Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el mundo desconocido - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En el mundo desconocido
  4. Capítulo 14 - 14 R-CAP14Aquel verano
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: R-CAP14:Aquel verano 14: R-CAP14:Aquel verano Cerré mis ojos, y al abrirlos, me encontré en un pasado que ya no existe.

Lo primero que sentí fue el sol calentando mi espalda.

Al mirar a mi alrededor, un carro pasó dejando una estela de humo, y una voz aguda me hizo girar.

—¡Mamá, mamá!

—exclamó el pequeño, alzando una mano y señalando una heladería.

Con la otra mano, tiraba de la prenda roja de una mujer que se volteó con una sonrisa.

Su cabello dorado caía hasta la cintura, siendo movido por el viento, mientras acariciaba la cabeza del niño de pelo castaño.

—No te apresures, Jacob.

¡Ya comeremos helado!

—¡Pero, mamá!

¡Lo quiero ahora!

—No, hijo, ahora debemos reunirnos con tu hermano y papá.

—Mmm, ay, está bien, pero que sea rápido.

Al terminar la conversación, la mujer detuvo al niño antes de que siguiera de largo hacia la carretera.

Sacó un teléfono de su bolso y marcó unos números para luego llevárselo al oído.

—Hola, cariño, te estoy esperando al frente de la heladería.

Con esas palabras, colgó.

Poco después, un hombre de cabello castaño apareció.

Era la persona a quien un día llamé “borracho”.

Llevaba de la mano a un niño algo más alto que yo, quien, con su cabello rubio, al vernos, sonrió y alzó la mano en saludo.

El primer niño juntó sus manos como si fueran un megáfono y gritó: —¡Alex, vamos a jugar!

—Todavía no hemos llegado a la playa, Jacob.

La madre, tirándole de un cachete, intervino: —Oye, Jacob, ¿no querías un helado?

¡Vamos a comprarlo!

Cuando llegaron, el padre, junto a Alex, también habló: —Bueno, niños, vamos a comer helado y luego nos dirigiremos a la playa.

El grupo se acercó al lugar mencionado, donde cada uno compró su helado.

El pequeño Jacob, como si fuera un perro, lamía la paleta sin piedad, mientras Alex se comía el helado a mordiscos, como si compitiera contra mí.

Ante esto, la madre soltó una risa y habló: —Es bueno ver que se llevan tan bien, ¿o no, querido?

—Son hermanos, normal que compitan.

Es más, hasta en mis tiempos comíamos tan rápido que intentábamos comernos el helado del otro.

—Y ahí vas con tu clásica competencia.

Menos mal que ellos no lo heredaron.

Mientras los padres reían y los niños competían, se acercaban a su destino.

Al llegar, vi el azul que se mezclaba en el horizonte, uniéndose con el mar.

Cerca, el murmullo de la gente, los grupos comiendo y los niños jugando se sumaban al ambiente.

Al entrar, papá nos advirtió: —Alex, Jacob, ya saben las reglas: nunca ir demasiado lejos, jugar principalmente en la playa y mantenerse cerca de nosotros.

—¡Entendido!

—dijimos al unísono mi hermano Alex y yo, para luego tomar la pelota e irnos corriendo.

Con mi hermano, nos unimos a otros niños de nuestra edad para jugar.

No fue difícil porque había varias familias con las que armamos un partido de fútbol.

Mi hermano lideraba un equipo y yo el otro.

Usamos unas piedras como porterías y medimos una distancia con nuestros pies para que fueran iguales.

Una vez listas, iniciamos el partido.

Comenzamos a correr mientras el sol, las risas y el tiempo pasaban.

El sol se puso naranja, pero aun con el sudor cayendo por nuestra espalda, seguíamos corriendo con la misma sonrisa de cuando empezamos, hasta que finalmente di la última patada que encajó en la portería.

—¡Gooool!

—gritó mi equipo al unísono.

Ese partido había sido divertido, pero era hora de irnos cada uno a su casa.

—Oye, cariño, nosotros nos adelantaremos, toca hacer eso.

—Y guiñando el ojo, afirmó mi madre a mi padre.

—Ja, ja.

Está bien, nosotros daremos unas vueltas, pero prepara eso.

—Respondió mi padre con un guiño.

Mi yo del pasado los miró a ambos y abrió la boca: —Ehh, pero, ¿por qué?

—Ya te lo diré luego —dijo mi padre sonriendo.

Después de eso, mi padre me tomó de la mano mientras avanzábamos hacia la carretera, dejando atrás a mi hermano y madre.

Pero aún así, alzó la mano con la que detuvo el bus para que subiéramos.

Al sentarnos, miré por la ventana, donde pasaba el paisaje y los negocios con sus luces encendidas.

—Papá, ¿por qué estamos haciendo esto?

—Ay, vamos, hijo, te daré una pista: ¿Sabes qué día es hoy?

—Es el 3 de febrero…

ah, cierto, ¡es nuestro cumpleaños!

Ante la respuesta que di, mi papá, sonriendo, me abrazó y me alzó.

—Exacto, hoy cumples 12 años y yo 37.

Con una sonrisa, me puso en mi lugar para esperar hasta que bajáramos del bus.

Al mirar desde afuera, las luces estaban apagadas.

Al entrar, corrí y prendí la luz, aunque al mirar la mesa de la sala de estar, lo único que contenía era la decoración.

—Papá, ¿y mamá?

—No lo sé.

Pensé que tendrían las preparaciones listas.

Tal vez solo se están demorando.

—¿Estarán bien?

—Sí, eso creo.

Con un temblor, miré debajo de la mesa.

—No están aquí.

—Por supuesto que no, Jacob.

De haberlo estado, ya hubieran dado la sorpresa.

Tragando saliva, moví mis pasos hasta la cocina, que tenía platos sucios en el fregadero, olvidados después del desayuno.

Como si un sudor cayera por mi espalda, entré en la habitación de Alex, donde estaba su cama tendida; sin embargo, no había rastro del balón de esta mañana.

Al salir del lugar, mi padre me miró y, soltando sus hombros, dio una idea: —Llamémoslos.

—Cierto, creo que me estoy preocupando por nada.

Y con una sonrisa que no se concretó, mi padre sacó su teléfono.

Sus dedos temblaron al marcar y, al escribir el número, soltó un suspiro para luego poner el teléfono en su oído.

Este sonó, sonó y sonó, pero no hubo respuesta.

Con un nudo, mi yo del pasado habló.

—¿Pa-Papá, por qué mi mamá no contesta?

—N-no, ahh, no lo sé.

—Buzón de correo de voz.

Colgó el teléfono.

Mi padre apretó el puño mientras desviaba su mirada de mí, pero al tener una idea, abrió los ojos para mirarme.

—Cierto, ¿tu hermano llevó el teléfono?

—Ah, claro, papá, ¡llámalo!

Otra vez, con sus dedos temblorosos, marcó el teléfono.

—Brrr —sonó el teléfono.

Suspiramos mientras nos mirábamos.

Sin embargo, —Ringggg.

El sonido del teléfono provino de la habitación de Alex.

Solo nos quedó cerrar la boca mientras nos sentábamos en la mesa, sin poder vernos.

—Ringggg.

Aunque otro teléfono sonó, a lo que mi padre se paró tumbando la silla donde estaba para ir a tomarlo.

Yo repetí lo mismo con tal de seguirlo, pero al tomar el teléfono, mi padre, casi arrancándolo, se lo puso en la oreja.

—¿Quién es?

Sin embargo, él se cayó mientras que las palabras que no escuché hicieron que desde el suelo apretara el teléfono.

Y con una lágrima que se escapó, él habló: —¿Qué?

—¡Papá, quién es!?

—¡Nos vamos ahora!

Poniendo sus manos en el suelo, se levantó y corrió a la calle, donde miró de lado a lado mientras sus uñas se clavaban como si eso fuera de ayuda.

—Papá, ¿quién, quién era?

Con esas palabras, esas lágrimas salieron.

—Ahh, tu madre y tu hermano…

ahh…

están en el hospital.

—Ehh, ¿mamá y Alex estarán bien?

Con mi mano que tembló, la alcé como si pudiera limpiar esas lágrimas, a lo que mi padre sonrió y miró al frente.

—Están graves…

ahh, ah, pero todavía hay esperanza.

Como respuesta a eso, aquel vehículo amarillo pasó por delante de nosotros, y mi padre, alzando su mano, lo detuvo para entrar.

El conductor nos preguntó: —¿A dónde los llevo?

—Al…

al hospital.

—Entendido.

El taxista tomó el volante y miró por el retrovisor.

Nos vio, suspiró e inició la marcha.

Al avanzar, vio cómo los carros comenzaban a amontonarse y, asintiendo, giró por otro camino.

—Esta ruta nos llevará más rápido.

Entiendo cómo se sienten y espero que los ayude.

—Gra-Gracias.

Con esas palabras, mi padre intentó mantener su fachada, mas las lágrimas caían, y yo, incapaz de verlo, tragaba saliva hasta que el lugar blanco apareció.

Apenas el taxista se detuvo, pagamos y nos bajamos.

Corriendo, entramos al lugar donde las luces blancas golpearon nuestras ahora oscuras vidas.

Mi padre, en la recepción, habló a la persona encargada: —Ahhg, señorita, mi esposa e hijo entraron a la UCI hace poco, ¿cómo van ellos?

La señorita movió algunas cosas en la computadora y revisó los detalles.

—¿Usted es el señor Méndez Esteban?

—Sí, señorita.

—Su esposa, Laura, está en operación, al igual que su hijo, Alex.

—Ahggh, ¿qué carajos fue lo que les pasó?

¡Ellos no estaban haciendo nada malo!

—Según lo visto, fueron atropellados por un carro.

—¿Atropellados?

¿Cómo coño puede ser eso?

¿Quién es el loco que lo conducía?

—Parece que fue un grupo de ladrones; estos ya fueron detenidos y ahora están encerrados.

Para el día de mañana, tendrán el juicio.

—Ojalá esos bastardos lo paguen, gracias por la información.

Y mi padre se sentó en las bancas de metal, donde yo también lo acompañé, sintiendo el mismo frío que él.

El tiempo pasó de manera que la noche se escondió para que llegara la luz del sol.

Un hombre de bata salió caminando hacia nosotros.

—Señor Méndez.

—Doctor, ¿cómo están mi esposa e hijo?

Desviando su mirada y tragando saliva, dio las noticias: —Señor, pese a nuestros esfuerzos, las heridas de su esposa e hijo eran mayores a lo que podíamos hacer.

Las hemorragias no pudieron ser tratadas, y esto generó la muerte de su esposa a las 4:53 a.

m.

Su hijo pasó el mismo destino a las 5:03.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Pasando de 1797 a 1600, perfecto al fin un recorte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo