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Emperador De Reyes : La Gloria de la Bestia - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 La Lanza Y El Ariete
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21: La Lanza Y El Ariete 21: La Lanza Y El Ariete Durante los siguientes días, en el campamento de la pradera, los oficiales al mando de los escuadrones se dedicaron a instruir a los reclutas tal y como se les había ordenado; primero les enseñaron a usar sus lanzas y hachas, luego a reconocer el significado de los toques con tambores y cuernos.

Aunque no todos los reclutas necesitaban el entrenamiento, pues algunos eran soldados retirados o que pertenecieron a ejércitos de líderes ya muertos, razón por la que pasaron directamente a hacer guardia o a entrenar a los más inexpertos.

En ese momento, en un espacio amplio del campamento de Gilgag, los reclutas expertos entrenaban a los demás, explicándoles la forma de usar las distintas armas.

Entre ellos, Samara, una recluta de estatura semejante a la de un hombre promedio, pelo oscuro hasta los hombros, piel clara pero bronceada y una figura atlética, esculpida en años de entrenamientos para ser la experta guerrera con lanza que es ahora.

Por órdenes de su oficial, ella entrenaba a los reclutas de su escuadrón que tenían lanzas.

Con su armadura de cuero en el suelo y su lanza en mano, realizaba estocadas de una forma habilidosa y artística que ella hacía ver como algo sencillo, a la vez que explicaba cómo y por qué debían hacer esos movimientos.

—Recuerden, deben llevar la parte inferior de su lanza apegada a su cintura, para que cada estocada la hagan con la fuerza de todo el cuerpo y no solo con la de los brazos —decía Samara mientras se movía de atrás hacia adelante simulando estocadas—.

Pero si el oponente se cubre con un escudo, ataquen desde arriba con los brazos extendidos.

¿Entendieron?

Los reclutas, en su mayoría jóvenes y ancianos, asintieron levemente confundidos pero también distraídos por la llamativa figura de su entrenadora.

Notando esto, Samara levantó la voz un tanto frustrada: —Ya llevamos cinco días de práctica, ¿alguno de ustedes debieron aprender algo?— —Cómo quieres que alguien aprenda, si estás ahí meneando tus caderas con ese vestido que ni llega a tus rodillas y ese escote que se abre más con cada movimiento —dijo uno de los reclutas más ancianos con tono despectivo.

El resto de reclutas empezaron a reír mirando cada parte de Samara que el anciano mencionó.

Ella los ignoró y se quedó esperando a que terminaran para continuar.

Pero en eso, vio a uno de los reclutas más jóvenes, con su lanza apegada a la cintura y, disimuladamente, moviendo las caderas al flexionar las rodillas, simulando una estocada.

De inmediato, reconoció que se trataba del esclavo liberado de su escuadrón.

—¡Tú!

—señaló al joven con el mentón—.

Te llamas Asur, ¿cierto?

—Sí, ese soy yo —respondió Asur tranquilamente, aún simulando los movimientos.

—Si ya has aprendido algo, ven y ayúdame con la práctica —dijo ella mientras recogía dos lanzas sin punta.

Asur pasó al centro con ella, tomó una de las lanzas que ella le ofreció y adoptó la postura con la lanza en la cintura.

Samara hizo lo mismo y ambos se mantuvieron quietos un momento.

Al notar lo que pasaba en aquel sitio, el resto de reclutas y entrenadores de alrededor se acercaron para presenciar el duelo que estaba a punto de ocurrir.

Para iniciar, Samara dio una estocada que Asur desvió chocando su lanza con la de ella.

Él mismo intentó una, pero Samara también la desvió y, seguido, hizo otra estocada con la que Asur retrocedió.

Por un breve momento, él estuvo retrocediendo, desviando, esquivando y evitando hacer estocadas, hasta que en un momento Asur se sintió muy presionado; separó la lanza de su cintura, bloqueó un golpe de lado e intentó una estocada con los brazos extendidos hacia el hombro de ella, quien lo desvió sin separar la lanza de su cintura, seguido de un golpe al estómago de Asur y luego otro en medio del pecho, haciéndolo caer hacia atrás.

Aunque la lanza no tenía punta y Asur traía puesta su armadura, el golpe fue tan fuerte y preciso que se sentía como si su pecho hubiera estado desnudo, algo que le sorprendía, pues no parecía que Samara hubiese usado toda su fuerza.

—Te adelantaste, muchacho —dijo Samara relajada, con mirada y sonrisa orgullosa—.

Entendiste bien lo básico; retroceder, esquivar y desviar, es lo que se debe hacer para mantener a raya a tu oponente.

Pero si separas la lanza de tu cintura, debes estar listo para un duelo de otro nivel.

Aún tirado en el suelo, con una mirada coqueta y replicando la sonrisa orgullosa de ella, Asur le respondió: —¡Te mantuve a raya!— La sonrisa de Asur fue acompañada por la sonrisa de los demás reclutas, que en parte se burlaban de él por su aparente coqueteo con la entrenadora.

—Sí…

eres bueno, tienes talento —dijo Samara desconcertada.

Luego de este pequeño duelo, los reclutas siguieron con su entrenamiento hasta el mediodía, cuando todos se sentaron a descansar y a preparar sus alimentos con los ingredientes que se les daban.

Sentados bajo un toldo improvisado mientras esperaban que su comida se terminara de cocer, en el grupo de Asur, los jóvenes conversaban sobre el entrenamiento de los últimos días; se corregían y se animaban a seguir practicando.

—Ya escuchaste a la instructora, hay que mantener la lanza cerca de la cintura y solo separarla cuando quieras atacar por arriba de un escudo —decía uno de ellos a su compañero.

—Lo sé, pero es muy complicado bloquear o desviar si para eso debes mover todo el cuerpo —respondió el otro recluta mientras se levantaba y hacía una demostración.

Adoptó una postura sosteniendo la lanza de la parte inferior con el brazo izquierdo pegado a su cintura mientras que su brazo derecho sostenía la parte del medio, y así empezó a imitar los movimientos que les habían enseñado para esquivar, bloquear y desviar.

Lo hizo moviendo sus caderas con ambos brazos rígidos, intentando mover la lanza con todo el cuerpo, pero solo lograba verse torpe y como si fuera un tronco movido por el viento.

—¿Lo ves?, no puedo hacer esos movimientos con la lanza pegada a la cintura, necesito poder mover los brazos —dijo el recluta aún imitando los movimientos.

—Lo haces mal —dijo Asur, que se encontraba acostado en el suelo mirando hacia el toldo.

—No, claro que no, estoy haciendo justo lo que ella dijo, mantengo mi lanza apegada a mi cintura —respondió el recluta de forma exasperante.

—Sí, eso está bien, tu brazo izquierdo debe ir junto a tu cintura, pero…

¿Y tu brazo derecho?

—preguntó Asur viendo de reojo a su compañero.

—¿Qué tiene mi brazo derecho?

Asur giró hacia su lado izquierdo, detuvo los movimientos de su lanza, enderezó su brazo derecho y asestó una potente estocada en el aire, usando todo su cuerpo.

Luego empezó a chocar su lanza muy rápidamente, con la de su compañero, pero sin necesidad de mover todo su cuerpo, solo con el movimiento de su brazo derecho.

Un silencio confuso consumió el ambiente mientras los reclutas esperaban una explicación de lo que pasaba.

—Ella dijo que debíamos usar todo el cuerpo para hacer las estocadas más fuertes; pero cuando te defiendes, debes utilizar el brazo derecho para guiar tu lanza —explicó Asur con una leve sonrisa de orgullo.

Ante esta actitud los murmullos de los presentes no se hicieron esperar.

—Ya se cree mucho.

—Es solo un esclavo.

—¿Qué sabe él?

—¿Qué se cree, un instructor?

—Cualquiera pudo adivinar eso.

Asur ignoró todo esto y volvió bajo el toldo, pero antes, el recluta al que enseñaba imitó una vez más los movimientos y, al ahora poder hacerlos bien, dijo: —Gracias, Asur—.

Este solo asintió y seguido de eso se recostó en el suelo otra vez.

Más tarde, los reclutas recibían instrucciones para reconocer las órdenes dadas a través de banderas y sonidos.

Algo que ya habían repasado muchas veces y, por lo tanto, la mayoría era capaz de reconocerlas, pues eran relativamente sencillas.

Primero se les enseñó que solo debían obedecer las señales de las banderas marrones con el dibujo de un hacha y la melena de león —que pertenecían a Gilgag—.

Luego el significado de las cinco señales básicas: atacar con la bandera extendida hacia el enemigo; mantener la posición o aguantar la carga del enemigo con la bandera firme extendida hacia el cielo; retroceder defendiendo con la bandera extendida hacia el cielo siendo meneada de izquierda a derecha; retirada con la bandera extendida hacia la retaguardia apuntando al suelo; y por último, perseguir a los vencidos con la bandera extendida hacia el enemigo apuntando al suelo.

Aunque a todos se les enseñaron estas señales, realmente solo los tamborileros y oficiales que portaban cuernos debían estar atentos a ellas, pues el resto del ejército no tendría tiempo o lucidez para notar las banderas desde el campo de batalla, por eso lo más importante para los reclutas era aprender las órdenes con tambores y cuernos.

Se les explicó a los reclutas que cada líder tenía un número de toques para distinguir sus órdenes con los tambores: dos para Wilfer, tres para Gilgag y cinco para el Príncipe Murem.

Si los tambores eran tocados dos veces seguidas “TUM, TUM”, significaba atención para recibir la orden, pero solo para el ejército de Wilfer.

Si eran tocados tres veces “TUM, TUM, TUM”, era una señal única para el ejército de Gilgag, y así sucesivamente con el ejército de Murem y sus cinco toques.

Si posterior a este llamado de atención, los tambores eran golpeados violentamente, sin ningún patrón, la orden era clara: atacar.

Sin embargo, si a los golpes de atención le seguían otros iguales —”TUM, TUM, TUM” luego de una pausa “TUM, TUM, TUM”— la orden era de mantener la posición o aguantar la carga del enemigo.

Si en la batalla se escuchaba un llamado de atención “TUM, TUM, TUM” y luego los cuernos replicaban aquel sonido “FUUU, FUUU, FUUU”, era una orden para retroceder al defenderse.

Pero cuando en la batalla escucharan un llamado de atención seguido de un sonido feroz, sin ritmo o patrón, proveniente de los cuernos de los oficiales, era una orden de retirada, aunque no necesariamente una derrota.

Y si en la batalla el enemigo se retira, deben esperar un llamado de atención, seguido del estruendoso sonido de cuernos y tambores, sin ritmo, ordenando la persecución.

También se les explicó sobre un sexto sonido que los oficiales pueden hacer, un sonido que, de oírlo, significa retirada o derrota.

Si los oficiales en plena batalla tocan un sonido apabullante con los cuernos, seguido de un solo golpe de tambores, significa que el líder directo del ejército ha muerto en la batalla y, sin un líder al cual seguir, todos deben huir.

Los reclutas demostraron recordar muy bien cada señal, lo que complació a los entrenadores, quienes de inmediato pasaron a enseñarles sobre combates en grupo.

En el escuadrón de Asur, los reclutas esperaban pacientemente el entrenamiento hasta que su oficial llegó: una joven mujer de pelo corto hasta el mentón, piel morena clara, con una cicatriz en la mejilla y un pequeño pendiente de plata en la nariz.

De estatura media y de complexión delgada para ser una soldado, vestía una armadura combinada de bronce en el frente y cuero en la espalda, con una espada curva de un solo filo similar a un machete.

Su nombre, Senek, estaba ahí para supervisar que la formación en la que habían estado trabajando se ejecutara correctamente.

—¡Oficial Senek!

—gritaron al unísono los soldados mientras bajaban la cabeza al notar la presencia de su oficial.

Senek llegó con otras nueve soldados del ejército de Gilgag para dar una demostración a los reclutas, antes de que empezaran a entrenar.

Ella y las otras nueve adoptaron sus posiciones y comenzaron la demostración.

La formación enseñada se llamaba el Ariete.

Utilizada mayormente por ejércitos masivos o con soldados poco experimentados, esta era la razón principal por la que los reclutas debían agruparse en diez.

La formación Ariete constaba de tres columnas: una en el centro de cuatro soldados y otras dos a los lados, cada una con tres soldados.

El primero del centro debía sobresalir, mientras los dos primeros de los lados debían estar alineados atrás de él, formando un triángulo que apuntaba al enemigo.

Lo mismo debían hacer los segundos y los terceros de cada columna, esperando el momento de reemplazar al de su delante cuando fuese herido o estuviera muy cansado.

El último soldado del centro podía estar arrojando proyectiles o esperando para reemplazar a un compañero.

Todos debían mantener un espacio de al menos un metro entre ellos para impedir el desorden o golpear accidentalmente a un compañero.

Era la formación más fácil de reorganizar para seguir las órdenes con tambores y cuernos.

En caso de que la orden fuese atacar, el triángulo se mantenía.

El primero del centro, considerado el más fuerte o valiente, era el encargado de presionar al enemigo o intentar romper sus filas, mientras los otros a sus lados lo defendían o aprovechaban las aperturas para atacar al enemigo sin deshacer la formación.

Si la orden era mantener la posición, aguantando la carga enemiga, el triángulo debía invertirse: el del centro retrocedía y los de los lados avanzaban al frente para crear una primera línea más cerrada.

Al momento de la lucha, los de los lados debían defenderse impidiendo el paso del enemigo, mientras el del centro acababa con los que lograran pasar, a la vez que defendía a sus dos compañeros.

Si la orden era defenderse y retroceder, el del centro debía alinearse con los otros dos, cerrando completamente la línea mientras caminaban de espaldas.

Si la orden era de retirarse, los grupos tenían derecho a hacerlo como les fuese más conveniente, manteniendo la formación o huyendo lo más rápido posible.

Si la orden era de perseguir a los vencidos, debían mantener su grupo unido.

Cuando un grupo ya tenía muchas bajas o llevaba demasiado tiempo luchando, otro grupo de atrás debía relevarlo rápidamente, a la primera oportunidad.

Durante su demostración, Senek, que estaba posicionada como la primera del centro, meneaba violentamente su espada para demostrar cómo debía pelear el primero de la formación.

—Recuerden, es mejor que los del centro usen un arma corta como una espada o un hacha y los que estén a los lados usen lanzas —exclamó Senek mientras señalaba a sus compañeras, que mantenían sus lanzas rectas sobresaliendo por delante de ella—.

Así ustedes y sus compañeros podrán acercarse más al enemigo y los soldados de los lados tendrán una mejor oportunidad de atacar sin deshacer el triángulo.

Terminada la demostración, los grupos realizaron la formación Ariete para el entrenamiento.

Senek revisó uno por uno a los grupos, viendo cómo todos seguían sus consejos; los más pesados y altos estaban adelante, armados con hachas en su mayoría.

Luego vio al grupo de Asur: cinco jóvenes, tres ancianos y dos mujeres.

Ya los había visto antes y no era el único grupo con integrantes así, pero lo peculiar era que Asur, armado con lanza, estaba de primero, cuando atrás de él había otro joven más alto que lo superaba por una cabeza.

—Oigan ustedes, ¿no entendieron nada?

—preguntó Senek, casi molesta al acercarse—.

Dije que el primero debe tener un arma corta.

—Como puede ver, todos en mi grupo tienen lanzas, oficial —dijo Asur mirando de frente a Senek mientras señalaba a sus compañeros portando lanzas.

—Entonces hubieran cambiado con algunos que tuvieran hachas —dijo Senek con voz firme, tratando de parecer intimidante—.

Además, ¿por qué estás tú adelante?

Veo claramente a alguien más grande detrás de ti —añadió mirando al recluta de atrás con desdén.

—Él…

Él…

Él dijo que lo hiciéramos así, oficial —afirmó el recluta de atrás nervioso por la mirada de Senek.

—¿Por qué es eso?

—preguntó Senek mirando hacia Asur igual con desdén.

—Me parece algo más práctico, oficial —respondió Asur con tono relajado mirándola de frente—.

Los que estén atrás no tienen por qué quedarse sin hacer nada durante la batalla; pueden apoyarnos por momentos, cuando el enemigo se acerque demasiado.

—Volteó a ver a su compañero y le dio unas palmadas en los hombros—.

Él es más alto que yo, por ende puede ver por encima de mí y a la vez puede conservar energía, así, cuando yo esté cansado, herido o muerto, él, que es más fuerte, conservará mucha energía.

Los reclutas de alrededor empezaron a asentir levemente al escuchar la explicación de Asur.

Senek, que notó esto, miró una vez más a todo el grupo y luego a Asur.

—¿Crees saber más que yo?

Solo eres un niño.

¿Qué edad tienes, dieciséis, diecisiete?

—Pronto cumpliré quince, oficial —respondió Asur tranquilamente.

La risa despectiva de Senek fue escuchada fuertemente para luego ser acompañada por la de los demás soldados y reclutas presentes.

—Ahh, es tan gracioso; eres solo un niño y crees saber más que yo, una soldado experta —dijo Senek aún burlándose de Asur.

—Denle un hacha al que está atrás —ordenó Senek a sus soldados mientras miraba a Asur—.

Cambien de lugares tú y el de atrás.

Luego ella volvió a su lugar frente al escuadrón, ordenó seguir con el entrenamiento, los reclutas obedecieron y continuaron así hasta el anochecer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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