Emma en el bosque de bestias - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Como diablo que corre de la Luz
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2: Como diablo que corre de la Luz 2: Como diablo que corre de la Luz <p><br/><br/>”¿Me iban a matar después de quitarme la ropa?
¿Eso mismo le hicieron a ella?” Pensé, mientras plasmada en el suelo lleno de lodo, miraba hacia la ventana por la que había saltado.
<br/><br/>Un árbol amortiguó mi caída, pero eso no evitó que me lastimara un brazo, ni que mis pulmones se quedaran sin aire por unos segundos.
<br/><br/>El cielo estaba nublado, la lluvia empezó a caer poco después, y desde lo alto, vi la cabeza de Gerga, la monja obesa y cómplice de aquellos asesinos, con cara de niños.
<br/><br/>—¿Se habrá muerto?
—interrogó la mujer.<br/><br/>Pero yo, estaba viva y coleando.
Aunque adolorida, pero viva.
Así que me arrastré hasta que logré levantarme.
<br/><br/>Sentí la adrenalina recorrerme el cuerpo, mientras en mi mente una voz me dijo: “¡corre!”<br/><br/>Corrí como alma que huye del diablo, o como diablo que huye de la luz.
Mientras escuchaba los gritos de la monja pidiéndome que regresara.
<br/><br/><br/><br/>Sabía que me iban a perseguir, sabía que ellos, me iba a buscar.
También, no tenía idea de a dónde me estaba dirigiendo, o qué demonios era lo que iba a hacer en medio de la noche en plena oscuridad; pero por alguna razón, mi cuerpo, no quería detenerse.
<br/><br/>A pocos kilómetros, solo había un lugar: el bosque solitario.
Nadie se atrevía a entrar allí, debido a una maldición que decía que no tenía salida una vez que alguien decidía adentrarse.
Muy cerca, estaba la carretera muerta, con un largo camino de semanas a pie para llegar a la ciudad.<br/><br/>Había olvidado que el orfanato se encontraba en lo alto de una pequeña montaña, por lo que en algún momento, sin ver nada más que oscuridad, caí y rodé hasta el final de la montaña.
<br/><br/>Me golpeé la cabeza y un objeto puntiagudo se clavó en mi brazo.
Y con cada movimiento me dolía más, así que, de un tirón, lo saqué.
Sin pensar, metí ese objeto en el bolsillo de mi bata.
Poco después, escuché a Gerga:<br/><br/>—¡Emma, no querrás dejar tu hogar!
Si te vas, no podrás volver —comentó en un tono fingido de amabilidad, pero en voz alta.<br/><br/>Me levanté como pude y seguí corriendo, hasta que el sonido de un disparo al aire, me paralizó de inmediato.
<br/><br/>—Ni un paso más, huérfana —ordenó una voz masculina y ronca detrás de mí.<br/><br/>Era Brutus, uno de los hombres que ayudaban a las monjas.
Me estaba apuntando con un arma larga que a la luz de la luna, solo era una silueta.
<br/><br/>Levanté las manos sobre mi cabeza, y empecé a sollozar.
<br/><br/>”Me van a matar” Pensé.
<br/><br/>Las monjas Gerga y Marisol, venían bajando la montaña, con la respiración agitada y las faldas llenas de lodo.
Mientras me iluminaban con la luz amarillenta de unas linternas.
<br/><br/>—Niña del demonio —espetó Marisol, enojada—.
eres una niña del demonio.
¿¡Cómo te atreviste a saltar por la ventana!?<br/><br/>No dije nada.
No podía.
El miedo se había plantado en mi garganta y no me permitió hablar.<br/><br/>—Hay que llevarla al orfanato —indicó Gerga, aún con la respiración entrecortada.<br/><br/>—¡Mátala!
—exclamó Marisol, causando que Brutus se acomodará el arma.<br/><br/>”¿Matarme?
Si, mejor que me maten, pero que no me lleven devuelta” pensé.
<br/><br/>—Yo me encargo de ella —soltó Brutus.<br/><br/>—!No!
— exclamó Gerga—La superiora la quiere viva.
Necesita la sangre de esta niña.
—Me apuntó con el dedo.<br/><br/>—¿También la sangre de esta?
¿Qué tiene de especial Emma, para que la superiora quiera su sangre?
—cuestionó Marisol, incrédula.
<br/><br/>—No lo sé, pero su hermana también fue consumida, y la superiora pidió, estrictamente, que Emma fuera su próximo suero —terminó de comentar Gerga.<br/><br/>—Entonces, camina —me ordenó Marisol.<br/><br/>Pero tras escuchar aquello que le hicieron a mi hermana, y que me harían a mí, se activaron mis sensores de peligro.
Miré por todos los lados, buscando por dónde salir corriendo.
Y fue cuando vi la carretera, y del otro lado, el bosque.
<br/><br/>Mientras caminaba de regreso al orfanato, las mujeres se tambaleaban y se quejaban por el lodo y el cansancio.
Aproveché que Brutus las ayudaba a no caer y saqué el objeto puntiagudo de mi bolsillo.
Caminé despacio y, cuando vi la oportunidad, se lo clavé a una de ellas en el cuello antes de empezar a correr sin mirar atrás<br/><br/>Corrí sin pensar en cuantas ramas me golpearon en la cara, o en las piedras que lastimaban mis pies, hasta que un disparo impactó contra mí.
<br/><br/>En el momento, no sentí el dolor, pero un sonido agudo ensordecía mi audición.
Me puse de pie a fuerza de voluntad, mientras escuché a Gerga gritarme:<br/><br/>—¡Eres una asesina!
Maldita, ¡maldita!
—Se escuchaba enojada.<br/><br/>”La maté” pensé, deteniéndome “yo maté a alguien”<br/><br/>”No te detengas” volví a escuchar esa voz en mi cabeza.
<br/><br/>—Emmaa.
—Esa vez, la voz ya no estaba en mi cabeza, era un susurro real y venía desde el bosque, el bosque solitario—.
Emma —un susurro tan suave como el viento.
<br/><br/>”Elisa, esa es la voz de ¿Elisa?
Tengo que ir”<br/><br/>—Voy a utilizar tu bonito y rojizo cabello para limpiarme el culo cuando te lo arranque —tronó Gerga cada vez más furiosa.<br/><br/>Seguí caminando en dirección al bosque, esa voz suave me estaba llamando “esa voz es la de Elisa” y yo tenía que ir.<br/><br/>—¡Ese bosque está maldito!
Una vez que entras, jamás podrás salir —gritó la monja en un tono amenazante.<br/><br/>Otro disparo se escuchó, pero no me pegó.
<br/><br/>Así que con la poca fuerza que me quedaba, escuchando los pasos detrás de mí; corrí y me metí al bosque…<br/><br/><br/>Lo último que vi antes de cerrar los ojos, fue un hermoso pelaje blanco bajo el resplandor de la luna.<br/><br/></p>
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