En el mundo desconocido - Capítulo 10
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10: R-CAP10:La batalla continua 10: R-CAP10:La batalla continua Apreté mis manos en el tronco mientras que cada golpe del oso emitía un sonido sordo que hacía temblar la base y, por consiguiente, me tambaleaba.
—¡Aún no!
Y dejé que volviera a golpear el árbol donde, con sus garras y estampidas, talaba el árbol.
Pero volví a saltar a otro árbol con una sonrisa en mi cara.
—Ya hemos hecho esto diez veces, no debe tener la fuerza de antes.
—¡PUM!
Mas los golpes decían que todavía tenía resistencia.
Como una burla, al notar que el árbol no temblaba como al inicio del combate, saqué el libro e inicié a deslizar mi mirada por sus hojas, donde finalmente aprendí lo que me faltaba, aunque todavía quedaban páginas.
Pero esto debería bastar.
—No debería ser tan difícil, es hora de aplicarlo.
—¡PUM!
El moverme entre las ramas me recordaba la existencia del perpetrador.
Mas, haciendo crujir mis nudillos entre sí, moví mi mirada hacia la espalda del animal, donde la sangre que antes brotó por esa puñalada ahora estaba seca.
—Supongo que es cierto que usan magia.
Pero esa vista me dio una idea.
—Un cuchillo.
Dejé que mi maná saliera de mi cuerpo mientras me imaginaba lo que necesitaba, donde mi idea era simple, pero la apliqué apenas pude.
De mi mano surgía aquella cosa que, con la poca luz del día que atravesaba la niebla, reflejó un pequeño rayo de luz, como si fuera una esperanza para mí.
Mas el temblor del árbol me hacía temblar y hacer que la corteza se aferrara a mis manos, las cuales empezaban a enrojecerse.
—¡Pero puedo hacerlo mejor!
Con mi cuchillo en la mano me solté del árbol, cayendo como una hoja de este bosque.
Mas yo usaría algo de mi pasado, como aquel militar.
—¡Grrrroa!
Su rugido, lejos de hacerme temblar, hizo que apretara el cuchillo mientras dejaba que el maná se moviera por él.
—¡GROAAAYTYYY!
Aquel rugido nació de cómo caí en su pelaje, donde el olor a quemado de antes se mantenía.
La sangre del animal traía para el lugar un olor amargo, mientras que en mi boca se formaba uno similar al acero, como si ambos sufriéramos.
Pero yo superaba, mientras que él gritaba, mi cuchillo con magia de viento pasaba con fluidez de arriba abajo, clavándose por dentro de su espalda.
Y el oso se paró.
—¿Qué…?
Intenté profundizar la herida.
Pero el oso caminó hacia atrás.
Volteé y vi un árbol.
—¡Mierda!
Sus pisadas en retroceso se apresuraron con un ‘thump’ a cada paso, donde el árbol y yo nos acercábamos como si fuera a morir en el medio.
Agarré el arma recién hecha y salté al frente del oso.
—¡Jódete tú solo!
Y el choque contra el árbol resultó en que ambos temblaran.
Nos miramos a los ojos, donde su color café, igual al mío, era el recuerdo de que seguíamos en pie luchando.
Él se puso de pie mientras alzaba su brazo.
—¡ZZZZHHHHHHH!
¿Rodar?
¿Correr?
¡¿Qué puedo hacer?!
Y en un acto de locura puse mis brazos en cruz, apreté los dientes y envié la magia de vitalidad al corazón, que con un latido me hizo dejar de temblar.
Mas no evitó lo que se avecinaba.
—¡Bum!
Con un temblor que sacudió mis huesos y músculos me hundí en la tierra.
Mas al levantar la mirada hacia el animal, como si fuera mi voluntad, agarré mi cuchillo.
—¡No eres el único que puede golpear!
Mis músculos y tendones gritaban sus crujidos, pero yo respondía moviendo el arma mientras la hundía en el cuerpo del animal, donde cada puñalada para él era un sacrificio para mí.
Él alzaba su brazo con fuerza como una respuesta a mi velocidad.
—¡Todo o nada!
Y con un salto hacia atrás evité su ataque.
Mas el temblor de mis piernas y el que mis pasos apenas pudiera levantarlos era una prueba de cómo estaba por dentro.
Mas, levantando mi mano, corrí un riesgo.
Una chispa salía de ahí para crear una nueva esperanza que lograría arrojándola hacia él.
—¡TOMA ESTO!
Como un recordatorio de antes, esa pequeña bola de fuego hizo que el oso desviara la mirada de mí, y yo, en respuesta, usando el piso como un impulso, salté hacia él mientras levantaba el puñal hacia su pecho.
—¡GROAARR!
Mas, como una trampa, el oso movió su brazo que con su golpe me hizo abrir los ojos para, en el momento que me impactó, ser movido como si el tiempo se detuviera en medio del aire, donde cada instante me alejaba del oso y de mis manos se deslizaba aquel libro.
Era como si fuera a morir.
—¡PUM!
Pero me hundí en el agua, donde seguía viendo arriba.
Como una anestesia al dolor era el frío que me erizó los pelos, recordándome que estoy vivo.
—¡Ayyhhh!
Alcé los brazos mientras que, al moverlos, el agua se hacía más clara hasta que, cuando asomé la cabeza, viendo la niebla del bosque donde estaba, me recordaba que hay un enemigo.
Mas la corriente del agua, como una protección, me hundía y me arrastraba entre las aguas, alejándome de donde estaba.
Aunque volví a sacar la cabeza, pero no como una victoria.
—¡Ayyyyyyyy!
Era el precio de mi magia, del combate y tal vez del fracaso que nació de solo venir a buscar un libro que también volví a soltar.
Mas al mirar las corrientes que me llevaban, me moví en contracorriente, donde el dolor, como un ardor en mis huesos, chocaba con el temblor que me daba el agua.
Mas, como una victoria, me paré en el prado verde donde mi cuerpo temblaba por fuera, pero seguía de pie mientras que, al levantar la mirada ante el cielo, las gotas cayeron.
—…Mierda… He perdido.
Miré mis manos, que con un temblor mostraban madera astillada en las palmas.
Aunque, como si la guerra no hubiera terminado, moví la mirada hacia la dirección donde seguro estaba el oso.
—¿Y si hago una trampa?
Miré una vez mis manos, donde había usado ese cuchillo.
¿Si me preparo ahora cómo sería?
—¿Qué tal usar unas cuerdas?
Podría usarlas para atar algo o ayudar a preparar una emboscada.
Con eso en mente, di un paso al frente.
—¡Pum!
Mas mi cuerpo cayó, el frío del agua anestesió, pero no curó mis heridas.
Tragando saliva me arrastré avanzando hacia un árbol.
Donde, al poner mis manos en él, me apoyaba a subir como si, parándome, solucionara el problema.
—Hoy no podré pelear.
Con una mirada al bosque donde, dentro de sus ramas, guardaban oscuridad, se me hizo un escalofrío y un gruñido.
—Y tengo hambre.
Con un chasquido en la lengua di un paso que me hizo temblar, mas continué avanzando hasta que miré en las ramas una manzana.
—Al menos esto servirá.
Agarrando la manzana miré el cielo, de donde provenía el agua.
Miré mi cicatriz en la mano y, con un recuerdo que surgía del lobo de esa vez, avancé al árbol.
—Prefiero enfermarme a ver a otro lobo o al oso.
Con mis manos clavadas, temblando, inicié a escalarlo hasta meterme en la copa de este, donde el agua caía en mí, evitando que me secara, pero al menos no correría peligro.
Moví mi mirada entre el cielo, que me respondía con sus nubes ennegrecidas como si fuera furia contra mí, dejando que el agua me cayera encima, semejante a un escupitajo constante donde mi fracaso era producto de esta furia.
Y el paso del tiempo dejó que esas nubes se fueran, dejándome a la merced del viento, que movía las hojas casi forzándolas a susurrar con un nuevo tipo de frío que robaba el frío de mis huesos, y al levantar la mirada a la luna que brillaba con sus pálidos colores, siendo el colgante de la noche, cerré los ojos que me llevaron a un tiempo pasado.
—Hijo, veo que lo sigues intentando.
Con su pelo cayendo por su cara como intento de ocultar las ojeras de sus ojos del mismo color que el mío, pero su pelo no podía hacer eso ni ocultar su cara roja o el olor del alcohol de él mismo.
Pero así un hombre habló.
—¡No me hables!
Y apretando sus manos, un niño gritaba con su mirada que guardaba un rojo, pero el hombre quien le ponía una mano en su hombro intentó.
—Debemos hablar.
—¡¿Qué hablar?!
¡No hay nada!
—Hijo, te entiendo, pero quiero que me prometas dos cosas.
—¡¿Por qué lo haría?!
—Solo escúchalas y luego me dices.
—No, no quiero.
—Hijo, solo quiero decirte que quiero cambiar y que también cambies.
Y alzando sus nudillos, el niño demostraba cómo en sus puños tenían cicatrices en ellos.
—¡No puedo hacerlo!
¡Ni tú lo has logrado!
Con su demostración, las lágrimas del chico rompieron, cayendo mientras que el hombre le abrazaba.
—Y esta es la segunda promesa: que nunca nos rendiremos.
—Pero por favor, papá, por favor, cumple eso.
Y con el frío de la realidad volví a abrir los ojos, siendo forzado a salir de ese sueño donde, con mi mirada al cielo y ropa mojada, despertaba en esta realidad.
—Papá.
Con una mirada al cielo dije esa palabra.
—No rendirme.
Miré mi mano que ya no temblaba, la abrí y la cerré viendo cómo en ella se tenía la fuerza necesaria para el día de hoy.
Me bajé de las ramas e inicié a mirar el río por donde había sido traído.
Mas, haciendo lo que pensaba el día anterior, me senté a la orilla del río e inicié a dejar que de mi maná salieran las cuerdas; serían tres hilos que entrelazaría.
Mi maná salió e inició a tomar la forma que quería e inicié a formar aquellas cuerdas que necesitaba.
Una vez listas, las arremangué en mi brazo y me puse a caminar mientras el tiempo pasaba de tal manera que el sol de la mañana secó mi ropa y llegué a donde estaba el libro.
Lo tomé, mientras al mirar desde afuera, varias hojas estaban húmedas.
—Dejaré que el sol lo seque.
Abriendo el libro en lo que parecía ser algunas hojas húmedas, se quedaron al sol e inicié a caminar por el bosque, que me recibió con marcas en los árboles y huecos en la tierra que se movían hacia lo que parecía ser una cueva.
—Supongo que ahí estará.
¿Saldrá?
Estaba herido, tal vez quiere descansar.
Entonces, ¿qué debería hacer?
—¿Me voy?
Miré en dirección a donde había dejado el libro tirado e inicié a caminar mientras dejaba la cueva, mas el recuerdo del oso oliendo entraba en mi mente de tal manera que solo me quedaba voltear hacia donde él se escondía.
—¡Lo haré!
Miré las cuerdas que tenía encima y con una sonrisa miré hacia donde el oso había tumbado los troncos.
—Eso servirá, ahora el desafío será moverlas.
¿Cómo se hace esto?
Y el recuerdo de cuando en el ejército nos subíamos a un carro para movernos de lado a lado entraba en mi mente.
—Con el mejor invento: la rueda.
Solo debía hacer algo simple: una pequeña plataforma donde apoyar los troncos y moverlos.
Tengo magia, literalmente.
Caminé hacia los troncos donde puse mi brazo para poder medir la longitud de lo ancho del tronco.
—Esto parece medio codo, con razón podías romperlos.
Pero veamos qué te pasa si te golpea esto.
Entonces me senté mientras buscaba en mi memoria algún material simple, pero que valiera la pena.
—¿Qué tal barro endurecido?
Usar la magia elemental era una buena opción, por eso la había aprendido primero.
Y mejor usar lo que ya dominas, así que cerré mis ojos dejando que aquel fuego interior llamado maná saliera del corazón para ser movido rumbo a mis manos, donde se formó la arcilla que, con parecido a la plastilina, me hacía sonreír como si fuera la infancia.
—¡Espera, ahora no es tiempo de esto!
Quitando aquella sonrisa, estiré la arcilla de manera que formaba un palo de más de medio codo.
Lo hice una segunda y tercera vez.
—Si hago mucho, no podré moverlo.
Miré una vez más donde el oso.
Seguía ahí, tal vez durmiendo todavía, mas cuando salga, o viviré o moriré.
Si gano y lo mato, él no vendrá a mi casa por mi olor.
Apreté mis manos de manera que la arcilla escapó por mis dedos, como prueba de que ahora debía centrarme en otra cosa.
Hice las pequeñas plataformas de más de un codo y unas ruedas.
—Entonces es hora de hacer algo más.
No tengo tiempo para dejar que esto se seque, así que tomé la arcilla recién moldeada y dejé que mi maná se moviera por la arcilla mientras que el calor aumentaba de a poco.
Era hora de usar la magia de fuego.
Así me quedé unos minutos hasta que terminó completándose cada una de las ruedas.
—Entonces, ¿qué hago?
Miré la cueva donde el oso se escondía, aquel hueco donde la oscuridad reinaba como una muerte segura para mí.
Si hago la trampa desde afuera, el oso se despertaría y todo terminaría.
Entonces, debo sacarlo.
Así que con eso en mente, decidí hacer eso.
—Los osos tienen buen oído.
Era hora de hacer algo raro, pero útil.
Así que usé la magia de creación que formó una lámina de metal que reflejó mi cara.
Entonces le hice su compañera para retar a algo.
Mas como una prevención, me quité todo rastro de ropa que tuviera encima para después de eso mirar una piedra donde la metí.
—El oso podría olerme, pero si lo hago, que se pierda hacia aquí.
Ahora, con las prevenciones listas, sujeté con ambas manos los platillos mientras que a mi espalda el río cantaba por medio del agua y piedras.
Entonces golpeé los platillos de manera que el sonido metálico hizo que hasta yo cerrara mis ojos, pero también los golpeé varias veces para luego tirarme al agua, dejándome llevar por la corriente como un impulso para tomar otro camino mientras me escondía.
A medida que el agua me llevó a otro camino, se escuchó a la distancia el sonido.
—¡Rooarrr!
Con su rugido, sabía que había ganado esta primera fase: me olería y me buscaría por venganza.
Mas cuando salí del lugar, estiré un momento las piernas.
—¡Ahora o nunca!
Y mi maná salió de mi corazón, fortaleciendo mis músculos como si jamás hubieran sido heridos, e inicié a correr entre la hierba, saltando arbustos, cortando el viento hasta que llegué al primer sitio.
Aquí había dejado el tronco, con la cuerda que estaba atada a la mitad de este, y cuando la agarré, gracias a las ruedas, inicié a moverme, metiéndome en la oscuridad de la cueva.
—¡Vaya!
—¡VAYA, Vaya, vaya!
Era el eco que me respondió con lo primero que hice.
Si así hizo eco mi voz, ¿qué tal habrían sonado esos platillos?
Pero sin dejar que esos pensamientos me detuvieran, era hora de armar la trampa.
Miré la entrada donde seguro entraría el oso.
—¿Aguantaría eso?
Pero sin tiempo para explicar, tomé el árbol.
Apretando mis dientes, lo puse inclinado hacia la entrada como si fuera la hipotenusa de un triángulo.
—¡Malditos conocimientos de matemáticas, por qué siento que me atormentan!?
Pero el thump del oso se hacía presente una vez más.
—¡Grroooa!
El oso había llegado.
Mi espalda tembló, pero apreté mis puños y, al ver al animal en la entrada donde lo acompañaba la luz, encontré a mi compañera: la oscuridad.
Sin más opción, tiré el tronco.
—¡Thump!
Y el eco del sonido golpeando un tronco de madera sacudió al oso.
—¡Groooor!
Su gruñido demostró que aún le faltaba fuerza; lo había apuñalado demasiado antes y este golpe podría ser mi golpe de gracia, pero él corrió en la ceguera de la cueva como si me hubiera encontrado.
Pero yo corrí hacia la luz, dejando que la magia impulsara mi movimiento y mis piernas tronaran como si hubiera llegado al límite de uso sin preocupación.
Mas afuera, cambié de estrategia: el oso vendría a mí y podría usar el catalizador.
Así que dejé que de mi mano, como si de una cuerda en llamas se tratara, saliera aquel látigo de magia de fuego.
—¡Whip!
Y con un movimiento se enroscó en el cuello del animal.
—¡Grrooao!
Intentó levantarse para tumbarme, pero ¿acaso olvidó cómo lo había apuñalado antes, cómo había sido golpeado y agotado entre los árboles?
Por ello, su intento fue vano y el látigo inició a chamuscar su cuello, liberando un olor a quemado, y él intentó morderme.
—¡Gr-a!
Pero el árbol de antes lo hizo tropezar.
Alcé mi mano mientras que a la cara ponía el catalizador, dejando que la magia surgiera como una llama donde la presión del viento se centraba en él mientras que el estallido surgía.
—¡Pumb!
Pero incluso si la chispa ocurrió y el fallecería, su última voluntad fue golpearme de tal manera que caí mirando al cielo azul donde, con una sonrisa, los ojos se hacían pesados, pero apretando los puños evitaba dormir.
—¡Ja, no gané como quería, pero gané!
Aunque esta victoria era contra un rango F, aquella idea me hacía sentir una amargura en mi boca.
Mas al mirar hacia la cueva, incluso acostado, era prueba de que estoy progresando y a pasos agigantados.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Al fin reescribi esta pelea, aunque como carajos la reescritura pasa de 2109 palabras a 2878!?
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