Emir Lovelace - Capítulo 26
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 26: Capítulo 25
Emocionada, rodeé la mesa y corrí a saludarlo. Le di un abrazo amigable, pero él incrementó el gesto, haciendo que mis pies se elevaran un poco por encima del suelo.
—Asumo que me extrañaste, ¿no? Porque estar tantas horas pegada a Emir debió ser un martirio—vaciló.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo es posible que nos alcanzaras tan pronto?
—Magia—me guiñó el ojo y nos acercamos a la mesa.
Le dio una palmada en el hombro a Emir y se sentó frente a nosotros, dejando su mochila en la otra silla.
—Pensé que estarías aquí mañana—dijo Emir, haciendo una mueca—echaste a perder mi cita con Spirit.
—Al contrario, salvé el aburrimiento, ¿o no, Spirit? —sonrió en mi dirección y simplemente le devolví el gesto con timidez.
Sin embargo, la mesera llegó con nuestras órdenes y deslizó a cada uno su plato con crepas y después el chocolate caliente.
—Gracias—le dije y ella simplemente sonrió y se alejó.
—Las suizas son muy guapas, pero los suizos… ufff, ansío quitarme el estrés con uno—canturreó Demian, dándole un sorbo a su chocolate.
—¿Sabes? Tus perversiones están fuera de lugar. Estamos en una cafetería, ¿lo olvidas? —le recordó Emir con irritación y vergüenza.
Demian no le hizo caso y atacó sus crepas con rapidez. Me dio un poco de lástima porque, aunque yo tenía hambre, él parecía tener más y no lo culpaba.
Terminé de beber mi chocolate y después comencé por mis crepas.
Emir también se devoró su porción inmediatamente y yo fui la última en terminar, pero ellos estuvieron charlando entre sí mientras yo acababa.
—¿Podemos llevarle a Cam? —le pregunté a Emir—debe estar hambriento.
—Sí, cuando nos vayamos, pide una orden extra para llevar.
Asentí, gustosa.
—¿Quién es Cam? —preguntó Demian, limpiándose las comisuras de su boca con la servilleta.
—Lucien Cameron, el mejor amigo de Spirit—resopló Emir—insistió en venir a Suiza con nosotros porque no quería que ella viajara sola conmigo, pero se quedó descansando en el hotel.
Demian entornó los ojos.
—Tengo entendido que eres muy celoso, ¿y ese milagro que dejaste que el mejor amigo de tu novia viniera? —se burló.
—Es igual de homosexual que tú—masculló Emir, rodando los ojos—de lo contrario, no me habría tomado la molestia de subirlo a mi jet, reservarle una habitación y comprarle ropa nueva.
De pronto capté un extraño brillo en la mirada hazel de Demian.
—¿Es gay? —ladeó la cabeza, interesado.
—Sí—intervine, sonriendo más de lo normal—es muy guapo, podría presentártelo y quizá te agrade y viceversa.
Emir se llevó la palma de la mano a la frente al escucharnos hablar de ese tema.
—¿Podríamos simplemente centrarnos en algo más importante? —interrumpió, azorado.
—¿Sobre qué? Estamos aquí a salvo—declaré, intentando animarlo.
—Cálmate, Lovelace, Zermatt es un sitio tranquilo y como mínimo, disfrutemos la paz que genera—convino Demian y a Emir no le quedó otra alternativa que aceptar a regañadientes.
Lo que iba a ser una cita, se convirtió en una salida de tres. Al principio Emir demostró su molestia de tener que cargar con Demian con nosotros, pero después de un rato, se relajó y entabló una conversación banal con él. Tardamos en marcharnos de la cafetería porque estaba a una temperatura cálida en comparación afuera.
—Por cierto, Emir, hablando de tu hermano, el idiota estuvo a punto de descubrir mi destino cuando iba a abordar el avión en el aeropuerto—dijo Demian cuando la conversación se torció por mi culpa, puesto que hice un comentario sobre Ewan para compararlo con lo más desagradable que existía en el mundo: las cucarachas.
—¿Ewan estaba en el aeropuerto? —Emir frunció el ceño. Sus preciosos ojos se oscurecieron de rabia.
—Sí, lo cual es extraño porque no le comentaste nada, ¿verdad?
—Claro que no. Estaría yo demente si le hubiera dicho a donde iba y con quien—Emir me miró de soslayo.
—Intentó hacer que me quedara y perdiera el vuelo de manera pasiva agresiva, pero lo único que consiguió fue que le diera un puñetazo en la cara que lo dejó desorientado—se quejó Demian—pero aún no sé cómo es que sabe sobre mí, si se supone que ya no nos frecuentamos ni éramos amigos después de lo que pasó en el globo de la muerte.
—Tampoco yo lo sé—Emir apretó la mandíbula, sulfurado—mi hermano sabe más de lo que aparenta y comienza a inquietarme.
—Presiento que tuvo que ver con el secuestro de Spirit—susurró Demian, mirándome.
—También lo creo—sentencié.
—Imposible—negó Emir con la cabeza—Eleanor me confesó que fue su familia quien mandó secuestrar a Spirit por celos, ya que vio fotos de Ewan con ella y pensó que era su pareja escondida.
—¿Ewan cargando a Spirit?
Asentí, fastidiada.
—Me estaba acosando y como mi tobillo estaba lastimado, le pareció prudente cargarme a la fuerza sobre su hombro y meterme al hotel donde yo me hospedaba y ahí fue donde sacaron todo de contexto, pero para ese entonces, no sabía que pertenecían a la realeza—expliqué.
—Ahora comprendo todo. Por eso te dije que Eleanor era una persona de temer, en especial si te metías con alguien o algo importante para ella.
—Bien, pues se equivocó. Ni estando loca saldría con Ewan Lovelace.
—Confundió las cosas, pero eso no la exime de la responsabilidad—espetó Emir, claramente enfadado—cuando todo esto se calme, iré a confrontarla como se debe y también a mi hermano.
—He de suponer que la marquesa está enamorada de Ewan, ¿no?
Emir y yo asentimos.
—¿Y no se ha dado cuenta que a ese loco no le interesa en lo más mínimo?
—Lo sabe y lo peor es que a mí me emparejaron con ella para casarme y desde luego que no voy a hacerlo—masculló Emir.
—¿Por qué contigo y no con Ewan? —quiso saber Demian, perplejo.
—Soy el heredero directo a la corona, ¿lo olvidas? Quieren continuar la alianza para que el linaje puro de sangre real continúe.
Bajé la mirada, incómoda, puesto que yo era una simple mortal que había tenido suerte de enamorar a un príncipe.
—Jamás les he llevado la contraria a mis padres en cuanto a las reglas reales, pero esto de obligarme a contraer matrimonio con una chica que no me agrada mucho y que conozco sólo porque asistimos a eventos por formar parte de la realeza, no lo voy a permitir.
—Lo bueno es que ella tampoco quiere nada contigo—suspiró Demian—porque imagínate que la marquesa se hubiera enamorado de ti de verdad, Dios, no me quiero imaginar la locura que habría hecho si se enteraba de tu relación con Spirit.
—No me hagas pensar en atrocidades porque eso estimula a mi cerebro a crear ideas sádicas con las cuales castigarla…
—Eleanor debe ser tratada psicológicamente. —Intervine. —Porque el hecho de que sea una marquesa, no la deslinda de estar mal de la cabeza. Es incluso un peligro para ella misma.
La conversación se dio por zanjada cuando el frío comenzó a llegarnos incluso en el interior de la cafetería.
Emir llamó a la chica pelirroja para pedirle una orden idéntica a la nuestra para llevar y la cuenta.
—¿En dónde dormiré? —preguntó Demian como quien no quiere la cosa.
—Ni idea, búscate un hostal o refugio—respondió Emir, quitado de la pena.
—Muy gracioso—inquirió su amigo, ahogando un bostezo—si no me reservas una habitación en tu mismo hotel, dormiré en medio de ustedes dos y les advierto, amo echar la pierna encima de quien esté a mi lado.
—Compartirás habitación con Lucien, el mejor amigo de Spirit—carraspeó Emir—hay dos camas matrimoniales.
—¿Lo hiciste pensando en mí? —Demian dulcificó su voz, sonriendo tontamente para fastidiarlo.
—Cierra la boca—gruñó el Príncipe Irlandés, abrumado.
Y noté que quería reírse, pero no deseaba darle la razón a Demian.
De regreso al hotel, apenas podía caminar porque el frío había entumecido mis piernas a tal punto que era doloroso, por lo que me detuvo un momento para intentar calentarme con las manos, frotándolas en mi ropa. Sin mencionar que el frío se había alojado especialmente en mi tobillo que estaba terminando de sanar.
—Sujeta esto—le dijo Emir a Demian, dándole las crepas y el chocolate caliente de Cameron.
Y sin previo aviso, se arrodilló de espaldas a mí.
—Sube a mi espalda.
—Estoy bien, no te preocupes…
—Hazlo—ordenó con voz autoritaria y ruborizada por el momento, obedecí.
Trepé a su espalda y me estremecí ante la calidez de su cuerpo. Deslicé mis brazos alrededor de su cuello y recargué mi rostro en su firme espalda.
—¿Mejor? —preguntó cuándo retomó el camino junto a Demian.
—Sí, eres muy caliente—murmuré en su oreja para que su amigo no fuera partícipe, y soltó una risita, puesto que mis palabras tenían doble sentido.
Emir no me bajó ni cuando llegamos al hotel. Las personas nos miraban con perplejidad, pero no nos importó. Demian nos siguió con paso firme hasta el elevador.
—La habitación que vas a compartir con Cameron está en el cuarto piso, puerta número veinticinco—le avisó Emir, haciendo lo posible para que Demian no entrara al elevador—solicita una tarjeta de repuesto en recepción y subes, ¿de acuerdo? Y le entregas las crepas y el chocolate a Lucien, sino está despierto, déjaselo en alguna parte para que lo vea al despertar.
—¿En dónde están ustedes? —quiso saber.
—Qué te importa—le cortó Emir y solté una carcajada.
—En el piso diez—repliqué—pero no se te ocurra ir a seguirnos, Demian.
—Tal vez, si se me antoja, los iré a buscar—añadió él, molestando a Emir, quien simplemente gruñó y entramos al elevador, aun cargándome.
Las puertas doble hoja se cerraron y besé su cuello.
—Ya puedes bajarme, el frío se ha ido.
—Me gusta sentirte—murmuró, acariciando mis piernas, las cuales él sostenía para mantenerme en su espalda.
Al parecer, aquella era su frase para desarmarme y quererlo cada vez más.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com