Emir Lovelace - Capítulo 24
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Capítulo 24: Capítulo 23
La tensión entre ellos terminó por abrumarme. ¿De verdad quería más problemas?
Había sido secuestrada por culpa de la realeza irlandesa y mi mejor amigo no tenía idea de ello porque Emir decidió que guardáramos el secreto y ahora ambos estaban mirándose como perfectos idiotas en la salida del aeropuerto sin tener la menor preocupación de que estaban bajo el escrutinio público, pero eso no era lo peor: me tenían agarrada de los brazos, intentando llevarme de su lado.
Sin embargo, el teléfono de Emir comenzó a sonar y pese a responder la llamada, no me soltó.
—¿Qué crees que haces? —le espeté a Cameron.
—Spirit, ¿acaso no te das cuenta de que estás actuando como una loca? —me riñó de vuelta—no puedes solo irte con él a quien sabe dónde sin avisarle a tus padres.
—Te estoy avisando a ti.
—Soy tu mejor amigo—siseó, irritado y sus petulantes ojos azules se postraron en la mano de Emir que sostenía mi otro brazo con firmeza y atendía su llamada en murmullos—y tu familia debe saber en qué estás metida.
Suspiré.
—No me hagas refrescarte la memoria, Cameron—gruñí—a ellos no les importo en lo absoluto. Desde que me fui de casa, apenas me llaman y ni siquiera me enviaron más mensajes cuando les informé de mis vacaciones en Dublín.
Era cierto que jamás tuve una buena relación con mi familia porque eran conflictivas, y minimizaban mis sentimientos desde niña y tras tener la oportunidad de alejarme de ellos, lo hice y no me arrepentía para nada.
Y a estas alturas, ¿qué les iba a importar si yo estaba saliendo con un Príncipe irlandés? Mientras no les diera problema, ellos estarían a gusto.
—Spirit.
La voz de Emir me hizo salir del ensimismamiento y volteé a verlo.
—Es hora de irnos.
Asentí y volví el rostro hacia a Cameron, que no tenía indicios de dejarme ir.
—Por favor—le imploré—suéltame.
Pero lejos de aflojar su agarre, incrementó la fuerza, llegando al grado de comenzar a lastimarme.
Hice una breve mueca para que Emir no se diera cuenta, pero fue imposible ocultárselo porque en cuestión de segundos, Cameron yacía en el suelo, inmovilizado rudamente por Emir.
Mi mejor amigo pataleaba y hacía un esfuerzo sobrehumano por gritar, pero Emir le había cubierto la boca con una mano y el resto de sus extremidades las tenía alrededor del cuerpo de Cameron como si fuera una serpiente. Era una llave de lucha o algo por el estilo.
—¡Emir, suéltalo! —chillé cuando vi a Cam cambiar de color, de rojo a morado— ¡por favor!
Escuché un bufido por parte de él, señal de resignación y por fin lo soltó, dándole una patada para mantenerlo alejado. Me arrodillé a auxiliar a Cameron, pero él me rechazó la ayuda y empezó a toser con desesperación, tratando de respirar bocanadas de aire.
—¡Eres un maldito loco! —logró decir Cameron, agonizando de dolor en el suelo.
Las personas estaban muy confundidas de lo que había ocurrido porque Emir no parecía haber estado asfixiando a mi mejor amigo minutos atrás, puesto que se había alisado la ropa y estaba de brazos cruzados y recargado en el cristal con la mirada oscura en nosotros, esperándome con aire calculador. ¿Qué le pasaba?
—¿Y así piensas que voy a dejar ir con él? —masculló Cam, buscando algo en su ropa—llamaré a la policía…
—Si lo haces, saldrás perdiendo—repuso Emir a nuestras espaldas—además, si esto es lo que estás buscando, será mejor que lo des por perdido.
No supimos a qué se refería hasta que volteamos a verlo. Sostenía el teléfono de Cameron en una de sus manos y acto seguido, lo estrelló en el suelo con todas sus fuerzas, haciendo añicos el aparato.
Sacudí la cabeza, aturdida por su comportamiento.
Mi amigo por su parte, se quedó con los ojos entornados mirando lo que quedaba de su teléfono y de no tener algo más importante como recuperar el aliento, tal vez se le habría ido encima.
—¿Qué te sucede, Emir? —le pregunté con voz temblorosa. No parecía él.
Sus ojos oscuros que habían estado a la defensiva, se suavizaron y alcancé a sentir calidez en ellos otra vez.
—Solo vámonos—suplicó, extendiendo su mano hacia a mí.
Tomé su mano con indecisión.
—Está bien, pero primero quiero cerciorarme de que mi amigo llegará con bien a casa…
Me quedé quieta cuando sentí la mano de Cameron en mi tobillo y volteé a verlo por encima del hombro.
—Cam…
—Voy contigo o te quedas—carraspeó él, sin dejar de agarrarse el cuello con la otra mano.
Busqué enseguida la mirada de Emir y él frunció el ceño.
—Por favor, llevémoslo, solo así Cameron estará tranquilo y yo también. Podemos darle su espacio y pedirle que no nos moleste.
Involuntariamente, alcé la mano y le acaricié la mejilla con cariño, haciendo que él se estremeciera bajo mi tacto. Tomó mi mano y besó la palma antes de ponerla nuevamente sobre su mejilla y cerrar los ojos unos segundos.
—De acuerdo, puede acompañarnos, pero con la única condición de que no estorbará en lo absoluto—dijo Emir, mirando con recelo a Cameron, quien se incorporó lentamente y tambaleante.
A ciencia cierta no podía estar de parte de nadie porque para ser sincera, solo deseaba estar tranquila. Quería ducharme y dormir.
Insté a Emir a irnos y tomándome de la mano, comenzamos a andar de regreso al área de abordaje con mi mejor amigo pisándonos los talones.
Me sorprendía que Cameron no hubiera hecho alguna protesta o comentario sarcástico. Nos siguió en silencio hasta atravesar el aeropuerto entero y salir a la pista.
—No me has dicho a dónde quieres ir—me susurró Emir en la oreja de manera juguetona. No pude evitar reír por las cosquillas.
—A Zermatt, Suiza.
Desde pequeña aquel había sido siempre mi mayor anhelo, conocer ese hermoso país y deleitarme con las montañas y la calma total de la naturaleza. Y como ahora tenía la oportunidad para visitar algún sitio de mi preferencia, definitivamente era Suiza.
—Me gusta—le oí decir—entonces iremos a donde tú desees.
Esbozó una sonrisa y le devolví el gesto. Me soltó la mano, solo para rodearme los hombros con el brazo y atraerme más a él mientras avanzábamos hacia el jet.
Por varios minutos me olvidé que Cameron venía con nosotros y no fue hasta que subimos la escalera que reparé en él. Su mirada destilaba desprecio hacia a Emir y traición hacia mí, aunque también percibí que había quedado encantado con el jet privado, pero como era muy orgulloso, se mantuvo callado y tomó asiento lo más alejado de nosotros.
—Será un vuelo de dos o tres horas aproximadamente—informó Emir a ambos, pero mirándome solo a mí—iré a hablar con el piloto, no tardaré.
Asentí, viéndolo caminar hacia la cabina.
—¿Me dirás a qué demonios se dedica este sujeto? —bramó Cameron con voz filosa.
Me mordí el labio inferior y volteé a verlo.
—Pregúntaselo personalmente.
—¿Por qué no me lo dices tú? ¿Es de la mafia irlandesa o italiana? —se precipitó.
—No me concierne decírtelo, Cam. Lo siento. Esa respuesta es únicamente de Emir.
—¿Qué puede ser peor que salir con un mafioso? —musitó.
Me encogí de hombros.
—Actúas muy diferente—observó y se acercó a donde yo estaba, quedando a un asiento de distancia—es como si fueras otra persona.
—¿A qué te refieres? —fruncí el ceño.
—No lo sé, tu mirada es distinta y no me refiero a cuando tienes sexo con alguien, sino es algo más—me escrutó el rostro con descaro.
—Si te mantienes tranquilo, es posible que Emir decida contarte todo—lo tranquilicé.
—Carajo, Spirit, ¿por qué ya no confías en mí? ¿Qué te hizo ese idiota para que eligieras ya no contarme nada? se supone que somos mejores amigos, ¿no? —le tembló la voz— ¿o acaso ya no lo somos?
Tragué saliva. Dios. Si tan solo Cameron supiera…
Emir regresó de la cabina con las dos azafatas detrás de él, que se encargaron de llevarnos charolas con bocadillos a los tres y una de ellas pareció llamarle la atención Cameron, pero él estaba demasiado ocupado despotricando en susurros como para darse cuenta, además, podría la chica incluso desnudarse y él jamás la habría volteado a ver.
El jet se puso en marcha, ganando velocidad para poder elevarse y nos pusimos el cinturón de seguridad.
Emir de vez en cuando le echaba un vistazo a Cam y luego a mí.
—Creo que voy a dormir un rato—le avisé después de beber un poco de jugo—estoy muy cansada.
Ahogué un bostezo y me hice un ovillo en el sofá. De pronto sentí que me inclinaba y miré a Emir.
—Así estarás más cómoda—sonrió. Él había inclinado el asiento para mayor comodidad y le sonreí en agradecimiento.
Supuse que no se percató de que mis ganas de dormir habían sido fingidas, puesto que deseaba que Cameron y Emir tuvieran una conversación mientras yo no estaba “aparentemente” presente y limar las asperezas.
Cerré los ojos y agudicé los oídos para escuchar cualquier cosa que ellos dijeran.
Transcurrieron alrededor de quince minutos de absoluto silencio, y pensé en darme por vencida y dormir de verdad.
—¿Quién eres en realidad o de qué trabajas para poseer este tipo de avión, que por lo que veo, cuesta una fortuna?
Cameron fue el que rompió el lúgubre silencio y contuve la respiración.
—¿Habría alguna diferencia en tu manera de tratarme si te respondo? —inquirió Emir, con aire irónico.
—Probablemente no, pero al menos me ayudaría a entender la extraña obsesión de mi mejor amiga contigo.
Di un respingo cuando escuché el sonido de cristales chocando entre sí tras abrir algún compartimiento que estaba fuera de mi campo visual.
—¿Quieres un poco de vino? —le ofreció Emir.
—Bien.
El sonido del corcho y el vino deslizándose en las copas me estremeció. Esperaba que esa conversación fuera amena y perfecta para poder tenerlos a los dos juntos sin que pelearan.
—Te escucho—dijo Cameron.
—Mi nombre completo es Dominic Emir Cavanaugh Lovelace—declaró Emir con arrogancia—mejor conocido como el Príncipe de Irlanda y heredero de la corona.
Hubo un silencio sepulcral de parte de mi mejor amigo. No sabía si se había quedado congelado por la impresión o estaba a punto de echarse a reír pensando que era un chiste de mal gusto.
—¿Qué?
—Impresionado, ¿no es así? —vaciló Emir, saltando a relucir el egocentrismo de su persona.
—¿Eres el famoso Principito que huye de las cámaras y cuida perfectamente bien que su rostro no aparezca en internet ni en las noticias? —añadió Cameron con sarcasmo.
—Él mismo.
—No puedes estar esperando a que te crea—ahogó una risa nasal—creo que eres más bien un mafioso.
—Te di la respuesta que tanto querías, por lo tanto, queda en tu miserable, pequeño y reseco cerebro creerme o no, porque yo no mentiría en algo como eso.
Quise reírme por lo que Emir había dicho del cerebro de mi amigo y tuve que morderme los labios y calmarme.
—Es imposible—continuó negándose.
—¿Por qué es imposible? —lo desafió.
—Porque jamás una persona de ese rango se fijaría en una chica como Spirit—confesó, contrariado—es decir, ella es hermosa, pero por lo que sé, los de la realeza se casan con los de su mismo entorno, no con gente común.
—En eso te doy la razón—puntualizó Emir—me comprometieron con una marquesa desde pequeño.
—¿Y aún sigues siendo tan descarado de engañar a Spirit y hacerle creer que vas a estar con ella? —bramó Cameron, encolerizado.
—Yo no amo a esa marquesa—le contradijo Emir—y no pienso casarme con ella. Spirit sabe perfectamente que voy a renunciar a la corona si no llego a un acuerdo con mis padres.
—Ni siquiera te creo que seas ese príncipe y ya crees que voy a seguirte la corriente en las estupideces que estás diciendo—masculló— ¡Deja a Spirit en paz!
—Jamás—espetó Emir, subiendo el volumen de su voz y después la volvió a bajar—Spirit es lo único bueno y perfecto que tengo en la vida y no pienso renunciar a ella.
—¿La amas? —preguntó con ironía.
—Sí, más de lo que debería.
—No puedes amar a una persona en tan poco tiempo—se burló Cameron—seguramente estás encaprichado.
—No lo estoy. Sé perfectamente lo que siento por ella—gruñó.
—Escucha, no eres el primero ni el único que finge amor por Spirit para llevarla a cama—siseó Cameron y fruncí el ceño desde mi asiento—su anterior novio, un desgraciado, le dijo en menos de un mes de haber comenzado su relación que la amaba, la llenaba de regalos, era muy dulce con ella, decía que quería convertirla en su esposa y madre de sus hijos, ¿y sabes qué? El hijo de puta después de insistirle tanto a que tuvieran sexo, lo hicieron y poco después la dejó como si fuera basura. La reemplazó fácilmente por una idiota de enormes pechos asquerosos y de útero festivo, que era de dominio público, causándole muchísimas inseguridades a Spirit con respecto a ella misma y a su cuerpo—hizo una pausa para tomar aire porque estaba hablando atropelladamente— ¿y quién crees que limpió esas dolorosas lágrimas por meses? Yo. Y me niego a volver a verla destrozada como esa vez y menos por alguien como tú, que se ve que, con solo chasquear los dedos, consigues lo que quieres o lo desechas sin dejar rastro.
—Spirit me contó ciertas cosas de su antigua relación y sabe perfectamente que nunca le haría lo mismo—se defendió Emir.
—Al menos no la has dejado después de haberla llevado a la cama—aguijoneó Cameron.
—Ese tema es privado.
—Da igual, Emir Lovelace, yo voy a cuidarla siempre, te lo digo en serio—le advirtió—y no vas a hacerla llorar, de lo contrario, no me va a importar que seas el mismísimo diablo, te cortaré las bolas y se las daré de comer a tu familia como plato principal.
Y sin previo aviso, Emir soltó una carcajada genuina, llegando al punto de sobresaltarme.
—¡No es broma! —replicó Cameron, probablemente asustado por su reacción—el ex novio de Spirit incluso en una carta escrita y firmada a mano por él, había dado la autorización de ser castrado si en caso le era infiel a ella, ¿y qué crees? Mi querida amiga insistió en olvidar esa promesa porque vio que yo sí estaba decidido a cumplir con ese mandato. Incluso compré tijeras especiales de jardinería para efectuar el acto de castración como el perro calenturiento que es.
Pero eso ocasionó que Emir riera con más ganas.
—A hurtadillas hubieras realizado la castración—expuso—y mantenido en tu resguardo esa carta donde él daba dicha autorización, total, incumplió con lo establecido y se lo merecía.
—No me des ideas, Lovelace, que soy capaz de retomar esa encomienda—se burló Cameron.
De alguna forma, me relajé. La conversación estaba comenzando a fluir mejor de lo que esperaba y todo gracias a mi ex novio, ¡qué locura!
—Me encantaría conocer a ese sujeto en persona—manifestó Emir con jovialidad.
—¿Sabes? No es mala idea—coincidió Cameron— ¡Imagínate la cara que pondrá el imbécil al ver con quien sale ahora Spirit! —canturreó, emocionado. —Si de verdad estás seguro de querer conocerlo y hacerle una visita, tienes que llevar el mejor de tus autos y vestirte lo más elegante posible.
—¿Eso quiere decir que me crees que soy el Príncipe de Irlanda? —inquirió Emir, molestándolo maliciosamente.
—De momento voy a creerte y también confío en que no serás otro imbécil, pero con dinero, que dejará a Spirit cuando ya no le sirva.
Durante un largo rato, ningún dijo algo y creí que la charla había concluido y pensé en fingir despertar, pero me quedé quieta cuando Emir suspiró.
—Cameron, —me pareció extraño que mencionara su nombre con demasiada severidad— sé que protegerla es tu prioridad, y te respeto por ello, pero necesito que entiendas algo: Spirit no es solo un faro en mi oscuridad, es la esencia que me recuerda lo que significa vivir con propósito. No estoy aquí para prometer perfección, pero sí mi lealtad, mi devoción y mi verdad.
Cameron no replicó, así que Emir continuó.
—Mi intención no es jugar con su corazón; es entregarle el mío, sin reservas, y lucharé contra cualquier obstáculo, incluso contra mí mismo, para demostrarlo.
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