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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Sobre la tumba que yo arrastraba esperando el fin de mis días ella plantó lirios
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22: Sobre la tumba que yo arrastraba esperando el fin de mis días, ella plantó lirios 22: Sobre la tumba que yo arrastraba esperando el fin de mis días, ella plantó lirios Ivan Emma llevaba varios minutos en una extraña conexión con aquella bestia.

Y yo, me empecé a desesperar.

-Es suficiente -murmuré.

-¡No voy a esperar más!

-gritó Aran, como si hubiera leído mi mente.

¿Por qué le importaba tanto?

Esperaba que fuera Aran, siendo Aran.

Pero sentía que estaba actuando más extraño de lo que él ya era.

Empecé a correr hacia el monstruo, decidido a quitarle a Emma, costara lo que costara.

Pero de pronto, el animal empezó a retorcerse.

Los gritos y el caos envolvían el lugar.

Y luego, una calma extraña se apoderó del ambiente cuando la criatura comenzó a desintegrarse, no en pedazos, sino en una ola de agua cristalina.

El rugido del monstruo se desvaneció en un susurro, y en su lugar, una silueta humanoide emergió de la corriente, formada completamente de agua: un hombre, quien sostenía a Emma dormida entre sus brazos.

Luego, la figura acuática la abrazó como si ella la importara.

Algo en mí luchaba por interrumpir y arrancársela de los brazos, pero no pude hacerlo.

Porque su gesto fue tan genuino, tan lleno de cariño, que incluso desde donde yo estaba, pude sentir el dolor de lo que parecía una despedida.

Cuando con cuidado la dejó en el suelo, la figura se volvió hacia las tres ninfas que esperaban en el centro de la sala.

Yo corrí hacia Emma, al igual que Aran.

Cuando las ninfas lo vieron acercarse, las guardianas de la reina, que estaban a su alrededor, se inclinaron en reverencia, sorprendidas.

Y entonces, el rostro de aquel hombre de agua, se reveló ante ellas.

El asombro fue evidente en los ojos de las tres ninfas, especialmente en la reina Aziom, cuyos labios temblaron antes de ser incapaces de contener las lágrimas.

-¿Na-Natzum?

-balbuceó.

La silueta se acercó a ella y la abrazó con una ternura que rompió cualquier barrera que la reina hubiera creado para protegerse.

Ella se desplomó en sus brazos, sumida en un mar de llanto que resonó en toda la sala.

Era un llanto profundo, lleno de pena, de añoranza y de una tristeza que parecía eterna.

-Hijo mío -emitió la reina entre lágrimas.

Naom y Azumi estaban atónitas ante la imagen.

Él abrió los brazos para que ellas se acercaran.

Y así lo hicieron sin pensar.

“Si es el hijo de la reina, entonces, él es el antiguo rey de las ninfas de agua” pensé “pero ¿cómo terminó convertido en tal monstruo?” Finalmente, la silueta comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en un torrente de agua que fluyó hacia el suelo y desapareció.

Fue entonces cuando Emma, abrió los ojos y, como si buscara algo con la vista, rompió a llorar.

Su sollozo resonó en mi corazón, y en ese instante, salió de entre mis brazos en cuanto vio a Aran, y se lanzó hacia él, abrazándolo con todas sus fuerzas.

Aran, visiblemente sorprendido, correspondió, pero no de forma fría o distante, sino con todo el cariño del que era capaz, como si realmente Emma le importara.

Porque Aran, nunca, jamás, dejaba que nadie lo tocara.

-Señorita -musitó Él, preocupado.

Aunque me ardiera la sangre, solo pude limitarme a observar.

“¿Por qué a Aran?

¿Qué vio que la hizo abrazar a ese tonto?” Pensé.

Verla en sus brazos, o en los de cualquier otro, me enfurecía.

Pero era aún peor verla llorar, verla sufrir.

Si él podía calmar ese dolor que tanto la atormentaba, entonces estaba bien.

-Aran…

lo lamento tanto -lloró Emma, mientras acariciaba la espalda de él, con pesar.

-Descuide señorita hermosa, todo estará bien -respondió Aran, mientras acariciaba el cabello de la chica.

Aunque él no sabía porqué ella se estaba disculpando.

-Cuidado en donde pones las manos -emití, viendo cómo él la abrazaba inconscientemente por la cintura.

Aran se dio cuenta de donde tenía las manos y soltó de inmediato.

Pero ella seguía aferrada a él, como si alguien se hubiera muerto.

Él se veía avergonzado, y las mejillas se le tornaron de un leve carmesí.

Aran, aun con doscientos tantos años, seguía siendo un niño.

Emma se durmió en sus brazos, y yo no le apartaba la mirada tratando de entender qué era lo que sucedía.

¿Qué la había puesto tan mal?

“¿Las heridas?

¿El hombre de agua le dijo algo?” Aziom llevaba casi una hora sentada sobre el charco de agua que antes había sido el alma de su hijo.

Y aunque sus hijas insistían en llevarla a descansar, ella no se movió de allí.

Hasta que se giró para mirarnos.

-Lo lamento -expresó ella, con un dolor palpable-.

Mi hijo me susurró toda la verdad antes de irse.

Y -llevó su mano al pecho-, desde lo más profundo de mi corazón roto, lo lamento.

No dije nada.

No podía perdonar las heridas que le habían causado a Emma.

Esa cicatriz en el rostro, la marcaría por mucho tiempo.

Y ni siquiera sabía si por eso era que ella había llorado hasta dormirse.

No podía dejarlo pasar.

Pero tampoco tenía fuerzas para discutir.

Emma me preocupaba más.

-¿Lo siento, dice?

-soltó Aran, en un susurro para no despertar a Emma, pero estaba enojado-¡Mire nada más como le dejaron el rostro a mi hermosa señorita!

-Yo hice eso -confesó Naom, seria -.

Y no me arrepiento.

La miré con odio.

-¡Naom!

-reprendió su madre.

Pero Naom siguió con esa mirada fría.

-Para proteger a mi familia, lo volvería a hacer una y mil veces más -dijo.

“¡Ya, es suficiente, le voy a arrancar la cabeza!” Pensé y estuve a punto de levantarme y no sé hacer qué cosa.

Pero Aran de pronto movió a Emma hacia mí y dijo: -Ivan, sostén a la hermosa señorita un momento.

La sostuve y él se puso de pie.

-Dicen que cuando una Ninfa de agua está muriendo, se les caen las perlas.

Y tú tienes muchas -espetó, en un tono suave y amenazante, mientras observaba a Naom con firmeza-Amaría ser yo quien te las quite y te acerque a la muerte.

-¿Vas a lastimar a una chica?

-Ella se cruzó de brazos y lo miró, desafiante.

Si ella hubiera sabido a cuantos seres, sin mirar género, había asesinado Aran, no hubiera dicho nada.

Aran estaba serio, demasiado para ser él.

-La sangre saldría por los agujeros que dejaría al arrancar cada una de esas bolitas perladas.

Disfrutaría hacerlo -continuó él.

Ella rio por lo bajo, condescendiente.

-Así que, sí te gusta pelear con mujeres -planteó ella.

-No, ninfa común y corriente, yo no golpeo ni mato a nadie.

Hombre o mujer, no lo hago -soltó-Pero mis primas no tienen ningún problema con eso.

Ellas si lo hacen.

Si no hubiera estado tan preocupado por Emma, me hubiera reído por la ironía.

-Cuando comen, escucho el sonido pastoso que hacen al masticar.

Es gratificante.

La piel de seres como tú, es fácil de digerir para ellas.

Serias perfecta para una dieta proteica -Aran de verdad se estaba conteniendo.

-Tu no…

-¡Naom!

Es suficiente, haz silencio y vete -la reina interrumpió a su hija.

Una de las arañas se asomó por la puerta, como si hubiera escuchado su nombre.

La ninfa abrió los ojos de par a par cuando vio las patas largas y temblorosas, asomadas en la entrada.

Aran la vio y giró los ojos con cansancio, saliendo de este semblante frío y amenazante en el que estaba.

-Prima, ya te vi.

Eres tú Cleopatra, ¿verdad?

-interrogó.

La araña chilló y se ocultó detrás de la puerta.

-¡Les dije que se fueran!

No habrá comida, busquen por otro lado.

-pero luego, con una sonrisa malévola en la comisura de sus labios, miró a Naom-A menos que esta jovencita, quiera ser la cena.

Y me parece que sí quiere.

Naom se dio la vuelta y se fue.

Aparentaba no importarle lo que hiciese Aran, pero la velocidad con que se metió a una de las habitaciones, fue increíble.

-¡Jum!

-expresó Aran, y se sacudió las manos como si hubiera terminado de sacar la basura de su cueva.

La Reina se puso de pie, y se acercó a nosotros.

Aran se puso delante de ella y la detuvo levantando una mano.

-Reina, ya se que esta es su casa, pero ¿porqué se acerca tanto?

Ya se le dijo que mi pelirroja no es una bruja…

aléjese -Indicó él.

-Aran, deja tus idioteces, y quítate de en medio -ordené.

Él se giró a verme, sorprendido.

-¡Pero…!

-Joven Araneoe, se que las cosas que le dije estuvieron muy mal -expresó Aziom-, y me disculpo con usted por lo ocurrido.

Los ojos de Aran se llenaron de un brillo cálido.

Cómo si nunca antes se hubieran disculpado con él.

Pero luego pareció negar con la cabeza como para salir de sus pensamientos.

-Descuide -dijo él-.

Aunque haya querido ofenderme, no lo hizo.

He escuchado cosas peores.

De igual manera, porque soy educado, no voy a contraatacar.

Pero si no fuera un chico con valores y respeto, le diría que usted es más fea que yo.

Y…

Solo por respeto, no lo haré.

La mujer arqueó ambas cejas, indignada ante aquel comentario.

Pero en vez de decir algo, lo rodeó para caminar hasta mí.

-Joven Ivan, le pido que acepte llevar a Emma a una de nuestras habitaciones, para que descanse.

Estaba muy enojado, quería destruir todo el castillo con las ninfas dentro.

Arrancarle ese cabello marrón del craneo hasta que le brotara la sangre.

Pero miré a Emma y necesitaba descansar.

Después vería cómo hacer que esas ninfas pagaran, una por una.

Así que me puse de pie y levanté a Emma entre mis brazos.

Aran se puso frente a mí.

-¿Qué pretendes hacer?

De verdad vamos a quedarnos en este lugar lleno de locas asesinas?

-Apuntó a Azumi que estaba recargada en el marco de la puerta-Mejor vamos a mi cueva, o a tu casa.

-Si quieres irte, vete -espeté.

Aran iba a decir algo pero Azumi lo interrumpió: -Es mejor que se vayan todos.

La miré y ella retuvo la vista justo en mis ojos.

Tenía esa mirada firme y penetrante, tan característica de ella cuando algo le molestaba.

-!Azumi!

-replicó Aziom.

-Muéstreme la habitación.

-Mire a la reina, ignorando a la ninfa de ojos verdes.

La reina levantó una mano y una de las ninfas guardianas me guió hasta un cuarto: era neutro, decorado con caparazones de caracoles blancos, y una cama de piedra forrada por pieles de animales.

Con cuidado, recosté a Emma sobre la cama.

Aran esperaba en la puerta, mirándome con recelo.

Salí y cerré la puerta con cuidado para no hacer ruido.

-Yo ya no sé si ese monstruo te comió parte del cerebro, o es por naturaleza que estás quedando loco -espetó Aran, mientras yo le daba la espalda.

Lo ignoré.

-No me voy a mover de esta puerta.

Y si alguna se esas mujeres locas se acerca, no voy a dudar en…

-Aran -musité sin mirarlo, me empezaba a doler la cabeza-, cierra la boca.

La paciencia se me está acabando.

Emma está muy herida y cansada.

Cuando despierte, nos iremos.

Ahora, evita despertarla.

Él resopló.

Seguí caminando.

-Si, haré silencio, pero no me voy a mover de aquí, ¡¿entendiste?!

-lanzó entre susurros.

Me detuve a dos esquinas de la habitación de Emma, donde ya no podía ver al fastidioso Arácnido.

Suspiré.

De pronto, sentí angustia recorriéndome el pecho.

Me senté en un pequeño muro.

“Emma no es solo una persona común; es como una especie de diosa del bosque” pensé “Me siento atraído por ella, pero ahora no sé si lo que siento es amor verdadero o si me gusta solo porque ella es especial.

Me confunde mucho, y no sé si mi corazón está engañado o si realmente la quiero”.

Escuché a Aran moviendo algo, así que me asomé para ver qué estaba haciendo: buscaba dentro de una mochila que, sinceramente, no supe de dónde la sacó.

“A pesar de todo, la protegeré.

Hasta que descubra si lo que siento es real o no.

Aunque nunca le diré lo que siento, porque temo que si lo sabe, todo lo que soy se derrumbará” Libro de Aran Querido libro, estoy preocupado y de mal humor.

Si supieras todo lo que acaba de pasar.

No te contaré los detalles, pero debes saber que la señorita Emma, casi muere hoy.

Estoy muy asustado.

Y lo que me enoja es, que el señor “yo soy el jefe” se atrevió a dejar a la señorita aquí, en este castillo lleno de asesinas acuáticas.

Estoy pensando con seriedad en llevarme a mi querida amiga a escondidas del lobo rabioso.

Un monstruo casi se la come, pero luego se convirtió en una cosa de agua y después…

Ay libro, creí que la iba a perder.

Otra cosa es, que la señorita Emma estaba muy mal.

Lloraba desconsoladamente, y algo que no me esperaba era que ella me abrazara y se desahogara en mis brazos.

Nunca había sentido a todos mis corazones latiendo tan fuerte.

¿Qué habrá visto ella en la conexión con la bestia, para que la hiciera sufrir así?

Te prometo que se me salieron las lágrimas.

Cuando la sostuve, quise transmitirle todo el cariño que tengo en mis corazones, quise que se sintiera acompañada.

Yo nunca dejaré que ella llore sola, querido diario.

También debes saber, que Emma es la hija del bosque, no era una bruja.

Pero la verdad eso ya no me importa, bruja o no, la señorita es un ser muy lindo y bueno.

No podría odiarla.

Es…

ella se ha convertido en…

mi mejor amiga.

Han pasado pocos días desde que la conocí, pero siento que debo quedarme junto a ella toda la vida.

Debo protegerla.

Porque aunque no lo creas, antes de conocerla, me estaba muriendo de tristeza.

Y de soledad.

Sí, querido libro de Aran…

como hijo de una ninfa de tierra, tengo flores.

Solo que las mías nacen en el interior de mi tórax.

Pero puedo sentir cuando se marchitan.

Cuando se van cayendo.

Y hoy, siento que tengo nuevos brotes de orquídeas impregnadas en mis costillas.

No sé qué es lo que causa ella en mí, pero dolor, no es.

Mis últimos días estaban contados.

Mis arañas ya tejían mi tumba.

Y la hermosa Emma, mi amiga, ella construyó algo nuevo.

Sobre la tumba que yo arrastraba esperando el fin de mis días, ella plantó lirios.

Nadie sabe que puedo morir de tristeza…

ni que puedo sobrevivir por amor.

Y mi nueva amiga, me ha dado vida.

Sí, sé que ha sido muy rápido todo, pero es que, simplemente así es como lo siento.

Y sabes que yo siempre he sido sincero.

Contigo, claro.

Ivan cuida mucho a Emma.

Ahora que he pensado mejor las cosas, él tiene razón: ella debe descansar.

Yo estoy aquí para evitar que las locas se le acerquen.

Así que todo va a estar bien.

Si alguna vez la señorita hermosa lee tus páginas, amado libro, quiero que ella sepa que: le dio entusiasmo a los días que, antes, solo eran monotonía para mí.

¡AY LIBRO!

¡Lo que acaba de suceder!

Ivan y Azumi tuvieron una conversación digna de un drama épico.

Yo, siempre curioso, me escondí tras una columna para espiar la escena.

Mi intención era descubrir si esa Ninfa estaba tramando algo, pero en lugar de eso, terminé escuchando una conversación que ni siquiera estaba preparado para presenciar.

Pero vamos, esto queda entre tú y yo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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