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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Él y yo un peligro andante; Ahora somos amigos
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11: Él y yo, un peligro andante; Ahora somos amigos 11: Él y yo, un peligro andante; Ahora somos amigos <p><br/>—Aran, ¿tu e Iván se conocen desde hace mucho tiempo?

—interrogué luego de varios minutos caminando.<br/><br/>Él sonrió.<br/><br/>—Así es.

De hecho, éramos los mejores amigos.<br/><br/>”¿Mejores amigos?

¿Aran e Ivan?” Pensé.<br/><br/>Él me miró y se dio cuenta de mi expresión dudosa.<br/><br/>—Si, yo tampoco lo hubiese creído si no lo hubiera vivido —dijo—.

Pero es la verdad.<br/><br/>—¿Y qué pasó?

Digo, no parece…<br/><br/>—Pasaron cosas.

Luego del ataque de las brujas nuestro reino de bestias se volvió un caos —comentó, mirando al frente como si su mente  se hubieran ido a los recuerdos.<br/><br/>—¿Las brujas?

—pregunté con los ojos de par a par.

<br/><br/>—Sí señorita, pero descuide, ya no hay brujas en estos lados del bosque —sonrió.<br/><br/>Llegamos al sendero que antes vi lleno de flores, ese que nos conducía a la cueva de Aran; las arañas nos vigilaban desde los árboles en sus telarañas.<br/><br/>—Aran…

—musité.<br/><br/>—Descuide, ellas no se van a acercar.<br/><br/>”Mala idea confiar en Aran, mala idea”<br/><br/>Él me miró con un atisbo de sonrisa.<br/><br/>—Emma, yo no rompo las promesas, prometo que nada malo le va a pasar por causa mía —aseguró.

<br/><br/>Respiré profundo y caminé detrás de Aran.<br/><br/>”Ay Diosito” Caminé más tiesa que una estatua.<br/><br/>Llegamos a la cueva y al rededor estaban los objetos.

<br/><br/>—Mire, esto es una mochila, la trajo un humano que buscaba la piedra de la vida eterna —contó.<br/><br/>—¿Y eso existe?

—interrogué, curiosa.<br/><br/>—No —río—, No sé quién le dijo a los humanos que una piedra podría dar la inmortalidad.

Ah, estas son latas de comida.

Es lo que me explicó una humana antes de pedirme ver a su hijo.

<br/><br/>—¿Tú tenías a su hijo?

—pregunté, confundida.

<br/><br/>—No, pero me dijo que escuchó sobre la cueva de los deseos.

Y que si venía aquí, podría ver a su hijo fallecido otra vez.

Era mayor.

Ni siquiera supe cómo llegó tan lejos —metió las latas a la mochila.

<br/><br/>Sentí un peso cayendo a mi estómago.<br/><br/>—Y tú…

—Tragué en seco—…

¿te comiste a la señora?<br/><br/>Me miró, sorprendido.<br/><br/>—Claro que no.

Mis arañas lo hicieron.

Ella pidió quedarse con su hijo y yo solo la dejé en su deseo mas profundo, a cambio, mis arañas comieron su cuerpo.

—Sacó ropa de una especie de caja en madera—Yo solo fui amable.

<br/><br/>—Y por qué a mi me quisiste matar cuando elegí salir —cuestioné.<br/><br/>Se puso serio y me miró.<br/><br/>—Usted no me pidió salir, usted me lo ordenó y yo obedecí sin siquiera darme cuenta.

Son cosas distintas, ¿entiende?<br/><br/>—Entiendo…

—¡No entendí ni patas!<br/><br/>Él sostuvo unas gafas y se las colocó.<br/><br/>—Esto es para los ojos.

Un curioso entro al bosque y las traía puestas.

Leí sobre ellas, son para que el sol no dañe la vista —dijo mientras se subía al tronco caído de un árbol.

<br/><br/>Lo miré extrañada.<br/><br/>—Te gusta leer —observé.<br/><br/>—Mi madre me enseñó, así que desde entonces, todo libro que encuentro, libro que leo —tomó una postura algo extraña—.

¿Cómo me veo?<br/><br/><br/><br/>Solté una carcajada y él me miró sorprendido.<br/><br/>—¿Qué?

¿Se está burlando?

—cuestionó mostrándose ofendido.

<br/><br/>—No, es que te ves gracioso —bufé.<br/><br/>Él bajó del tronco y me dio las gafas.<br/><br/>—Dudo que le queden mejor que a mí.

—Se cruzó de brazos.<br/><br/>Me coloqué las gafas y él me miró como si hubiera visto algo magnífico.<br/><br/>—De verdad que es hermosa —soltó.<br/><br/>Me quité las gafas y me aclaré la garganta, seria.

Él también se dio cuenta así que desvió la mirada y siguió buscando entre los objetos.

<br/><br/>—Mire, aquí hay ropa que le puede servir.

Esa que trae puesta está rota —señaló.<br/><br/>Estiré la tela de lo que quedaba de mi bata y recordé que tenía los pies vendados y llenos de sangre.<br/><br/>—Aran, ¿hay algún lugar en donde pueda lavarme?

Un lago, rio lo que sea.

<br/><br/>—Sí, pero primero présteme el mapa que le dio Ivan.

–Se lo di y él buscó un lápiz entre los objetos.

Estaba roto viejo y casi podrido.

Empezó a borrar algunas cosas y a escribir otras—Siga este camino.

Y nunca, jamás, por nada en la vida toqué el agua del lago que está aquí.

Es uno que tiene piedras hermosas y peses flotantes, no beba, o se adentre en él —señaló—.

Más adelante va a encontrar un río con una pequeña cascada, ahí puede lavarse, tomar agua y lo que sea —Me pasó una botella vacía que había en una mochila—.

Llénela de agua.

Espero que llegue sana y salva a donde sea que vaya a llegar.

<br/><br/>—A la salida —musité—.

A la salida tengo que llegar, Aran.<br/><br/>Él trago saliva.<br/><br/>—La única salida está en el castillo del último Rey, una vez que llegue, se encontrará con bestias y demonios.

Déjeme acompañarla.<br/><br/>Negué con la cabeza.

<br/><br/>—¿Y ponerte en peligro?

No Aran.

Además, mira lo que hay aquí —me agaché entre los objetos y agarré una pistola.<br/><br/>Él me miró confundido.<br/><br/>—Aran, esto es un arma.<br/><br/>Él abrió los ojos con entusiasmo.

Sonrió de una manera que hasta yo imité su expresión.

<br/><br/>Durante un rato estuvimos observando el arma, él buscó el libro en el que había leído sobre armas.

Estaba viejo y algo deteriorado.

Le faltaban páginas pero algo se entendía.

<br/><br/>—Aran, aléjate mientras yo busco lo que sea que libera el cargador.

He escuchado que las armas pueden disparar si no tienes cuidado.

<br/><br/>Aran se alejó de inmediato, aunque mirando con atención lo que yo iba a hacer.

El libro tenía una ilustración borrosa, casi invisible de las partes de un arma.

Aunque bastante distinta a la que teníamos en frente.

Presioné un botón que había en un lado de la empuñadura y salió el cargador.

Solté el aire que había retenido por el nerviosismo.

<br/><br/>—El libro dice que debe tener balas para que funcione  —comentó Aran desde atrás de una piedra.<br/><br/>Tomé el cargadora y vi que habían cuatro objetos pequeños y largos de color dorado dentro.

<br/><br/>—Sí, tiene balas —avisé, contenta y volví a colocar el cargador—.

Hay cuatro.

<br/><br/>—¿Cuatro?

Wow, me encantaría disparar una —Comenzó a salir de su escondite y observando el arma con admiración se acercó a mí.<br/><br/>—¿Quieres sostenerla?

<br/><br/><br/><br/>Él asintió y la tomó con cuidado, pero el arma se disparó y las aves salieron volando entre los árboles, algunas arañas chillaron y cayeron al suelo.

Yo lancé un grito y Aran se quedó pasmado.

La bala había dado en un árbol por suerte.

<br/><br/><br/><br/>Él me miró aún estupefacto y a mí solo me salió decir:<br/><br/>—Ahora solo quedan tres —y le quité el arma.

<br/><br/>Me di cuenta de que él y yo éramos un peligro andante.<br/><br/>Volvimos a leer en el libro y encontramos que había que ponerle el seguro.

Logré ponérselo y metí el arma en el pantalón que me había puesto para no andar semidesnuda.

<br/><br/>—¿Segura que no se va a disparar?

¿Y si se hace  daño?

—interrogó Aran, preocupado.

<br/><br/>—El seguro evita que se dispare, tranquilo —aseguré, confiada, sintiéndome una experta.

Sostuve la mochila que Aran preparó para mí y lo miré a los ojos —.

Ya me tengo que ir.

<br/><br/>Él me miró con un atisbo de tristeza marcándose en su entrecejo.

<br/><br/>—Tranquilo, estaré bien.

Ahora ando armada —palpé el arma en mi pantalón con un aire divertido.

<br/><br/>Él se acercó a mí y me abrazó.<br/><br/>—Cuídese mucho señorita hermosa —Me Soltó.

Sus mejillas estaban enrojecidas—.

Recuerde, lejos del lago.

<br/><br/>—Si nos volvemos a ver, en esta vida o en otra, no me llames de usted.

Ahora somos amigos —dije—.

Adiós Aran.

<br/><br/>Caminé y me alejé de la cueva y de Aran.

Pero…

¿qué tan tenebroso podría ser ese bosque?

Ya superé mi mayor miedo: las arañas y la muerte.

<br/><br/>El lago de los peses flotantes, me iba a enseñar el otro rostro del miedo.

<br/><br/>—Nunca, jamás en la vida toques el agua del lago…

nunca jamás, si quieres vivir.</p>

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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