En el mundo desconocido - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- En el mundo desconocido
- Capítulo 11 - 11 R-CAP11Conociendo un poco la magia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: R-CAP11:Conociendo un poco la magia 11: R-CAP11:Conociendo un poco la magia Pero el sol se movió, ocultando su calor y luz.
Mas yo, acostado en el suelo, miraba mi cuerpo que, al levantar la mano, tembló.
—Todavía no puedo levantarme.
Mis ojos se clavaron en la cueva de su oscuridad sin fin.
El cuerpo quemado del oso traía el olor de sus restos, que llegaron a mis narices, y como un temblor de miedo que hizo recuperar mi vida, aquellas manos se pudieron cerrar.
—Al fin.
Saliendo del entumecimiento, puse una mano en el suelo y mi rodilla, que craqueó, tembló.
Sin embargo, eso no impidió que yo me parara.
Por ello, miré hacia la casa.
Pero los árboles se oponían a mí, ocultándola con sus hierbas, con sus ramas y arbustos, como si fueran obstáculos para mí.
Mas yo caminé mientras miraba la cicatriz de mi mano.
—Debo volver.
Gané la batalla contra el oso, pero eso no me salvaría de otra batalla.
Por eso caminé hacia la que debería ser mi casa.
Mas el viento, que hacía cantar las hojas con su paso, golpeó mi piel, erizándola, recordándome algo.
—¡Carajo, estoy desnudo!
Con un giro rápido, miré hacia aquella piedra donde dejé mi ropa escondida.
Aceleré mis pasos y, al llegar, la levanté viendo cómo aquella ropa contenía barro y mugre.
Mas aun así, me la puse.
—En la casa me cambio, ahora no.
Miré una vez más hacia donde estaba la casa e inicié a caminar.
Mas el sonido del río murmurando con el agua me recordó una cosa.
—El libro.
¿Tzch, acaso olvido todo?
Con mi hábil memoria de pollo, caminé por las orillas del río como acompañante de este, y por eso, en cuanto llegué a donde dejé el libro, lo agarré.
—Al fin, estas tonterías se terminaron.
Miré una vez más en el bosque, como si olvidara algo, y el recuerdo de esas cosas brillantes, pero ruidosas, entró en mi mente.
—¡Ja, ni loco!
Yo no quiero seguir ahí.
Me largo.
Con la mirada en el bosque, avancé mientras el viento movía mi ropa, que como el lodo se unía a mi cuerpo, recordándome aquel combate contra el oso.
—¡Grrr!
Y el sonido de mi estómago interrumpió en su momento más inoportuno.
Así que agarré una de las manzanas que colgaban de los árboles e inicié a masticar.
Mientras seguía avanzando y logré ver la casa, solté los hombros.
—Hogar, dulce hogar, cuídame.
Giré la manilla y entré a ese sitio donde, como respuesta al barro y demás, me quité la ropa para dejarla en el baño, además de tirar los restos de manzana al suelo.
—Mañana será otro día, solo no me jodas hoy.
Entonces, puse un pie en aquella escalera que craqueó con su sonido de siempre.
Mas eso me levantaba los labios en una sonrisa.
Al ver mi cuarto, me arropé.
—¡Al fin!
Y acostándome en esa cama, dejé que me atrapara con sus mantas que con su olor me hacían ignorar aquel combate de hoy en día.
—Espero no ser el único que comete estas tonterías.
O tal vez sí, era mejor que fuera el único.
¿Pero quién carajo se enfrenta a un oso desnudo más que yo?
Pero eso, dándome una sonrisa, me dejé llevar por el tiempo, metiéndome en el sueño.
—Ahhhhhhh.
Y con un suspiro, mi cuerpo, dejándose vencer por el tiempo, dolor, cansancio y demás, pudo dormir.
Al día siguiente, cuando abriera los ojos, encontraría mi cuarto como lo había dejado.
Mas al levantar un brazo, como si de un hierro se tratase, no podía levantarlo.
—¿Qué pasó?
Abriendo mi boca, que guardaba un sabor amargo en ella, me daba una razón más para forzarme a pararme.
Mas mi cuerpo, que respondió de la misma manera que mi brazo, se quedaba enterrado en la cama.
—Grrrr.
Con mi estómago molestando, aprendí que era hora de hacerlo.
Así que, apretando los dientes, me paré.
Al hacer eso, al mirar el suelo, se volvía borroso y me pitaban los oídos, forzándome a sentar.
—¿Qué, qué pasó?
Solo me había acostado una noche y he despertado al día siguiente.
Miré mi cuerpo, donde los rasguños estaban cerrados.
Mas mi estómago, gruñendo, y el olor de tierra, sangre y sudor me hacían desviar la mirada, donde no había escape.
—Tchz, veamos si con una ducha esto se quita.
Parándome de nuevo, mis piernas temblaron.
Mas, mordiendo mi labio, bajé las escaleras.
Al llegar donde estaba el baño, entré para dejar que el agua golpeara mi cuerpo.
Con el agua golpeando mi cuerpo, se erizaron los pelos, como si aún estuviera en la batalla.
Mas el sabor de amargura de mi boca bajaba.
Al salir a vestirme, vi la ropa de anoche.
—¿Y esto?
¿Por qué carajos está tan duro?
Tomando la ropa con mi mano, observé las manchas de barro que se pegaron a ella.
Con mis manos, había intentado doblarla, como si eso sirviera.
Mas crujió, pero seguía pegada.
—Tchz, qué mierda.
Al final, tuve que salir del baño desnudo hasta que llegué a mi habitación, donde tomé unas prendas para que al fin pudiera irme a comer.
—¿Cómo se endureció tanto la ropa?
Y como una respuesta a mi pregunta, la manzana que había tirado al inicio de la noche se encontró ante mis ojos.
Su color negro y encogido me hizo levantar una ceja.
Con mis dedos que temblaron un segundo, la levanté mientras el olor agrio de esta entraba en mi nariz.
—¡Qué asco!
Tiré la cosa por la ventana, para después de eso ir a la cocina, donde al sostener el cuchillo y cortar las zanahorias, me preparé para comer.
Pero el olor me hacía sonreír, aunque mi estómago gruñera.
Y aun así, entró una duda en mí.
—¿Cuánto tiempo pasó?
Miré mi mano, que estaba curada desde lo del lobo, pero también recogí un poco el pantalón, donde había algunos rasguños de la batalla.
Y quitándome una sonrisa, estaba todo junto, como si no hubiera ocurrido.
Mas el pitido de la olla exprés volvió a mí.
Esta vez, apagué la olla a tiempo.
—Bien, al menos debería comer.
Puse la comida en el plato, donde al dar la primera cucharada, en mí se formó una sonrisa, mientras que el dulce del desayuno me hacía continuar con otras cucharadas hasta que terminara el plato para después volver a servirme hasta que el estómago se sintió como una bola de hierro.
Alcé la mirada, donde esta se encontró con el bosque.
Un escalofrío recorrió mi espalda, y mirando la cicatriz de mi mano, me apretaba el labio.
Mas, dejando que mis uñas se clavasen en las manos, miré la biblioteca.
—Lo de antes me dejó jodido, esa batalla tal vez me dejó en coma.
Con un temblor ante mi suposición, me paré mientras mi respiración se hizo difícil.
—Pero dije que haría trampas para ganar, es hora de demostrarlo.
Haciendo crujir mis nudillos, caminé rumbo a la biblioteca de la casa, donde me senté en la mesa de trabajo.
—Es hora de experimentar.
Estiré mis brazos al frente, mientras que en mi memoria se formaban las trampas para oso que me daban una sonrisa.
—De haberla usado, sería mucho mejor.
Entonces, miré mis manos, quienes habían usado la arcilla con anterioridad.
—Bien, un prototipo barato y luego una versión compleja, eso haré.
Cerrando mis ojos, encendí el maná como una chispa que se movió por mi cuerpo hasta moverse a mis manos, donde el frío erizó los pelos.
Pero yo continué dejando que saliera la arcilla.
Cuando esta se generó por completo, inicié a poner manos a la obra.
Después de un rato, miré mi creación.
—¿Dónde está el problema?
Tenía mi trampa lista, pero al ejercer presión en el medio, no se cerraba.
Me paré y, con mis manos juntas, apoyé para intentar hundir, pero sin que nada pasara.
—De esta manera no se suelta.
Con mis manos en esta cosa, abrí y cerré de manera manual.
El sonido de la arcilla moviéndose era lo único que tenía sentido.
—¿Qué le falta?
Alzando la mirada al techo, busqué una respuesta que, como un rayo, entró en mi memoria.
—¡Resortes!
Cerrando mis ojos, miré la trampa que carecía de esto.
Cerré mis ojos y, haciendo un proceso similar al de antes, saqué los resortes que puse en el objeto.
—Está listo, es hora de probarlo.
Con un temblor, pero también con una sonrisa, dejé caer una piedra encima de la trampa, que se cerró.
—Eh, pero esperaba más, aunque tal vez por el peso de la arcilla es que no logra generar tanta fuerza.
Si mi conclusión era cierta, entonces ahora podría generar algo mejor.
Entonces, dejé que mi maná saliera de mi cuerpo, acomodándose similar a la trampa original.
—Bien, ¿ahora cómo la activo?
Y como una respuesta a mi autopregunta, alcé la trampa y desde abajo presioné el botón para activarlo.
—¡Crack!
Se cerró la trampa.
Con una sonrisa, miré el objeto, mas también este tenía unas grietas.
—¿Cómo pasó esto?
Sin poder responderlo, decidí tomar el libro de magia por el cual había salido originalmente.
Al mirar en sus páginas, encontré un hecho.
—¿Era necesario reforzar?
Haciendo otra trampa igual que la original, cerré mis ojos.
Dejé que mi magia circulara en el objeto, a lo que este brilló.
—Bien, vamos a probarlo.
Agarrando del lugar de antes, la trampa se cerró y no mostraba ninguna grieta.
—Entonces, ¿pude haber hecho una mejor arma antes?
Mirando al suelo, sentí un escalofrío.
Mas, alzando la mira hacia donde entraba la luz, estaba la ventana hacia el bosque.
—Pero aun así gané.
Con una sonrisa, dejé eso a un lado.
He ganado a un jodido oso y desnudo, ¿cuántos podrían decir lo mismo?
“Rango F” Entró en mí ese recuerdo.
No era hora de presumir, este mundo es violento.
—Entonces, debería prepararme.
Como respuesta a eso, no temblé, sino que me senté donde antes.
Era hora de pulir esto más que antes.
Presioné la trampa nueva un par de veces.
Al cerrarse, solo podía imaginar posibilidades.
—Si pongo esto en el camino de un oso, sería mejor para mí, pero ¿puedo llevarlo al siguiente nivel?
Como una respuesta a eso, enderecé mi postura, mientras que en el libro decidí mirar.
Aún tengo algunas inconsistencias.
—Un metal inferior tuvo más resistencia que este otro.
La cuerda aguantó bastante bien, cargué unos troncos con ella.
Entonces, ¿qué pasa?
Y al leer, encontré una respuesta.
“Debemos usar metales débiles para estar a una mayor cercanía de su resistencia original; mientras más fuerte el metal, más difícil de recrear su dureza original.” —Tchz, qué pasa con esto.
Entonces, miré las tres trampas que había hecho, y otra duda entró.
—¿De qué sirve elegir un material?
¿No sería mejor usar solo arcilla?
Y en el libro, inicié a leer en sus últimas páginas.
—“La magia de creación es la magia más libre, pero su precio es la fragilidad.
La magia elemental es una magia atada a estructuras originales, pero a cambio de esto da más resistencia natural.” —Ya veo.
Alcé mi mirada al bosque, donde me había hecho unas cicatrices antes.
Pero con una sonrisa, hice crujir mis nudillos.
—Este mundo no me vencerá, puedo entrenarme.
¿Qué importa si me he quedado en coma dos veces?
Aún sigo vivo.
Por eso salí de la casa para ser golpeado por el viento que enfrió mis manos.
Mas, como un reto de la vida, seguí erguido.
—Esto se volverá un gimnasio.
En medio del bosque, donde los pájaros cantaron, yo afirmé y con una sonrisa, planeé algo rápido.
—No tengo mucho maná, pero al menos puedo hacer unas mancuernas con lo aprendido.
Me senté y dejé que mi maná hiciera dos palos de metal.
Una vez que se produjeron, sonreí y me paré.
—Ahora tocan los discos.
E imitando a las ruedas de arcilla que usé antes, hice los discos de arcilla.
Encajé cada uno en la barra de metal y, estirando mi cuerpo, me preparé.
—Hoy gano yo, porque sigo vivo.
E inicié a correr hasta que el sudor cayera por mi espalda, hasta que mi corazón palpitara como para salir, como si fuera a vivir cada instante.
Y así el sol pasó de lado a lado hasta que se escondió, no sin antes poner el cielo color naranja.
—Papá, no me he rendido, ni lo haré.
Entrando a la casa, me solté los hombros para caminar a la cama, donde tal vez recupere algunos recuerdos míos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Ya me estoy acostumbrando que esto de la reescritura lejos de acortar mis capitulos normales solo lo alarguen, mas al lector que vea esto le pido que me diga si estoy siendo ultra denso con alguna cosa para revisarlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com