovelace—declaró Emir con arrogancia—mejor conocido como el Príncipe de Irlanda y heredero de la corona.
Hubo un silencio sepulcral de parte de mi mejor amigo. No sabía si se había quedado congelado por la impresión o estaba a punto de echarse a reír pensando que era un chiste de mal gusto.
—¿Qué?
—Impresionado, ¿no es así? —vaciló Emir, saltando a relucir el egocentrismo de su persona.
—¿Eres el famoso Principito que huye de las cámaras y cuida perfectamente bien que su rostro no aparezca en internet ni en las noticias? —añadió Cameron con sarcasmo.
—Él mismo.
—No puedes estar esperando a que te crea—ahogó una risa nasal—creo que eres más bien un mafioso.
—Te di la respuesta que tanto querías, por lo tanto, queda en tu miserable, pequeño y reseco cerebro creerme o no, porque yo no mentiría en algo como eso.
Quise reírme por lo que Emir había dicho del cerebro de mi amigo y tuve que morderme los labios y calmarme.
—Es imposible—continuó negándose.
—¿Por qué es imposible? —lo desafió.
—Porque jamás una persona de ese rango se fijaría en una chica como Spirit—confesó, contrariado—es decir, ella es hermosa, pero por lo que sé, los de la realeza se casan con los de su mismo entorno, no con gente común.
—En eso te doy la razón—puntualizó Emir—me comprometieron con una marquesa desde pequeño.
—¿Y aún sigues siendo tan descarado de engañar a Spirit y hacerle creer que vas a estar con ella? —bramó Cameron, encolerizado.
—Yo no amo a esa marquesa—le contradijo Emir—y no pienso casarme con ella. Spirit sabe perfectamente que voy a renunciar a la corona si no llego a un acuerdo con mis padres.
—Ni siquiera te creo que seas ese príncipe y ya crees que voy a seguirte la corriente en las estupideces que estás diciendo—masculló— ¡Deja a Spirit en paz!
—Jamás—espetó Emir, subiendo el volumen de su voz y después la volvió a bajar—Spirit es lo único bueno y perfecto que tengo en la vida y no pienso renunciar a ella.
—¿La amas? —preguntó con ironía.
—Sí, más de lo que debería.
—No puedes amar a una persona en tan poco tiempo—se burló Cameron—seguramente estás encaprichado.
—No lo estoy. Sé perfectamente lo que siento por ella—gruñó.
—Escucha, no eres el primero ni el único que finge amor por Spirit para llevarla a cama—siseó Cameron y fruncí el ceño desde mi asiento—su anterior novio, un desgraciado, le dijo en menos de un mes de haber comenzado su relación que la amaba, la llenaba de regalos, era muy dulce con ella, decía que quería convertirla en su esposa y madre de sus hijos, ¿y sabes qué? El hijo de puta después de insistirle tanto a que tuvieran sexo, lo hicieron y poco después la dejó como si fuera basura. La reemplazó fácilmente por una idiota de enormes pechos asquerosos y de útero festivo, que era de dominio público, causándole muchísimas inseguridades a Spirit con respecto a ella misma y a su cuerpo—hizo una pausa para tomar aire porque estaba hablando atropelladamente— ¿y quién crees que limpió esas dolorosas lágrimas por meses? Yo. Y me niego a volver a verla destrozada como esa vez y menos por alguien como tú, que se ve que, con solo chasquear los dedos, consigues lo que quieres o lo desechas sin dejar rastro.
—Spirit me contó ciertas cosas de su antigua relación y sabe perfectamente que nunca le haría lo mismo—se defendió Emir.
—Al menos no la has dejado después de haberla llevado a la cama—aguijoneó Cameron.
—Ese tema es privado.
—Da igual, Emir Lovelace, yo voy a cuidarla siempre, te lo digo en serio—le advirtió—y no vas a hacerla llorar, de lo contrario, no me va a importar que seas el mismísimo diablo, te cortaré las bolas y se las daré de comer a tu familia como plato principal.
Y sin previo aviso, Emir soltó una carcajada genuina, llegando al punto de sobresaltarme.
—¡No es broma! —replicó Cameron, probablemente asustado por su reacción—el ex novio de Spirit incluso en una carta escrita y firmada a mano por él, había dado la autorización de ser castrado si en caso le era infiel a ella, ¿y qué crees? Mi querida amiga insistió en olvidar esa promesa porque vio que yo sí estaba decidido a cumplir con ese mandato. Incluso compré tijeras especiales de jardinería para efectuar el acto de castración como el perro calenturiento que es.
Pero eso ocasionó que Emir riera con más ganas.
—A hurtadillas hubieras realizado la castración—expuso—y mantenido en tu resguardo esa carta donde él daba dicha autorización, total, incumplió con lo establecido y se lo merecía.
—No me des ideas, Lovelace, que soy capaz de retomar esa encomienda—se burló Cameron.
De alguna forma, me relajé. La conversación estaba comenzando a fluir mejor de lo que esperaba y todo gracias a mi ex novio, ¡qué locura!
—Me encantaría conocer a ese sujeto en persona—manifestó Emir con jovialidad.
—¿Sabes? No es mala idea—coincidió Cameron— ¡Imagínate la cara que pondrá el imbécil al ver con quien sale ahora Spirit! —canturreó, emocionado. —Si de verdad estás seguro de querer conocerlo y hacerle una visita, tienes que llevar el mejor de tus autos y vestirte lo más elegante posible.
—¿Eso quiere decir que me crees que soy el Príncipe de Irlanda? —inquirió Emir, molestándolo maliciosamente.
—De momento voy a creerte y también confío en que no serás otro imbécil, pero con dinero, que dejará a Spirit cuando ya no le sirva.
Durante un largo rato, ningún dijo algo y creí que la charla había concluido y pensé en fingir despertar, pero me quedé quieta cuando Emir suspiró.
—Cameron, —me pareció extraño que mencionara su nombre con demasiada severidad— sé que protegerla es tu prioridad, y te respeto por ello, pero necesito que entiendas algo: Spirit no es solo un faro en mi oscuridad, es la esencia que me recuerda lo que significa vivir con propósito. No estoy aquí para prometer perfección, pero sí mi lealtad, mi devoción y mi verdad.
Cameron no replicó, así que Emir continuó.
—Mi intención no es jugar con su corazón; es entregarle el mío, sin reservas, y lucharé contra cualquier obstáculo, incluso contra mí mismo, para demostrarlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com