En el mundo desconocido - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 R-CAP17Una caminata
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17: R-CAP17:Una caminata 17: R-CAP17:Una caminata Mis ojos salieron del pasado para encontrarse con la madera del presente.
Yo solo me senté en la cama con la cara en el suelo y dejé salir unas palabras: —Seis meses, todo eso tomó seis jodidos meses.
Apreté mis puños mientras el recuerdo de cómo los usaba para golpear me apretaba el corazón.
Dejé mi vista escapar al cielo donde las nubes permitían la luz del sol gracias a su ausencia, mas al mirar ese cielo, solo me entró un sabor a hierro en la boca.
—Supongo que ninguno de los dos esperábamos lo de mamá y Alex, ¿verdad, papá?
Mas al bajar la vista, esta se encontró con el bosque al que había sido traído.
Solté mis puños a la vez que el nombre de alguien pasaba por mi mente.
—Jonathan, como siempre un buen amigo, ¿pero por qué me trajeron a este bosque?
¿Para qué es esa tarjeta?
Me paré de la cama e inicié a caminar con mis pies descalzos que, al tocar la madera, tronaban y me daban un frío en los pies.
Aun con esto, en el escritorio miré una vez más la carta; no había nada que no hubiera leído.
Tomé la carta, donde el color dorado reflejó la luz que entraba por la ventana, mas aun en sus inscripciones no había nada.
—Espera, ¿y si es un idioma, o un método de cifrado?
Jonathan estudió ciberseguridad, tal vez esto era algo relacionado con ello.
Con una sonrisa, dejé que mis pasos, como el viento, hicieran crujir la madera.
Al bajar las escaleras y llegar a la librería, dejé que mi vista se moviera por los estantes.
La información de cada titular no mostraba nada más que historias, grandes batallas del pasado, pero ningún idioma, método de cifrado ni lo que necesitaba.
Apreté los puños mientras salía de la biblioteca para hacer la rutina de siempre, donde me ponía a comer para después salir a entrenar.
Dejé que el tiempo pasara mientras el sol me quemaba la espalda como una punzada constante; este atravesaba la ropa para lograr llegar a mí.
Aun con esto, solo movía mi cuerpo, bajaba y subía hasta terminar la última serie.
—Veintinueve y treinta.
Pasé una mano por mi cara quitando el sudor para después dar una respiración profunda, mientras el sudor volvió a mi cara.
Miré mis manos una vez más.
—¿Cómo estoy avanzando tanto?
La mera pregunta me hizo abrir y cerrar las manos, donde al cerrarlas apreté lo más que podía mientras estas temblaron.
—Sí, realmente estoy avanzando, ¿pero cómo?
Miré al cielo como si este me diera una respuesta, mas lo que me recibió fue el viento mientras en mi mente me hacía una idea.
—Debo prepararme para ese contrato.
Caminé a mi casa mientras buscaba lo justo, pero necesario para mí en este momento.
Con una sonrisa, tomé el invento de ayer, metí unas balas en su recámara para después salir de la casa.
Al llegar afuera, tomé el arma con las dos manos, puse los pies a la distancia de los hombros mientras dejaba que el maná, en forma de llama, naciera del corazón.
Con un latido, este se movía a mis manos para ser traspasado al metal, donde la presión del arma aumentaba.
—¡BUM!
El sonido de la bala recorriendo el aire golpeó donde tenía apuntado.
—Al menos sí conservo puntería, entonces.
Apunté con el arma e inicié a disparar de nuevo, pero esta vez a un árbol más lejos, en el fondo del bosque donde las ramas se movieron con el viento.
Donde al mirar del suelo hasta donde este árbol se encontraba, puse el cañón apuntando a su tronco para después dejar que la magia hiciera lo suyo.
—¡BUM!
Mas la bala no golpeó esta vez donde quería.
Solté los hombros mientras caminé al frente, donde inicié a medir la distancia desde donde disparé.
—Supongo que era de esperarse; fui francotirador y no un pistolero.
Me paré donde había golpeado la bala, alcé mi pulgar e inicié a calcular cuántos metros eran.
—30 metros, nada mal, ¿pero puedo hacerlo mejor?
Con esa pregunta, caminé al sitio donde inicié a disparar, agarré el arma mientras dejaba que el maná se iniciara a acumular una vez más, pero entonces levanté una ceja.
—Ah, cierto, estoy usando magia; tal vez pueda usarla de otra manera y no solo empujando la bala.
Dejé que el maná estuviera en todo el cañón, empujaba la bala al fondo de manera que la pistola me empujó la mano y yo debía apretar el arma mientras también hacía presión con la bala para salir.
Entonces dejé de presionar la bala al fondo, usé todo el cañón para ahora impulsar la bala.
—¡BAM!
El arma se levantó hasta que apuntó al cielo, el sonido del arma era más potente, mas sonreía al ver cómo había dado donde quería.
—Ajá, si lo hago así puedo lograrlo.
Entonces miré mis alrededores, los diversos árboles y posibles ángulos que apuntaran al lugar donde quería.
Con una sonrisa me puse de espaldas contra uno de estos, para después ponerme en la postura de antes y dar el tiro.
—¡Bum!
E inicié a entrenar desde diversos ángulos.
Con cada tiro que daba en el tronco, otra sonrisa se formaba hasta que noté los límites de la magia.
Dejé que el aire se moviera por el cañón y dentro de esto, mas cuando salía, mi arma apuntaba hacia arriba.
—Este es el límite.
Sí, aunque dirigir mis balas donde quisiera suena muy atractivo, hay un problema cuando enfrento algo.
—Una vez que sale del cañón, no se puede desviar más.
Mas con una sonrisa, caminé en el prado hasta la casa donde me metí a la biblioteca, e inicié a hacer las trampas para osos, donde con cada una de estas salía más fácil que la anterior.
Con esta rutina de entrenar mi cuerpo y mi magia estuve un mes en la cabaña, mas un día con mi brazo apoyado en el escritorio y yo encima de él, miraba cómo el cielo seguía brillando mientras aquí encerrado me quedaba.
—¡Ahhh, qué aburrimiento!
Me levanté y dejé que mis ojos se movieran dentro de la biblioteca donde los libros de historia acumulaban polvo; los de magia fueron los únicos que saqué.
Entonces me paré e inicié a caminar para tomar un cuaderno.
Al agarrarlo miré por la ventana, asentí mientras caminé para abrir la puerta y salir de la cabaña.
Mas antes de salir, tomé el revólver, las trampas, el catalizador y una maleta donde puse todo lo anterior.
Salí por la puerta de mi casa; el cielo cayó con su brillo sobre mi cara, mas yo decidí seguir al frente donde la sombra de los árboles cubrió esos rayos con el verdor de sus hojas.
Moví mi mirada en el sitio para ser recibido por los pájaros a diferencia del silencio de cuando estuvo el lobo.
—Estaré pendiente de eso.
Tal vez es una pista.
Caminé por el camino donde había enfrentado al oso, donde cada pisada mía se hundió en el verdor de la naturaleza de tal manera que sofocaba mis pisadas, mas el sonido del río moviendo el agua me hizo caminar hacia este.
Miré el agua donde la luz llegó a reflejar el cielo, pero aun así podías distinguir las piedras del fondo, cómo se movían los peces lo que hacía que las aves cayeran al agua, mojándose para luego salir del agua con un pescado en el pico.
Yo, por mi lado, caminé hacia los árboles de donde tomé una manzana para después morderla mientras el dulce se esparcía por mi boca.
—Hummm, qué bien sabe.
Mordisqueaba la fruta que había tomado.
Todavía no encontraba algo que me hiciera querer sentarme a dibujar, pero salir a caminar y comer algo distinto era mucho mejor que solo quedarme en la casa.
Caminé mientras seguía el río; mis compañeros: el canto de las aves, el murmurar del río, los árboles que en formación de ejército cubrían el terreno, el viento que hacía cantar las hojas, todo hasta con su brisa evitaba mi sudor.
Mas cuando seguía mirando al fondo, siguiendo al río, abrí los ojos.
—¿Qué…?
Bello.
Los árboles en formación circular dejaron un hueco como si hubiera un cráter, cada árbol delimitando como un guardián al pozo, y este pozo era llenado por el agua del río donde caía y formaba una catarata.
Yo, con una sonrisa y un temblor, miré hacia el cráter donde en el fondo se volvieron a formar otros árboles, continuando con su eterno verdor.
A lo que me paré cerca de la cascada y alcé la voz.
—¡HOLAAAAAAAA!
Con ese grito mi voz se esparció de lado a lado y el eco volvió con igual o mayor potencia.
—Maldición, ojalá pudiera verlo desde allá abajo.
Miré al cielo donde el sol ya daba más de mediodía.
Miré al fondo mientras apretaba las manos.
—Ojalá tuviera tiempo de bajar, pero no hay que lamentarse.
Bajé mi maleta e inicié a poner mis cosas.
Coloqué diez de mis trampas a mi alrededor, saqué el cuaderno y lapiceros e inicié a dibujar este lugar mientras el sol caía en el cuaderno como un reflejo, me cubrí la cara, pero eso no quitaría al sol.
Entonces cubrí el cuaderno con mi cuerpo, e inicié a dibujar.
Movía mi mano de lado a lado, apretaba el puño con una sonrisa, mas el trazo temblaba.
—¡Aggghhh!
¿Por qué no me sale bien?
Ojalá tener la habilidad de poner esto en un dibujo.
Me mordí el labio mientras intenté hacerlo mejor moviendo más el lapicero.
—¡AUUUUHHHHH!
Pero eso sonaba como un lobo, sin embargo, no era su aullido clásico, sino que era un sonido de dolor y había sido cerca.
Alcé mi vista, era donde había puesto la trampa.
Me levanté.
—Cierto, aquí no es buen lugar para dibujar.
El lobo que había caído en la trampa era gris, más grande que el otro lobo, junto con ojos rojos que me miraron.
Inició a correr hacia mí, y con ello salieron más.
Agarré el arma y disparé contra el más cercano, terminando con su vida.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Bien aqui una nueva revision,milagros,pasamos de 1517 a 1692
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