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En el mundo desconocido - Capítulo 105

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  4. Capítulo 105 - 105 Cap105Otro de la guerra
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105: Cap105:Otro de la guerra 105: Cap105:Otro de la guerra Mire en el teléfono una vez los candidatos que había enviado Eduardo.

En mi teléfono solo vi unos rostros que no reconocí excepto a uno, sus orejas blancas me hicieron levantar una ceja para después recordar lo que me dijo: “¿No eres Vlad?” Tragué saliva mientras el rostro de ese hombre se quedaba en mi mente.

Al mirar a los otros candidatos, solté un suspiro: aún no era hora de preocuparse.

Con una picazón en mi mano, empecé a escribirle a Eduardo.

—¿Dónde está el más cercano, de dónde viene y en cuánto tiempo lo podemos interceptar?

En un instante, él empezó a escribir y respondió: —El más cercano está en la ciudad, aquí te paso la ruta que está tomando.

¿Cómo lo atacarás?

—Depende de cuánto tiempo tenga.

Pero supongo que no tengo mucho.

—Tienes razón, haré la llamada grupal y empiecen a moverse.

Yo les contaré a detalle.

Con un suspiro, miré al fondo de la ciudad, donde las luces de neón eran lo que la iluminaban.

Entonces, el teléfono de Ana y el mío dieron el mismo timbre.

—¡Ringggg!

Ella sacó su teléfono y miró la pantalla mientras empezábamos a caminar hacia la ciudad y Eduardo empezaba a hablar.

—Bien, aquí está el sospechoso más cercano a ustedes.

Puso una marca en la imagen, luego con otro color marcó el recorrido que este había hecho.

Abarcaba desde lo que parecían ser unos apartamentos de la ciudad, pero Eduardo no habló de eso.

—Le doy unos 15 minutos para que salga de la ciudad, ¿pueden alcanzarlo?

Miré a la ciudad mientras yo soltaba un suspiro, para después clavar la mirada en Sara.

—Llevamos unas horas caminando por aquí, pero a este ritmo llegaremos en media hora.

—¿Entonces te rindes, Jacob?

—No, aún no, Eduardo.

Dije “a este ritmo”, pero esto no significa que no podamos correr.

Él levantó sus labios en una sonrisa a la vez que continuaba hablando.

—Bien, entonces haz lo necesario.

Mantengan el teléfono en su oído, les notificaré si él cambia el ritmo o alguna información por si acaso.

—Entendido.

Entonces le di mi teléfono a Sara, a lo que ella giró la cabeza hacia un lado mientras miraba mi teléfono, a la vez que estiraba su brazo para agarrarlo.

—¿Qué pasa, Jacob?

—Tenemos que ir corriendo.

—Ehhh, pero entonces ¿para qué me das tu teléfono?

Me giré ante ella mientras me agachaba.

—Te llevaré en la espalda.

—Pero, ¿no te agotarás antes?

—Jaja, ¿agotarme?

Esto será un trote simple.

Nada a lo que no esté acostumbrado.

—Bueno, si tú lo dices.

Y ella se subió a mi espalda como habíamos planeado, a lo que vi al ermitaño solo sonreír.

—¿Ya terminaron de perder el tiempo o qué?

—Si sigues con esto, perderemos aún más.

Solo sigue la ruta de Ana, pero también ve por ese lado.

Señalé al otro lado de la carretera, donde también había unos árboles.

—Lo que tú digas, niñato, pero dudo que estés a la altura de esta batalla.

—Eso es lo de menos si con una buena estrategia puedes lograr hacerlos caer.

Por cierto, cuando inicie la pelea, tú solo atacarás 5 minutos después de que la pelea inicie, por la espalda.

—Necesitarás más que solo eso para estas batallas, pero bueno, entonces voy avanzando.

Y con una sonrisa, él empezó a correr mientras que Ana hacía lo mismo, a lo que yo también empecé a hacer eso, dejando que mis pies se clavaran en la tierra para empujarme hacia adelante.

El viento empezaba a pasar por mi cara mientras que con cada paso tragaba saliva, a la vez que yo corría hacia el bosque.

Mientras hacía algo similar al ermitaño, metiéndome en el bosque, el verde de este, con destellos del blanco azulado de la luna, se pegaba a las hojas.

Aun así, yo desvié mi mirada del verde para fijarme en los troncos de la madera mientras que ahora, por el teléfono, empecé a comandar.

—Bien, Ana, el viejo está a tu izquierda, yo a la derecha, será un ataque en varios ángulos.

—¿Entonces por eso te metiste al bosque, mocoso?

—No empieces ahora con eso, Jumbo.

—Bien, bien, entonces ¿crees que ganaremos?

—Tenemos el factor sorpresa dos veces seguidas, eso ayudará mucho.

—¿Y no hay ningún “pero”?

—Que el viejo haga bien las cosas.

—Bien, bien, esto me vale.

Tal vez la pregunta será cuánto durarán esos imbéciles luchando.

—No te fíes de ellos, cada uno debe tener artefactos con magia artificial, si no, no me explico lo de esa cicatriz.

—¿Entonces ya terminaste con tu sermón?

—Sí, ya está terminando, pero si pierdes, te daré uno el triple de largo.

—¡Jódete!

Con esas palabras, seguía avanzando mientras que Sara movía su mirada de lado a lado por el sitio.

Ella sostenía aquel báculo improvisado a la vez que seguíamos avanzando mientras que mis pasos se hundían en el barro, salían y continuaban en cada momento hasta que finalmente Sara empezó a hablar.

—Oye, Jacob.

—¿Sí, qué ocurre?

—¿Puedo ser útil en esta pelea?

—Lo mejor es mantenerte lejos del peligro, eres la víctima.

—Pero yo quiero ayudar más, por favor, déjame.

—… Con un suspiro, empecé a bajar la velocidad de mis pasos mientras que miré al fondo, donde las luces de neón brillaban más cerca que antes.

Tal vez en 5 minutos pelearíamos.

Tragué saliva mientras miré el báculo de Sara, lo que dibujó una sonrisa mía.

—Dos condiciones.

—Ehh, ¿entonces sí puedo?

—Claro, pero ¿las cumplirás?

—Sí, por supuesto que lo haré, no quiero quedarme afuera.

—La primera condición es que si dos de nosotros tres caemos, usarás el báculo para o golpearlo o destruir su artefacto.

—Ehh, pero eso podría pasar.

Espera, ¿entonces cuál es la segunda?

—Solo puedes salir en ese caso o cuando termine el combate.

—Pero… —No hay más peros, solo hazlo porque es para tu bien.

—Lo que tú digas.

Clavando su vista al suelo, ella solo me sostuvo en el cuello a la vez que seguía avanzando por este bosque.

Con Sara agarrada a mi espalda, ella, sosteniendo mi teléfono en el oído, escuchando algo por el teléfono, empezó.

—Lo veo, estamos dentro de los límites de la ciudad.

Eduardo, ¿aquí se permite el uso de armas?

—En esta parte no, pero úsenlas si él saca una y sobre todo eviten apuntar hacia la ciudad.

—¡Tchz!

Lo que digas.

Entonces yo, desde mi lugar, miré a donde se suponía que estaba Ana, quien se detuvo mientras que el otro tipo se acercaba a ella.

Desde mi lugar solo podía ver la sombra de esta persona.

Entonces yo me detuve, Sara se bajó y tomé de su mano mi teléfono.

—Eduardo, ¿quién de los sospechosos es?

¿Cuál es su arma?

—Es este tipo.

Mostró en el teléfono la foto de alguien con pelo negro, pero también en su cara se mostraban unas escamas que cubrían un poco sus mejillas.

—Él usa una espada bastarda, en las cámaras fue la única arma libre que vi.

—Eso me sirve, pero ahora Ana es quien está en peligro.

—¿Peligro porque el otro usa una espada?

Mejor mira desde donde estás.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Al fin otro capitulo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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