Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Emir Lovelace - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Emir Lovelace
  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 06
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Capítulo 06 7: Capítulo 06 Era bien sabido aquel dicho que decía “Dime con quién andas y te diré quién eres”, ya que, de buenas a primeras, podría discernir qué Emir Lovelace era realmente adinerado.

El camino fue transformándose, dejó de ser pedregoso para volverse liso y sin ninguna irregularidad que hiciera que nos moviéramos de un lado a otro.

Una clara señal de que estábamos a escasos segundos de llegar a la finca.

A lo lejos alcancé a percibir luces iluminando el final del camino y me puse nerviosa.

De estar en otra situación con alguien ajeno a él, habría rechazado completamente su oferta y mandarlo al infierno.

Pero no.

Emir Lovelace hacía que todo mi ser se sintiera atraída hacia él de una manera grotesca que me asustaba.

Y cinco minutos después, nos detuvimos a lo que parecía más una mansión que una finca.

Tragué saliva.

Tenía que bajarme del Jeep para poder ver el final de la altura de aquella mansión.

—Bienvenida a mi finca, ¿qué te parece?

—bromeó, apagando el motor.

Me volteó a ver para evaluar mi expresión, pero yo estaba absorta, observando todo a mi alrededor con la boca entreabierta—tomaré eso como algo positivo—esbozó una leve sonrisa.

Emir bajó primero y me ayudó a hacerlo también sin dejar de sonreír ante mi rostro asombrado.

—¿Estás seguro que no es tu verdadera casa?

—pregunté, aturdida.

En esa casa entraban fácilmente diez departamentos del tamaño del mío o quizá más.

Olía delicioso a café y me pregunté si habría alguien más en el interior esperándonos.

—Vamos adentro—le oí decir y sentí su mano sobre mi cintura.

Comenzamos a caminar en dirección a la enorme puerta de cedro que estaba abierta de par en par para que pudiéramos entrar.

—¿Hay más personas aquí?

—quise saber con timidez.

—La servidumbre, ¿por qué?

Me relajé y sentí un alivio repentino.

—Pensé que alguien de tu familia—seguimos caminando hasta entrar por completo al interior.

Quise seguir replicando, pero la sorpresa del interior fue mayor que la fachada.

Era un sitio extremadamente lujoso, similar al restaurante donde cenamos mariscos, pero más elegante y hogareño.

—¿Eres algún tipo de Príncipe?

—vacilé sin mirarlo, puesto que mi mirada estaba en las pinturas de óleo que adornaban las paredes con majestuosidad.

Sentía que, si tocaba algo, se quebraría en mil pedazos.

—Ven, hay café recién hecho—dijo de repente y se apoderó de mi mano para llevarme rumbo a lo que parecía ser la cocina, la cual estaba demasiado retirada de la entrada.

Atravesamos muchas salas con adornos de caballos labrados en madera, mármol y cristal, muebles aterciopelados al igual que el suelo y parte de las paredes, sin mencionar los faroles de luz en el techo.

La mansión era de dos plantas, pero cada una debía medir como quince metros de altura.

—¡Joven Emir!

Me sorprendí cuando escuché exclamar a una mujer en alguna parte.

Emir giró sobre sus talones, llevándome consigo.

—Hola, Aria—Emir saludó a una mujer entrada en los sesenta años, muy bajita y de expresión amable.

Su rostro se notaba cansado y al mismo tiempo feliz de ver a Emir ahí, aunque fuese muy tarde.

—Xavier me dijo que ibas a venir, pero no le creí, sin embargo, preparé café y algo para cenar por si venías—explicó ella, entusiasmada y quedó de piedra al reparar en mí—y también trajo a su invitada, ¡Dios santo!

Le juro que pensé que ese torpe estaba gastándome una broma.

Me ruboricé ante su escrutinio.

La señora de nombre Aria tenía unos espectaculares ojos verdes que parecían poder ver a través de tu alma.

—A Xavier le di indicaciones exactas—repuso Emir con calma—no quiero que nadie notifique a mi familia que estoy aquí y mucho menos que estoy con alguien, ¿de acuerdo?

Porque vendrían a estropear todo.

—No se preocupe, joven Emir, pero… —No quiero preguntas, Aria—le cortó con amabilidad, pero noté el filo en sus palabras.

—Es que es la primera vez que trae a una chica aquí y no prepararé otra habitación—no pudo evitar quedarse callada y alcé las cejas en dirección a Emir, quien, a su vez, frunció el ceño y le envió una mirada asesina a la señora, haciendo que el ambiente se pusiera incómodo entre ellos.

Me mordí la lengua para no echarme a reír.

Intenté soltar su mano, pero él se mantuvo firme.

—¿Escuché que hay café?

—interrumpí para cortar el mal momento, reprimiendo una sonrisa.

—¡Sí!

—exclamó Aria, nerviosa—síganme, por favor.

Le di un apretón en la mano para instarlo a seguirla y asintió, ruborizado.

Era curioso que Emir Lovelace se pusiera nervioso y tímido ante aquellas palabras de la señora que cuidaba de su finca.

La cocina resultó ser del tamaño de mi departamento.

Y mantuve la calma para no parecer loca y estar con la boca abierta todo el tiempo.

Había incluso un horno enorme y trastes de todo tipo de material.

Cuatro refrigeradores y dos mesas grandes.

En la isla de la cocina había un enorme recipiente con frutas para elegir y sentí que estaba soñando.

Ese sitio era igual de irreal que Emir.

Mientras yo escudriñaba cada rincón, Emir y la señora Aria se alejaron unos pasos para servir el café.

Aunque ya habíamos bebido suficiente café, no podíamos negarnos a más, ya que era un elixir creado por los mismos dioses.

—Estar despierto a esta hora me provocó hambre—dijo Emir, acercándose a mí con una taza humeante de café y un sándwich en un pequeño plato—y sé que tú también.

Me mordí el labio inferior y él me guiñó el ojo.

—Si te niegas a comer su cena, se enfadará—me explicó entre risas.

—Eso es verdad—convino la señora Aria, sirviéndole su sándwich y café a él.

Nos sentamos en una de las dos mesas y ella también nos acompañó.

—¿Cómo está Emma?

—preguntó Emir y posteriormente, le dio un mordisco a su cena.

—Perfectamente, aunque ya tenía varios meses que no venía y comenzaba a ponerse triste—le respondió ella—le hará bien verlo.

—¿Y Jack?

—¡Ni me lo mencione!

—espetó.

En silencio, me dediqué a mirarlos charlar de personas que no conocía, pero era lindo ver a Emir interactuar con alguien más y poder deleitarme con cada gesto que hacía.

—Embarazó a Emma—resopló la señora Aria.

—¿Qué?

—Emir casi se atragantó.

—Sí, lo sé, los dejamos un momento juntos y la encintó.

Fruncí el ceño.

Comenzaba a darme cuenta que tal vez no estaban hablando de personas, sino de animales.

Y como si Emir se hubiera dado cuenta de mi presencia, volvió el rostro hacía mí.

—Emma y Jack son mis caballos—me informó—y se suponía que ella no está en la edad perfecta de reproducción.

—¿Puedo conocerlos?

—pregunté.

Jamás había visto caballos de cerca.

—Por supuesto, podemos ir después de cenar—añadió, complacido—y me sirve de distracción para que no le dé con mi fusta por haber sido una lasciva.

—No puedes ir en contra del instinto animal—le recordé, terminándome mi sándwich.

—Soy Emir Lovelace—inquirió con egocentrismo y una sonrisa divertida asomó en sus labios—y puedo ir en contra del mar si así lo deseo.

—Oh, vamos, ni que fueras Moisés—me burlé y sentí la mirada de la señora sobre mí—incluso él logró separar el mar con ayuda de Dios.

Solté una risilla cuando él se quedó sin ideas para replicar y sonrió sin despegar los labios.

—¿Desde cuándo se conocen?

—la señora Aria interrumpió el momento, dirigiéndose a mí, estupefacta.

Emir y yo nos miramos el uno al otro, sin saber qué responder.

—¿Por qué?

—él fue el que se atrevió a cuestionarla de vuelta.

—Es que no la conozco.

No es ninguna compañera de la niñez o de su época escolar.

—Es porque no forma parte de mi pasado—dijo Emir con seriedad.

—¿Puedo saber cómo te llamas?

—ella parecía muy interesada en mí.

—Spirit—volvió a responder él, pero ahora de manera tajante—solo confórmate con su nombre, Aria.

Me sentí mal por ella, pero la señora pareció no importarle las duras palabras de Emir, era como si ya estuviera acostumbrada.

El silencio incómodo era asfixiante y decidí terminar mi café para excusarme e ir a dormir.

—Ha estado delicioso—dije, poniéndome de pie—pero creo que es momento de dormir y mañana ver los caballos.

—Me temo que debo ir a prepararte una habitación… —No es necesario, dormirá conmigo—puntualizó Emir con determinación.

Me envió una mirada extraña y opté por asentir.

No ganaba nada con desafiarlo frente a ella.

—Pero… —titubeó la señora Aria, sobresaltada.

Emir elevó los ojos al techo.

—Por favor, Aria, no estarás pensando que voy a abusar de ella o ella de mí, ¿verdad?

—arqueó una ceja.

A la señora se le subieron los colores al rostro.

—¡No!

Por supuesto que no… —Mañana iremos a la caballeriza a visitar a los lujuriosos—anunció él, buscando mi mano—hoy solo quiero descansar, ha sido un viaje largo.

Gracias por la cena.

Salimos de la cocina y di un traspiés ante la velocidad en la que ansiaba sacarme de ahí.

—¿Qué sucede?

¿Por qué te pusiste así?

—Aria es muy chismosa y no quiero que indague más sobre ti o podría salírsele por error cuando mi madre le llame por teléfono.

—¿Cómo sabes que tu madre va a llamarla?

—Cuando estoy más de veinticuatro horas fuera de casa, aquí es el primer lugar a donde llama y solo así puede estar tranquila y no venir a buscarme.

—¿Habría algo de malo si tu madre se entera de mi existencia?

Emir paró en seco y casi colisioné con su espalda.

Su mano se aflojó de la mía, pero no me soltó.

—Ardería Troya, o incluso peor—se estremeció.

—¿Por qué?

—susurré, conmocionada.

Su voz se había teñido de tristeza y miedo.

—¡Joven Emir!

No pude evitar disimular mi molestia cuando otra persona llegó a saludarlo justo en el peor momento.

—Hola, Xavier, ¿ya subiste nuestras cosas?

—Acabo de bajar de su habitación, pero no preparamos la otra—me miró de soslayo.

—Descuida, dormirá conmigo—le palmeó el hombro y tiró de mí rumbo a la escalinata que estaba al final del pasillo, dejando al sujeto de grandes bigotes color zanahoria de pie en medio de la estancia.

El camino hacia su recámara fue brutalmente largo y deseaba ya no asombrarme por lo que había, pero era imposible.

Solamente al entrar a la habitación, soltó mi mano y lo escuché suspirar.

La habitación era colosal, incluso advertí que tenía un balcón del tamaño de una terraza para que pudiera salir a sentarse en las sillas a despejar la mente en la noche y tener una bella vista a los árboles que había a su alrededor.

La cama era King Size y con una sábana color azul rey, había sillones y una pequeña mesa en el centro con algunos cubos de rubik a medio terminar.

Al fondo alcanzaba a verse un escritorio con una Laptop Mac plateada y unos auriculares de cascos.

Un estante con libros y otro con varios funkos pop’s.

—El baño está a la izquierda por si lo necesitas—me informó, fisgoneando en sus maletas que estaban junto a la cama.

—Así que tus abuelos eran poseedores de diez fincas iguales a esta—observé, escéptica y agarré uno de los cubos de la mesita.

—Esta es la más pequeña—contestó, distraído—cuando tenga descendencia, pasarán a mis manos las otras nueve que son dos veces más grandes que esta.

Sacudí la cabeza.

—¿Quién eres realmente?

—solté de sopetón.

Mis palabras lo hicieron dejar de ver sus cosas para prestarme atención.

—¿Eso importa?

—Mucho.

—¿Te intimida lo que poseo?

—parpadeó, sin dejar de mirarme.

A pesar de que la habitación estaba iluminada, sus ojos parecían los de un felino en la oscuridad, acechando a su próxima víctima.

—No—mentí—pero habíamos acordado que si querías ganar mi confianza… —Sé lo que acordamos, no obstante, veo innecesario que quieras saber más sobre mí, a sabiendas que planeas marcharte a Londres pronto.

Sus palabras fueron hirientes, al menos para mí.

Cameron tenía razón otra vez.

Emir solo me miraba como una aventura más, aunque eso ya lo sabía, pero deseaba estar equivocada.

—Entonces si solo quieres divertirte conmigo, ¿por qué no aceptaste ir a mi habitación de hotel y follar?

Quizá te hubieras ahorrado toda la incomodidad con tu personal de aseo.

Entornando los ojos, Emir se llevó la palma de su mano a su frente y el desasosiego lo invadió.

—¿Crees que solamente te he traído a mi finca privada para tener sexo?

—¿Para qué otra cosa sería?

—sisé.

—A mí me gusta rodearme de personas que me estimulan y extrañamente tú eres una de ellas, Spirit.

En mi vida he conocido poca gente que me motive y despierte mi interés.

De alguna manera, desde que te conocí en el aeropuerto en las peores circunstancias, no pude mantenerme al margen y olvidarte.

Tienes un imán muy fuerte que hace que, si me alejo, una fuerza sobrenatural me atraiga a ti con más fuerza.

—Nos conocemos de hace unos días—titubeé—no creo que yo haya logrado hacerte sentir de esa manera.

—Créeme, lo hiciste.

Por eso estás aquí, de lo contrario, hubiera hecho hasta lo imposible por no volver a verte nunca y mucho menos traerte a este lugar que para mí es sagrado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo