En el mundo desconocido - Capítulo 100
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100: Cap100:Al fin 100: Cap100:Al fin Entonces era hora de hacerlo funcionar.
Por eso Sara tomó uno de sus catalizadores, que alzó al cielo para empezar a mirar lo que podía hacer con él.
Este absorbía la luz en su infinita negrura.
—¿Me pregunto qué pasaría si lo uso?
—¿En verdad es hora de que preguntes eso, Sara?
¿Justo cuando Jacob o yo debemos usarlo como amenaza?
—Orejas tiene razón, este no es momento de preguntarse cómo hacerlo, sino de hacerlo.
—Entiendo eso, pero mi pregunta es si esto estallará antes de tiempo o en realidad no lo haré estallar.
—¿No decías que sabías cuánto se usó en el pasado?
—Vamos, Sara, ¿qué tan difícil sería eso?
—Ah, está bien, lo intentaré.
Entonces ella se agachó mientras de su mano, con la magia de creación, salía una vara de metal que nos reflejó el bosque.
Después la hizo brillar mediante la magia de refuerzo, dándole una especialidad.
—¿Refuerzo o flexibilidad?
¿Qué pusiste, Sara?
—Obvio que un refuerzo.
¿Para qué necesitaría flexibilidad en esto?
—Tal vez para doblar un poco la vara y meterla debajo de la puerta.
—No sería una buena idea para nada, Jacob.
—¿Oh, y eso por qué?
¿No estallaríamos mientras nos cubrimos con la puerta?
Es mucho más directo.
—Ehh, bueno, creo que tienes razón en eso, pero ¿cómo lo sabes tú?
¿Acaso has destruido casas antes?
—Parece que te atraparon, mocoso.
¿Será que en verdad lo hacías antes?
Como un pequeño recuerdo de cuando estaba en el ejército que pasaba por mi mente y me hizo sonreír, decidí hablar.
—Vamos, yo nunca estallé, pero sí ayudé.
—Y ahí va el pequeño terrorista.
—Oye, esa vez era necesario y ya viste que siempre pongo trabas a este tipo de situaciones.
—Pero al final terminaste cediendo.
—Y tú fuiste la primera en ir a destruir la casa.
—… —….
—…..
—Oigan, mejor dejen de pelear con esos silencios incómodos.
—Sí, pero entonces, Sara, haz lo que dijiste que harías.
—Ay, está bien.
Sentándose en el suelo, ella empezó a hacer lo que debía.
En la barra de hierro, empezó a poner el catalizador en el extremo de esta para que, una vez ahí, ella hiciera un hilo con la magia y lo sostuviera.
—Listo.
—… —… Tanto Ana como yo miramos a Sara de tal manera que esta dio un paso atrás para temblar y agitar el bastón recién hecho.
—Oigan, ¿qué les pasa?
Hice lo mejor posible.
—¿Y qué pasó con el proceso que decías que se usaba allá?
—Es que no tengo la herramienta y decidí esto.
—Oh, carajo, Jacob, ¿crees que esa cosa sirva?
—El mero hecho de tener el catalizador puede ayudar.
La vara sería innecesaria.
—Estoy de acuerdo, esa cosa no sirve ni como escopeta.
—¡Ya cállense!
¡Solo úsenlo!
—Nah, dijiste que eso puede estallar, aunque me pregunto cómo.
—Bueno, mejor que lo pruebes y ahí lo sabrás.
Tomé la barra de metal mientras que, al hacer eso, Ana soltaba una pequeña risa, a lo que yo la respondo con una mirada hacia ella.
—¿De qué te ríes, Ana?
—De nada, solo de que al final usarás eso.
—¿Si no lo usamos sería mejor?
—Bueno, propondría entrar y sacar al viejo a la fuerza.
—Sí, pero hemos decidido amenazar con tumbarle la casa.
—Y ahí está lo gracioso, tomaste el método más extremo.
Con una sonrisa, mantuve esta vara mientras asentía.
—Bueno, es hora.
—Adelante, nosotras nos esconderemos por si algo.
¿Algo?
¿Qué carajos harán?
Mas cuando quería decir eso, ellas ya se habían escondido, dejándome a mí solo con esta puerta, la cual debía destruir.
—Toc, toc.
Con esos golpes, el viejo abrió la ventana.
—¡¿Qué coño quieren?!
¡Ya les dije que no!
—Solo quitarle la opción de negarse.
—¡Ja!
¿Qué?
¿Acaso con esa varita te creíste mago o tal vez hasta una chica mágica?
—Nah, un terrorista.
Haga caso o le derrumbo la casa.
—… ¡Jódete!
Cerrando su ventana, me dejó a mí con esta cosa, e empecé a rodear la casa mientras miraba de lado a lado los ladrillos de piedra donde buscaba la esquina del sitio.
El frío de la noche me empezaba a golpear de manera que mis manos temblaron.
Mas dando otros pasos como si nada, encontré y terminé de darle la vuelta a la casa.
Me senté en el suelo mientras aquellos recuerdos del pasado, donde yo era el francotirador, se usaban.
“Entonces de esta manera destruiremos la casa”.
Con aquella frase, un hombre con cicatriz en la mejilla señalaba en el mapa dónde atacaríamos.
“¿Qué explosivos usaremos?”.
Con esas palabras, García se unió a esa conversación.
“No hay para explosivos, necesitamos pasar con el menor equipamiento.
¡Usarán magia!”.
“Magia, vamos, Sargento, no tenemos cosas tan potentes para eso.
Usted ya ha visto los límites”.
“Eso no es excusa.
Miren dónde plantaríamos los explosivos”.
Señalando en el mapa donde una casa se encontraba, había tres puntos rojos.
“Estas son las columnas más importantes.
Si las derriban, caerá”.
“Sargento, ¿está seguro de que así funciona?”.
“¡Cállate, Jacob!
Claro que sí.
Y en caso de que no, ya deberá estar muerto ese sujeto.
Tú eres el francotirador”.
“¡Sí, señor!”.
Y así terminamos esa conversación, donde me había perdido entre los recuerdos.
Mas tenía el mapa de la casa dibujado, entonces busqué donde había mayor distancia de lo que parecían ser las columnas.
—Bien, es hora.
Parándome con la vara de hierro, caminé a una de las columnas y grité como advertencia.
—¡Señor!
¡Recuerde que se le advirtió!
Y saliendo por la ventana, me miró.
—Ah, sí, pues yo lo denuncio con la policía.
—De hecho, venimos por una misión policial.
—Entonces, por abuso de poder con la nobleza.
—Y la nobleza nos ha dado permiso.
—Pero yo no.
Entonces dejé que el maná surgiera de mi cuerpo, moviéndolo por la barra de hierro hasta que, cuando llegara al catalizador, de su negrura este brillara, generando una bola negra que crecía conforme ponía más maná en él.
—Eh, oye, imbécil, ¿sabes lo que estás haciendo?
—Es lo que llevo advirtiéndole.
—Pero, idiota, ¿de verdad lo harás?
Con eso dicho, moví la vara como un bate y la pelota era la magia.
Al golpear la pared, la casa tembló mientras que el hombre se agarró a la ventana como un intento de mantenerse en pie.
—Una de tres, ¿continuo?
—¡Estás loco!
—Loco sería dejar que un inocente muriera solo porque no quiero hacer algo.
—El mundo no depende de mí ni de nadie, solo es.
—¿Y qué?
Yo quiero ayudarla.
—Solo te traerá desgracia meterte en estas cosas de guerra.
—Pues no, ahí no está la desgracia, idiota.
La única desgracia sería si esa vez hubiera cerrado mis ojos y solo dejara que matáramos a todos.
Sí, yo morí por ese ideal, pero mírame, aquí estoy de pie.
—Está bien, idiota, ayudaré, pero más le vale pagar por lo de la pared.
—Claro, eso puede ocurrir.
Con eso en mente, saqué mi teléfono.
Era hora de informar a Eduardo.
Por eso le dije a Eduardo: —Tocó romper una pared, pero ya colabora.
—Menos mal, tranquilo que yo la pago.
Con eso dicho, las chicas salieron de los arbustos para venir donde estaba.
—Al fin ese viejo idiota entró.
—Vamos, Ana, tal vez tiene sus motivos.
—Eso no es una razón pura para rechazar, ni siquiera ha argumentado el porqué.
—Bueno, eso lo sabremos.
Señaló la puerta de la casa como recordatorio de que el tipo aún estaba dentro.
Mas cuando empezamos a caminar, el hombre de pelo rojo salió.
—Está bien, ¿qué carajos quieren que les ayude a hacer?
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Al fin el vago del autor actualizo su novela, aunque eso si que hay diferencias entre el estilo que manejo en la reescritura y las versiones originales(esta es una version original)Espero que cuando llegue a reescribir esta parte sea mucho mejor.
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