Emir Lovelace - Capítulo 9
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9: Capítulo 08 9: Capítulo 08 El resto del día Emir no regresó a buscarme.
La señora Aria se encargó de llevarme comida y posteriormente la cena.
Me sentía abandonada en aquella habitación sin saber nada de Emir o de lo que estaba pasando afuera, ya que escuchaba muchas voces alrededor de la finca, pero por el dolor en mi tobillo no podía levantarme y echar un vistazo a través de la ventana.
Me parecía totalmente extraño que el solo hecho de mencionar la presencia de una serpiente en la finca, hubiese provocado un caos en Emir, a menos que de verdad él pensara que alguien ajeno a las personas de su confianza hubiera metido ese animal con la única intención de herirlo, porque era obvio que sabían que Emir llegaba a la finca en pocas ocasiones.
Y lo más extraño era que nadie me venía a buscar para informarme lo que estaba ocurriendo afuera.
No había otra opción.
Me agarré firmemente del sofá y como pude, logré ponerme de pie sin dejar mi peso en el tobillo lastimado.
Fui cojeando hasta el alféizar de la ventana y vi el jardín trasero iluminado, el cual colindaba con una parte de la caballeriza de donde provenían las voces.
Abrí la ventana y logré escuchar con mayor claridad.
—Es imposible que alguien supiera que el joven Emir está aquí—reconocí la voz de Xavier—además, siempre hago mis rondas en la madrugada.
—¿Qué me dices por el día?
—inquirió otra voz masculina, que no reconocí.
—También, por eso estoy diciendo que es imposible todo esto—gruñó Xavier, irritado—la única persona desconocida en la finca es la invitada del joven Emir.
—No estarás echándole la culpa a esa pobre muchacha, ¿verdad?
—espetó la voz que no reconocí, pero comenzó a agradarme.
—Solo estoy comentando todas las opciones.
—Ella entró con el joven Emir y estaban juntos cuando ocurrió.
Sería algo totalmente estúpido que la muchacha hubiera puesto esa serpiente y salir lesionada al mismo tiempo, ¡Ten un poco de sentido común!
—Nadie más ha entrado a los terrenos—insistió Xavier con testarudez.
—Si sigues acusando a la invitada del joven Emir, voy a decírselo, Xavier, quedas advertido.
Casi salté de felicidad al escuchar eso, pero me arrepentí.
El dolor en mi tobillo me hizo estremecerme y regresé al sofá.
¡En buen momento me tuvo que haber pasado esto!
En cuanto recuperé la energía, volví a acercarme para seguir escuchando.
Pero cuando me recargué en el borde, pegué el susto de mi vida al encontrarme a Emir ahí.
Él iba caminando con una linterna en la mano y también se asustó al verme en la ventana como un gato.
—Spirit, ¿qué estás haciendo?
—me preguntó, preocupado y se asomó a ver mi tobillo—no debes estar parada, regresa al sofá, por favor.
—Te marchaste desde la mañana y ya no regresaste a buscarme—lo acusé— ¿qué está ocurriendo?
La expresión de Emir se ensombreció y resopló con cansancio.
Colocó la linterna sobre el borde y me moví hacia un lado para que él entrara por la ventana.
Una vez dentro de la habitación, me cargó de vuelta al sofá y se quedó sentado a mi lado.
—Fuimos a revisar toda el área en busca de un posible nido de más serpientes—comenzó a decir—pero no había más, incluso recuperamos lo que quedaba de la que asustó a Emma.
Estaba sola y a escasos minutos de congelarse, por eso intentó huir.
—Comprendo, pero ¿por qué todos creen que alguien pudo traerla con un propósito en específico?
—Por cuenta propia ese animal no hubiera entrado, Spirit, ni siquiera sobrevivido por sí sola más de unas horas en este clima.
—¿Y entonces están completamente decididos a encontrar al culpable?
Él asintió.
—El que lo haya hecho, dudo mucho que se encuentre aún en la finca, pero volverá—siseó—y de verdad me siento avergonzado de haberte traído y que fueras partícipe todo esto tan desagradable.
—Tarde o temprano sucedería y menos mal fue a mí y no a ti o a los caballos.
Yo voy a estar bien, no te preocupes—intenté alivianar el ambiente.
—No, claro que no.
No digas eso, Spirit, lo que menos quiero es que te hagas daño y mucho menos por mi culpa—bajó la mirada, agobiado.
Al verlo tan sensible y vulnerable, me ardió la mano, ansiosa por regalarle una caricia reconfortante.
Me seguía dando un poco de pena tenerlo tan cerca y hablar con él, pero a estas alturas, deseaba lograr tener más cercanía hacia él y mayor confianza, tal como Emir quería.
Y ante la necesidad asfixiante de tocarlo, alcé la mano y se la pasé suavemente por el cabello, tomándolo por sorpresa.
Alzó la vista, sorprendido y al momento de comenzar a acariciarlo, se estremeció y recargó su cabeza en mi hombro y sentí una descarga eléctrica.
—Lamento todo—susurró.
—No es culpa de nadie.
Yo la estoy pasando realmente bien—lo tranquilicé—y mi tobillo mejorará mañana.
—Es que yo quería que nos divirtiéramos y no tener que preocuparnos por nada.
—Emir, las cosas no siempre salen perfectas, y eso es lo que las hace interesantes, ¿no crees?
—Hice una pausa, buscando sus ojos, pero él continuó con su cabeza en mi hombro—.
Además, ¿quién más puede decir que ha montado un caballo que casi la tira para salvarla de una serpiente?
No todos tienen una aventura como esa en su primer día aquí.
Él dejó escapar una risa suave, aunque trataba de disimular.
Me acerqué un poco más, sintiendo que mi misión de sacar una sonrisa estaba lograda, y le di un pequeño empujón.
Él finalmente me miró, y aunque sus ojos todavía mostraban una sombra de preocupación, algo en su expresión había cambiado.
—Solo tú haces que yo quiera reír en este momento—dijo, tratando de no sonreír demasiado.
Su mirada continuaba sosteniendo la mía de una manera tan especial que me ruboricé.
—No te muevas, ¿sí?
Tienes algo en el cabello.
Palidecí.
—Cierra los ojos…
Asentí, temerosa y obedecí.
Deseé con todas mis fuerzas que no fuera algún animal ponzoñoso y pudiera quitarlo con facilidad.
La calidez de sus palmas las sentí en mis mejillas y parte de mi cabello cuando él acomodó mis mechones de cabello detrás de las orejas.
—¿Lo has quitado de mi cabello?
—pregunté, echándome a temblar.
Di un respingo al sentir los dedos de Emir rozarme la barbilla con delicadeza y mi cuerpo sintió corrientes eléctricas más fuertes que antes.
¿Qué planeaba hacer?
¿Acaso iba a besarme…?
—¡Joven Emir!
—¡Joven Emir!
Abrí los ojos precipitadamente y Emir se echó para atrás cuando varias personas irrumpieron en la habitación de golpe.
La puerta se abrió muy fuerte y Emir se levantó con rudeza, claramente enfadado.
—¡Hemos visto personas a los alrededores, joven Emir!
—exclamó Xavier, probablemente sin darse cuenta de que Emir estaba muy molesto por la interrupción.
—¿Y por qué han venido a decírmelo?
—ladró Emir— ¡Debieron ir tras ellos!
Los tres hombres, aparte de Xavier, se miraron entre sí.
—Yo pensé que… —¡Vayan a buscarlos, ahora!
—vociferó Emir y me sentí intimidada.
Los trabajadores de Emir se quedaron confundidos ante su reacción y dando traspiés, se fueron corriendo de la habitación, excepto la señora Aria, quien nos quedó mirando con cierta complicidad.
—Prepara café—graznó Emir, y alcancé a percibir cierto rubor en sus mejillas.
—¿Más café?
—inquirió, sonriendo.
—Déjanos.
Solos.
—Masculló Emir, apretando las mandíbulas.
Su mirada era nerviosa y me pregunté la razón.
La señora Aria obedeció, mordiéndose los labios para no reír.
—¿Qué ocurre?
—pregunté en cuanto la puerta se cerró.
Emir se pasó la mano por el cabello y sacudió la cabeza con indignación.
—Voy a ir a acompañarlos o de lo contrario, no encontraremos pistas—objetó.
—¿Lograste quitar eso de mi cabello?
—me impacienté.
Él tiró de las comisuras de sus labios hacia abajo y luego asintió.
—Pero antes de irme, te llevaré a la recámara para que te pongas cómoda—declaró.
Se inclinó a mí ligeramente y me instó a rodearle el cuello con los brazos para apoyarme mejor en lo que él me cargaba.
En cuanto me tuvo contra su pecho, deseé sujetarle el rostro y besarlo deliberadamente, pero no quería ser rechazada, así que me contuve.
Me llevó hasta la habitación que estaba en el segundo piso y se quedó frente a la puerta, observándola con el ceño fruncido.
—¿Necesitas que la abra?
—vacilé.
—Por favor—soltó una risa nasal que me provocó reír.
Alargué la mano y giré el pomo.
Emir empujó la puerta con un pie y entramos.
—¿De verdad van a ir detrás de esas personas?
—quise saber y me colocó suavemente sobre la cama.
—Para ser sincero, no se me apetece, pero si no voy, ¿cómo les haré pagar la osadía de entrar a mi finca y meter a esa asquerosa serpiente?
—¿Tardarás?
Emir encendió la luz y me miró con una ceja arqueada.
—¿Por qué?
¿Acaso quieres que regrese a dormir contigo lo antes posible?
Su voz sonó extraña, pero no con seriedad, sino más bien con una pizca de seducción.
—Teniendo en cuenta que anoche dormiste en el sillón… —Podemos cambiar eso cuando yo vuelva—me guiñó el ojo.
Lo observé marchar y sentí que el corazón me daba un vuelco.
¿A qué se refería?
Cojeando, busqué mi ropa de dormir y me recosté en la cama nuevamente, y solo hasta ese momento encendí mi teléfono, el cual se había descargado.
No tenía ningún mensaje de Cameron, solo uno de mi madre en donde me preguntaba cómo me estaba yendo en Dublín y notificaciones banales.
Quería hablar con mi mejor amigo, pero él seguía odiándome por no seguir sus consejos.
Marqué su número, sin una respuesta de regreso.
No perdía si lo intentaba, además, necesitaba distraerme un rato en lo que Emir volvía de su cacería.
Cameron declinó la llamada y resoplé, no obstante, me la devolvió, pero en una vídeo llamada.
La acepté de inmediato y miré el rostro de mi mejor amigo entre las sábanas de su habitación.
—Hola—lo saludé con timidez.
—Hola—repuso, sin mucho ánimo.
Y de pronto, un silencio incómodo, que nunca pensé que existiría entre los dos, nos invadió, provocando que ambos no supiéramos qué hacer o decir para cortarlo.
—Me caí del caballo cuando daba un paseo en la finca de Emir—dije de manera atropellada, pero restándole importancia al sonreír nerviosamente.
Los fríos ojos azules de Cameron se ensombrecieron de irritación y preocupación.
—Asumo que te llevó al doctor de inmediato, ¿verdad?
—siseó.
—No, solo fue un golpe en el tobillo, nada grave—me encogí de hombros.
Cameron puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
—Escucha, Spirit, estoy siendo muy tolerante ante esta vídeo llamada.
—¿Por qué?
—susurré, decepcionada.
—Porque no quiero que salgas herida y no hablo físicamente, ya que eso ya está sucediendo, evidentemente—alzó las cejas—me preocupa que te enamores perdidamente de él y al final, solo sea una ilusión.
No has aprendido a divertirte sin poner en juego tu corazón, Spirit.
—Mi corazón se siente tranquilo ahora, Cam, en serio.
—Quiero conocer a Emir Lovelace en persona—sentenció.
—¿Qué?
—entorné los ojos.
—Sí, cuando regreses a Londres, dile que él te acompañe y así yo pueda conocerlo.
Me mordí el labio inferior, pensativa.
—Se lo voy a comentar, no te prometo nada.
Cameron asintió y solo hasta ese momento, me regaló su sonrisa conciliadora.
Él era mi soporte emocional y no quería que estuviera enfadado conmigo.
Continuamos conversando sobre Emir y su fantástica finca, incluido el momento en el que me caí por culpa de la serpiente.
—Aunque siento que Emir y el resto de sus trabajadores están exagerando sobre ese animal.
Quizá simplemente logró sobrevivir y quería regresar a su hábitat, pero fue imposible.
—Es imposible que en Irlanda haya serpientes por las bajas temperaturas y si ellos están preocupados es porque conocen muy bien el terreno y su propio país.
—Tienes razón, pero es injusto que eso suceda justo cuando nos estábamos divirtiendo mucho—me sentí decepcionada—quería continuar montando a caballo y conocer más los alrededores, es precioso.
—Y a todo eso, ¿en verdad durmieron juntos, pero no pasó nada de nada?
—aguijoneó.
—Exacto—asentí—yo dormí en su cama, pero él en el sofá de allá, mira.
Presioné la opción para girar a la cámara trasera y enseñarle el sofá y el resto de la habitación.
—¡Su recámara es gigante!
—exclamó, sorprendido.
—La casa es colosal—le informé—cuando pueda mover más mi tobillo, haré un pequeño tour discreto, ¿de acuerdo?
Y de manera sorpresiva, la puerta de la habitación de abrió y entró Emir Lovelace a la estancia.
Llevaba ropa especial para el inmenso frío que hacía afuera y enseguida escondí mi teléfono debajo de mi pierna.
—¿Qué pasa, Spirit?
Veo todo oscuro.
Cerré los ojos desesperadamente al escuchar a Cameron hablar porque no logré terminar la vídeo llamada y de inmediato los ojos de Emir se posaron en mí y en mi pierna.
—¿Spirit?
—insistió Cameron— ¿acaso el candente de Emir llegó al dormitorio?
—se echó a reír y yo deseé morir en ese momento.
Las cejas de Emir se arquearon y avanzó un par de pasos hacia mí con aire petulante.
Negué con la cabeza ante la mirada de él, sabiendo lo que planeaba.
Extendió su mano y señaló mi teléfono por debajo de mí.
—Es mi mejor amigo—susurré, apenas audible, pero él no bajó la mano, era más bien una orden.
A regañadientes, le entregué el teléfono a Emir, queriendo salir corriendo de ahí.
Él giró el aparato en su dirección y se colocó exactamente frente a la cámara.
—¡Dios santo!
—gritó Cameron, horrorizado.
—Hola, soy Emir, ¿tú quién eres?
—saludó él, un tanto tajante y con expresión severa.
—Hola—se aclaró la garganta y pude percibir que su rostro había palidecido porque siempre ocurría cuando se paralizaba de los nervios—mi nombre es Cameron.
—¿Solo Cameron?
—increpó Emir con desdén.
—Lucien Cameron—titubeó.
—Un placer conocerte, Lucien, y ahora dime, ¿qué relación tienes tú con Spirit?
Las palabras de Emir mostraban un extraño filo de veneno camuflado con amabilidad y educación.
Y sonó extraño que alguien se dirigiera a Cameron por su nombre de pila y no por su apellido, tal y como yo estaba acostumbrada, ya que a él no le gustaba su nombre.
—Somos mejores amigos desde hace varios años—contestó con rapidez— ¿y tú?
—¿Yo qué?
—Emir se mostró a la defensiva.
—¿Qué relación tienes con Spirit?
—inquirió mi mejor amigo con arrogancia.
Y sin miramientos, Emir colgó, caminó hasta su estante de libros más alto y depositó ahí mi teléfono.
Giró sobre sus talones y me miró con seriedad.
Me encogí en la cama con el rostro rojo de vergüenza.
—Puedo explicarlo… —balbuceé, avergonzada.
Pero él no dijo nada, se limitó a comenzar a quitarse la chaqueta, las botas, el cinturón y luego la playera manga larga hasta quedar con el torso desnudo, el cual me habría gustado continuar observando con deleite, pero se situó justo enfrente de mí sin apartarme la mirada de encima.
Le sostuve la mirada, aunque por dentro me moría de nervios.
¿Cómo podría seguir mirándolo si pareciera que quería intimidarme más de lo que ya?
Emir se acercó un poco más y se inclinó sobre la cama, gateando amenazadoramente hacia mí.
Se miraba como un felino, pero al mismo tiempo, percibía que era como un pequeño gatito buscando calor.
Con suavidad, separó mis piernas con su rodilla y comencé a temblar, no de miedo, sino de emoción; pero me mantuve serena ante sus ojos, que parecían arder de malicia.
Mantuvo una rodilla entre ellas y después se inclinó a mi rostro, quedando a unos cuantos centímetros, sintiendo su respiración agitada sincronizándose con la mía.
Sus brazos quedaron a cada costado de mis hombros, casi totalmente encima de mí.
—¿De verdad es solo tu amigo?
—susurró con voz ronca—porque no me haría ninguna gracia que tuvieras novio y estés aquí conmigo.
Cerré los ojos cuando sentí claramente algo cálido y húmedo rozar mi labio inferior con deseo.
Era su lengua.
Dios… —Responde—me ordenó, sin apartarse.
—Es m-mi mejor amigo—tartamudeé, abriendo los ojos al ya no sentir su lengua en mi labio—además es gay… —Lo sé—soltó una risita que me dejó confundida.
—¿Qué?
—fruncí el ceño.
—Es más que obvio que es homosexual—dijo, restándole importancia y se alejó de mí, rodando sobre su espalda y acostándose con la vista al techo.
—¿Y por qué me acorralaste?
—me sentí indignada porque me emocioné por nada.
Emir humedeció sus labios y volteó a verme con diversión.
Pero mis ojos estaban fijos en su asombroso físico impecable, en especial en aquella mancha que tenía a la altura de su corazón, que tenía forma de una casi media luna café.
—Es una marca de nacimiento—dijo, al darse cuenta de donde estaba mi atención—curiosamente mi padre y hermano también la tienen, pero más oscura.
—¿Puedo tocarla?
—Puedes tocarme—replicó.
Agarró mi mano y la colocó sobre la marca, sobre su corazón y sentí sus latidos acelerados.
Él mantuvo su mano sobre la mía para que yo no lo soltara.
—¿El resto de tu cuerpo también?
—Sí, todo lo que tú quieras.
—De acuerdo, entonces ven, acércate, quiero hacer algo—dije.
Él frunció el ceño, pero no interrogó mis palabras.
Se acercó hasta donde yo estaba y me miró con extrañeza al momento que estiré ambos brazos hacia él.
—Quiero abrazarte.
Emir se acomodó entre mis piernas y parte de su torso encima de mi abdomen, procurando no dejar caer absolutamente todo su peso.
Sus brazos quedaron alrededor de mi cintura y su cabeza a la altura de mi pecho.
Podía sentir que estaba un poco tenso por no saber qué hacer.
Puse mis manos sobre su espalda y comencé a acariciarlo con dulzura.
Su piel era suave y cálida, como el terciopelo, mejor aún, ya que no tenía mucho vello, y eso lo hacía lucir muy atractivo.
Jugué con los mechones de su cabello y por fin, él se estremeció y noté que la tensión se iba disipando.
—¿Me contarás sobre los sospechosos al que iban a atrapar?
—murmuré.
—No es importante ahora… —¿En serio?
—Solo quiero seguir así contigo por más tiempo.
Me encantaba esta cercanía.
¿Quién iba a imaginar que ese chico misterioso que me salvó en el aeropuerto, días después estaría acurrucado en mis brazos, siendo acariciado como un niño pequeño?
Era como si Emir Lovelace hubiera encontrado un momento de paz con ese abrazo íntimo, pero la verdad es que yo estaba acostumbrada a hacer sentir mejor a las personas sin así proponérmelo, y en este caso, sí deseaba reconfortarlo porque presentía que él tenía muchísimos problemas, peores que los de la situación con la serpiente y con los cuales lidiar y esperaba pronto me los compartiera para poder ayudarlo.
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