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Emir Lovelace - Capítulo 5

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5: Capítulo 04 5: Capítulo 04 Llegué al hotel casi a las cuatro de la mañana.

Sentía como si mi cuerpo estuviera flotando.

Emir fue muy gentil y amable al acompañarme hasta el interior del lobby del hotel y cerciorarse de que entrara a mi habitación.

—¿No quieres quedarte?

—aventuré a preguntarle sutilmente—es muy tarde.

—Será en otra ocasión, Spirit—me regaló su sonrisa torcida que me brindó cuando nos conocimos—ahora de verdad debo irme, mis padres van a asesinarme.

—¿Vamos a volver a vernos?

Porque eres el indicado para mostrarme la ciudad antes de que yo regrese a Londres.

—Mañana veremos, descansa, Spirit.

Alzó la mano hacia mí y pensé que tocaría mi mejilla, pero en vez de eso, me revolvió juguetonamente el cabello antes de marcharse.

Minutos después, yacía yo saltando de emoción en la habitación y salté a la cama para enviarle un mensaje a Cameron.

“Adivina quien acaba de regresar al hotel después de estar con Emir Lovelace toda la noche” Dejé el teléfono en la mesita de noche y caí rendida.

Me desperté aturdida gracias a las llamadas por parte de Cameron.

Mi teléfono se había vuelto loco y apenas eran las nueve de la mañana.

—¿Hola?

—carraspeé y me ardieron los ojos.

—Nada de hola.

Cuéntame qué pasó anoche, en este preciso momento, Spirit.

—¿No puedes esperar a que despierte por completo?

Estoy cansada—ahogué un bostezo.

—Cansada de tanto follar con Emir Lovelace—afirmó, emocionado.

—Ojalá—reí—pero fue delicioso pasar tiempo con él.

—Habla… —¿Qué puedo decirte?

Fui al estadio Croke Park a un partido de beneficencia en el que iba a jugar el Príncipe Dominic de Irlanda, pero tuve ciertos problemas y un guardia me dejó encerrada con toda la intención en los vestidores.

Me quedé dormida y cuando desperté, estaba oscuro y me di cuenta que me había dejado encerrada.

—¿Qué?

—añadió con perplejidad.

—Sí, como de película.

Y bueno, Emir Lovelace estaba afuera del estadio cuando me escuchó gritar y me salvó.

Después me invitó a cenar y se nos fue el tiempo.

Intercambiamos número de teléfono, me trajo al hotel, se marchó y fin.

—Quiero con lujo de detalles—siseó—escúpelo todo.

—Sentí una conexión fuerte con él, no puedo negarlo, Cam, y creo que fue mutuo.

—¿Hizo algo que te diera esa sensación de atracción mutua?

—Creo que le gusta verme mucho cuando no me doy cuenta y al marcharse, me tocó la cabeza con aire juguetón y dijo que me avisaría si volveríamos a vernos.

—Quiere ir lento—acotó Cameron—eso es buena señal.

Todo hombre que de verdad quiere algo bien, no apresura las cosas, pero ojo, tampoco es para que le dé largas a una chica.

Ten eso en mente.

—¿Qué haría yo sin ti, Cam?

—Llorar y lamentarte toda tu vida—rio.

—Me gustaría que estuvieras aquí.

—Teniendo en cuenta que has conseguido a alguien sexy, mi presencia podría arruinar las cosas y hacer que el chico se aleje.

—Cameron, eres gay, por Dios.

—Soy gay, pero no uso ropa femenina, me visto normal y eso confunde a los hombres.

—Emir se daría cuenta rápido, además, tampoco es que pudieras venir, quedaste atado por tu curso.

—Exacto… ¡Ya no me lo recuerdes!

—Ayer no habría sido posible encontrarme con Emir, de no ser porque me dio mi ataque de ansiedad y anhelo antes de ir al partido—le informé con tono divertido para que no se preocupara, pero fue inútil.

—¿Te refieres a que te pusiste a llorar por ese pedazo de estiércol con patas?

—Sí… ya tenía tiempo que no ocurría—suspiré.

—¿Ahora por qué fue?

Dios, pensé que ya lo habías superado.

—Ha pasado todavía un año y ayer tuve la primera recaída en meses.

—¿Qué fue lo que te hizo pensar en él?

—Me desanimé mucho cuando me di cuenta que estaba gastando dinero en exceso y no me ajustaría para quedarme dos meses aquí.

Y luego la tristeza llegó a la ansiedad y la añoranza y finalmente, a Thiago Roberts.

—Si Emir supiera que le lloras a un bueno para nada a escondidas, te mandaría por un tubo.

—Incluso llegué a sentir que estaba traicionando a Thiago por estar fijándome en Emir.

—¡Qué horrible pensamiento!

¡Recuerda que esa basura te dejó por una idiota de senos enormes y que solo sirve para calentar hombres asquerosos, por lo que nadie la querrá en serio!

—Gracias por el ánimo, pero conseguiste el efecto contrario, Cameron—mascullé.

—Solo busco hacerte entender—declaró con desesperación—yo soy el único que tiene derecho a decirte todo esto porque a mí me tocó verte destrozada y tuve que limpiar tus lágrimas derramadas por culpa de ese imbécil.

—Y siempre voy a estar agradecida por ello, Cam.

Me ayudaste en el peor momento.

—Bien, ahora quiero que te concentres en Emir Lovelace.

Es la oportunidad perfecta para que experimentes un nuevo amor.

—Siempre y cuando él sienta lo mismo.

—No te precipites.

Las primeras citas determinan la relación.

Si no funciona, al menos habrás experimentado lo que se siente salir con un irlandés y dar tu conocimiento a los demás—bromeó.

—No quiero verme desesperada por su atención, pero Emir es extraño.

—Define extraño.

—Extraño porque aparte de tener una presencia imponente, y un aura misteriosa, tiende a estar siempre a la defensiva.

En el restaurante se colocó la capucha de su sudadera para evitar que alguien más lo mirara.

—Existen personas que aman la privacidad y debes sentirte halagada de que contigo no sea así.

—Cuando lo conocí no me dejó ver su rostro—le recordé.

—Es porque no te tenía confianza.

—Tienes razón.

—Si te llega a contactar, deja que él elija el sitio donde verse y estar, ¿de acuerdo?

—¿Y si no me busca?

—Dale un par de días, si no lo hace, entonces envíale un mensaje casual, un saludo inofensivo y deja que la conversación fluya.

—¿Y si no fluye?

—¡Deja de ser tan pesimista y negativa!

—Soy realista, no me gusta ilusionarme a lo tonto.

Necesito saber si todo es de manera positiva para continuar arriesgándome.

—Thiago te dejó con muchas inseguridades, pero no por eso vas a dejar escapar las buenas oportunidades que se están presentando.

Por cada idiota que le toca hacerle la vida miserable a una hermosa chica, llega un Emir a reparar lo que no destruyó.

—Voy a hacerte caso, pero si no funciona, ¿estarás para limpiar mis lágrimas?

—Desde luego que sí.

Mi hombro es tuyo, cariño.

Amaba a Cameron.

Cuando nos conocimos, conectamos al primer segundo y comencé a enamorarme de él, pero al poco tiempo me enteré de que le gustaban los chicos y mi corazón se rompió, puesto que, de manera literal, era el chico perfecto.

Tuvimos una conversación al respecto y él me confesó que, si no fuera gay, también se habría fijado en mí.

El resto de la tarde la pasé deambulando por las calles, comiendo, tomando fotografías y viendo de vez en cuando mi WhatsApp, que continuaba sin ningún mensaje de Emir Lovelace.

A decir verdad, noté que él no tenía un perfil activo en esa aplicación y me pregunté por qué, si era una plataforma universal y usada en todos los países.

La respuesta seguía siendo una incógnita y empezaba a pensar que Emir estaba evitándome a propósito y no lo juzgaba, ya que apenas nos acabábamos de conocer como para desear que él quisiera pasar tiempo conmigo.

Compré un café y seguí mi camino, dispuesta a no dejar que arruinaran mi día nublado y fresco.

A través de Google Maps, ubiqué el lugar exacto del Puente Samuel Beckett y me di cuenta que no estaba tan alejado de donde yo estaba, así que comencé a caminar hacia ahí.

Eran las cuatro de la tarde y sabía que no sería lo mismo verlo de día que de noche, pero podría hacer algo de tiempo para esperar el espectáculo.

Tardé aproximadamente media hora en llegar y para mi sorpresa, mi café apenas comenzaba a enfriarse.

El vaso térmico debía ser de alta calidad para poder mantener la temperatura casi intacta pese al frío del ambiente.

El puente me provocó un poco de vértigo, pero continué caminando por la orilla.

Encontré el sitio perfecto en donde los coches pasaban alejados de mí y me senté sobre el asfalto, mirando el río Liffey debajo.

Le di un sorbo al café y me estremecí.

Ojalá Cameron estuviera conmigo para tener una de las mejores charlas mientras esperábamos el anochecer.

El peculiar anillo de Emir seguía en mi cuello como un collar, como un recordatorio que él era real y no producto de mi imaginación.

No quise ponerme su sudadera para no ensuciarla, pero el frío pareció burlarse de mí porque empezó a enfriar cada vez más.

Tras terminar mi café, dediqué mi atención a una chica que apareció de repente cerca de donde yo estaba sentada.

Su aspecto era pulcro y elegante, pero su semblante era deprimente.

Parecía que minutos atrás había estado llorando y luchaba para no volver a hacerlo.

Respiraba entrecortadamente y no sabía si por el esfuerzo de haber corrido o por controlar sus lágrimas.

De pronto, se sujetó al barandal del puente e hizo el ademán de querer subir sus piernas también.

Me levanté rápidamente y mis movimientos la alteraron, provocando que se diera prisa a su cometido.

Dios.

¡Quería saltar del puente!

—¡Oye, sea lo que sea que estés pensando, todo está bien!

—le grité, intentando no entrar en pánico y asustarla más.

Su rubio cabello azotaba su sonrosado rostro gracias a las furiosas ráfagas de aire y sus ojos verdes, inundados de lágrimas, me miraron como si fuese una idiota.

—Tú no sabes nada—dijo, con la voz temblorosa.

—Estás en lo correcto—alcé las palmas de mis manos para que viera que yo era inofensiva—yo no sé nada porque soy de Londres y estoy de vacaciones aquí.

—¿Y por qué te metes en asuntos que no te competen?

¡Déjame en paz!

—exclamó, aferrándose al barandal.

—Vine hasta acá a pasarla bien y a olvidarme de mis problemas y no me parece justo que vengas hasta el puente a arruinarme mi día—espeté, encolerizada—y no quiero que el último recuerdo bello de Dublín sea el suicidio de una desconocida en mis narices, aunque creo que solamente terminarías con heridas graves y yo como la única sospechosa, así que no, no dejaré que te lances.

Mis palabras la dejaron perpleja porque dejó de sollozar y en lugar de intentar seguir con su idea, frunció el ceño y a continuación, las comisuras de sus labios se elevaron hacia arriba para después soltar una carcajada.

—¿Entraste en algún cuadro psicótico?

—me horroricé.

—Nadie podría culparte porque hay cámaras por todas partes—me dijo, limpiándose las mejillas con el dorso de la mano.

—Escucha, el problema que te tenga mal, puede solucionarse, no te preocupes.

—¿En serio lo crees?

Pues haber nacido en una familia en la que deciden tu vida desde el momento que naces, no creo que pueda solucionarse.

—A veces los padres hacen eso para que sus hijos no cometan errores y usualmente ocurre en familias adineradas.

Tengo entendido que aquí abundan, ¿no?

—Nacer en cuna de oro tiene más desventajas de lo que te imaginas—humedeció sus labios y se bajó del barandal.

—¿Cómo te llamas?

—Eleanor Darcy—respondió y extendió su mano hacia mí.

—Spirit Norwood—se la estreché.

—Interesante nombre.

—Lo sé.

Tú tienes el apellido más cursi que existe, ¿conoces el libro “Orgullo y Prejuicio?

—Estaría más que feliz de ser familiar de Mr.

Darcy—bromeó.

—Y vivir un romance como el suyo—suspiré y ella me imitó.

—O simplemente ser una chica ordinaria sin responsabilidades—replicó.

Su forma de expresarse era muy similar a la de Emir y me pregunté si tal vez ellos pertenecían a la misma élite.

Pensé en preguntar por él, pero no quería compartir a Emir con nadie, así que guardé silencio.

Sin embargo, ella se sentó a mi lado y ambas nos quedamos sin decir nada, mirando el agua bajo nuestros pies y perdidas en nuestros pensamientos hasta que oscureció y ella recibió una llamada telefónica, la cual no atendió.

—Tengo que irme.

Me ausenté demasiado—frunció el ceño, declinando las demás llamadas.

—Bien, cuídate mucho—me despedí cortésmente.

—Muchas gracias por hacerme reír y hacerme entrar en razón, Spirit—sonrió—dame tu número de teléfono, quiero compensártelo más adelante.

—No es necesario, te ayudé con mucho gusto, Eleanor.

No me debes nada.

—En mi mundo estamos acostumbrados a dar algo en agradecimiento, por lo que insisto, dame tu número para poder estar en contacto.

Accedí.

Intercambiamos nuestros teléfonos y luego de que me diera un abrazo sorpresivo, echó a correr por donde había venido.

Alcancé a notar que había muchos vehículos esperándola y me encogí para que no pudieran verme.

¿Acaso era alguna celebridad?

Muy probable, pero yo no la conocía como para saberlo.

Y solo hasta ese momento, vislumbré las hermosas luces de colores del puente y me estremecí.

Era precioso.

Saqué algunas fotografías para ponerlas en mi estado de WhatsApp y enviárselas a Cameron.

Planeaba volver al hotel, pero a mi teléfono le entró una llamada y me recargué en el barandal para responder.

Entorné los ojos al leer el remitente: Emir Lovelace.

Inhalé y exhalé profundo tres veces antes de contestarle.

No quería que se diera cuenta que me había puesto nerviosa por su llamada.

—¿Hola?

—Hola, ¿dónde estás?

—Muy lejos del hotel—bromeé.

—Eso lo sé, porque estoy ahí y me dijeron que nos has regresado desde la mañana.

Parpadeé, perpleja.

—Eh, sí, salí a desayunar y estuve turisteando, ¿por qué?

—Dime dónde estás para que vaya por ti.

—¿Vamos a tener una cita?

—canturreé.

—Ubicación—dijo seriamente, pero sabía que estaba tratando de no reír.

—Estoy en el Puente Samuel Beckett.

—Llego en diez minutos—me aseguró—o tal vez cinco.

Cortó la llamada y me quedé mirando la pantalla como tonta.

Enseguida me apresuré a llamarle a Cameron para que me diera consejos y no quedar como una lunática ansiosa.

A los tres intentos, respondió.

—Estoy en el baño, ¿qué pasa?

—gruñó.

—¡Emir me llamó y viene a buscarme!

—¡Qué!

¡Dime que estás vestida como una diosa!

—No, salí a pasear y estoy en el Puente Samuel Beckett, no pensé que me buscaría casi al anochecer.

—Definitivamente quieres que te golpee para que reacciones, ¿verdad?

—Solo dame consejos de segunda cita, por favor—imploré con nerviosismo.

—El único consejo que siempre te he dado y te daré por el resto de tu vida es que no te lo folles.

Todavía no—sentenció—si haces eso, él se esfumará.

—¿Y qué hago entonces?

Soy muy patética para las citas.

—No dejes que exista esa tensión sexual, puede haber romántica, pero no sexual.

—¿Y cómo lo voy a identificar?

Con Thiago solo fue sexual y yo lo confundí con romántica.

—Es porque él es un imbécil.

Emir no lo es.

Debes saber reconocer las señales, Spirit, por Dios.

—La experiencia que tengo es horrible.

—Confía en lo que te estoy diciendo, ¿bien?

Y espera a que él hable siempre primero.

A los hombres les gusta sentir que ellos son los que dominan la conversación, aunque generalmente sea lo opuesto, pero es como dejarles tener un pequeño premio.

—¡Solo me confundes más!

¡Ya veré que hago…!

Me quedé con las palabras al aire, escuchando a Cameron seguir despotricando por mi falta de experiencia y por no querer escuchar sus consejos, puesto que, el rugido de una motocicleta captó toda mi atención y no pude moverme de mi sitio y desde luego, tampoco hablar.

La luz de la motocicleta me cegó por unos segundos, pero no había duda de que era él.

Emir Lovelace.

—Te llamo después… Balbuceé y colgué torpemente la llamada con Cameron.

Guardé el teléfono en el bolsillo y seguí sin moverme, simplemente me dediqué a observar a Emir Lovelace aparcar su majestuosa motocicleta frente a mí con elegancia.

La motocicleta que montaba era enorme y oscura, como su atuendo y casco.

¿Cómo podría una motocicleta y casco brillar más que mi futuro?

Tragué saliva, ensimismada con su presencia.

Se quitó el casco y se sacudió el cabello levemente húmedo, quizá por el sudor.

Sus ojos encontraron los míos y sonrió de lado.

Y hasta ese momento, advertí que había un segundo casco en la parte de atrás del asiento, afianzado a él con una correa.

Era color azul marino.

—Sube—me dijo sin borrar su sonrisa.

—De haber sabido que me buscarías esta noche, me habría vestido con ropa más adecuada—dije, avergonzada y no me moví.

—¿Acaso tienes miedo?

—su voz se volvió más atrayente y fascinante.

—Jamás en mi vida he tenido miedo—repuse, con la barbilla en alto.

—Entonces sube.

Vamos a dar un paseo por todo Dublín.

Extendió su mano a mí y no dudé ni un segundo en tomársela.

Emir tiró de mí con suavidad y me ayudó a subirme detrás de él.

—Póntelo—me indicó, acercándome el casco con una mano.

Con cierto temblor en mis manos, me lo puse y me di cuenta de que el casco era nuevo.

¿Acaso lo había comprado para mí?

—Sujétate—fue lo último que escuché cuando Emir arrancó a toda velocidad.

Deslicé mis brazos alrededor de su espalda y recargué mi cabeza en medio de sus omoplatos, sintiendo el aire azotarme la cara por no haber bajado la visera del casco, pero incluso así, era reconfortante.

El delicioso perfume de Emir Lovelace y la noche perfectamente fría hacía que fuera demasiado exquisito.

Podía sentir sus músculos por debajo de mis brazos y su firme espalda comenzó a ser mi lugar favorito.

Las luces de la ciudad parecían puntos borrosos que pasaban a toda velocidad y los diferentes aromas de las calles hacían que quisiera permanecer así el resto de mi vida.

Después de varios minutos de camino, Emir empezó a aminorar el paso y logré ver que nos hallábamos en un pequeño mirador, en una zona alta en donde se podía apreciar mejor la ciudad.

Apenas había personas andando y me pregunté por qué a él le gustaba estar en lugares silenciosos.

Cuando aparcamos, él giró ridículamente por encima del asiento, quedando justo frente a mí.

Parpadeé, perpleja.

Se miraba aún más guapo con el casco puesto porque sus ojos llamaban más la atención, en especial sus cejas y largas pestañas.

—¿Qué tan libre te encuentras estos días?

—me preguntó de pronto.

Su voz sonó muy animada, algo peculiar en él, ya que solía ser muy serio y discreto.

—Lo normal, ¿por qué?

—Estupendo, eso es un buen augurio.

Y dicho eso, desmontó la motocicleta y se quitó el casco.

Se acercó a ayudarme y me peiné con los dedos al sentir mi cabello alborotado.

—¿En dónde estamos?

—quise saber.

—Uno de los miradores más tranquilos de Dublín.

Dejamos los cascos sobre la motocicleta y caminamos hacia la mejor vista.

Una que otra pareja se encontraba también ahí, pero dándose besos y metiéndose mano en vez de admirar la ciudad.

Me sonrojé y volví el rostro hacia a otra parte, pero tropecé y estuve a punto de caerme, de no ser porque Emir me sujetó de la mano firmemente.

Y supuse que él no quería que volviera a tropezarme porque entrelazó sus dedos con los míos y seguimos caminando.

Si tan solo Cameron estuviera ahí para ayudarme a interpretar las señales, todo sería más fácil.

—¿Por qué te gusta venir a lugares desérticos?

Es decir, es hermoso, pero ¿no te da miedo de que aparezca algún ladrón?

—murmuré cuando nos detuvimos en donde no había nadie más que nosotros.

—Dublín es una ciudad segura, Spirit, no te preocupes, además, no estás sola—dijo y me instó a caminar delante de él.

—¿Eres algún súper héroe encubierto?

—bromeé.

—Podría decirse que sí, ya que prefiero ocultar mi identidad—me fue guiando con una mano en mi cintura mientras yo iba adelante.

Reí.

Él también rio y me sentí feliz después de tanto tiempo.

Cameron tenía razón en que debía avanzar con mi vida.

Si seguía mancillando mi corazón con el recuerdo de Thiago, jamás lograría alcanzar la tranquilidad y a un chico que de verdad mereciera la pena.

La presencia de Emir me enloquecía.

En especial su apariencia, puesto que era tan irreal, parecía un modelo.

Y lo más alucinante era qué estaba aquí, conmigo.

Había elegido pasar una noche más conmigo qué con su familia.

—Justo aquí—dijo, y dejé de caminar.

Había un enorme muro que nos dividía de una altura de más de cincuenta metros hasta el suelo y tuve vértigo.

—Dios, es increíble y al mismo tiempo aterrador—busqué su mano y me aferré a ella.

—No tengas miedo.

—Podemos caer y… Balbuceé, mirando hacia abajo, pero Emir me agarró de la barbilla con delicadeza e hizo que apartara la vista de abajo para verlo a él a los ojos.

—Mientras estés conmigo, estarás a salvo—prometió.

Y de pronto, Emir se sentó al borde del muro, con los pies oscilando en el vacío de la oscuridad.

—Siéntate conmigo—le oí decir.

—No creo que… —¿A estas alturas sigues sin confiar en mí?

—arqueó una ceja y ladeó la cabeza—no vas a caer, confía, Spirit.

Me agarró de ambas manos y fue guiándome hasta quedar un poco retirada del borde y más cerca de él.

Me senté en posición de loto porque no quería dejar mis pies en la nada y Emir me imitó.

El aire me alborotaba el cabello y era imposible mantenerlo quieto.

Sin embargo, mi inquietud pareció divertirse porque reprimió una sonrisa y a continuación, colocó ambas manos en cada una de mis mejillas y con suavidad, acomodó los mechones más rebeldes de mi cabello por detrás de las orejas.

—¿Quieres que confíe en ti?

—le pregunté.

Él frunció el ceño, sin apartar sus manos de mi rostro.

—Por supuesto, ¿qué hay de malo en ello?

—Nos conocemos ambiguamente.

Desde que estoy aquí, nos hemos visto un par de veces y por accidente, no tanto porque quisieras verme, a excepción de ahora—comencé a decir—y no sé realmente si puedo confiar en ti porque no te conozco lo suficiente.

—De hecho, tampoco te conozco a ti lo suficiente—sonrió levemente—pero has sido la primera persona que he dejado montar mi motocicleta.

—¿Por qué?

—alcé las cejas, con curiosidad.

—Para ser sincero, no tengo idea—se llevó una mano al cabello y miró en dirección a la ciudad.

Nos quedamos en silencio un breve tiempo, admirando las luces preciosas alumbrando Dublín en la oscuridad, en compañía del cielo nublado.

—¿Bajo qué condición podrías confiar en mí?

—preguntó de pronto.

—¿A qué te refieres?

—fruncí el ceño.

Emir me volteó a ver y enfrenté su mirada.

—Sí, ¿qué deseas que haga yo para conseguir esa confianza?

Me mordí el labio inferior, sopesando la respuesta.

Era interesante que Emir Lovelace me estuviera dando la opción de estructurar confianza entre nosotros, pero ¿a qué se debía semejante cambio, si él en primer lugar no me quería volver a ver después del primer encuentro sorpresivo?

—Antes que nada, explícame por qué ahora quieres que haya confianza entre nosotros, si desde el principio no querías volver a verme—repuse.

—Las personas pueden cambiar de opinión—dijo en tono juguetón y me guiñó el ojo.

—Bien, ¿ahora quieres saber qué quiero para que comience a confiar en ti?

—En efecto, sí—asintió, poniéndose serio y alerta a mis palabras.

—Quiero conocerte—dije sin más.

Aquello lo desconcertó.

—¿Conocerme?

—Sí.

Conocerte.

Salir más contigo, ya sabes—me encogí de hombros y miré a la ciudad para evitar que notara el rubor en mis mejillas.

Era la primera vez que me portaba tan directamente con alguien, en especial con una persona que me gustaba.

—Entonces eso es lo que buscas para confiar en mí.

—Claro, ¿acaso es demasiado difícil para ti?

—lo desafié con la mirada.

—Nada es lo suficientemente difícil para mí—me aseguró.

—De acuerdo, ¿comenzaremos a salir con frecuencia?

—bromeé.

Pero él se había quedado pensativo, mirando un punto lejano, muy cerca de mis labios, poniéndome nerviosa.

—¿Estás dispuesta a salir a un segundo viaje estando aquí en Irlanda?

—parpadeó y esta vez, mirándome a los ojos.

—¿Te refieres a conocer otro lugar que no sea Dublín?

Él asintió.

—Sí, claro, si tuviera la oportunidad, iría a hacer turismo.

—Más tarde alista lo necesario para tres días y mañana temprano pasaré por ti al hotel.

Abrí la boca para replicar, pero él se las ingenió para introducir suavemente algo entre mis dientes.

Enseguida sentí el sabor dulce de la fresa y comprendí que se trataba de una paleta.

—¿Me acabas de callar con una paleta?

—humedecí mis labios, degustando el sabor.

—Sabe buena, ¿verdad?

—sonrió a tal punto que sus ojos se achinaron, viéndose adorable.

De su bolsillo del pantalón, sacó otra paleta y se la llevó a la boca.

Estuvimos largo rato contemplando la vista, saboreando nuestras paletas y sonriéndonos de vez en cuando.

Si Cameron estuviera viendo aquel momento tan íntimo, probablemente diría que Emir logró conectar la tensión sexual en vez de la romántica, pero no me importaba.

A medida que pasaba el tiempo, el frío comenzó a ser más intolerable.

Me froté los brazos por instinto, provocando que Emir se diera cuenta de que ya era hora de irnos.

—Vamos por un café—dijo, levantándose con entusiasmo.

Era extraño verlo muy animado, ya que la primera impresión que tuve de él fue seria y tranquila.

De vuelta a la motocicleta, dimos vuelta en “U” para regresar a la ciudad y por alguna razón, me sentí más confiada estando a su lado.

Le había mentido sobre no confiar en él, puesto que desde el primer encuentro mi confianza siempre ha estado en Emir, pero no quería que pensara que yo era fácil de convencer.

Veinte minutos después, yacíamos caminando en dirección a una cafetería.

—No quiero ir a una cafetería privada—le dije, adivinando sus pensamientos.

—No me gusta estar rodeado de muchas personas—se detuvo levemente a verme—pero esta noche, haré una excepción por ti.

Elige a dónde quieres ir.

—¿En serio?

—sonreí.

Y él asintió, complacido.

—Llévame a tu mundo, Spirit, quiero conocerlo.

—Con gusto, pero necesito opciones de cafeterías porque no conozco ninguna lo suficientemente buena para tomar café—me ruboricé.

—Cualquier lugar será excelente, no te preocupes—sonrió con calidez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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