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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Lo que me faltaba
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26: Lo que me faltaba 26: Lo que me faltaba Emma “Si la besas, no quiero enamorarme nunca.

Ni de ti, ni de nadie” —Me alegra mucho que quieras empezar de nuevo, Azumi—contestó Ivan—, pero debes tener claro, que ese comienzo, no será conmigo.

—La miró a los ojos con cierta firmeza, aunque a la vez, parecía costarle emitir las palabras—Nuestra historia terminó.

La mirada de Azumi fue un poema de emociones; ninguna buena.

Iván se alejó de ella y avanzó por el pasillo.

Me oculté detrás de la columna hasta que entró a su cuarto.

Solté el aire que había retenido, y en cuanto pude, corrí al mío.

Dormirme fue difícil.

Di tantas vueltas pensando en todo lo que había presenciado, que el sueño se negaba a hacerme el favor.

Solo cuando empecé a imaginar a Iván mirándome de la misma manera en que lo hizo cuando me resbalé en el pasillo, pude conciliar el sueño.

Al día siguiente: Me desperté con un leve dolor en la espalda.

Abrí los ojos, lo primero que vi fue el techo de piedra blanca.

Y un sonido parecido a los ronroneos de un gato, se escuchaba cerca.

Pero había algo más: la sensación de calor a ambos lados de mi cuerpo.

Giré la cabeza hacia la derecha, vi a Aran, durmiendo en una posición extraña, con una pierna doblada y un brazo colgando de la cama.

Su cabello blanco estaba desordenado, y aún llevaba la misma tela blanca que le hacia de ropa.

La imagen me sacó una sonrisa, pero casi de inmediato, me di cuenta de que eso no estaba bien “¿Por qué está Aran en mi cama?” Pero mis pensamientos perdieron importancia cuando sentí el leve movimiento de un brazo sobre mí; abrazándome.

Así que me giré despacio hacia la izquierda, y me encontré a Iván, también vestido de blanco, pero durmiendo de manera opuesta a Aran “¡Dios padre!

¿qué hace él aquí?” Sostenía mi mano con fuerza, y su otro brazo rodeaba mi cintura, como si incluso en sueños intentara protegerme.

O como si evitara que me escapase.

La sensación de calor subió a mi rostro, los latidos de mi corazón aumentaron y volví a mirar al techo.

“Ay Dios” “¿Por qué están aquí, ambos, en mi cama?” no tenía sentido, y el hecho de que ambos me sostuvieran de alguna forma me hizo sentir aún más confusa.

¿Qué pasó mientras dormía?” Con cuidado, intenté levantarme, pero en cuanto moví un poco mi cuerpo, sentí la mano de Iván apretar la mía.

Contuve la respiración, cerrando los ojos rápidamente para fingir que seguía dormida “Si no me muevo no me ve” El calor de su mirada se posó sobre mí, y pude sentir cómo me observaba en silencio.

“¿Debería solo abrir los ojos?” Traté de no tragar saliva o hacer otro movimiento que me delatara.

El tiempo pareció detenerse; el latido rápido de mi corazón era lo único que me mantenía enfocada.

A los pocos segundos, sentí un ligero movimiento a mi lado.

Iván apartó la pierna de Aran que había quedado sobre la mía.

Su toque fue suave, casi cuidadoso, como si temiera despertarme.

Pero, en cuanto logró despegar la piel de Aran de la mía, lanzó la extremidad del arácnido con brusquedad a un lado.

“¡Necesito respirar, no puedo seguir aguantando la respiración!” Apreté las sabanas con los puños.

“Se supone que estoy dormida, no muerta ¿por qué estoy reteniendo la respiración?

¡Tonta!” El aire se volvía más denso cuando Iván, tras apartar la pierna de Aran, se inclinó hacia mí, como si estuviera a punto de decir algo.

Mi corazón latía con fuerza, tan fuerte que temía que ambos lo escucharan.

Estuve a punto de tomar una bocanada de aire y rendirme, pero, de repente, Aran se movió de forma brusca, lanzando un brazo por encima de mí y golpeándome en la cara.

Entonces fue cuando solté un pequeño gemido involuntario, y de inmediato, volví a respirar.

Mi actuación había terminado.

Abrí los ojos despacio, como si apenas estuviera despertando, y me encontré con los ojos de Iván clavados en los míos.

Sentí calor ascender a mi rostro, mezclado con una vergüenza viva en mis mejillas, por la situación ridícula en la que me encontraba.

—¿Qué…

qué hacen aquí?

—Mi voz salió más aguda de lo que pretendía, mientras intentaba apartar el brazo de Aran de mi cara.

Iván, incómodo, se incorporó rápido, pero en su prisa, terminó tirando de la sábana, lo que provocó que Aran se deslizara hacia abajo, quedando atrapado en una posición aún más extraña, medio enrollado en las sábanas y con una expresión de absoluta confusión al despertarse de repente.

—¡Aran!

—grité, tratando de sacarlo de su enredo mientras Iván intentaba liberar la sábana que había tirado sin querer.

Sostuve la tela que aún me cubría, para evitar que también cayera al suelo.

Aran, aún medio dormido, comenzó a hablar en sueños, murmurando cosas incoherentes mientras luchaba por liberarse.

Iván se aclaró la garganta y trató de explicar: —Yo…

Pero Aran lo interrumpió con voz adormilada: —¿Sí saben que es de mala educación no respetar el sueño de los demás?

—interrogó, con ligera molestia, hasta que me vio; los ojos se le iluminaron, y con vos casi seductora dijo—: Señorita hermosa, hoy de verdad que parece una diosa.

“Lo que me faltaba…” Me puse más roja de lo que ya estaba y me intenté tapar más con mi sábana.

Y en un intento por disimular mis verdaderos sentimientos, me crucé de brazos.

—¡Les pregunté que por qué están en mi cama!

—quise saber.

—No podía…

—Ivan quiso volver a decir algo.

Pero Aran: —Anoche no pude dejar de pensar en si, de verdad, estaba bien dejarla aquí sola, señorita.

Y que esas locas ninfas no se atrevieran a hacer algo.

—Se puso de pie y volvió a recostarse sobre la cama, a mi lado—Esa, mi Leidi, es la razón por la que dormí junto a usted.

Ahora, lo que de verdad no entiendo, es: qué hace el Lobito aquí.

—Aran se incorporó cruzándose de brazos para dirigirle una mirada de sospecha a Ivan.

Yo me relajé un poco y miré a Ivan en espera de una respuesta.

Él ladeó la cabeza como quien dice: ¡¿es en serio Aran?!

—No me mires así pulgoso.

Queremos saber quién te dió permiso de dormir al lado de la señorita.

Y además, abrazarla —continuó Aran, haciendo que mis mejillas ardieran aún más, y que Ivan lo mirara molesto y avergonzado.

—Cierra la boca —masculló el lobo.

—¡A ver!

—solté llamando la atención de ambos.

Suspiré y me tomé unos segundos antes de continuar—A ninguno de los dos le di permiso de entrar a mi habitación y dormir a mi lado.

Aran desvío la mirada y se rascó una ceja.

Ivan se llevó una mano a la nuca y agachó un poquito la cabeza.

—Quería asegurarme de que estuvieras a salvo —emitió —.

No es lo que..

—Y según tú, Lobito, ¿qué es lo que parece?

—gruñó Aran, molesto—Te dije que yo la cuidaría.

No sé para qué viniste.

Por eso la señorita, ahora, está incomodada.

Ivan lo miró con intenciones de asesinar.

—Ustedes, no debieron…

debían haberme avisado y…

¡tontos!

—regañé.

Iván, trató de mantener la compostura, pero el rubor en sus mejillas lo delataba.

—Me disculpo pero no me disculpo —dijo Aran—.

No podía dejarla sola.

—Desde el principio tenía claro que no íbamos a dormir en habitaciones separadas.

No puedo arriesgarme —Iván avanzó hacia mí, sus pasos firmes, su voz; un susurro helado—.

Si te molesta, lo lamento, Emma, pero tendrás que acostumbrarte a tenerme siempre cerca.

—Y a mí —lanzó Aran, y al levantar uno de sus brazos, golpeó una pequeña decoración de caparazones en una esquina; y las piezas cayeron al suelo.

El sonido resonó en la habitación—.

Ups.

—Tú no, idiota —masculló Ivan, tratando de controlar su falta de paciencia con respiraciones profundas.

Sentí el impulso de reír, pero la situación era tan incómoda que sólo pude fruncir el ceño y suspirar.

—Bien…

Pero para la próxima, chicos, avísenme.

¡Y por favor, pónganse algo de ropa!

Ambos miraron las telas sobre sus cuerpos.

—Ay pero si todavía soy un Dios griego —rió Aran, mientras se observaba.

Ivan sostuvo a Aran por un brazo y lo arrastró fuera de la cama.

—¡Ay, suelta!

¡No seas agresivo!

—quejó Aran, mientras Ivan lo sacaba de la habitación—Señorita, dígale.

—Emma, prepárate y no tardes demasiado, porque nos iremos —informó el lobo antes de irse.

Quité la sábana de sobre mis piernas para levantarme de la cama, y…

“¡Carajo!” Olvidé que me había quitado el pantalón para dormir, porque me sentía incómoda.

Al verme así, y saber que los chicos durmieron en la misma cama que yo, me hizo lanzar un grito agudo.

Y casi de inmediato, Ivan y Aran entraron a la habitación corriendo…

—¿Qué sucedió, estás bi…?

—Las palabras de Ivan se quedaron a la mitad al verme…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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