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Emir Lovelace - Capítulo 25

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Capítulo 25: Capítulo 24

Finalmente, cuando comprobé que ya no iban a seguir discutiendo, opté por dormirme de verdad. Mi cuerpo me decía a gritos que durmiera y no podía contradecirle.

Desperté poco después gracias a la suave voz de Emir en mi oreja.

—Ya hemos llegado.

Abrí los ojos repentinamente y me encontré con los suyos, mirándome con una media sonrisa torcida.

A pesar de que aún seguíamos en el cielo, logré sentir el frío denso de Suiza, que era incluso más escalofriante que Irlanda.

—No tardamos demasiado, ¿o sí? —ahogué un bostezo y me asomé por la ventanilla.

Las montañas verdes adornadas de un enorme manto blanco—nieve— y las hermosas casas cercanas me saludaron con regocijo. Había sol, pero apenas podía percibirse gracias a que también había nubes ocasionando el frío. La vista era preciosa, mejor que las imágenes de internet y las postales.

—¿Te gusta?

—¡Me fascina! —respondí, emocionada.

Estuve unos minutos admirando la grandeza de ese país en lo que aterrizábamos, que ni siquiera me acordé de que Cameron venía también y di un respingo cuando se acercó sorpresivamente a mí.

—¿Acaso pensaste que mientras dormías tu noviecito iba a lanzarme desde las alturas? —inquirió para fastidiarme y advertí el fantasma de una sonrisa en sus labios.

Emir se había ido a la cabina sin avisarme, por lo que estábamos solos en los asientos.

—Él jamás haría algo como eso—lo defendí, abrazándome a mí misma porque de verdad el frío había aumentado.

Cameron se quitó la chaqueta de encima y me la colocó encima de los hombros para calentarme, gesto que le agradecí con una sonrisa.

—Así que el Príncipe Irlandés se fijó en Spirit Norwood, la que pensaba ser poca cosa en comparación al útero festivo—comentó Cam, burlándose.

—Por lo que veo ya sabes quién es—dije—y con respecto a la de útero festivo, fue mi momento humilde.

—¿Ella o el idiota por el que lloraste muchos meses?

—Obviamente que ese idiota—rodé los ojos—a estas alturas, ni siquiera pasa por mi mente y mucho menos con algún tipo de sentimiento romántico, ahora es más de lástima o simplemente como un mal recuerdo.

—¿En serio? Porque hasta hace poco todavía tuviste un momento de debilidad—me recordó.

—Fue porque pensé que Emir también sería como él, pero ya te habrás dado cuenta que no lo es.

Entonces Cameron miró sospechosamente hacia la cabina y se acercó a mí para confiarme algo.

—Te voy a dar un consejo, puedes tomarlo o desecharlo, al igual que todos los que te he dado—murmuró y bufé—pero no le sigas contando a Emir sobre Thiago y la manera en la que te lastimó, por favor.

—¿Por qué no? Es mi novio ahora.

—Por eso mismo—me miró como si estuviera loca—a nadie le gusta que le hablen de sus antiguas parejas y además…

Fruncí el ceño cuando se quedó callado.

—¿Qué más? —le insté, perpleja.

—A veces los hombres toman nota de lo que las ex parejas de sus parejas les hicieron para hacerles el triple de daño—continuó, en voz más baja—lo suelen tomar como un reto para ver si pueden ganar en hacer daño o al menos igualarlo, usando las debilidades e inseguridades que les fías.

Lo quedé mirando con horror. ¿Acaso eso era cierto?

—¿Cómo estás tan seguro de ello?

—Porque lo he hecho y me lo han hecho también—confesó.

—¿Qué clase de basura tienen en la cabeza los hombres al hacer eso?

—Escucha, este consejo siempre había querido decírtelo, pero por lo mismo que sabía cómo reaccionarías, decidí no hacerlo y es mejor que lo sepas ahora.

Me crucé de brazos, sintiéndome idiota. Si tan solo Cameron me lo hubiera dicho desde hacía tiempo, nunca le habría contado nada de ese ámbito a Emir para darle armas en mi contra, tal como hizo Thiago conmigo en su momento: sabía que mi cuerpo me daba inseguridad y me cambió por una chica de cuerpo obsceno.

—Entiendo que estés enfadada, pero tenías que saberlo.

—Gracias, Cameron—mascullé.

De pronto, el piloto anunció que estábamos por aterrizar y necesitaba que nos abrocháramos los cinturones.

Emir apareció por el pasillo y se sentó a mi lado, pero no sin antes observar la chaqueta de Cameron sobre mis hombros.

—¿Quieres un poco? —me ofreció un poco de café de un termo.

Asentí y bebí un sorbo para no derramarlo encima.

—Reservé dos habitaciones en el mejor hotel con vista a las montañas, ¿qué te parece?

—Estupendo, ¿aquí sí podremos salir a pasear sin que te sientas intimidado? —bromeé.

—Sí, no me voy a esconder—me aseguró, esbozando una sonrisa.

Suspiré, emocionada. Parecía ser un sueño.

En cuanto aterrizamos, Emir dio indicaciones al piloto y a las aeromozas antes de bajar a las tierras suizas más frías del mundo.

No teníamos equipaje, lo cual me hacía sentir insegura y extraña, pero a Emir parecía no importarle y a Cameron menos.

—No tenemos maletas—dije, como quien no quiere la cosa y al instante que el aire helado de Zermatt me azotó la cara, quedé congelada.

—El deber de Emir es comprarte ropa nueva para la ocasión y también a mí, porque soy tu mejor amigo—alardeó Cameron, tiritando de frío.

En cuanto Emir estuvo con nosotros, avanzamos junto a él para que el jet despegara nuevamente.

—¿A dónde llevan el jet? —quise saber.

—Pedí permiso a las autoridades suizas de mantener en resguardo el jet en nuestra estadía aquí, obviamente a cambio de una buena suma de dinero para que haya discreción—nos informó Emir, encogiéndose de hombros y volteó a verme—vamos, el hotel nos espera.

—No trajimos nada de ropa—murmuré con vergüenza.

—No necesitaremos ropa estando ahí—me guiñó el ojo mientras me agarraba de la mano cariñosamente.

—Sí, bueno, digan sus porquerías frente a mí, no se preocupen—terció Cameron detrás de nosotros.

—Me había olvidado de ti—mintió Emir con petulancia—pero descuida, a ti sí te compraré ropa.

Emir me guiñó el ojo, riéndose entre dientes y comenzamos a caminar rumbo al pequeño pueblo. La nieve estaba a pocos metros de nosotros y el frío impedía caminar con normalidad porque te calaba los huesos.

El hotel que reservó Emir se alzaba por encima de todas las casas y supe que era de lujo porque era enorme y no parecía ser un edificio normal.

Al entrar, enseguida se acercaron los encargados del lugar con mucha educación y amabilidad.

Cameron y yo dejamos que Emir se entendiera con ellos. Nosotros solamente nos dedicamos a apreciar a nuestro alrededor, maravillados.

—Tal vez encuentre a algún suizo sexy con quien enrollarme en nuestra estadía aquí—comentó Cameron, excitado.

—Siempre y cuando respetes nuestra presencia—le advertí, haciéndole recordar la vez que tuvo el descaro de meter a un sujeto a mi departamento para tener sexo mientras yo planeaba dormir.

—Ya te pedí disculpas, esa noche necesitaba desahogarme y mi mano no era suficiente—carraspeó.

—¡Cállate! —le reñí, asustada de que alguien pudiera escucharlo.

Me quedé quieta cuando Emir se acercó otra vez y nos indicó que ya todo estaba listo.

Nos encaminamos hacia el elevador en compañía de dos botones del hotel que seguramente nos indicaría nuestras habitaciones.

—La tuya está varios pisos inferiores a la nuestra—le comentó Emir a Cameron con malicia.

—¿Qué? —titubeó mi mejor amigo en cuanto el elevador se detuvo en el piso cuatro y el primer botón salió de ahí, esperándolo a que bajara él también para llevarlo a su recámara.

—Has llegado a tu piso, ve—le instó Emir, sin dejar de sonreír como niño pequeño cuando se sale con la suya.

Cameron estrechó los ojos y mirándonos con desdén, aceptó su destino de estar lejos de nosotros.

En cuanto la puerta doble hoja del elevador volvió a cerrarse, me volví a Emir y este se atacó de risa al ver mi expresión.

—¡Oye!

—Preciosa, no esperabas que Cameron dormiría en la misma cama con nosotros, ¿o sí?

—No, pero…

—Él estará bien, estaremos a seis pisos más arriba.

Miré disimuladamente al botón y este se mantuvo con expresión neutra, mirando al frente.

—¿Y nuestra ropa? —susurré.

—Cuando reservé el hotel mientras aún volábamos, di más indicaciones, ya lo verás cuando lleguemos a la nuestra.

Asentí.

Emir siempre sabía qué hacer y esa era una de las tantas cualidades que me encantaban de él, puesto que, pese a ser un Príncipe, no era de los que esperaba que los demás hicieran las cosas a su nombre.

El elevador se detuvo en el piso diez y el sujeto a nuestro lado salió primero, brindándonos el paso cortésmente.

—Por aquí, por favor—le oí decir.

Emir deslizó su mano suavemente hasta mi cintura y me instó a avanzar. El pasillo tenía una alfombra color roja que hacía contraste con las paredes de un color verde olivo que producía tranquilidad y sueño. Había decoraciones elegantes, similares a las que Emir tenía en su finca.

—Habitación número cincuenta—volvió a hablar el botón, de pie junto a la única puerta que había en ese piso y nos extendió la tarjeta deslizable para abrir.

Observé a Emir recibirla y despedirse con la mano de él antes de agarrarme por encima de los hombros para que entráramos a nuestra recámara.

—¿Por qué esta es la única habitación en el piso? —interrogué, perpleja.

—Porque…

Emir no terminó la frase porque abrió la puerta y dejó que yo entrara primero para ver mi expresión de extremo asombro. Dios. La habitación era el piso completo.

—¿Qué es esto? —entorné los ojos, maravillada. Era como un departamento con todo lo necesario ahí, incluso una pequeña cocineta con nevera e incluso un balcón gigante con una mesa redonda, sillas, un sofá colgante y más; además de que, en la parte de la sala, había sillones de lo más cómodos frente a una TV similar al tamaño de la de Emir.

—Si vamos a estar aquí por un rato, al menos mereces tener todas las comodidades—respondió, cerrando la puerta.

De pronto sentí sus suaves manos deslizarse por detrás hasta abrazarme y recargar su barbilla sobre mi hombro, y me estremecí.

—¿Te ha gustado?

—Me das todo multiplicado y yo no tengo nada qué darte—me avergoncé—solo problemas.

—Es lo contrario—me contradijo, haciendo que me diera la vuelta para mirarme a los ojos—te secuestraron por mi culpa y casi te pierdo por idiota. Mi gente no quiere que me relacione con personas externas a nosotros, pero no voy a perderte por sus creencias estúpidas y arcaicas.

—¿Crees que tu familia me acepte? —ladeé la cabeza.

—Haré lo que esté en mis manos para que eso ocurra—prometió, besando mi frente con cariño.

Y de repente sonrió con emoción.

—¡Todavía no has visto la habitación en sí! —exclamó. Me tomó de la mano y tiró de mí hacia otra puerta que quedaba pasando la pequeña cocineta.

Abrió y quedé aún más estupefacta.

La cama enorme, con muebles súper elegantes, un espejo de cuerpo entero cerca del tocador y en el techo, como para ver nuestro reflejo al dormir, muy extraño, pero hermoso, e incluso otra TV en la pared, un ropero, estantes y otra puerta.

—Es el baño, ¿quieres ver? —me instó.

Asentí, siguiéndolo.

Ahí fue donde mi boca se abrió de la impresión. Tenía una bañera, un jacuzzi, regadera, lavamanos con un hermoso espejo y un inodoro, pero el espacio era casi del tamaño de mi habitación en Londres.

—¿Por cuántos días alquilaste las habitaciones? —titubeé.

—El tiempo que tú quieras estar aquí—besó mi hombro.

Humedecí mis labios, cohibida. Era demasiado y no estaba segura si de verdad merecía toda esa atención. ¿Y si todo terminaba mal? ¿Cómo iba a poder superar todo eso? ¿Cómo superaría a Emir Lovelace?

—No has visto todavía el interior del ropero y los cajones de la habitación—me susurró en la oreja.

—¿A qué te refieres?

—Ve a echarle un vistazo, mientras hago unas llamadas, ¿te parece?

Con un asentimiento de cabeza, obedecí y salí a la recámara para revisar en donde me había dicho. Emir se dirigió a la sala sin dejar de sonreírme y con el teléfono en mano.

En el ropero había ropa para mí y para él, todo nuevo, incluso ahí estaban las etiquetas de marcas carísimas. Revisé los cajones y también había ropa interior para ambos, claro, en diferentes cajones, pero ¿en qué momento? Incluso había calzado de todo tipo.

Y recordé que había dicho que cuando reservó las habitaciones, dio más indicaciones. Probablemente mandó comprar ropa de manera inmediata para ambos y seguramente para Cameron también.

Elegí el conjunto más casual al igual que la ropa interior y las coloqué sobre la cama. Me apetecía ducharme porque seguía sucia desde el secuestro y no podía estar más como un vagabundo. Saqué una bata de baño y toalla antes de caminar hacia el baño.

Me cercioré de que hubiera lo necesario para darme un baño y dejé que el agua tibia lavara mi cuerpo. Aproveché a desechar los momentos más descabellados que me tocó presenciar en el secuestro y concentrarme en el presente, dando por hecho que la amenaza de ese sujeto extraño nos había hecho después de que me liberaron en el muelle de Dublín.

Al cabo de diez minutos, salí aliviada y limpia en todos los aspectos. Me encontré con Emir en la puerta y retrocedí al no esperar verlo afuera del baño, esperándome, pero él me atrajo a su cuerpo de manera seductora.

—Me hubieras avisado para ducharnos juntos y ahorrar agua—me guiñó el ojo, atrapando mis labios con los suyos y dándome un leve mordisco.

—Pensé que seguirías en llamada más tiempo—me excusé, riendo.

—No importa, será mañana cuando compartamos la ducha—sonrió maliciosamente—ahora es mi turno.

Me puse de puntillas para alcanzar sus labios antes de dejarlo pasar. Lleva una toalla sobre el hombro y me robó un beso en el cuello antes de separarnos.

Terminé de cambiarme cuando justo él salió de la ducha con la toalla a la cintura, viéndose más guapo que de costumbre. Le goteaba el cabello y sus preciosos ojos estaban puestos en mí. Tenía algunas gotas de agua en las pestañas que lo hacían ver adorable.

—¿No tienes frío? —me animé a preguntarle porque me había quedado observándolo embobada. Yo todavía tenía una toalla enrollada en la cabeza.

—Demasiado—se encogió, riéndose—pero querías que te deleitases un poco con esto—se señaló a sí mismo de manera egocéntrica y reí.

—Será mejor que te vistas antes de que te enfermes—bromeé.

—Ayúdame a elegir la ropa en lo que me seco el cabello.

Emir tomó otra toalla y se inclinó hacia adelante para quitarse la mayor parte del agua del cabello y apresuré a buscarle su ropa en el ropero.

—¿Saldremos hoy? —le pregunté.

—Por supuesto.

Entonces comencé a buscar ropa igual de casual que la mía para estar cómodos, pero sin llegar a vernos muy extravagantes.

Finalmente, compartimos el borde de la cama para secarnos el cabello con las secadoras. Casi íbamos vestidos similares, los colores térreos más que nada, solo que él optó por usar únicamente bufanda y no un gorro y guantes como yo. Nuestros abrigos eran color negro y parecía que teníamos a un oso a nuestro alrededor.

—¿No vas a maquillarte? —me preguntó.

—No traje mi maquillaje—le recordé.

—No revisaste los cajones del tocador, ¿verdad?

Parpadeé, perpleja y fui a hacerlo. Encontré absolutamente todo lo que una chica amante del maquillaje podría desear.

—Pero he de decir que te ves más hermosa sin maquillaje—añadió con ternura.

No solía usar mucho maquillaje y, por ende, entendía que Emir dijera eso, ya que él estaba acostumbrado a que no lo usara, pero esta vez quise verme más femenina y me arreglé un poco mejor.

—¿A Cameron también le compraste ropa? —le pregunté, mirándolo a través del reflejo del espejo mientras terminaba de ponerme labial.

—No.

Fruncí el ceño y volteé a verlo directamente, pero Emir sonreía de oreja a oreja.

—Puede que no me agrade en lo absoluto, pero es tu mejor amigo y no puedo ser tan cruel.

Sonreí, aliviada.

Ya había anochecido por completo porque cuando llegamos, era entrada la tarde y yo moría de hambre.

—Estoy lista, ¿iremos a cenar?

Emir me ofreció su brazo como todo un caballero.

—En efecto, mi bella princesa, vamos.

Él se encargó de llevar consigo la tarjeta de la habitación y salimos rumbo al elevador.

—¿Será que Cameron también se alistó para ir a cenar?

—Vamos a su habitación para preguntarle—propuso Emir y estuve de acuerdo.

Cuando llegamos al piso cuatro, corrí a aporrear su puerta, pero no obtuve respuesta.

—Seguro está dormido.

—Tal vez. ¿Tienes en donde anotar y un bolígrafo? Quiero dejarle una nota.

Emir se palpó los bolsillos y no encontró nada.

—Déjale un mensaje con algún botón del hotel para que le comente si en caso Cameron baja a recepción, que nosotros salimos a cenar.

Bajamos hasta la recepción y le dejé un recado con el mismo sujeto que orientó a Cam a su habitación.

—Me impresiona la manera en la que te preocupas por él—dijo Emir, arrugando la nariz—si no supiera que Lucien es homosexual, tendría muchísimos celos de esa amistad.

Elevé los ojos al techo, y tiré de él para que saliéramos del hotel a la fría y bella noche de Zermatt.

El pueblo brillaba ante la majestuosidad de las montañas cubiertas de nieve. Había personas caminando tranquilamente y no tan abrigadas como nosotros.

—Se me apetece comer algo dulce—expresé al olfatear el olor a chocolate.

—Todo lo que desees, princesa.

Nos incorporamos a las calles con las manos entrelazadas.

Yo admiraba cada centímetro iluminado y percibía la mirada de Emir sobre mí, como si yo fuera más importante o deslumbrante que la ciudad o bien, tal vez era en serio que él me consideraba como alguien muy fundamental en su vida pese a tener poco tiempo de conocernos. Claramente ya habíamos tenido intimidad y probablemente eso aumentó y reforzó nuestro vínculo emocional entre ambos.

De dónde provenía el olor a chocolate era de una cafetería muy peculiar y hogareña cercana al hotel. Miré a Emir con expresión suplicante y él asintió, complacido de verme feliz.

Al darme su afirmación a mi petición, tiré de él con más emoción, y lo abracé del brazo para entrar ahí. Había pocas personas, pero el aroma era tan exquisito que hipnotizaba.

Encontramos una mesa disponible y la ocupamos.

Iba a preguntar si teníamos que ir a la caja a pedir la orden o vendría alguien a atendernos cuando una chica pelirroja se acercó con una sonrisa a nosotros con una libreta en la mano, lista para anotar.

Su uniforme era muy colorido y parecía más un disfraz.

Nos entregó los menús y esperó tranquilamente a que pidiéramos.

—Quiero chocolate caliente y dos crepas con nutella—dije tímidamente después de leer el menú.

Ella anotó y miramos a Emir al mismo tiempo.

—Lo mismo, pero trae una orden extra. Que en total sean tres—añadió él, mirándome solo a mí.

En cuanto la chica se alejó, Emir sonrió de oreja a oreja y se deslizó a mi lado de la mesa porque no le gustaba estar enfrente de mí.

—Me gusta sentirte—me susurró al tiempo que besaba mi frente.

Adoré ese momento. Era como una cita normal, sin que él se ocultara de la gente y pudiera disfrutar de la estadía sin remordimiento alguno.

—Es un alivio estar lejos de la realeza—suspiré—así puedo disfrutarte como es debido.

—Lejos de la realeza irlandesa sí, pero de la Suiza no—repuso él, mirando al vacío.

—¿Hay realeza también aquí? —fruncí el ceño.

—Sí, y por eso pedí discreción cuando nos adentramos al territorio, ya que la familia real suiza es muy apegada a la nuestra, podría decirse que cuando mi hermano y yo éramos pequeños, veníamos a pasar temporadas con los hijos de ellos y viceversa, pero descuida, estamos a salvo.

A pesar de que lo dijo con total calma, sentí su cuerpo tensarse.

—Podríamos ir a otro lugar si quieres—lo tranquilicé, acariciando su brazo.

Emir echó un vistazo a su teléfono y se estremeció.

—Tranquila, no pasa nada, además, tal vez necesites ver a alguien que se las ingenió para seguirnos hasta acá—ahogó una risa nasal que le cambió el semblante preocupado.

—¿Quién? ¿Cam? —lo miré con extrañeza—por eso pediste la otra orden, ¿no?

—No, adivina.

—No me digas que Ewan…—palidecí.

—No lo digas ni en broma—tragó saliva—jamás debe saber dónde estoy o arruinará todo.

—¿Entonces de quién hablas? —insistí.

—Prometí que te cuidaría, ¿lo olvidaste, Spirit Norwood?

Di un respingo cuando escuché esa voz familiar, que fue fundamental cuando me secuestraron.

Aturdida, volví el rostro hacia atrás y me encontré con Demian Jenkins.

El chico yacía sonriendo con cansancio. Llevaba una mochila pesada en los hombros y sus ojos color hazel brillaban bajo las luces de la cafetería.

¿Cómo era posible? Tenía menos de veinticuatro horas de habernos visto por última vez y ya estaba ahí, en Zermatt, cumpliendo su palabra de proteger a una completa desconocida: Yo.

¿Acaso era posible que me hubiera ganado otro nuevo mejor amigo idéntico a Cameron que me protegería como una hermana?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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