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En el mundo desconocido - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 R-CAP18Esa batalla
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18: R-CAP18:Esa batalla 18: R-CAP18:Esa batalla Sus pasos se aceleraron, pero el sonido de las trampas impidió que algunos pudieran avanzar.

Yo sonreí mientras agarraba mi maleta y movía los ojos de lado a lado; sin embargo, un sudor frío rodaba por mi mejilla.

—¡Maldición!

Los lobos me rodearon, mostrando sus colmillos mientras avanzaban lentamente.

Yo di un paso hacia atrás para mirar detrás de mí, y al ver el suelo, como si la gravedad me hiciera caer, mi corazón palpitó.

Me mordí un labio para mirar al frente.

Se amontonaban y mis opciones disminuían.

El recuerdo del viejo lobo vino a mi mente.

¿Repetir eso?

No.

Entonces saqué la pistola.

—¡BAM!

Con su clásico sonido, mi revólver se levantó, matando al lobo.

Los demás lobos se detuvieron; sin embargo, al ver caer al lobo, se lanzaron.

Yo me tiré a rodar en dirección al lobo, pero los otros solo fueron a morder donde yo estaba.

—¡Bien!

Apreté mi arma una vez más contra uno de los lobos que se agachaba nuevamente para saltar.

Se repitió lo del primero.

Aun así, al volver a apuntar, los lobos se dispersaron rumbo a los árboles, donde, al esconderse, hicieron mover los arbustos.

Clavé mis uñas en mi mano mientras movía mi vista hacia el sitio donde la luz del sol ya no llegaba.

Me puse de pie y empecé a moverme.

Agarré la pistola con dos manos, y con cada paso que daba, el sonido se silenciaba por la hierba.

—Si están en la hierba, ¿cómo los saco sin ser capturado?

Miré el río que dividía la zona.

Con una sonrisa, dejé que la magia fluyera de mi corazón como siempre y llegara hasta mis piernas.

Un recuerdo del ardor dentro del músculo me hizo apretar los dientes; sin embargo, al saltar al otro lado, apagué la magia.

—Nada de exagerar, solo lo justo.

Entonces, alcé la vista contra el escondite de los lobos para ser recibido por sus gruñidos.

Con una sonrisa, vi cómo estos arbustos se movían.

Apunté al arbusto más cercano, donde recordaba a un lobo.

Pero cuando me disponía a dejar que la bala saliera, el aullido de uno de los lobos me hizo apretar el arma más fuerte.

—¡Bam!

Salió del cañón.

Yo apuntaba al arbusto más cercano que estaba frente a mí; uno de ellos aulló y en ese instante la mayoría cruzó.

Y donde disparé, se volvió a mover.

Solté los hombros, pero chasqueé la lengua.

¿No estaba muerto?

En ese momento, las pisadas de otros lobos llegaron, y el primer lobo me sacó a la fuerza del trance con su cuerpo.

Con un salto me derribó, clavó sus garras en mi pecho, hundiéndolas, pasando por la camisa hasta sacar unas gotas de sangre.

—¡Ahhh!

Grité.

Apreté los dientes y, usando mis manos, agarré su cabeza mientras mis brazos temblaban al sujetarla.

Él solo abría la boca con un olor amargo de donde goteaba saliva, y junto a los otros lobos que llegaron, me hicieron volver a gritar.

Miré abajo y ahí estaban, mordiéndome las piernas y los brazos.

Con un temblor, mantuve el agarre del lobo a la vez que mantenía mi vista en sus ojos rojos.

Con un movimiento, hice que este mirara hacia atrás con un crack en su cuello, para después caer al suelo.

Los lobos miraron, pararon y volvieron a morder, jalando aún más la ropa.

Entonces, sentándome, dejé que la magia de vitalidad se moviera al ritmo del corazón.

Golpeé a un lobo, este retrocedió.

Di dos patadas, los lobos me soltaron.

Se alejaron un instante donde yo me levanté.

Ellos intentaron lanzarse en contra de mí, pero yo, con el arma, di un tiro hacia el más cercano.

Apreté los dientes para seguido rodar por esa zona dejando atrás los lobos.

Con una sonrisa, salté por encima del río.

Y los recuerdos de la batalla con el oso volvieron.

—Al menos ellos no tienen la fuerza para tumbarlo.

Por esa misma razón, me agarré del tronco de un árbol y lo escalé en segundos, cortando el viento gracias a la magia.

Una vez que estuve en la copa, solté los hombros para ver dónde me habían mordido.

Puse mi mano en las heridas donde la magia elemental dejó que el agua cayera, y con la otra mano, la magia de creación sacó unos vendajes que puse en mi pierna.

Si voy sin pensarlo, me morderán hasta el cuello, entonces no puedo repetir lo de ese lobo, pero no estoy igual de armado que contra ese lobo.

Así que alcé mi arma mientras me movía, pero solo podía sentir cómo se hacía una presión en mi estómago.

—¿Y los lobos?

Tragando saliva, miré la copa de otro árbol.

Dejé la vista caer para ver dónde estaba el tronco; no parecía lejos.

Entonces, encendí la magia de vitalidad, dejando que la presión fuera a mis piernas.

La rama donde estaba se rompió, pero agarré la otra.

“Los lobos son seres con buenos oídos y olfato, se caracterizan por su buen trabajo en equipo y son bastante ágiles.” Eso recordaba del libro.

Quedarme quieto no era una opción.

—Grrrr… Un sonido que vino de los árboles.

No fui silencioso al moverme.

Me giré, pero donde estaba parado, se quebró.

Ahora yo caía, pero al tocar el suelo las ramas de un arbusto redujeron la caída y aproveché para rodar.

Los demás lobos se tiraron, pero el frente seguía despejado.

Sin embargo, cuando estaba a punto de usar mi magia vitalista para correr más rápido… —¡AHHHHH!

El crujido de mi pierna se hizo presente, el dolor me hizo morder la lengua.

Miré al suelo viendo mi propia trampa y los lobos no perdieron la oportunidad, así que miré atrás.

Alcé la mano, disparé, uno murió y los demás venían para después tumbarme como antes.

Al momento en que iniciaron a morderme, daba patadas mientras el sudor de mi cara seguía cayendo.

Así que dejé mi magia vitalista en mis brazos donde el dolor de sus mordidas y mi poder solo me hacían abrir los ojos, pero sus dientes seguían clavándose en mi cuerpo.

Ellos no retrocedieron, pero yo tampoco.

La magia salió de mi mano formando una cuerda y un fuego era su complemento.

E igual que con el oso, empecé a moverlo.

El primer latigazo hizo que retrocedieran.

Yo, arrastrándome, me moví hacia atrás, dejé que mi látigo se moviera de lado a lado a la vez que ganaba espacio; sin embargo, ellos empezaron a moverse dando un paso.

Yo ataqué a ese, pero mi látigo no llegó y los demás lobos empezaron a acercarse por otro lado.

—Mierda, debí entrenarlo más.

Pero cuando ellos estaban a punto de morderme, una idea vino a mí.

—¡Un peso al final de la cuerda!

Y dejé que la magia se apilara ahí.

Tragué saliva mientras se hacía un nudo en mi estómago.

Los lobos se acercaron con sus pisadas lentas hundiéndose en el prado, pero yo esperé hasta tener a uno lo suficientemente cerca.

Golpeé, pero no con el final sino con el medio, y el peso se envolvió en su cuello.

El olor a quemado y humo salieron de él.

Apunté con el arma.

—¡BAM!

El animal cayó.

Ahora los lobos retrocedían mientras yo avanzaba con el látigo en mano.

Volví a disparar, pero nada salió.

—Mierda, debí recargar antes.

Ellos se abalanzaron.

Esta vez decidí volver a usar magia vitalista, pero no para golpear.

El lobo más cercano saltó a mí, retrocedí un paso y lo agarré por la pierna.

Giró su cara sacando los dientes, casi moviéndose para morderme, pero lo moví hacia los otros lobos golpeándolos entre sí para después soltarlo contra un árbol donde el crujido de sus huesos llegó a mí.

Con el látigo generé distancia, pero el dolor en mi pierna seguía haciéndome tragar saliva, pero ahora tendría oportunidad de hacer algo.

Con la distancia que tenía solo me quedó soltar los hombros, y usé la magia vitalista de mi pierna centrándome solo en la pierna que no estaba herida y agachándome en un salto agarré las ramas de un árbol.

Colgando de ellas, me subí para sentarme.

Saqué mis balas y las puse en mi tosco revólver.

Una vez listo, decidí bajar antes de que pasara lo de antes.

Mi vista se movió en el verdor donde los enemigos se escondieron.

—Aquí vamos de nuevo.

Cayendo con la pierna que estaba bien, terminé rodando a medias y salieron de sus escondites.

De pie, con mi látigo de fuego, golpeé a los animales.

Con el arma, disparaba en cada oportunidad dejándolos morir mientras yo tenía que estar arrodillado evitando que el escalofrío de mi espalda no me hiciera temblar.

Esta escena duró hasta que pude terminar con todos los lobos.

—Ahhh, ahhhh… Sonreí mientras mi respiración se regulaba.

—Jajaja, gané y sin el catalizador.

Y dejé que mi cuerpo tocara el suelo donde solté los hombros para mirar a mi alrededor: los lobos muertos, pero el dolor en mi pierna seguía.

Me arrastré al arroyo donde dejé que mi mano tomara un poco de agua que bebí.

El tiempo pasaba al igual que las nubes del cielo se movían y el dolor dejaba de estar presente.

Las estrellas iluminaban el cielo mientras acompañaban a la luna que, como siempre, había visto mis éxitos y mis fracasos.

Ahora me había visto ganar una vez más y con más contundencia que antes.

Cuando estaba cerrando mis ojos en ese sitio, un pensamiento volvía a mí.

—¡Espera, esto no es un lugar para dormir!

Sentándome en un segundo, el dolor de mi pierna golpeó, haciendo que no parara.

—¡Pues arrastrándome me voy!

Así que, con mi cuerpo, dejé que se moviera entre el prado como si fuera una serpiente hasta poder llegar a mi casa.

Cuando ya la vislumbré, tragué saliva, puse mis manos en el suelo para poder arrodillarme y girar la manija.

Una vez dentro del sitio, seguía arrastrándome.

Cerré la puerta con una pierna.

Pero solté un suspiro al ver las escaleras; sin embargo, me arrastré hasta ellas y, agarrándome de la baranda, me tuve que poner de pie y, alzando mi pierna herida evitando que tocara el suelo, usé la baranda como muleta para subir a mi habitación, donde me acosté con cuidado entre las sábanas.

El peso de mis ojos casi me hizo dormir, pero ver mi pierna me hizo no hacerlo; era hora de cuidarla.

Quité los vendajes que había hecho en el árbol, limpié mi herida con mi magia.

—Debería poner un yeso, pero toca vendar primero y con cuidado.

Con otros vendajes que hice con la magia creacionista, la tela salió de mi mano.

Empecé a moverlos con cuidado, envolviendo mi pierna con el cuidado que no pude hacer en el árbol.

Una vez que terminé, solté un suspiro para dar el siguiente paso.

Con la magia elemental, hice arcilla que moví un rato y empecé a usarla como un yeso cubriendo toda la pierna, y mediante la característica se fortaleció, dejándome golpear el yeso y que saliera un sonido duro.

Alcé mis labios en una sonrisa mientras caía en la cama.

—No haré pierna por un tiempo ni lucharé, será solo estar aquí curándome.

Me envolví en las cobijas mientras giraba de lado a lado donde el recuerdo del combate seguía presente.

Usé varias magias, golpeé mucho y hasta quedé lesionado, pero al final de cuentas… —Gané sin el catalizador.

Y eso es lo que importa, lo siguiente a hacer será pulir mi uso en magias tal y como se debe.

Por eso, cerré mis ojos mientras que la oscuridad en mi cuarto era lo que existía, pero me trasladaban a alguna memoria.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Al fin otra reescritura, pasando de 1621 palabras a

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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