Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el mundo desconocido - Capítulo 15

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En el mundo desconocido
  4. Capítulo 15 - 15 R-CAP15Un dolor
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

15: R-CAP15:Un dolor 15: R-CAP15:Un dolor —¡Mamá!

Fueron las primeras palabras que solté al ser traído a la habitación de madera, donde mi vista chocaba con la pared antes de bajarla.

El frío que emanaba de mis ojos hizo que todo se viera borroso; pasé mi mano como un intento inútil de detenerlo.

El canto de los pájaros me hizo mirar por la ventana: solo veía verde, café y el sol brillando, ignorando este pasado.

—Alex…

Como un susurro, solté ese nombre, mientras que las risas en mi memoria eran lo único que de él vivía.

—Mamá…

Su pelo dorado y el recuerdo de ella acariciando mi cabeza eran destellos del pasado, cuyo calor presente ardía como una herida.

—Papá…

Aquella última persona que me abrazó, con su olor a alcohol y cabello desordenado, era lo que quedaba de él.

Pero otro nombre entró en mis recuerdos: —Jonathan… El nombre de un amigo con quien sonreía y competía hasta el punto de hacernos promesas.

—… Miré por la ventana a los pájaros que cantaban en sus nidos y emprendieron vuelo al cielo, ignorándome de tal manera que yo solo podía ver, mientras ellos no.

Sentándome una vez más en la cama, dejé que esta me consumiera, y al quedarme ahí, mi pecho se apretaba.

El tiempo pasó hasta que las aves dejaron de cantar y, en cambio, mi estómago gruñó.

—Grrrrrrr Me doblé para mirar la puerta.

Sin más opción, me levanté una vez más y empecé a arrastrar los pies, dejando que mi vista solo viera los tablones.

Al salir de la habitación, la madera crujía, pareciendo dar su saludo habitual.

Decidí bajar hasta la cocina, donde preparé el desayuno.

El humo de la cocina cubría mi cara y el último nombre seguía en mi mente: —¿Qué pasó entre eso y mis dieciséis años?

La única respuesta a esto era que lo superé, pero ¿por qué al pensar en el rostro de mi familia mis dedos tiemblan, salen lágrimas y se forma un nudo en mi garganta?

Dejé mi mirada salir hacia el bosque, con sus árboles clavados como ejércitos fuera de este lugar; solo me observaban sin moverse ni prestarme atención.

Aquellos zorros de color rojizo caminaban de un lado a otro mientras cazaban.

Solo miré la comida.

Tragando saliva, me serví aquel desayuno.

Al hacerlo, dejé que mis recuerdos me llevaran al ejército, donde, incluso sudado, traicionado por aquel científico o algo más, no me rendí, lo que me lleva a una conclusión: —Tal vez sí lo superé.

Alcé la mirada hacia el techo de madera mientras dejaba que mis recuerdos pasaran de un lado a otro, a la vez que mis dedos inquietos, clavados en la mesa, no hallaban respuesta.

—¿Cómo lo hice?

Finalmente, solté los hombros y di una cucharada al plato, mientras arrugaba la cara.

—¿Y el sabor de esto?

Con la sal en mano, apliqué más para seguir comiendo, pero al dar la siguiente cucharada, seguía igual.

—¡Qué asco!

Y parándome, dejé el plato a medias, mirando una vez más las afueras de la casa como un intento de escape.

Me puse de pie para ir afuera, donde la brisa fría acarició mi cara.

Miré mi mano mientras el bosque hablaba en silencio con sus pájaros cantando, mariposas volando y tocando la madera de la casa, y aun así, nada era para mí.

—Es hora, cierto, es hora de hacer ejercicio.

Miré la casa que me apretó el corazón.

Cerré los ojos y empecé a correr en círculos mientras el calor de mi cuerpo subía, el sudor caía, el cielo ardía en mi espalda, pero me detuve.

—Ah…

Ah…

Ahhh.

¿Solo diez vueltas?

Di unos pasos más hacia la casa, pero sus rostros entraron en mi mente.

Me giré mientras miraba al bosque y empecé a avanzar a la vez que el sudor frío caía de mí.

Alcé la mano y vi la cicatriz.

Tragué saliva mientras me recostaba en un árbol.

—No quiero recordar.

Alcé la mirada al cielo, pero esto seguía apretando el corazón; mi respiración irregular no dejaba de suceder y me mordí los labios para cerrar los ojos.

—Mejor hago algo diferente, sí, sí, como las trampas.

Y el maná, con su calor, empezó a fluir a mis manos, formándose, creando una forma, mas cada latido de mi corazón torcía esto, varias veces, hasta que solo me quedó suspirar.

—¡Agh!

Es el quinto…

¿Qué carajos?

Me paré y empecé a caminar por los alrededores de la casa; la hierba me consumió los pies, calló mis pisadas y, sin pensarlo más, quedé en el suelo.

—Ahhh…

ahhh… ¿Por qué debo recordarlos?

Miré aquella casa donde nadie me espera, donde podría morir y nadie lo sabría.

Lo único que queda en esta vida es el contrato.

—¿Quién fui para superar eso?

Miré mis manos, temblaron, pero el recuerdo de Jonathan y mi vida en el ejército era prueba de que siempre pasaron más cosas.

Me estiré viendo ahora la copa de los árboles, donde detrás de ellos quedó el cielo; solo pude soltar un suspiro.

—Espera, ¿pero y papá?

Mis prioridades cambiaron, pero si pude levantarme en ese entonces, ¿por qué no podré hacerlo ahora?

Me senté un instante, donde al fin respiré normal.

—¿Qué me dirían todos ellos?

Aquel recuerdo de mi hermano con la pelota en la playa volvía a mí, seguro me pediría una competición.

Puse una pierna como para levantarme, y la cara de papá entraba con alguna frase que seguro se quejarían que no era hora de competir, sino de avanzar.

Una sonrisa se inició en mí y el recuerdo de mamá entraba, seguro nos diría que debíamos apoyarnos para continuar.

Pero mi hermano ya no está aquí para hacerme competir, ni papá para intentar detenernos, menos aún mamá tratando de unirnos.

Y sin embargo, miré mi mano que no tembló, mis hombros sueltos y por fin, solo como si fuera una aguja que pasaba, mi corazón quedó ahí, pero con la mirada al cielo, con una sonrisa.

—Avanzaré, cumpliré ese contrato y finalmente seré libre.

Ya no había nadie más para mí, y aun así, solo me senté mientras tomaba una de las trampas anteriores, mas un recuerdo volvía a mí.

—Espera, yo manejé armas de fuego.

Tal vez debería intentarlas.

Una pistola es mejor que una trampa, así que me di la vuelta hacia la casa.

Aquellos rostros volvieron a mí, mas solo continué mientras que al entrar en la biblioteca dejé que mi vista se clavara en los libros.

Cada título hablaba sobre razas y demás, pero solo podía arrugar la frente al no encontrar lo que quería.

—Bueno, tocará deducir.

Caminé al escritorio donde la luz de la ventana alumbraba aquellos cuadernos.

Tomé un lapicero y empecé a escribir.

—Mi rifle impulsaba una bala gracias a la pólvora de cada cartucho, pero…

¿y si ahora solo lo impulso con la magia de fuego o viento?

Y empecé a dibujar el arma.

Mis manos se movían en la hoja, pero cada vez que hacía una línea la comparaba con otra para darme cuenta del pésimo dibujante que soy.

Solté un suspiro, mas con la vista clavada, continué.

—Vamos a ponerlo en práctica.

Cerrando los ojos, como siempre, la magia con su calor formó el arma hasta quedar en mi mano.

Era como un palo, apenas más grande que mi mano.

La luz pasaba por los huecos de los casquillos y con una mano los giré.

Un revólver hecho por un novato era esta cosa, que no pudo quitarme la sonrisa.

—Es hora de probarlo.

Salí de mi casa y apunté a una manzana.

Intenté usar mi magia de viento en el cañón del revólver, y este hizo un retroceso que mi mano apuntó arriba, mas la manzana no recibió nada.

—Ehhh, espera, aún no he realizado siquiera las balas.

Dándome una palmada en la cara, otra idea entraba a mí: —Al menos servirá para golpear.

Sacando pecho, caminé al árbol, puse la parte de atrás del arma y golpeé con todas mis fuerzas, mas un crack de esto quedó, sus partes se soltaron y miré el arma.

—… Caminé a la casa, ¿quién carajos olvida los principios?

Y miré mi reflejo en la ventana.

Hice lo necesario dentro para al fin salir con un arma nueva, apunté a la manzana y disparé.

—¡PUM!

Pero no impactó.

—¿Tendré muy mala puntería?

Y la realidad me golpeaba con otra cosa: —Agh, genial, otro tipo de entrenamiento.

Mas cuando intenté guardarlo en la cintura, miré el revólver una vez más.

—Espera, tal vez mi revólver no esté recto.

Entré a la casa, donde tomé una regla y la puse al borde del arma, donde el desnivel hacía que no pudiera quedarse junta en todo.

—Ah carajo, esto ya es la tercera vez en el día.

Con una regla empecé a hacer la forma de la nueva arma, pero cuando cerraba los ojos, se volvía a torcer.

—Tchz, ¿cómo puedo hacer que tengan la forma que quiero?

Miré mis manos, donde la cicatriz con el lobo me hizo sentir el sabor amargo de la sangre, pero también volvía a mí el recuerdo del oso donde usé algo fundamental.

—¡Arcilla, perfecto con eso!

Dejé que la magia hiciera su trabajo, con una regla rectifiqué y sacando pecho, empecé la otra parte.

—Aquí vamos.

Cerré los ojos, el calor de mi maná tomó la forma del molde y el arma quedó.

—Bien, ahora vienen más balas.

Cerré los ojos una vez más, pero el sudor y una sensación amarga que provino de mi estómago surgieron; apreté los labios y solté los hombros.

—El límite de magia, tzchs, hasta esas trampas usan maná.

Dejé mi mirada en el bosque donde el zorro movía su cola de lado a lado caminando entre el prado, donde se metió en un arbusto y con una risa puse mi codo en la mesa donde dejé caer mi cara en la palma.

—Bueno, al menos creo poder avanzar.

El zorro entre los arbustos continuaba en su búsqueda de comida, pero ¿yo?

Tenía unas dudas que a diferencia de él no sabía cómo responder: —¿Con quién firmé este contrato?

Luchar contra bestias, pero ¿por qué sería ese mi pago?

Los científicos dijeron que no había solución para mi debilidad, ¿esa fue la razón para firmar?

Pero aun así, ¿cómo lo soluciona ese contrato?

—Un problema se soluciona y otro inicia; agh, ¿cuándo terminarán?

Mi mirada en el bosque solo pudo perderse en aquella oscuridad que hasta en el cielo se formaba.

Me levanté y empecé a caminar al cuarto donde solo la noche me da respuestas de un pasado.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 De 1684 pasamos a 1770, ya me debo rendir en recortar, no es lo mio xD

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo