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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 Por si no sabías estoy llenito de flores
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27: Por si no sabías, estoy llenito de flores 27: Por si no sabías, estoy llenito de flores  Ivan, casi de inmediato, cerró la puerta para evitar que Aran, que estaba detrás suyo, viera la escena.

¡Mi escena!

“¡Que vergüenza!” —¡¡Soy una tonta!!

—chillé.

—¿Pero qué es lo que pasa?

—Escuché que interrogó Aran.

—Nada, vete a buscar la ropa —le ordenó Ivan.

—¡Ella estaba gritando, algo debió haber pasado!

¡Déjame entrar!

—insistió—¡Señorita Emma!

¿está bien?

—¡Araneoe, ya te dije que no pasa nada!

—volvió a decir Ivan, con mas firmeza.

—!Quiero que los dos se vayan!

¡ahora!

—grité mientras caminaba para poner el seguro a la puerta, pero para mi sorpresa, el cerrojo estaba destrozado—¡Ustedes!

Podía sentir el enojo subir con ligereza hasta mis mejillas.

Traté de no lanzar otro grito, pero esa vez era de querer ahorcarlos.

Caminé hacía el baño y como si con eso mi enojo y la vergüenza; fueran a desaparecer, me metí al agua.

—¡Ese par me va a escuchar!

Deja nada más que los atrape.

Luego de un largo rato procesando lo que sucedió y de tratar de hacerme entender a mí misma de que no fue algo del otro mundo, salí del baño y me puse ropa.

Me estaba peinando en el espejo cuando comencé a sentir la vergüenza subiendo hasta mis mejillas de manera ruborizada.

Recordé la cara de Ivan al verme.

No parecía sorprendido.

Pero, sí pude notar la vergüenza en sus ojos.

—¡Emma, eres una tonta!

—me reñí—¿A quién se le ocurre quitarse el pantalón para dormir?

No, no es mi culpa…

yo le coloqué seguro a la puerta.

¿Por qué actuaron así?

—Miré el manubrio—¡Los voy a fucilar!

Salí de la habitación y caminé por el pasillo en dirección a su puerta.

Estaba molesta y lista para decirle unas cuantas cosas.

Quizás Del Mal que iban a morir.

Pero esa idea cambió cuando vi a Aran con Naom en el pasillo.

Y me detuve detrás de una de las columnas cuando escuché: —No mientas, te vi —aseguró Aran, con seriedad.

“¿Y estos dos?

¿Otra vez peleando?” Ella negó con ligereza.

—Estás mal de la cabeza.

—Se veía calmada, cruzada de brazos.

—A mí no me engañas, ninfa.

—Aran le sostenía la vista, con un atisbo de amenaza.

—¿Y qué más?

—bufó Naom, despreocupada.

Aran, siendo más alto, se acercó despacio a la ninfa.

Ella se enderezó y tragó saliva, como si enfrentarlo desde tan cerca, no pareciera buena idea.

—Te voy a advertir una cosa, mujer; si tramas algo, lo más mínimo para dañar a Emma, te voy a mostrar lo que es el verdadero infierno del que los humanos hablan.

—La voz de Aran era suave, aunque arrastrada.

Las pupilas de Naom se dilataron mientras veía los ojos de Aran, como si aquellos fueran hipnotizantes.

—¿Entendiste?

—quiso asegurar él.

Ella asintió con lentitud, aunque no había ni un poco de concordancia en su afirmación y su mirada.

—Entonces, dime, ¿quién era ese ser con el que hablabas anoche?

Te vi, pero no quise preocupar a la señorita.

Y hoy, volví a verte haciendo lo mismo.

Así que vas a decirme todo, ahora.

—¿Estás seguro de que esto no es un ataque de celos?

—Ella levantó una ceja.

—Ni siquiera te conozco, loca —respondió Aran.

—Es que eso es lo que parece…

—Deja de bromear.

—¿Crees que sería tan tonta como para hacer algo comprometedor donde todos pudieran verme?

—cuestionó Naom, y ladeó la cabeza.

—No me interesa el tamaño de tu cerebro, ese es tu problema.

Comienza a hablar.

Sus rostros estaban muy cerca.

Porque él se inclinó un poco hacia ella.

—Ese ser, es mi…

—¿Tu qué?

—presionó Aran.

—Es, alguien que no te importa —soltó Naom, volviendo a esa mirada fría y amenazante—.

Así que mueve tu asquerosa piel pálida de mi camino.

Me estorbas, idiota.

Aran abrió un poco los ojos con sutil sorpresa.

Luego, como si aquello le hubiera hecho gracia, le dedicó una sonrisa forzada.

—Así que quieres ir al infierno…

—masculló.

—A donde tú quieras.

—Ella llevó la mano derecha hasta el mango de su espada, mostrándole a Aran que estaba dispuesta a pelear.

Él le dio un vistazo al arma, y volvió a mirarla a los ojos, manteniendo la sonrisa condescendiente.

—¿Me estás desafiando?

—cuestionó él.

Ella alzó las cejas y volvió a bajarlas.

—Cómo te dé la maldita gana —contestó, neutra—, niñita.

La sonrisa de Aran se desvaneció despacio, entonces frunció el ceño y apretó los dientes.

—Naom, no soy de los que juzga a las mujeres, pero si no supiera que eres una, podría jurar que estás más cerca de parecer un hombre que una fémina.

—El entrecejo de Aran se relajó—Así que, no estás en posición de criticar mi aspecto.

Esta vez, quien frunció el ceño, fue Naom.

—Ya entiendo por qué te abandonó tu madre y por qué tu abuelo te quería muerto, eres de todo menos un ser normal —atacó ella—.

Vacío, débil.

Sin tus arañas, no eres nada más que un simple tipo pálido.

La mandíbula de Aran se marcó y tragó saliva como si se aguantara el deseo de atacar.

Y tras su gran esfuerzo, sonrió.

—Por si no sabías, estoy llenito de flores —le hizo saber—, y de patas puntiagudas que te pueden atravesar.

Ella le devolvió la sonrisa.

—De flores muertas —contestó —, al igual que toda tu familia.

Abrí la boca asombrada por aquellas palabras que emitió la ninfa.

En el rostro de Aran se desaparecieron todas las expresiones.

Cómo si aquello le hubiera llegado al corazón.

“¡Esa maleducada sin compasión!” Me ardieron las orejas, como si se encendieran en fuego.

Él solo apretó los puños, pero yo, ya estaba corriendo para lanzarme sobre Naom.

“¿Cómo se atreve?” Pensé “Esa rubia venenosa, ¡¿cómo se atreve a decirle esas cosas a mi Aran?!” —¡Oye tú!

—Le grité a la rubia, y ella se giró para verme, pero en cuento lo hizo, le di un golpe seco a puño cerrado en la nariz—¡No te metas con Aran!

Ella se agachó al recibir el golpe y poco después levantó la mirada hacia mí, pero recibió otro puñetazo mío, esa vez, en la mejilla.

—¡Y eso, por haberme cortado la cara!

—le hice saber.

Ella cayó al suelo de inmediato, y yo tuve que sacudir la mano por el dolor en mis nudillos.

Aran me veía sorprendido, y a la vez, asustado.

—Señorita…

—musitó.

Lo miré y me di cuenta de lo que acababa de hacer.

Llevé mis manos a la boca.

Nunca había golpeado a alguien.

—Ay, ¿pero qué hice?

—La observé plasmada en el suelo.

“¿Y si la maté?

Ay, si se muere ya llevaré dos asesinatos” pensé, preocupada.

Aran rió sacándome de mis pensamientos.

—Acaba de darle lo que se merece a una de las mejores guerreras de este reino, eso fue increíble —comentó, acercándose a la Ninfa para observarla.

—¿E- está viva?

—balbuceé.

—Creo que no —dedujo Aran, escaneándola.

Sentí una corriente recorrer mi espina dorsal.

—¡¿Qué?!

—solté.

Me temblaron las manos.

Pero vi un reflejo de sonrisa en el rostro del ninfoaraña.

Entonces lo miré con seriedad.

—¡Aran!

—reclamé.

Él soltó la risa y se agachó, pero ella abrió los ojos.

—¡Aléjate!

—chilló, molesta.

—¡Está viva!

—celebré.

Aran empezó a reír.

—Ay señorita, no es tan fácil matar a una Ninfa de agua —bufó—.

Son como la Yerba mala, no se mueren.

A menos que las arranque de Raíz.

En este caso, la cabeza.

Suspiré aliviada.

Sinceramente creí que la había matado.

Ella se puso de pie mientras se sostenía de la pared.

Su nariz empezó a sangrar.

—E-estás sangrando —señalé, mientras me colocaba detrás de Aran.

Ella llevó una mano hasta su nariz y luego vio la sangre en sus dedos.

Escuché como su respiración empezaba a forzarse y a ver cómo su cara se tornaba carmesí.

Me miró como si con los ojos quisiera apuñalarme, pero Aran se aclaró la garganta recordándole que yo no estaba sola.

“¡¿Emma pero que hiciste?!” Me reñí.

“Se lo merecía, eso y más” me contesté.

Sentí preocupación, vergüenza y un poquitito de satisfacción.

“Se sintió muy satisfactorio cerrarle la boca a esa Ninfa grosera” —Lo-lo siento —dije.

Y sí, en realidad lo sentía; en mis nudillos.

—Descuide Señorita hermosa, leí por ahí que lo que no mata, engorda —se burló Aran—.

Jaja, son golpecitos para crecer.

Los ojos de la ninfa parecían desprender fuego.

Sus dientes apretados decían con claridad que estaba muy molesta.

Su mirada asesina se posó en mí.

Intenté no intimidarme pero su odio concentrado en mí; era demasiado.

De repente, en un solo movimiento, Aran me abrazó y se giró conmigo.

Lo único que vi fue el filo de una espada cortando algunos mechones de mi cabello.

Pero logrando abrir una pequeña herida en el hombro de Aran.

La sangre empezó a mancar la camisa blanca del arácnido, y yo solo escuchaba los latidos fuertes de él.

El tiempo pareció detenerse.

Sus pálpitos eran parte de una música que se combinaba con mi respiración.

“¿Qué acaba de suceder?” Entonces miré su rostro; Aran estaba enojado.

Esa mirada no era cualquiera.

Su mano derecha estaba sobre mi nuca, y su izquierda sobre mi espalda.

Bajó la mirada, me vio a los ojos, y luego miró su mano que sostenía parte de mi cabello.

Estos, caían al suelo como manchas de sangre sobre el piso blanco.

—Aran —musité, tratando de entender esa mirada tan vacía.

Tan fría.

Tan peligrosa.

Pero él, solo acarició mi mejilla con dos de sus dedos, y luego me apartó para colocarme a un lado.

—Cortaste hebras del cabello equivocado —susurró, recogiendo los mechones del suelo.

Y tanto la ninfa cómo yo, abrimos ojos de par a par, cuando Aran empezó a sacar sus patatas arácnidas.

No una ni dos, y tampoco como las que yo conocía, eran muchas más y muy grandes.

Elevándolo a tres metros de altura.

E incluso sus ojos, se pusieron totalmente blancos.

Su camisa se rasgó, porque hasta de su espalda salían las articulaciones.

Caí al suelo tras la sorpresa, y lo único que me salió decir fue: —¡Corre, Naom!

Y ella empezó a correr sin dudar.

Aran colgaba en medio de sus patas como un poseído.

Apenas vio a la Ninfa correr, fue detrás de ella.

—Aran, ¡detente!

—pedí.

Pero él parecía no escucharme.

Ivan venía entrando al pasillo, cuando tubo que lanzarse a un lado porque Aran se lo iba a llevar por delante, mientras corría detrás de su objetivo.

—¡Ivan, Aran quiere matar a Naom!

—lancé—¡está poseído!

Iván vio a Aran, que estaba corriendo tras la Ninfa con mucha furia, como si fuera un demonio enojado.

La Ninfa trataba de escapar, dirigiéndose hacia la salida.

Mientras tanto, Aran la seguía, pero sus patas se resbalaban porque iba muy rápido.

—Emma, llegó la hora de irnos —informó Ivan, mientras estiraba su mano para que yo la tomara.

Recogí la mochila de Aran, y luego corrí a sostener la mano de Iván.

Llegamos a la puerta —Sostén la respiración —pidió Ivan, mientras se agachaba indicándome que subiera a su espalda.

Dudé, pero él me miró con insistencia.

Me sostuve de su cuello para que luego el se pusiera de pie sin esfuerzo.

Me asusté un poco al sentir cómo me elevaba en su espalda.

Poco después, se lanzó al agua.

Y a nuestro lado, iba Azumi, abriendo paso entre las algas para que pudiéramos pasar.

Cerré mis ojos y me aferré a la espalda del lobo, mientas él nadaba a la superficie.

Mi corazón latió fuerte, porque acababa de darme cuenta de que: “Llegó el momento de enfrentar mi destino”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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