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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Las memorias de una bruja
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28: Las memorias de una bruja 28: Las memorias de una bruja  Iván Llevé a Emma en mi espalda hasta la superficie, a nuestro lado venía Azumi, que aunque se veía calmada, podía notar la preocupación que tenía al saber que su hermana estaba siendo perseguida por Aran.

Porque tanto ella como yo sabíamos que, una vez que Aran perdía el control, nadie podía detenerlo.

A menos que alguien le cortara la cabeza.

-Debieron irse por ahí -observó Emma, mientras señalaba unos árboles caídos y llenos de telarañas.

Caminaba con dificultad debido a la mochila llena de agua.

Se la quité y la puse en el suelo.

Azumi empezó a correr en la dirección que Emma había señalado.

-Azumi, espéranos -gritó Emma, e intentó seguirla, pero la detuve.

-¿Por qué Aran está tan furioso?

-interrogué.

Ella, empapada de agua, temblaba por la brisa fría.

Pero a la vez, pude notar el nerviosismo reflejado en su mirada.

-Es que ella intentó…

-¿Intentó qué?

-Traté de hacerla hablar rápido para saber si podía hacer algo por Naom o no.

Sinceramente, no me importaba esa ninfa, pero sabía que Emma no estaría bien si algo le pasaba.

Me había dado cuenta de que a ella no le gustaba que otros sufrieran.

-Ella me atacó, pero no pasó nada porque Aran…

Una pequeña fogata ardió en mí.

“¿¡La atacó!?

¿Cuándo?” -¿Te atacó?

-observé a Emma con determinación.

Necesitaba asegurarme de que no la hubiesen lastimado.

La pequeñita intención de detener a Aran se me fue de inmediato cuando escuché aquello.

Solté el brazo de Emma y ella me miró con preocupación.

-¿No vas a ayudarla?

Si no haces algo, Aran va a matarla.

Peiné mi cabello húmedo hacia atrás, con mis dedos.

Respiré profundo y solté el aire con pesadez.

 “¿Y si le hubiera pasado algo?

¿Dónde estabas en ese momento, Iván?” Pensé.

“Oh, claro.

Estaba con Azumi”.

En la mañana me encontré con ella en el pasillo.

Recuerdo: —Necesito que vengas a ver algo —pidió, apareciendo de pronto frente a mí.

Se veía seria—.

Antes de que te niegues, tiene que ver con las brujas.

Y, posiblemente, con Emma.

En cuanto mencionó el nombre de Emma, no pude siquiera seguir pensando en rechazar su petición.

Aunque dentro de mí seguía creyendo que, en realidad, el amor que sentía por Emma era causado por el hechizo del hilo de luna.

Pero mientras lo averiguaba, todo lo que tenía que ver con ella, para mí, era importante.

Caminamos por unos pasillos largos y estrechos.

Las antorchas iluminaban poco y, de vez en cuando, se escuchaba el eco de las gotas de agua caer al piso.

—Por aquí —indicó, mostrándome una puerta negra.

La abrió y entró.

La seguí.

El lugar era pequeño y cerrado, sin ventanas ni mucha ventilación.

Las paredes de piedra estaban húmedas y se sentía un ligero olor a moho.

La luz provenía de un par de antorchas mal colocadas, lo justo para no tropezarse, pero no suficiente para ver con claridad.

El aire estaba pesado, como si nadie hubiera entrado allí en mucho tiempo.

A simple vista, el cuarto no tenía nada especial.

Algunos objetos brillaban en las estanterías, pero no parecían particularmente interesantes.

Todo estaba cubierto de polvo o en mal estado.

Cuando ella se acercó a una mesa en el centro de la habitación, vi que estaba cubierta por un mantel blanco manchado de moho.

Lo que había debajo del mantel parecía redondo, pero no se distinguía qué era.

No sentí nada en particular, solo curiosidad por lo que pudiera estar ocultando.

—Cuando levante la tela, debes cubrirte los oídos.

Primero, cierra la puerta —dijo.

Cerré la puerta y volví a mirar la mesa.

—¿Por qué debo cubrir mis oídos?

—interrogué.

—Por esto.

—Ella levantó el mantel y, de inmediato, un chillido agudo y doloroso surgió.

Tuve que cubrirme las orejas con fuerza.

Pero ni siquiera así logré evitar que aquel grito fuera doloroso.

Segundos después, sea lo que fuera esa cosa, dejó de gritar, y pude dejar de cubrirme los oídos.

Con el ceño fruncido, observé: era la cabeza de alguien.

—Eso es…

—musité.

—Sí —confirmó ella—.

Es la memoria de una bruja.

De la misma que mató y maldijo a mi hermano.

Miré con cuidado cada detalle de aquella parte anatómica desprendida de sus restos.

Tenía el cabello negro y lacio.

Sus párpados estaban cosidos y, como si la sutura se le hubiera infectado, desprendía un líquido verde y gelatinoso.

De su piel brotaban gusanos, y aunque no desprendía olor, la imagen misma ya era desagradable.

—¡¿Quién se atrevió a molestarme?!

—emitió la cabeza, con voz fuerte y quejosa.

—¿Y esto qué tiene que ver con Emma?

—quise saber.

Porque era interesante, pero la razón por la que había llegado hasta allí era porque lo que Azumi me mostraría se relacionaba con Em.

Azumi me miró, y luego miró a la cabeza.

—¡Bruja!

—la llamó.

La cabeza empezó a buscar, intentando moverse para saber quién la había llamado.

—¿¡Quéé!?

—respondió—.

¿Qué es lo que quieres de mí, ninfa de agua?

—Cada palabra era un llanto desgarrador.

Y de su boca, un líquido negro brotaba como sangre.

—¿Tú me recuerdas?

—le preguntó Azumi.

—Nooo, ¿quién eres tú?

¿Por qué me molestas?

Azumi tragó saliva y apretó los puños.

—Tú mataste a mi hermano, el rey de las ninfas de agua.

—Azumi se movió y se colocó del otro lado de la mesa.

La cabeza intentó seguirla con un movimiento que no logró completar.

Luego, soltó una risa.

—Siii, te recuerdo.

Eres tú.

Ese día, desprendí la cabeza de ese ninfo de agua y me bañé con su sangre.

—Soltó una carcajada—.

¿Cómo no voy a recordarlo?

Y tú…

tú fuiste esa niña, la que me envió al mundo de los muertos.

Eres la princesa.

Azumi empezó a respirar con pesadez, y con la mandíbula apretada, habló: —Sí, yo soy quien te hizo caer desde el cielo como una flecha directa en el corazón.

Luego te arrastré hasta las profundidades de mis aguas y separé tu cuerpo de tu cabeza.

Así que, ahora no eres nada más que la cabeza llena de memorias de una bruja que ya murió.

—¡No!

¡Cállate!

No estoy muerta.

Sigo aquí.

Aún puedo volver a la vida.

Solo necesito que me saques de aquí y me regreses a mi cuerpo.

Yo solo observaba en silencio.

—Si quieres que te devuelva a tu cuerpo, cabeza, entonces necesito que me digas qué es lo que sucedió con la hija del bosque —continuó Azumi.

—¿La hija del bosque?

—cuestionó la bruja—.

Querrás decir, el hijo del bosque.

Por un momento dudé.

“Esa realmente era la cabeza de una bruja.

Las brujas no se equivocan de esa manera”.

—¿Qué quieres decir?

—interrogué—.

La hija del bosque es una mujer.

—No, príncipe de los lobos —contestó la bruja—.

El hijo del bosque que yo conocí era un barón.

Sin embargo, yo ya estoy muerta, y desde aquí solo puedo acceder a mis memorias del pasado.

Pero…

escuché que el hijo del bosque nació junto a su hermano.

Uno que murió tras su nacimiento.

—Le dio un tono misterioso a su voz—.

Otra cosa es…

El hijo del bosque que conocí, se nos unió hace mucho tiempo…

así que, todos ustedes seres insignificantes, están perdidos.

—Empezó a reír a carcajadas.

—¡Oye, bruja!

—la llamó Azumi con enojo.

La bruja hizo silencio.

—Entonces, ¿Emma no es la hija del bosque?

—investigó la ninfa.

—El hijo del bosque es un barón y su nombre es…

no, no diré nada hasta que me prometas, ninfa, que me sacarás de aquí y me devolverás a mi cuerpo.

—Lo prometo —aseguró Azumi.

—Su nombre es Qon.

—¿Qon?

—musité—.

¿Quién es y dónde puedo encontrarlo?

—¡Ya he respondido tu pregunta, ninfa!

¡Ahora cumple tu promesa!

—empezó a gritar.

—¡Dime dónde lo encuentro!

—también elevé mi voz.

—¡Tengo otra pregunta!

—habló Azumi por encima de la bruja y yo—Solo si respondes tendrás tu cuerpo otra vez.

Ambos hicimos silencio.

—¿Por qué atacaron al bosque?

—Su pregunta fue inesperada, al menos para mí.

La mujer sin cuerpo empezó a reír.

Tanto que comenzaba a hacerse molesto escucharla.

El líquido negro salpicaba toda la mesa, y sus ojos luchaban por abrirse.

—¡Responde!

¿Por qué?

—Azumi empezó a desesperarse.

La cabeza seguía riendo, hasta que habló: —Pregúntale a la Ninfa de cabellos dorados y ojos rojos…

esa a la que llamas hermana.

Ella sabe más de eso que yo.

—La burla con la que la bruja habló, me erizó la piel.

—¿Mi hermana?

¿Qué tiene que ver mi hermana con todo eso?

—Azumi se acercó a la mesa.

“¿Naom tiene algo que ver?” pensé “pero ¿cómo?” —Tú, Ninfa…

El día que decidiste casarte con el príncipe Toke, de ese reino de peces mugrosos, también le arrebataste el amor a tu hermana.

Con esa decisión, la convertiste en un ser frío y despiadado, capaz de traicionar a su propia familia solo para recuperar al amor de su vida.

—¿A qué te refieres?

—interrogó Azumi.

—Oh, claro…

no lo sabías.

La princesa Naom y el príncipe Toke del reino de las ninfas de agua del norte estaban muy enamorados.

Sin embargo, tú, siendo la hija que nació primero, debías casarte con el heredero de aquel reino y hacer alianzas.

Pero tenías la opción de rechazar la oferta.

¿Y qué hiciste?

Te casaste —contó la bruja.

“Naom y el príncipe Toke, estaban enamorados…

¿Naom enamorada?

Eso es difícil de imaginar”.

Azumi respiraba con pesadez, como si aquello fuera algo de lo que recién se enteraba.

—Ella…

por eso me pidió que no me casara con él —musitó.

—¿Y por qué eso vincula a Naom con ustedes o lo que le hicieron al bosque?

—cuestioné.

La bruja soltó una risa sarcástica.

—No tiene que ver con lo que le hicimos al bosque, más bien, con lo que le hicimos al reino de las ninfas de agua.

—¿Qué?

—ambos dijimos a la vez.

—Naom, una Ninfa con el corazón roto y sedienta de venganza, nos pidió un favor —continuó—.

Pero lo que ella menos esperaba, era que todo favor que se le deba a una bruja, tarde o temprano tendría que ser pagado.

—¿Cuál fue ese favor que ella les pidió?

—pregunté, ya que Azumi estaba perdida en la sorpresa de lo que estaba escuchando.

—Que el hombre que ella amaba volviera a su lado —respondió la cabeza.

Azumi soltó aire de repente.

—Por eso, poco después de casarnos, Toke se alejó de mí, ni siquiera quería verme —emitió.

—¿Y cuál fue el precio que tuvo que pagar Naom?

—quise saber.

La mujer rió con ánimo, y entre risas contestó: —Un reino acuático, oculto y protegido por los susurros de las nin fas de agua.

Un lugar al que no todo ser podía acercarse, y que no todos los ojos podían ver.

Un reino difícil de encontrar en un bosque tan vasto como el reino de las bestias; y solo una persona nos guió a él.

Ni más ni menos, que una ninfa con una deuda pendiente.

Azumi se llevó las manos a la boca y abrió los ojos de par en par.

—¡No!

—chilló.

“Naom fue quien traicionó a su propia familia.

Causó la muerte de su padre, hermano y hasta del mismo hombre por el que había vendido a su gente.” —JAJAJA, me alimentan tus lágrimas, ninfa.

Llora y retuércete del dolor.

JAJAJA.

Entonces Azumi gritó: —Quemé tu cuerpo.

¡Y tu cabeza será comida por los gusanos, maldita bruja!

La risa de la mujer fue sustituida por un grito agudo.

Ese mismo por el que al inicio tuve que cubrir mis oídos.

Azumi la cubrió con la tela y, con eso, hubo silencio.

La ninfa me miró y pude notar las lágrimas brillando sobre su rostro.

No podía ni imaginar lo que ella debía estar sintiendo en ese momento.

Se movió rápido, tomó un objeto cualquiera de uno de los estantes y lo levantó en el aire; luego, lo dejó caer con fuerza sobre la cabeza de la bruja.

Estaba impactado, triste, molesto.

Los restos bajo el mantel se esparcían, manchando el blanco de la tela.

Pero para Azumi eso no fue suficiente; golpeó una y otra vez sobre el mismo lugar, hasta que me acerqué y le quité el objeto.

—Ya, detente —le pedí, mientras le tomaba las manos.

Y, sin darme cuenta, estaba demasiado cerca, sosteniéndola para que no siguiera golpeando la mesa.

Ella soltó en llanto.

Estaba apretando los labios, y cuando al fin logré que dejara de forcejear, me miró.

—Ya —le dije—, ya pasó.

—Ella mató a Natzum…

a papá….

Por ella murieron todos.

No supe qué decir.

En ese momento, me olvidé de que ya no éramos tan cercanos.

Solo me centré en que yo ya conocía a Azumi y sabía cómo calmarla.

—Mírame —indiqué.

Me miró a los ojos.

—Ya terminó —dije.

Y ella me abrazó.

—No ha terminado —susurró—.

Mataré a esa traidora con mis propias manos.

No dejaré que muera por el filo de una espada que no sea la mía.

“No digas eso.” El dolor de matar a un hermano bajo los efectos del miedo, la ira o el dolor, es algo que abre una herida que nunca se cierra.

No sabe que ese es el infierno más doloroso en la existencia.

No se lo puede imaginar.

—Azumi, cuidado con tus palabras —advertí.

Ella se hizo a un lado y me dio la espalda para evitar que la viera a la cara.

—¿Por qué conservabas la memoria de esta bruja?

—le pregunté.

Ella no respondió.

—¿Ya le habías preguntado sobre Emma?

¿Por qué dudas?

Ella se volvió para verme y me fulminó con la mirada.

—¿Que por qué dudo?

—cuestionó y soltó una risa forzada—.

Guardé esta cabeza para asegurarme de nunca olvidar lo que las brujas le hicieron a nuestro hogar, a mi hermano, a mi padre…

a mi familia.

Se acercó a mí.

Su expresión era indescifrable, pero no tenía ni un solo atisbo de calma.

—¿Por qué le preguntaste sobre Emma?

—mi voz era baja y suave.

No quería perder la paciencia.

—Quería buscar la manera de sacártela de la cabeza.

Sin embargo, terminé encontrando una flecha que me dio directo al corazón —contestó.

Solté aire con pesadez.

—Pero ya no me importa nada.

Haz lo que quieras.

Sonreí.

Ella me miró confundida.

—Tu intención era que esta cabeza de bruja me dijera que Emma no es la hija del bosque.

Pero terminó revelando toda una historia de verdades que ni tú misma te esperabas.

El daño que quieras hacerle a Emma, te lo has hecho tú misma.

Ella respiraba con pesadez.

—Aléjate de mí.

Porque ya no tendré piedad ante ti.

—Tengo cosas más importantes que hacer, Iván.

No me importa lo que hagas de ahora en adelante.

He perdido todo.

Y acepto que a ti te perdí hace mucho tiempo.

Ella salió de la habitación.

Pero de todo lo que dijo, lo único que resonaba en mi cabeza era que ella quisiera quitarle la vida a su hermana.

Entendía lo que ella estaba sintiendo, pero también sabía que no resolvería nada con eso.

Fin del recuerdo.

“Sí, estuve con Azumi mientras a Emma casi la matan.” Me enfurecí más conmigo mismo, pero mucho más con Naom.

“Menos mal que Aran estaba ahí,” pensé “¡pero no era él quien debía estar!” Me agaché y sostuve la mochila llena de agua.

Estaba muy pesada para que Emma la llevase.

—Ven, debemos ir a casa.

—Le di la espalda y caminé en dirección opuesta.

—¡¿De verdad no harás nada?!

—interrogó, con la voz entrecortada por la desesperación.

No me giré para mirarla.

“No voy a salvar a esa ninfa.” —Ya debe haberla matado —solté, con voz despreocupada y sin el más mínimo interés.

—Es por mi culpa —escuché que musitó—.

Si la mata, será por mi culpa.

Me giré despacio para mirarla y vi cómo sus ojos se perdían en un punto ciego.

—Es mi culpa que todo esto pasara.

Si algo le sucede a Naom, yo…

no me lo perdonaría.

—Me miró—.

¡Y tú serás responsable de eso también!

—Empezó a correr por donde Azumi se había ido.

—¡Oye, espera!

Me coloqué bien la mochila y empecé a correr detrás de ella.

Cuando logré alcanzarla, la sostuve y, a la fuerza, la subí sobre mi hombro como si llevara un saco de leña.

Pero leña inquieta, que de pronto me gritó: —¡Suéltame!

¡Si no me sueltas, te voy a morder!

La ignoré y caminé en dirección contraria.

—¡Si no lo harás por Naom, y tampoco lo harás por mí, hazlo por Azumi!

—soltó—.

¡Ella estará muy triste!

Imagina que pierda a su hermana.

¡No sabes lo que es perder a un hermano!

“De todas formas, si no la mata Aran, lo hará Azumi” pensé ” Y Claro que sé lo que es perder a un hermano.” La imagen de Za, su sonrisa.

Era algo que me perseguía cada día.

Y no solo era consciente de lo que era perder a un hermano, era testigo de lo que se sentía haberlo matado.

—Cuando vi a mi hermana muerta, me arrepentí de no haber podido ayudarla.

De haber sido tan débil.

Tan asustadiza.

¡No quiero que nadie muera, no cuando se puedo hacer hacer algo!

El corazón se me estremeció.

—Te voy a morder a la una, a las dos y…

—Me mordió.

Pero apenas sentí un cosquilleo.

La puse en el suelo con cuidado.

No porque me había mordido, sino porque sus palabras resonaban en mi mente como un tambor.

No podía dejar que algo que le hiciera daño sucediera.

“Lo haré, no por Naom, ni por Azumi.

Lo haré por ti, Emma”.

—¿Te mordí muy fuerte?

—Sus ojos se llenaron de un brillo triste.

—Sube a mi espalda —pedí, y coloqué la mochila en mi pecho.

—Lo lamento, no quería lastimarte —musitó.

—¡Te pedí que subas a mi espalda, no hay tiempo!

—medio grité.

No quería hablarle mal, pero si no quería que Aran matara a esa ninfa, debía ser rápido.

Ella subió a mi espalda y empecé a correr.

Emma Iván corría conmigo en su espalda, y me sentía muy mal por haberlo obligado a hacerlo.

No sabía que le dolería tanto; pensé que, siendo un lobo, sería más fuerte.

Pero resultó ser muy sensible.

Al morderlo con fuerza, casi sangraba, y me di cuenta de que no debía haberlo hecho.

Mientras atravesábamos el bosque, noté telarañas que colgaban por todas partes, incluso una de las patas de Aran, cortada a la mitad.

También había manchas de sangre.

Tardamos varios minutos en llegar a ese lugar, donde Aran apuntaba a la cabeza de Naom y Azumi dirigía su mirada al pecho de Aran.

Ese sitio estaba lleno de flores amarillas, y el sol en esa zona parecía tener un tono anaranjado, como si estuviera en una puesta de sol.

Cuando Iván vio las flores, se detuvo de inmediato y retrocedió dos pasos.

Luego, me ayudó a bajar de su espalda.

Iván tragó saliva.

—Ese idiota —masculló.

—¿Por qué te detuviste?

¡Hay que detenerlo!

—exclamé y di un paso al frente.

Iván puso un brazo bloqueándome y negó con la cabeza.

—Este es el sendero de las flores amarillas, Emma.

“¿El sendero de las flores amarillas?” Pensé unos segundos y recordé que él había marcado este lugar en el mapa.

Por lo que, según tenía entendido, era un lugar seguro.

-¿Y?

-quise saber-¿qué sucede?

Él me miró con un atisbo de incertidumbre en sus ojos.

-No podemos entrar -confesó-, es…

Y como si una bombilla se hubiera encendido en mi cabeza, entendí por qué Aran se puso tan serio aquella noche, cuando leía el mapa y encontró marcado el sendero de las flores.

-Peligroso, ¿cierto?

-emití, sintiendo el peso caer sobre mi pecho.

Él no dijo nada, pero su silencio fue un sí enorme.

Una corriente subió por mi columna hasta mi cráneo.

Él evitó mirarme a los ojos.

-Me ibas a enviar a este lugar, sabiendo que era peligroso -observé.

Él cerró los ojos y volvió a tragar saliva.

A ese paso, se iba a quedar seco.

“¡Increíble!” pensé.

-No voy a dejar que mi amigo se convierta en un monstruo despiadado -espeté, clavándole la mirada a Iván.

Y luego miré hacia donde estaba Aran-¡Aran!

-grité-¡Detente!

Pareció no escucharme.

-Ya no hay nada que se pueda hacer, Emma -sentenció Iván.

“Tiene que haber algo que pueda hacer.” Y sin saber cuál era el peligro que guardaba aquel sendero de flores amarillas, me adentré en él, corriendo.

-¡Emma, no!

Iván fue detrás de mí y me detuvo, envolviéndome entre sus brazos.

Caímos al suelo, rodeados de flores.

Aran finalmente clavó su pata filosa, mientras Azumi soltó la flecha, que traspasó el hombro del arácnido.

Las flores amarillas no eran muy altas, llegaban aproximadamente a mis rodillas.

Desde el suelo, no podía ver si Aran había matado a Naom, pero eso fue lo que entendí que había sucedido.

-¡No!

-grité.

Un silbido repentino cortó el aire cuando una cuchilla metálica atravesó la garganta de Aran de manera rápida.

La sangre chispeó, salpicando incluso a mí, que estaba a varios pasos de distancia.

En un instante, la cabeza de Aran cayó al suelo, indicando que había sido decapitado.

Perdí la audición.

Lo único que escuchaba eran mis latidos.

Incluso fui incapaz de escuchar mi propia voz al gritar: -¡Araan!

Perdí la noción de todo.

“¡Su cabeza!

¡es su cabeza!” Los ojos abiertos de Aran, a pocos pasos de mí, me hizo temblar.

 “¿Y si no revive?” -Aran -musité.

Luego vi cómo Naom se puso de pie.

“No la mató” Y detrás se Azumi, estaba el responsable de haber decapitado a mi amigo: Esa cosa negra que salió de entre las flores.

Una figura humanoide.

Sin ojos, solo con una boca que se desplegaba de oreja a oreja.

Y detrás, otros veinte como él.

Entonces la audición volvió.

-Aran…

-Maldición -masculló Ivan-.

No te muevas -me pidió.

-¡Pero, Aran..!

Cubrió mi boca con su mano y me envolvió nuevamente con sus brazos para girarse entre las flores.

-Esas cosas, se comen a la gente -contó-.

No te muevas.

—— -Hola…

¿me extrañaste?

Sé que sí.

¿Quién no me extrañaría?

Soy Aran, el único e inigualable tejedor de…

-Aran, ya.

Deja a las lectoras y lectores en paz.

Sigue haciéndote el muerto.

-Pero no me estoy haciendo el muerto.

“Carita triste” -Emma que venga a lidiar contigo, yo ya no puedo…

Ach, lobo rabioso.

A este no le pusieron la vacuna.

Escuchen señoritas mías, y señores de Ivan, les tengo unas pequeñas noticias.

El libro 1 de esta…

historia se podría decir, no tendrá aún su cap final.

Mi creadora lo ha estado pensando y aunque tarde más, desarrollará bien la historia.

Ya dadas esas noticias, ahora vienen la enormes noticias…

les tengo una foto mía y de la señorita Emma.

¡Estoy emocionado!

Ser actor de una novela tan caótica como esta, es cansado.

Sin embargo, queridas y MACHOS, pues cuando paso los días con la señorita, es como si todo ese peso se cayera al suelo.

Vuelo en el aire cuando estoy cerca de ella.

Y en una de mis escenas favoritas, nos tomaron una foto.

¡¡Se las dejaré por aquí!!

 -¿Aran, en dónde estás?

Ivan me dijo que querías hablarme.

-Esa es la señorita.

Ya me voy.

Los quierooooo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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