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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Ay no!
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25: Ay no!

¡Aran se va a morir!

25: Ay no!

¡Aran se va a morir!

Azumi soltó una sonrisa fría.

Sabía que quería provocarme, que quería que me sintiera pequeña e insegura, pero yo no le iba a dar ese gusto.

Pues, ella no sabía que yo había tomado clases intensivas de intimidación con las monjas.

Sus palabras solo eran granitos de azúcar en mi café amargo.

—Lo que veo —dijo Azumi, con voz suave— es una niñita jugando a ser alguien importante.

No eres bonita, ni sabes pelear.

No hay nada interesante en ti.

¿Ser la hija del bosque?

Ni siquiera sabes dónde estás parada.

Sentí cómo mis mejillas se calentaban, pero no por vergüenza, sino por la furia que intentaba contener.

Mis puños se apretaron bajo el agua, pero no dejé que mi expresión cambiara.

No le iba a demostrar ningún tipo de debilidad.

“Aquí soltaré todas esas respuestas diplomáticas que, en el orfanato, no pude” —¿Terminaste de decirme mis verdades?

—pregunté, manteniendo la voz firme y calmada—.

Porque si quieres herirme, tendrás que esforzarte mucho más.

Alzó una ceja, sorprendida por mi respuesta.

Esperaba que me quebrara.

—Eres solo un juguete roto que Iván pronto dejará atrás.

Estoy segura de que no tardará mucho para eso.

Sonreí con sarcasmo.

—Ah, Iván.

—Hice como si recién me diera cuenta de que todo su drama, era por él—No importa, quédatelo.

—Gesticulé sin importancia.

Ladeó la cabeza, incrédula.

—Y dime, princesa, si es tan importante para ti…

¿Por qué lo dejaste?

—pregunté con una mirada directa, dejando caer la pregunta como una bomba—.

Escuché algo sobre eso en su “apasionada” conversación.

Azumi vaciló por un segundo, pero luego recuperó su compostura.

—Eso no es asunto tuyo —respondió con desdén, pero vi un destello de incertidumbre en sus ojos.

“Ya no es tan valiente la sirenita” —Te daré un consejo de abuela…

porque parece que nunca recibidte uno —avisé, ignorando su respuesta evasiva—: Lo que realmente define a alguien es su carácter y lo que hace con lo que tiene.

No tienes que pisotear para ser grande.

Y yo, no pretendo competir.

Desafiándome con la mirada, su rostro me gritaba “¡estoy furiosa!” “Estoy ganando” pensé “Nada de competencias Emma.

Nada de competencias” —Te crees muy lista, ¿verdad?

—siseó—¿Que me lo quede?

Es obvio que sabes que él no te ama.

Lo escuchaste.

Por eso ahora dices que me lo quede.

Porque eres débil, y él odia a la gente de…

Negué con la cabeza y me puse de pie.

—Hay que ser fuerte aquí.

—Señalé mi cabeza— Y aquí —toqué mi pecho—.

Un hombre no va a definir ninguna de esas fortalezas que poseo.

Así que; quédatelo, ¿entiendes?

Me incliné hacia ella, manteniendo mi mirada firme en la suya.

—Podrás ser mejor que yo en muchas cosas —continué—.

Pero sé quién soy.

Tus palabras no me afectan, sirenita.

—Con un toque de maldad en mi sonrisa ladeada, la miré.

Azumi frunció el ceño, claramente molesta por no haber logrado lo que quería.

—Maldita larva —masculló mientras levantaba una mano apuntándome.

—¿Larva, yo?

—La escaneé con la mirada, y luego, levanté ambos hombros restándole importancia—Es mejor que ser carnada para Arañas.

Noté intenciones en ella de utilizar su poder de susurro.

—Te pondré a comer tierra, ya verás.

—Intentó levantarse y decir algo.

Pero antes de que pudiera empezar a susurrar, el sonido de la puerta, siendo tocada, la interrumpió.

—¡Señorita Emma!

—llamó Aran, con esa energía de siempre—.

Aquí está su mochila.

Lamento la tardanza.

La voy a dejar aquí y me iré.

Llámeme si necesita algo.

El Lobito rabioso y yo estaremos al lado en la otra habitación.

Azumi se puso de pie, y salió del agua con una elegancia natural, pero con tensión evidente en su rostro.

Si fuera una tetera, hubiera estado lanzando humo.

—Ya veremos si eres tan lista como crees, Emma —murmuró, mientras caminaba.

—Yo solo sé, que no sé nada —respondí, mirándola con satisfacción mientras ella se alejaba.

“Dios mío, que bien se sintió esto.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que pude defenderme sin miedo a que me clavaran agujas en la mano?” Sonreí triunfante.

Luego de salir del baño, me puse los pantalones que habían en mi mochila y la única blusa que encontré de mi talla.

Bueno, de mi talla no, porque me quedaba grande.

Era de color crema.

Además, de tirantes, y debido a que se me caían, los amarré en la parte de arriba.

Mientras terminaba de peinarme el cabello, me percaté de la sutil mancha en forma de flor en la parte superior de mi muñeca.

Una flor roja con una escama azul en medio.

Brillante.

—Natzum —musité, mientras acariciaba la piel marcada.

Y un sentimiento amargo ocupó mi pecho.

Tocaron la puerta.

—Emma, sal ya, se hace tarde —Ese era Ivan.

—Ya voy.

—Terminé de peinar mi cabello y dejé todo organizado.

—Señorita, no le haga caso.

Usted tómese su tiempo.

—Escuché que dijo Aran.

—Si se toma su tiempo, se hará muy tarde y luego le caerá mal la cena —replicó el lobo, en un tono bajo pero arrastrado.

—¡Señorita, mejor no se tarde, después le caerá mal la comida si…!

—¡Aran, no tienes que gritar, baja la voz!

—lo interrumpió Ivan.

Abrí la puerta y salí…

la imagen que vi de esos dos, era para morirme de la risa, y para morirme de la vergüenza.

Porque estaban graciosos, pero demasiado desnudos.

“Ay Dios” Quise reírme, pero sentí mis mejillas arder.

Así que lo que salió fue una risita nerviosa.

—¿Po- por qué están así?

—señalé.

Ivan, cruzado de brazos recargado en uno de los grandes muros, suspiró: —Larga historia.

—Y acomodó la tela blanca que pasaba por su hombro.

 —Señorita, es que esta noche, somos dioses griegos.

Usted ya venía con la cara de diosa, ahora nos tiene a nosotros…

—Aran caminó por el pasillo simulando elegancia y seriedad—.

Ahora sí estamos a su altura.

Sonreí, aún nerviosa.

Dándome cuenta de que, al menos, le cubría bien las partes inferiores.

Porque el pecho y la espalda, estaban al aire.

En Ivan eso no era extraño.

Siempre andaba con el pecho descubierto.

Pero viendo a Aran sin camisa, me di cuenta de que tenía algunas flores plasmadas en su espalda.

Eran de colores pasteles, y estaban salteadas en algunas zonas de su pálida piel.

 No sabía que debajo de la tela que siempre lo cubría, Aran tenía un cuerpo definido.

No tanto como el de Ivan, pero sí.

Aran estaba hablando, pero yo no lo estaba escuchando.

Lo estaba contemplando mientras recordaba las flores cayendo del cuerpo de su madre.

Sentí la mirada fría de Ivan sobre mí, y simulé mirar a otro lado, saliendo de mis pensamientos.

—Bien, ¿nos vamos?

–interrogué y comencé a caminar sin darle tiempo a responder.

Ivan se acercó a mí mientras caminábamos detrás de Aran.

—¿Cómo te sientes?

—preguntó.

Lo miré, su pregunta me cayó de sorpresa.

Él miraba al frente.

—Bien, ¿y tú?

—Si tú estás bien, entonces todo está bien —respondió.

“¿Este es ivan?

¿no estoy alucinando?” —Gracias —sonreí, aún nerviosa.

Aran seguía caminando al frente mientras hablaba sobre un libro y los dioses y otras cosas.

—¿Por qué esa…

ropa?

—Me dirigí a Ivan nuevamente.

Él relajó el ceño que casi siempre llevaba fruncido.

—Las ninfas se llevaron nuestra ropa, la están lavando —contestó.

–Aah.

Entiendo…

Pero, se ven graciosos.

No les queda mal —me burlé, según yo, disimuladamente.

—¿Gracioso es sinónimo de bien, para ti?

—un atisbo de sonrisa se creó en sus labios.

Mientras me miraba con curiosidad.

Sonreí y señalé a Aran.

—Solo míralo.

Dime que no es gracioso y que a la misma vez, no parece un dios griego —apunté.

Él negó con la cabeza y simuló buscar algo en su mente.

—Más bien, parece un chiste mal contado —respondió.

—¡Escuché eso!

—soltó Aran, sin detenerse.

Solo miró hacia atrás y casi mató a Ivan con la mirada.

—Lo lamento Aran.

—Estuve a punto de reírme, pero en mi intento por retener las carcajadas, me tropecé con mi propio pie y casi me caigo.

De no haber sido por los brazos de Ivan que me sostuvieron, hubiera cenado piso de piedra.

Mis ojos y los de ivan se encontraron.

Por dos segundos lo observé de la misma forma que él a mí.

Y en ese tiempo tan corto, estuve segura de sentir un montón de cosas.

Cómo: que aquella mirada casi parecía de amor, y que sus brazos parecían abrazarme con toda la intención.

Sin embargo, su voz, me sacó de aquel sueño que tuve despierta: —¿Estás bien?

—Su pregunta fue un susurro aterciopelado y grueso.

—Si —musité, notando el brillo en sus ojos.

Luego, volví a escuchar la voz de Aran, y me incorporé.

Él se aclaró la garganta y yo simulé sacudir mi ropa.

—Gracias —dije, cómo si no tuviera importancia y me apresuré a alcanzar a Aran.

Llegamos al comedor, y lo primero que vi fue la enorme mesa que ocupada el centro de la sala.

Luego la enorme inexistencia de agrado en la cara de Naom.

Y la expresión de repentina amabilidad de la reina Aziom.

Azumi no estaba.

Las luces de la antorchas daban ese color anaranjado, y el sonido de una ligera música natural se escuchaba desde lo que parecía ser una fuerte.

Y me di cuenta de que venía de los peces flotantes sobre ella.

Eran como tintineos melódicos.

El aroma de la comida se paseaba por el aire, aunque en la mesa no había nada más que platos y cubiertos.

—Adelante, tomen asiento —invitó la reina.

Mientras su vestido verde brillante, resaltaba bajo la luz tenue.

En cambio Naom, recargada en su silla, bestia una ropa áspera y metálica pegada a su cuerpo, como si en cualquier momento tuviera que ir a la guerra.

Su mirada fría y atenta, daban ganas de dar la vuelta e irse.

A mí, en lo personal, su cara no se me olvidaría nunca.

Me había marcado la piel mientas me transmitía su enojo y frustración.

Dudé en acercarme a la mesa.

Aran fue el primero en dar un paso adelante.

Ivan se quedó a mi lado, y pareció notar mi preocupación.

Sentí, como con dos de sus dedos, sostuvo mi mano, y con total naturalidad, me condujo hasta una silla.

Aran la arrastro hacia atrás para que yo pudiera entrar y cuando ya estaba allí, la empujó para que me sentara.

Luego, ambos se acomodaron a mis lados.

Frente a mí estaba Naom, tamborileando los dedos sobre la mesa como si tocara una melodía de suspenso.

Sus ojos estaban fijos en mí, pero luego su mirada se desvió hacia Aran.

Seguí su mirada y vi que Aran la observaba con los ojos entrecerrados.

Con un gesto sutil, Aran señaló primero sus propios ojos, luego a Naom, y finalmente dirigió su dedo hacia la puerta, donde las arañas permanecían ocultas.

Ella abrió un poco los ojos con desdén y ladeó la cabeza para mirar a otro lado.

—Tranquila Diosa bonita, esa ninfa pejelagarto no podrá hacerle nada —me susurró Aran, sin dejar de mirarla.

Me acerqué a él.

—Gracias —musité y sonreí agradecida.

—Por cierto señorita, coma de todo.

Coma hasta explotar y cuando ya no pueda más, me avisa y le ayudo.

Haremos que las disculpas les salgan caras a estas locas —comentó, serio.

No pude evitar reírme.

Iván me miró y dejé de sonreír, aunque todavía luchaba por no soltar una carcajada.

De repente, me pareció ver un atisbo de sonrisa en la comisura derecha de sus labios.

“¿Sonrió porque me vio reírme?” —Bien, traigan la cena, por favor —ordenó la reina, ya sentada en la cabecera de la mesa.

Las ninfas aparecieron con platos y los colocaron sobre la superficie cubierta por un mantel rojo sangre.

Cada uno contenía una comida distinta: pescado, carne, pollo, papas.

Hasta jugos, y “¿vino?” El olor del pescado frito era maravilloso.

La carne, y uff, el pollo.

Mi estómago gruñó, como si dijera: “¡Ya, dame de comer!” —Esto se ve delicioso —saboreó Aran, mientras se inclinaba un poco para ver con mas claridad.

 Miré a Ivan, y él, cruzado de brazos, miraba todo com sospecha.

Desconfiado.

La reina se levantó y dijo: —Esta cena ha sido preparada para ofrecer nuestras disculpas a la joven Emma y sus acompañantes.

También para agradecerle por haber liberado el alma de mi hijo, el rey de este reino, quien estuvo cautivo en el cuerpo de un monstruo por más de cien años.

Gracias, Emma, y espero que puedas perdonarnos.

Hizo una reverencia hacia mí, esperando una respuesta.

Pero no pude decir nada.

Aunque yo no era rencorosa, ver cómo trataron a Iván y cómo estuvieron dispuestos a torturarme sin saber quién era, me impedía solo olvidar.

Al no recibir respuesta, la reina se aclaró la garganta y volvió a tomar asiento.

—Bueno, disfruten esta cena, es para ustedes —indicó.

Luego, miró al frente extrañada—.

¿Y Azumi?

—En su habitación —contestó Naom, con desgano.

—Vayan y díganle que venga —Ordenó Aziom a una de las ninfas.

Pero no hizo falta, porque en ese momento, la elegante figura etérea de Azumi apareció en la sala.

Llevaba un vestido negro ajustado, con la parte inferior suelta y abierta, dejando ver una de sus largas y esbeltas piernas.

Su cabello suelto añadía un toque aún más femenino, mientras que su mirada cargada de condescendencia dejaba claras sus intenciones: conquistar a Iván o continuar la guerra.

Bueno, quizá ambas.

Azumi, hija, toma asiento.

La Ninfa se sentó al lado de ivan.

Él no la miró.

—Espero que no te moleste que me siente aquí —habló ella.

—Suban la música por favor —ordenó la reina, y como por arte de magia, la melodía de la Fuente, empezó a soñar mas alto.

La reina comenzó a comer, seguida por Aran.

Las ninfas nos sirvieron la comida en nuestros platos, y tenía tantas cosas que no sabía por dónde empezar.

Finalmente, decidí probar el pollo, pero Iván me detuvo.

Con cubiertos, cortó un pedazo de lo que iba a comer y se lo extendió a Aran.

—Come esto —pidió.

 Aran lo miró extrañado.

—Oye amigo, si estás haciendo esto porque dije que estaba enojado contigo, no tienes que esforzarte tanto.

Solo tienes que…

—Aran, solo come esto y verifica que no esté envenenado —indicó Ivan, serio.

Yo abrí los ojos de par a par.

—¿Y se lo darás a él?

¿Y si se muere?

— cuestioné.

—De todas formas, volverá —contestó el lobo.

La reina y sus hija nos miraban.

—No hay veneno en este castillo.

Es una ley que rige durante siglos —informó Aziom, tratando de relajar el ambiente a su manera.

—No confio en ustedes —comentó Aran, y mientras daba una mirada recelosa a las ninfas, comió lo que Ivan le ofrecía.

Lo observamos mientras masticaba.

 “Si tose, es porque es veneno” “¿Y si se muere y no revive?” “Esto no está bien” “¿Debería decirle que lo escupa?” “¿Si algo le pasa a Aran, que haré?” —Aran, escupe eso, no lo tragues, no vaya a ser que…

—dije.

Pero lo tragó.

Mi respiración se empezaba a forzar en espera de que algo pasara.

Todos lo mirábamos serios, hasta que de repente, Aran tomó aire y se llevó una mano al pecho.

“¡Ay no!

¡Se va a morir!” —¡¿Aran?!

—grité.

—Payaso —resopló Ivan.

“Acaso no ve que se está muriendo?” Pensé.

Y cuando estuve a punto de levantarme y hacer algo, Aran habló: —¡Esto está buenísimo!

“¡Lo mato!” —Eres increíble —repliqué, molesta.

La única que sonrió fue la reina.

—¿Aran nunca dejará de ser un niño?

—interrogó Azumi en un susurro.

Cómo si aquella pregunta no fuera para recibir respuesta.

Sino, con motivos de burla.

La miré mal.

—¿Y tú, cuando vas a dejar de ser metiche?

—escupí.

Ella hizo un gesto de haberse ofendido, obvio que fingido.

Luego miré a Aran.

—Aran, no vuelvas a hacer algo así —le susurré.

Él sonrió avergonzado.

—Está bien, está bien.

Lo prometo.

—Levantó ambas manos en son de paz.

Casi una hora después de miradas tensas y una cena—no en silencio—porque a Aran y Azumi solo les faltó clavarse los cubiertos; terminamos de comer.

Comí mucho.

Y Aran iba en serio cuando dijo que comería hasta que la mesa estuviera vacía.

Estaba que no podía moverse de la silla.

Iván no quería comer nada, pero le advertí que si no lo hacía, pediría a las ninfas que no le devolvieran su pantalón, obligándolo a quedarse envuelto en sábanas toda la noche.

Ante eso, aceptó comer un poco de fruta.

—Pueden quedarse el tiempo que quieran.

Son bienvenidos —anunció la reina cuando ya habíamos terminado de cenar, y luego, se marchó.

Ayudé a Aran mientras caminábamos por el pasillo, porque se estaba quejando de que tenía nauseas.

—Ay Aran, no debiste comer tanto —reñí.

Él sonrió adormilado.

—Tranquila mi hermosa, yo estaré bien.

Solo necesito que mi organismo haga el trabajo y digiera todo.

En media hora estaré como nuevo.

Ya verá —aseguró.

Ivan venía con nosotros pero de repente desapareció.

—¿Y ivan?

—interrogué.

—Quién sabe, ese Lobito es un aguafiestas.

No comió casi nada —se quejó Aran—.

Si hubiera seguido el plan, no hubiera quedado ese último pedazo de carne.

Yo ya no pude comer más.

Llegamos a la puerta.

—Señorita hermosa, esta es su habitación y aquí la dejo.

Cierre con seguro y no abra a menos que sea yo.

¿De acuerdo?

—¿Y qué hay de Ivan?

¿tampoco le debo abrir?

—interrogué con curiosidad divertida.

Él se peinó el cabello con la mano y me miró con recelo fingido.

—Ni a ese cubo de hielo malhumorado.

Solo a mí.

—Entendí, de acuerdo —asentí, obvio de broma.

Aran se fue sosteniéndose el estómago y se metió a su habitación casi corriendo.

Cuando estuve a punto de cerrar la puerta, escuché una voz.

Y estuve segura de que escuché mi nombre.

Caminé por los pasillos, y por alguna extraña razón, tenía un mal presentimiento.

“Aquí es donde vuelves a la habitación y cierras la puerta, Emma” traté de convencer a mi complejo de inmortal.

Luego de caminar entre las enormes columnas de piedra, encontré a Naom, hablando con “¿La fuente de agua?” —Sí, estoy segura de que es ella —comentó la Ninfa.

Me moví despacio para poder ver qué cosa era la que ella veía.

Y lo que había ahí, era una sombra negra que emitía una luz oscura.

—Asegúrate de que mañana salga del castillo, necesito verla con mis propios ojos —dijo la sombra, con voz femenina pero con un tono masculino en la manera de hablar.

“¿Habla de mí?

¿Todavía insiste en matarme esta Ninfa?” —Lo haré, nos vemos mañana en el mismo lugar.

—Naom hizo un gesto con su mano, y luego susurró algo.

Desapareció la sombra.

Alguien más venía por el pasillo y Naom se fue por una de las puertas.

Y yo, me oculté detrás de una columna.

Era Ivan, y detrás de él, Azumi; quien corrió y le sostuvo el brazo.

—¡Espera!

—pidió ella, mientras él la miraba con ligera impotencia.

—Ya no hay nada qué hablar, solo aléjate.

—Él intentó irse nuevamente.

Ella caminó y se le plantó en frente.

—¡Escúchame!

—La voz de ella a puno de quebrarse, aunque se esforzaba por mantener la compostura.

Ivan miró en mi dirección pero me escondí antes de que me viera.

—Cometí un error, ¿si?

—continuó Azumi.

No podía verles el rostro, pero en la voz de ella, entendí que ya habían estado hablando y que aquella era la continuación de una larga conversación.

Ivan suspiró.

—Te diré lo que pasó, te contaré todo pero por favor, debes escucharme —insistió la ninfa.

—Ya me dijiste que te casaste con alguien más, que por eso me dejaste.

Entonces, no comprendo qué otra cosa tienes para decir.

Ya no me interesa.

—Ivan se escuchaba cansado.

—Mi madre había organizado mi unión con el hijo de uno de los líderes del reino del norte.

Me iba a ir allá.

No podía solo desaparecer y dejarte así.

Por eso, tuve que…

—Prometimos que estaríamos juntos sin importar qué.

—Parecía calmado.

Como si enojarse le fuera imposible en ese momento.

—No hay nadie en este mundo a quien amé tanto como a ti.

Si me alejé, fue por algo.

Yo creí que me iba a morir contando los días en que pudiéramos vernos y hablar.

—Ella tragó saliva, la voz ya empezaba a quebrarse—Pero te desapareciste.

—¿Amarme?

—Escuché una risa irónica que salió de él.

Ella exhaló.

—Te prometo, Ivan, que de haber sido elección mía, jamás me hubiera alejado de ti.

–Escuché los pasos de ella, así que me asomé para mirar: Ella se acercó a él y lo miró directo a los ojos.

Él era más alto, así que debía mirar un poquito hacia abajo para sostenerle la mirada—No te imaginas cómo se rompió mi alma, en cuántos pedazos con tu nombre.

No lo sabes.

Él no habló.

—Nunca dejé de extrañarte —continuó ella, y colocó una mano sobre la mejilla de ivan.

Él cerró los ojos.

Cómo si aquel contacto lo hubiera llevado a al pasado.

—Hay otra razón por la que decidiste aceptar esa unión, ¿verdad?

—cuestionó él, en un susurro.

Por un momento, ella pareció nerviosa.

Él abrió los ojos.

—Tú nunca hubieras tomado esa decisión sin que algo más te preocupara.

—Ivan le sostuvo la mano que ella mantenía sobre su piel.

—Si no lo hacía, entonces…

yo me hubiera convertido en una traidora de mi raza.

Alguien se enteró y la única opción que me dio fue; dejarte —contestó ella.

—Entiendo que hayas querido guardar tu imagen, y mantener tu lugar con tu familia.

Respeto eso, y lo hubiera entendido si me lo hubieras explicado.

Te hubiera esperado toda la vida.

Aún así —La miró de una manera, que reflejaba lo roto que ella lo había dejado—, nada justifica tus últimas palabras ese día, ni que te hayas ido dejándome como una hoja en blanco.

—Ivan por favor…

—El verde de tus ojos fue mi color favorito por mucho tiempo, Azumi —Él le acarició el rostro.

Y aunque la miraba a ella, parecía ver un recuerdo distinto en su mente—Pero, el rojo ha hecho que lo ame más que a mi mismo.

“¿El rojo?” “La única que tiene ojos rojos aquí es…

¿Naom?” “¡¿A Ivan le gusta Naom?!

Él alejó la mano de su rostro con cuidado.

—¿Te refieres a que…?

¿entonces si la amas?

—interrogó ella.

“¿Amarla?

¿Pasó algo entre él y Naom?

¡Es un mujeriego el Ivan, Dios mío!” Él no dijo nada.

Sus ojos parecían querer hablar por él.

—Tuve que alejarme porque…

—Te hubiera esperado veinte vidas, Azumi.

Si me lo hubieras pedido.

Mi corazón dio un vuelco.

Veinte vidas son muchas.

pero dicen: que quienes saben amar, también saben esperar.

“Al parecer, Ivan, no siempre fue un un cubo de hielo” “Con ella, parece ser otra persona distinta a la que es conmigo” sentía mi pecho arder.

“¿La amó, o todavía la ama?

Esa mirada brillante el sus ojos color miel, no es de alguien que ya no ama” ensimismé.

—¿Y si te pido que te quedes ahora?

¿Que olvidemos todo e iniciemos de nuevo?

—Ella se acercó más a él, al punto de que sus labios estaban a una sutil inclinación para unirse.

“No quiero, no quiero sentir este dolor en el pecho.

¿Por qué siento que me está traicionando?

No somos nada, ni siquiera estoy segura de que seamos amigos.

Entonces, ¿por qué me dueles tanto, ivan?” “Si la besas, no quiero enamorarme nunca.

Ni de ti, ni de nadie” ——-

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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