En el mundo desconocido - Capítulo 101
- Inicio
- Todas las novelas
- En el mundo desconocido
- Capítulo 101 - 101 Cap101La estrategia del viejo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
101: Cap101:La estrategia del viejo 101: Cap101:La estrategia del viejo Abriendo mi boca dejé que las palabras salieran: —Vamos, ermitaño, queremos toda la información posible de la guerra del oro.
—¡Tchz, muy bien!
Si eso quieren, entren.
Hay más que palabras sobre eso.
Asentí e hice caso sobre avanzar, al igual que Sara y Ana hacían lo mismo.
Entramos al lugar donde lo primero que se vio fue la pared destruida por donde entraba el viejo, quien erizó nuestra piel.
—¿Qué?
¿Tienen frío?
¡Idiotas!
Debieron pensarlo mejor antes de querer destruir la pared.
Tenía razón, destruí una buena parte, todo por una planeación que seguro destruiría la casa, pero al mirar al hombre quien nos daba la espalda sonreí e inició a hablar Ana.
—Oiga, vejestorio, usted es el que puso resistencia incluso si Jacob le advirtió.
—Así que el niño se llama Jacob…
¿Qué hacían los padres para ponerle ese nombre y que terminara en otros caminos?
—¡Deje esa tontería!
¿Acaso los nombres importan?
¡No definen nada!
En medio de la discusión de Ana y el pelirojo entró Sara a hablar.
—¿Van a seguir peleando o qué?
—Sara, mejor no nos interrumpas ahora.
—¿Vaya, y entonces se te olvida que yo soy la víctima de esta guerra?
Ana, girando su cara, bajando sus brazos, miró a Sara un instante para después evitar su mirada, poniéndola al cielo.
—Eh, bueno, ah…
está bien, ¿qué quieres?
—Vamos a saber lo que hay detrás de esta guerra, ¿listo?
—Bien, entonces, vejestorio, cuente.
Soltando sus hombros, se dio una vuelta mientras que en el fondo tomaba una foto, mientras que nosotros, parados, nos miramos entre sí, intentando buscar respuesta alguna que no se halló.
Mas el hombre alzó la mirada hacia la pared y con su voz inició a relatar.
—En su momento luché esa guerra, sí.
Mas aunque gané, nunca la entendí, solo ocurrió.
Nos exigieron, e hicimos, matamos, destruimos y fui el último en pie.
—¿Y por qué luchaban, vejestorio?
No me creo que lucharan tan fuerte como para nada.
—Nosotros, los contemporáneos, no lo sabemos, ni siquiera las bestias lo saben.
¿Contemporáneos?
Seguro se refiere a la gente como nosotros, normales de esta realidad.
Tal vez con bestias se refiere a los seres raros como al tipo que intentó matar a Sara, la cual en este instante inició a hablar.
—Ehh, ¿a qué se refiere con eso de contemporáneos y bestias?
—Ah, chica, tú como víctima de esta guerra no lo has comprendido, o nadie te lo ha explicado.
—Nadie me ha dicho.
La información que encuentro es tan mínima que por más que busque, nada aparece.
—Bien, te lo diré.
Nosotros, como contemporáneos, debemos dar información y ser el apoyo lógico para las bestias.
Las bestias no se sabe de dónde vienen; cuando les preguntas por su pasado, callan.
—Señor, entonces, ¿cómo termina esa guerra?
—Termina una vez que todas las bestias caigan.
La última en caer, bueno, pasará algo entre él y su contemporáneo.
Cuando caigan todos, ahí terminará.
Miré a Sara un instante, quien con la mirada al suelo y un temblor en su espalda era lo que noté de ella.
Entonces yo, tragando saliva, miré al techo mientras en mi mente iniciaba a formular alguna hipótesis, mas el recuerdo de él y su hijo me pasó por la mente.
—Oye, ermitaño, ¿por qué pediste que renunciara a su título al padre de Soren?
—¿Soren?
¿Y quién carajos es él?
Apretando mis manos, lo agarré de la camisa y aun pese a mi altura, lo miré a los ojos.
—¡Cómo se te ocurre no conocer su nombre!
¡Es tu nieto!
—¿Bah, y qué?
¿Acaso él ha hecho algo por mí?
—Realmente eres un asco.
Eres lo que no quiero ser, un cínico que desprecia hasta su familia.
—Mi hijo no estuvo a la altura de la nobleza, es normal que cayera.
Solté mi mano para darme media vuelta e iniciar a caminar lejos de este tipo.
Mas cuando avanzaba, la voz de Sara entraba a mis oídos.
—Oye, Jacob, la verdad no conozco mucho de ti, pero ¿dejarás esto a medias?
Como una respuesta que me hacía apretar mis puños, tuve que girar para mirar al tipo a quien estaba al frente mío.
—Bien, entonces sabemos los roles de esta guerra, pero ¿por qué ocurre?
Entonces, explícanos sobre los Montes.
—¿Montes?
¿Te refieres literalmente o a algo más?
—La familia, a esa me refiero.
Soltando sus hombros, él fue a lo que parecía ser una nevera y sacó una cerveza y, mientras la abrió, inició a relatar.
—Los Montes fueron uno de los seis rivales.
Fueron duros, pero no invencibles.
Y bebiendo su cerveza, se dejó caer en el sofá.
¿Este vejestorio es un borracho?
Mejor cuando vea a Soren, evito que tome ese camino.
Con solo ver cómo es este idiota, me dan ganas de escupirle.
—Fueron tiempos de mierda, unos que no quiero volver a ver ni imaginar.
—¿Qué, acaso era tan duro?
—…Mocoso, no hables de cosas que no has vivido.
—Entonces, ¿qué cosas crees que son como para vivir así?
—¡Cállate!
—¿Callarme?
¿De qué?
¿Acaso estás justificando algo de hace quién sabe cuántos años para justificar esta vida?
Parándose, puso sus manos juntas e hizo crujir sus nudillos para después arremangarse la camisa.
Y yo, en respuesta, me paré, dejando que el maná moldeara arcilla en mis manos, formando el puñetazo.
—¡Oye, mocoso, y tú, vejestorio!
No es momento de pelear.
—¡Cállate, elfa!
El mocoso seguro jamás ha perdido a alguien.
—Vaya, el ermitaño piensa que anclarse al pasado justifica una vida.
Eso es algo que he aprendido a la fuerza, es una tontería hacerlo porque ya no es mi tiempo.
No conozco ni tu nombre, pero tú sí conoces el mío.
Si supieras todo lo que he pasado, no dirías lo mismo.
—¿Y acaso qué?
¿Vas a vivir mi vida por mí?
—Yo no necesito eso, solo necesito ayudar a Sara y saber por qué hizo que su propio hijo tire su título.
Parándose en medio de la sala, con unas gotas de sudor que pasaron por la cara de Sara, se puso en medio del viejo y yo.
—Sara, déjanos.
—No, Jacob, estás haciendo una idiotez.
Y Ana, desde donde estaba sentada, entró a la charla mientras con los dedos temblando y una mirada que apuntaba al piso, por primera vez, con una voz suave, habló.
—Jacob, por favor, no peles, solo intenta armar una estrategia como sueles hacer.
—Tragando saliva un momento, ella añadió—: Por favor, o se repetirá lo de la vez pasada.
—Ehh… Mas al recuerdo de esa vez me entró a la mente.
Mis costillas hundiéndose me hicieron sentar en el sitio.
Mas al mirar al viejo, me clavé las uñas en las manos mientras me mordía el labio, sentándome.
—Bien, ermitaño, entonces dinos: en su momento, ¿qué estrategia aplicaron?
—¡Ja, vamos!
¿Quieres sentarte y hablar después de lo que hiciste?
—Sí, porque al menos puedo razonar.
El mayor perdedor sería usted si hiciera algo más.
—¿Esta juventud qué se ha creído?
—Lo que es: el reemplazo de ustedes.
—¡Imbécil!
Eso no lo has demostrado para nada.
—¿Y yo por qué debería rendirle cuentas a usted, ermitaño?
Solo ocupo mi lugar en la sociedad.
—¿Ja, y acaso por eso eres mejor que yo?
—¡Ya cállense de una jodida vez!
¿Cuántas jodidas peleas deben hacer solo por un intento de misión?
Es que esta es la mayor tontería que estoy viendo.
Quien rompió el silencio no era más ni menos que Sara, quien, sosteniendo la barra de metal de antes, nos miró a nosotros y, dejando que de ella saliera una bola negra, callamos.
—Bien, al menos esto está ahora sí avanzando.
Diga qué cosas hizo en el pasado.
—Como tal, yo solo me puse un papel que decía “Luchador de la guerra del oro” y me fui peleando con quien saliera.
—… —… —… REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Intentando recuperar la constancia, esta no es la mejor cualidad mia, pero debo intentar si quiero llegar a los 200 capitulos y voy a medio camino de eso.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com