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Emir Lovelace - Capítulo 30

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Capítulo 30: Capítulo 29

Escucharlo expresarse de tal manera, me provocó escalofríos.

Nadie quería lidiar con esa responsabilidad ni soñando y Emir prácticamente soñaba con renunciar a ese cargo que había heredado desde que nació.

—En lo que mi querido amigo viene, ¿por qué no me acompañas a terminar mi proyecto de verano en mi estudio privado?

La voz de Tove me sacó de mis pensamientos. Él ya había terminado de beber su chocolate y yo apenas le había dado un sorbo.

—Trae la taza contigo—me instó, encaminándose a la puerta.

—¿Qué clase de proyecto es? —pregunté con genuina curiosidad, siguiéndolo por el enorme pasillo principal.

—Me gusta la alfarería y me propuse a recrear la ciudad entera, pero apenas he podido construir la base y algunas pequeñas casas en los alrededores.

Lo positivo de ello fue que el estudio privado de ese Príncipe estaba en la planta baja y no tenía que subir a ninguna habitación aislada de la servidumbre.

Tove abrió una enorme puerta de roble y le di un sorbo a mi chocolate mientras me abría paso al interior con él a mi lado.

Estupefacta por la sorpresa, lo volteé a ver. Él sonreía con arrogancia y orgullo.

Su estudio era gigante y estaba lleno de figuras de arcilla, desde jarrones, esculturas de mujeres desnudas, hasta de animales de tamaño real.

—¡Es impresionante! —exclamé, sorprendida y giré sobre mis talones— ¿y la réplica de la ciudad?

El Príncipe me llamó con la mano y cuando me acerqué, deslizó una manta delgada que estaba sobre una mesa y alcancé a ver aquella diminuta obra de arte.

Estaba recreando Zermatt en una mesa que no debía medir más de dos metros de largo y uno de ancho.

Ya había hecho el teleférico y las estaciones, incluso el hotel en donde Emir y yo nos estábamos hospedando. Estaban las montañas y algunas casas cercanas, pero faltaban muchos detalles, como su mansión.

—Pensé que lo primero que harías sería tu casa—observé.

—Iba a hacerlo, pero tardaría más en terminarla que en el resto de la ciudad, así que la dejé para el final—explicó, y agarró una pequeña bolita de arcilla que estaba en medio de lo que parecía ser un pequeño parque y comenzó a moldearla y en cuestión de segundos, logró hacer un vehículo en miniatura y lo colocó en la calle.

—Tienes talento—reconocí.

—No, se debe a que tengo mucho tiempo libre y tenía que encontrar algo en qué distraerme—se encogió de hombros, siendo modesto.

Y recordé que Emir amaba escribir, pero por falta de tiempo, lo había dejado en el olvido y me sentí muy mal.

El Príncipe Markus tenía tiempo de sobra y el Príncipe Dominic no tenía tiempo para perder. Qué gran dilema.

Me tomé el tiempo necesario para examinar con detenimiento cada detalle de la maqueta y comprendí que algunas personas nacían con talento nato, mientras que otros simplemente estaban para ser como el resto de personas.

Emir había nacido con la maravillosa habilidad de escribir historias ficticias y Markus con las manos más espectaculares para crear arte con arcilla o cualquier material moldeable.

Y me pregunté… ¿yo tenía algún talento que me hiciera especial?

No, ninguno.

O tal vez sí: Meterme en problemas y tener la suerte de haber enamorado al Príncipe de Irlanda.

—¿Y cómo conociste a Dominic? Por lo poco que recuerdo, él siempre ha mantenido un perfil bajo y jamás se ha escuchado hablar de alguna novia, a excepción de su prometida, la marquesa Eleonor…

De solo escuchar ese nombre, sentí como la rabia se apoderaba de mí, pero mantuve la compostura.

—Es complicado y preferiría no hablar de ello sin Emir presente.

—Suena gracioso que lo llames por su segundo nombre—sus ojos mieles me observaron con interés, haciéndome ruborizar. —Su familia siempre dejó en claro que la amistad entre nosotros es solo un simple protocolo real, pero entre Dominic y yo, hubo realmente una amistad, que infortunadamente se marchitó por algunos malos entendidos.

No dije nada.

Los malos entendidos de los que él hablaba era que Luzia, su hermana, se enamoró de Emir y no fue correspondida.

Sacudí la cabeza en negación y humedecí mis labios, sintiendo la garganta seca a pesar de haber bebido chocolate.

—Debes ser muy importante para él—dijo Tove, de pronto, y se acercó demasiado a mí, quedando a escasos centímetros su rostro del mío, pero no me aparté—de lo contrario, no habría sonado tan alterado cuando supo que estabas conmigo. ¿A qué familia real perteneces? Aunque, viéndote más de cerca, no pareces irlandesa.

—Soy inglesa. Nací en Londres—respondí.

—Oh, ya veo, ¿perteneces a la realeza inglesa?

—¿Por qué te interesa saberlo? —me eché hacia atrás, alejándome de él, incómoda.

—Simple curiosidad. ¿Sabe Eleonor que estás saliendo con Dominic?

Fruncí el ceño.

—¿Esto es un interrogatorio?

—Disculpa, —se mordió el labio inferior y sonrió avergonzado. —Es que me causa mucha intriga la relación que tienes con Dominic, eso es todo…

De repente, la puerta del estudio se abrió precipitadamente y vi a Emir con los puños cerrados y la respiración agitada. Estaba sulfurado y sus preciosos ojos oscuros estaban en llamas y puestos sobre Tove. Detrás de él, yacían varios sirvientes y guardias de seguridad, intentando detenerlo, pero siendo cuidadosos de no tocarlo con fuerza, ya que Emir también tenía que ser respetado.

Y uno de los guardias se colocó junto a Emir con expresión severa y le dijo algo a Tove en alemán.

El Príncipe suizo hizo un gesto con la mano para que todos, excepto Emir, se retiraran y obedecieron en cuestión de segundos.

— ¡Emir! —chillé, corriendo a sus brazos.

Él me correspondió al abrazo con fuerza, hundiendo su nariz en mi cuello y presionándome a su cuerpo, como si tuviera miedo de volver a perderme de vista.

—¿Estás bien? —me susurró en la oreja, sin soltarme. Asentí, gustosa de tenerlo ahí conmigo.

—Vaya encuentro tan emotivo, nunca pensé ver esa faceta tuya, querido amigo. —Canturreó Tove, desde el otro lado del estudio.

Me separé un poco de Emir y él me agarró de la cintura para ponerme detrás de él sutilmente y buscó mi mano para entrelazarla con la suya. Con la mano que me quedaba libre, lo agarré del brazo suavemente y me asomé a echar un vistazo a Tove.

—Ahora, de la manera más tranquila, quiero que me digas por qué te llevaste a mi novia y la trajiste a tu casa.

La voz de Emir era severa y se le notaba cómo hacía lo posible por mantenerse sereno y no golpear a Tove hasta dejarlo aturdido. El músculo en sus mejillas me hizo entender que apretar los dientes era señal de contención absoluta y también porque si se daba el caso de una riña, Emir saldría perdiendo porque no estaba en su territorio.

—No fue con mala intención. —Comenzó a decir Tove con tranquilidad, —creo que recuerdas que no pudiste entrar a la cápsula del teleférico y después ella te esperó bastante rato en la segunda parada y jamás apareciste.

—¿Y cómo supiste que yo estaba ahí? Porque puedo apostar a que tú jamás vas a pasear por esos rumbos, Markus—gruñó Emir.

—Recibí la notificación de tu llegada y quise saludarte, y me di a la tarea de rastrearte, pero no pensé que la razón por la cual pediste discreción fue por una chica—miró en mi dirección y me guiñó el ojo. —Y tuviste suerte de que mi hermana no estuviera aquí, ya que ella hubiera hecho la llamada a tus padres sobre tu ubicación.

Sentí la tensión de Emir a través de su mano.

—Gracias—carraspeó y me dio un leve apretón en la palma—y en ese caso, nos vamos. Agradezco tu discreción y tu ayuda, Markus.

—¿Por qué se van tan pronto? Quédense a cenar y más tarde mi chofer los llevará al hotel en donde están hospedados.

Algo en la mirada de Tove me hizo sentir culpable, era como si no quisiera quedarse solo en esa mansión y necesitara compañía.

—¿Y el resto de tu familia? —preguntó Emir.

—Fueron a varios eventos, y volverán muy tarde o quizá mañana—se encogió de hombros.

Emir volteó a verme por encima del hombro, en busca de mi aprobación.

—Quedarnos un rato más no nos caería nada mal—sonreí.

—De acuerdo, cenaremos contigo como en los viejos tiempos—accedió Emir, mirando a su amigo y solo hasta ese momento, sonrió brevemente.

—¡Estupendo! Voy a avisar en la cocina para que preparen algo realmente delicioso, no tardaré.

Observamos a Tove salir corriendo del estudio y Emir frunció el ceño, consternado. Nos habíamos quedado solos.

— ¿Qué pasa? —quise saber, solté su mano para agarrarlo de las mejillas y obligarlo a mirarme. Él tuvo que inclinarse un poco y poder estar más o menos de mi altura.

—Me inquieta la actitud de Markus.

—¿Por qué? ¿No siempre fue así?

—No es eso, es que simplemente yo había hecho la petición de discreción ante mi estadía aquí y los de este maldito lugar se pasaron mis palabras por el arco del triunfo y ahora Markus sabe que mi presencia aquí es delicada y que mi familia no lo sabe.

—¿Crees que él pueda avisarles a tus padres?

Emir asintió.

—Entonces hagamos lo posible por persuadirlo durante la cena. Seamos más amistosos con él.

—¿Cómo podría ser más amistoso con él? Es decir, ya no lo conozco, ha pasado mucho tiempo y las personas cambian, Spirit. Puede aparentar ser amable, pero no creo que siga feliz después de que rechacé a su hermana y evité a toda costa volver a este país.

Estuve a punto de replicar, cuando Tove regresó.

—Perfecto, ¿en qué nos quedamos? —esbozó una enorme sonrisa que pareció que quería cortarle el rostro por el medio.

Y tanto Emir y yo, le devolvimos el gesto, nerviosos.

—¡Ya recordé! —me señaló con la barbilla—cuéntame, ¿cómo la conociste, a qué familia real inglesa pertenece y si la marquesa sabe de ella?

Parpadeé, perpleja y Emir se aclaró la garganta.

—¿Qué tan importante es para ti saber todo eso? —inquirió Emir, suavizando su voz.

—Solo curiosidad. Desde que dejaste de venir, ya no he sabido nada de ti y ahora que estás aquí, quiero todos los detalles.

Emir se llevó una mano al cabello y me miró de soslayo antes de contestar.

—Si te respondo, ¿prometes guardar el secreto?

Aquello hizo brillar los ojos mieles del príncipe suizo.

—Por supuesto que sí, a cambio de que vengan más seguido a visitarme, los dos—propuso Tove, sin dejar de sonreír.

Dicho eso, Emir se cercioró de que no hubiera alguien afuera del estudio y cerró con pestillo. Me tomó de la mano con determinación y suspiró.

—Spirit no pertenece a ninguna familia real de ningún tipo, no es de la realeza y por si no te has dado cuenta, para mí, eso no es ningún inconveniente.

— ¿Qué? —Tove entornó los ojos y me miró con incertidumbre.

—Lo que escuchaste. Ella es una chica londinense, de familia normal y a mí no me importa en lo absoluto, por eso no quiero que mis padres sepan de su existencia, ya que tú mismo sabes lo que eso significaría.

Tove se estremeció.

Y yo no entendí por qué.

—Tu tía, la que se suponía que sería la reina de Suiza, fue exiliada porque se enamoró de un hombre de familia normal y tu padre, siendo el siguiente en la línea de sucesión, tomó el poder y fue coronado rey, y aunque él intentó ayudar a su hermana, fue imposible. Las reglas eran incorruptibles en aquel entonces y le quitaron su fortuna, apellido y, desde luego, la posibilidad de vivir en el país.

Las palabras de Emir conmocionaron a Tove y este asintió. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero mantuvo la compostura y se quedó pensando unos segundos.

—Pero no vas a lograr nada escondiéndola y más porque se supone que debes casarte con la marquesa—aseveró Tove, mirándome con tristeza—sería una tortura para ella verte en matrimonio con otra y no sería justo, lo sabes.

En ese momento, me di cuenta que Tove no estaba siendo empático con Emir, sino conmigo y mis sentimientos. Sabía lo complicado que iba a ser si ese matrimonio se efectuaba.

— ¿Crees que no lo sé? Incluso estoy dispuesto a renunciar a la corona por Spirit—afirmó, agarrando mi mano con fuerza—no me importa ser rey y no es broma. Ewan podrá desempeñarse mejor en ese papel tan pesado.

El príncipe suizo se llevó las manos a la cabeza, agobiado.

—Entiendo tu objetivo, Dominic, pero seamos sinceros, ¿crees que podrías darle una vida digna a Spirit en cuanto te despojen de tu fortuna? Porque sabes perfectamente que nosotros estamos acostumbrados a los lujos, a una vida fácil y si renuncias a la corona, serás libre, pero tendrás que trabajar como cualquier ciudadano y no sabes lo que es eso.

—¿Y tú sí lo sabes? —siseó Emir, a la defensiva.

—No, pero observo a las personas. El trabajo es duro y eso si es que encuentras uno donde te paguen bien y no te hagan estar doce horas ahí y recibas un salario indigno.

—En vez de ayudarme, solo me estás llenando de más problemas—ladró Emir, furioso.

—Se le llama realidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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