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En el mundo desconocido - Capítulo 103

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103: Cap103:Solo,¿porque?

103: Cap103:Solo,¿porque?

Punto de Vista de Eduardo Me senté entre los cojines, que me absorbieron como si me llevaran a otro mundo.

Me incliné hacia adelante para ver la computadora, donde los números subían y bajaban como si nunca fueran a parar.

—Ahh —solté un suspiro mientras apretaba los puños—.

Aún no es hora de detenerme.

Por eso miré entre esos números los productos básicos: carne y cereales, que, con sus cifras, solo incrementaban a medida que pasaba el tiempo.

—Mierda.

Me puse de pie para mirar afuera, donde los campos de esta mansión empezaban a crecer.

—¿Cómo hago esto mejor?

Mas el gruñido del viejo volvió a mi memoria.

—Si tuviera eso…

¡Qué suertudo era ese hombre!

Sacándome de mis pensamientos, mi teléfono vibró.

Lo saqué de mi chaqueta para ver el nombre del remitente: Jacob.

Tragando saliva, leí lo que escribió.

—Tocó romper una pared, pero ya colabora.

Solté mis manos y, con una sonrisa, le escribí: —Menos mal, tranquilo que yo la pago.

Al menos algo bueno estaba pasando.

Por eso dejé la habitación donde estaba para salir de esta casa.

Al llegar afuera, fui recibido por el cielo oscurecido, como era normal a estas horas, pero la duda por lo de antes volvía a atacar, haciéndome tragar saliva.

—¿Estoy siendo un buen noble?

Miré cómo el trigo cultivado se movía a merced del viento, cómo la gente araba los terrenos, mientras también empezaban a amontonarse para crear esa extensión de la isla.

—Ojalá esto sirva de mucho más.

¿Qué clase de noble haría un mal trabajo?

Con esa duda, caminé por estos campos hasta que, sin querer, mi vista se encontró con ese tipo, el hijo del vencedor de esa guerra.

—Joseph, ¿cómo estás?

Limpiándose el sudor de la cara, me miró para responder con una sonrisa.

—Bien, patrón, parece que estamos progresando con esto.

—¿En serio?

Por cierto, parece que tu padre al fin está colaborando.

—¡Ah, ese viejo!

¿En verdad lo pusieron a hablar?

¿Qué clase de brujería usaron?

—Ni idea, ahí el responsable debería ser Jacob.

—¿Jacob?

¿Ese nombre no es del amigo de mi hijo?

—Sí, es él mismo.

Parece que tiene un don con las personas.

—Tienes razón.

Alzando su mirada, dejó el trabajo mientras apretó el puño.

—Al menos él está para él.

—¿Te preocupa mucho esto?

—Soy un padre ausente, ¿cómo puedo ser feliz con eso?

Poniendo mi mano sobre su hombro y dándole unas palabras, esperé que erguiera su espalda.

—Incluso si estás presente, te preguntarás si puedes ser mejor padre.

—El trabajo de ser un buen padre nunca termina.

—Ja, tienes razón.

Bueno, no te robo más tiempo, que también tengo trabajo.

—Échale ganas, pero cuidado con los errores, si no te puede pasar algo similar a lo mío.

—Siempre lo tengo en cuenta.

Con eso, dejé al hombre atrás y caminé hacia el frente de la mansión.

Solté un suspiro mientras mi mirada se clavaba en el fondo de esta, como si hubiera más que hacer, y mordiéndome los labios, dejé que esto apretara mi corazón.

Mas el sonido de uno de los carros deteniéndose hizo presencia, a lo que giré para ver a ese hombre grande de pie frente a mí.

—Héctor, ¿qué tal?

Al verme, este apretó los puños y avanzó mientras clavaba su mirada directo en la mía, hasta que quedó frente a mí.

—¡Dime, dime el porqué mandaste a ese chico para esta misión y no a mí!

—Vaya, no te preocupes por eso, él es el indicado.

—¿Indicado?

¿Sabes de la paliza que le dieron?

—Claro, y de cómo, aun adolorido, lo dio todo.

—¡Lo mandaste a morir!

—¿Mandarlo?

Él quiso esa situación.

—¡Debías detenerlo!

Es un niño imprudente.

—Si lo fuera tanto, no estaría dando resultados.

—No me importan los resultados, es un niño y como policía debo detenerlo; es más, tú no deberías alentarlo.

Apretando los puños, dio una vuelta para irse caminando, pero no sin antes dar algunas palabras de más.

—Lo que estás haciendo está mal.

—Lo que estoy haciendo va dando frutos, a diferencia de ir en solitario.

Tal vez está peor que Ana.

—Tchz, eso jamás, esa loca nunca sentará cabeza.

Con ese intercambio, finalizamos.

Yo me di la vuelta mientras caminaba hacia esa mansión donde, al entrar, decidí ir a la terraza.

Desde allí, al mirar al horizonte, mi vista chocaba con el mar en esta noche, que me abrazaba con su frío, mas la chaqueta que tenía hasta me hacía sudar.

Mas mi mirada, al caer en la extensión de la isla, hacía que apretara mis puños, y al mirar en dirección a la casa del ermitaño, soltaba un suspiro.

—Haz lo mejor, Jacob.

¿Qué plan vas a aplicar ahora?

Como un recuerdo, miré en mi mano el reloj, que seguía contando el tiempo que pasaba sin parar, como el eterno recordatorio de que es hora de hacer algo que valga la pena.

Alzando la mirada a la puerta, caminé hasta que volví al cuarto, donde al sentarme frente a la computadora, debía unir pistas.

—¿Qué puedo hacer ahora?

Para investigar la guerra del oro, decidí empezar a mirar las cuentas que había desde la semana pasada.

Miré las hojas de contabilidad donde los números seguían iguales; los únicos números que subieron eran los de visitantes, mas esto me hizo tener una sonrisa.

—Jajaja, qué idiota, esto conviene más.

Como una prueba a esto, decidí empezar a encender la IA que tenía al lado de la computadora, que respondió con el sonido de una turbina.

Le puse mi dedo encima del catalizador, que con su frío me hizo temblar un dedo, mas dejé que mi mano saliera mientras el sonido de la máquina se callaba hasta que finalmente me estiré.

—Ahora veamos cómo usamos esto.

Puse lo más básico: personas no registradas en el sistema de la isla.

Entonces, la computadora empezó a poner rostro tras rostro, y con una sonrisa, dije la única razón por la que tenía todo esto: —Jajaja, las cámaras eran la respuesta.

Ana se quejó de esto, pero al menos estará dando algún resultado, solo hace falta mandar a la gente necesaria para esto.

Cuando la máquina terminó de hacer su búsqueda, tenía un total de 4 resultados.

—Tchz.

Chirriando los dientes, miré la pantalla.

Miré una vez más la barra de progreso que se había detenido en 100%, y como resultado, me paré y empecé a caminar por la habitación mientras, con mis manos temblando y sintiendo un ardor en mi cara, puse mi mano en mi boca y empecé a morderme las uñas.

—¡Maldición, qué carajos!

Mas cuando la alarma de mi teléfono sonó, la apagué apretando mi teléfono, la desactivé mientras seguía caminando de lado a lado.

Pero el crujido de la puerta me hizo girar la cara.

—¿Papá?

Era mi hijo quien vino a verme.

—¿Qué ocurre, hijo?

¡Vete!

—Pero papá, es la hora de irse a dormir.

—Un noble no duerme hasta que lo merezca, vete tú a dormir.

—¡Papá, son más de las 11!

—¡Vete!

Y tragándose sus palabras, se dio la vuelta para caminar.

¿Acaso no comprende quién soy?

Cuando él salió del cuarto, me senté en la PC una vez más y empecé a mirar de nuevo en la computadora sobre la guerra del oro.

Debo encontrar algo.

—Vendrick, ¿por qué te volviste ese ermitaño?

El antiguo ganador de esa guerra, ¿qué pasó con él para terminar así?

Sin embargo, hice crujir mis nudillos mientras miraba a los anteriores participantes que no daban nada de importancia en esta actualidad.

Pero un titular del pasado me hizo alzar una ceja.

—Vendrick insta a que Joseph renuncie al título de noble.

Historia vieja que conocí hace años, mas esto me hizo detenerme y dejar de bajar los títulos para poder ser absorbido por el cojín.

—¿Por qué lo hiciste?

Dándole clic a ese título, miré el contenido, que en sus páginas decía con sus propias palabras: “lo que Joseph hizo era una vergüenza como noble”.

—Conociendo el precio de ser noble, es raro que no pase, pero ¿siendo un padre sería el primero en criticar?

Giré mi rostro a la puerta ya vacía.

—Al menos debo ser un buen noble antes que padre.

Sacando el teléfono una vez más, escribí un mensaje para Jacob.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Al fin algo para avanzar y salir de lo estirado de antes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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