En el mundo desconocido - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 R-CAP19Piedras magicas
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19: R-CAP19:Piedras magicas 19: R-CAP19:Piedras magicas En aquella memoria, volvía al pasado, donde el sonido del viento pasaba de lado a lado mientras un hombre acostado en el suelo, entre las hierbas, miraba al frente.
Con unos binoculares, observaba a lo lejos un edificio con muros blancos que contrastaban con el verde de la colina.
Los rayos de la luz plateada de la luna cayeron entre las hierbas, donde ese hombre se apoyó con su francotirador.
El sonido de una radio lo hizo recogerla.
—¿Nos escuchas, Viento?
—Sí.
—El objetivo está en la segunda planta, en el comedor.
Movió el francotirador unos grados para después ajustar su mirilla.
—Lo tengo a la vista.
—Recuerda, él usa chaqueta café.
—Dispararé en 10 segundos.
—Bien, los preparativos ya están, sigue el plan.
—Entendido.
Uno, dos, tres…
Contó hasta los diez segundos y, con un solo tiro, su cuerpo se impulsó hasta arrastrarse por la hierba, dejando una mancha de barro.
Eso había sido un tiro con magia.
La bala se movió en un instante hasta llegar al hombre, cuya cabeza fue perforada, cayendo al suelo en ese instante y soltando el arma que había cargado todo el tiempo.
—¡KABOOM!
El suelo tembló mientras el humo del fuego empezaba a tocar el cielo.
El francotirador sonrió mientras miraba lo que había hecho para acto seguido tomar la radio y preguntar: —¿El equipo está completo?
—Sí, nos reuniremos en la base y revisaremos todo.
—Entendido.
En ese momento, se levantó mientras soltaba sus hombros y empezaba a desmantelar el rifle, justo como su sargento Edgar le aconsejó.
Una vez que lo hizo, se puso de pie y, tomando unas hojas del suelo, leyó la información para después irse caminando.
—Salamanca Alejandro, que te pudras en el infierno.
Miré esas hojas.
La información que encontré era un informe sobre el tipo que acababa de asesinar.
Ahí aparecía una lista de crímenes donde se mencionaban: tráfico de armas, asesinatos políticos, tráfico de personas, pero hubo una última cosa que me hizo levantar la ceja: decía drogas.
Solo pude recordar cómo ese día mi padre casi se ponía la soga al cuello, cómo ese día decidí alejarme de esa violencia sin sentido para intentar salvar vidas.
Pero, ¿por qué terminé en el ejército?
¿Será que tuve un mayor problema con las drogas?
¿Al final caí en eso intentando ocultar mi dolor?
Pero con todas esas dudas no importó, porque el hombre avanzaba sin preocuparse hasta llegar caminando a los dormitorios de la base, donde se sentó en su lugar de siempre mientras los demás hablaban.
Él puso la caja de su rifle debajo de la cama y un hombre entró con una cicatriz en la mejilla.
—Oh, Méndez, justo a tiempo.
Ten, aquí está tu pago.
Pasándole un maletín, él lo recibió.
Asintió con la cabeza mientras decidía abrirlo, donde los billetes verdes estaban amontonados.
Él movió sus ojos sobre las columnas de dinero mientras con una mano sacó un fajo, dejó mover los billetes de un lado a otro para luego mirar a su sargento.
—Esto parece ser mucho más que la vez pasada.
—Claro, el objetivo de esta era más grande.
—Bueno, lo mismo de antes.
Metió el fajo de dinero en la maleta para después cerrarla y dársela al sargento.
—¿Invertirlo?
—Claro.
Otro de la habitación se levantó y empezó a hablar.
—Oye, ¿en verdad meterás todo tu dinero ahí?
Era García.
—No todo, un 90%.
—¿Y en qué gastarás ese 10%?
—Ya lo sabrán.
—Ah, sí, venga ya.
No te hagas el misterioso.
Y el hombre puso sus manos detrás de la cabeza mientras soltaba un suspiro para acostarse en su cama.
—Es una sorpresa.
—Méndez, espero que no lo gastes en tonterías.
—No, no, García, ¿cómo se te ocurre?
—El día de mañana es libre, disfruten.
—Sí, señor —dijimos al unísono.
El sargento se dio la vuelta y salió por donde había entrado.
El hombre cerraba sus ojos, pero García empezó a hablar.
—Vamos, quiero saber qué piensas comprar.
—Es un secreto.
—¡Hey, pero dilo!
—Ahh, está bien, es alcohol.
—¿Alcohol?
De todas las cosas, eso sí no me lo esperaba.
Y menos viniendo de ti.
—Claro, porque no conoces cómo soy con el alcohol.
—¿Un adicto?
—Y tal vez hasta un poco más.
—Pero, ¿por qué comprarlo?
—Solo hay una buena condición para beber: nada de despecho.
Solo cuando sea para celebrar algo que valga la pena, y acabar con esas personas lo vale.
—Sí, les tienes odio.
—Lo normal.
Vete a saber cuánta gente arruinan, son monstruos con cara de humanos.
—No puedo argumentar nada en contra de eso, ¿así que quieres hacer una fiesta?
—Nos la merecemos.
—Está bien, no le diré a nadie.
—Gracias.
Pronto, cada uno se acostó hasta el día siguiente, donde tomaron rumbos distintos.
Entonces, él salió para la ciudad a cumplir su meta.
Caminó durante horas por medio del bosque hasta llegar a un lugar donde los edificios se apilaban de lado a lado mientras avanzaba por las calles de concreto y el sonido de los carros era la mayor fuente de ruido.
Caminó por el sitio, apenas dirigiendo la mirada a las personas, porque movía sus ojos a todos lados.
Al encontrar un lugar, solo sonrió para después abrir la puerta, haciendo sonar una campana.
Al entrar en el lugar, caminó por las baldosas que simulaban madera hasta llegar a la caja registradora.
—Buenos días, joven.
El hombre de la caja me saludó.
—Disculpe, pero, ¿para comprar cerveza artesanal?
—Claro, ¿quieres una jarra?
—No, quisiera unas 10 botellas de 750 ml.
—Entendido, ¿las quiere llevar ahora o a domicilio?
—A domicilio, aquí está la ubicación.
En una hoja de papel, anotó con un esfero el lugar y un teléfono, e hizo el pago, para después darse la vuelta mientras con una sonrisa compraba globos y lo necesario para la fiesta, hasta unas pastillas para la migraña.
Luego de comprar esas cosas, fue rumbo a la base, donde fue recibido por el silencio.
Al mover la vista por el cuarto, no encontraba a nadie y con una sonrisa empezó a poner cada cosa en su sitio, no sin poner las pastillas en la mesa.
Al final de eso, apagó las luces mientras se quedaba sentado en un rincón, esperando, suspirando mientras se estiraba hasta que el sonido de unos pasos se hizo presente.
Se levantó, esperó a que encendieran la luz, dejando que esta mostrara lo preparado.
—¡Felicidades!
Pero ellos miraron de lado a lado mientras alzaron una ceja.
—Eyy, ¿por qué hiciste todo eso?
—Para celebrar lo lejos que hemos llegado.
—Bueno, a unas cervezas no hay que negarse, ¡vamos!
Se metieron todos los demás, destaparon las botellas dejando que el ambiente tomara su olor a alcohol.
Uno de ellos puso el altavoz para ponerse a bailar mientras los demás reían, contándose anécdotas, enfocados cada uno en mantener la sonrisa para el día siguiente.
Cuando era hora de dormir, cada uno empezó a recoger cada decoración para guardarla e ir a dormir y que el sargento no molestara al día siguiente.
Un Cambio de Ruta El día siguiente empezó, cada uno se agarraba la cabeza, mas con una sonrisa y agua tomaron las pastillas preparadas y empezaron con su día a día, donde se ponían a entrenar.
Pero al volver, el sargento les habló.
—Chicos, tenemos otra misión ya lista.
Aquel francotirador alzó la mano y empezó a cuestionar mientras entrecerraba los ojos.
—Sargento, ¿por qué otra?
Fue demasiado rápido.
¿Qué pasa con el tiempo de la investigación?
—Hoy no se luchará contra narcos o terroristas; será otro tipo de misión.
—¿Un rescate?
¿Cuál es el objetivo?
¿Cuáles son nuestras preparaciones, planos y terrenos?
—No, Jacob, hoy vamos a conseguir las piedras mágicas.
—¿Y cómo se obtienen?
—Dicen que debemos ir a cierto sitio primero.
—Suena raro.
¿Por qué no nos dan más información?
—Ya sabes que es un secreto.
Esto es lo que hay, tomen sus armas y prepárense.
—Sí, señor.
Levantándose de su cama, agarró la caja donde guardaba su fusil, mas arqueaba la ceja ante el pensamiento de la misión.
Los científicos se suponía que eran los que las conseguían, ¿qué había ocurrido?
Salieron del cuarto siendo recibidos por un carro encendido donde cada uno de ellos se agarraron y se quedaron en la parte de atrás.
El carro se movió mientras los demás se miraban entre sí sin decir ninguna palabra, mientras que en cada momento se hundían más en el bosque.
—García, a mí no me suena este camino.
—¿Puede contar esto como un camino, Jacob?
¿Mira eso?
Señaló por donde habíamos venido, mostrando únicamente un montón de árboles, lagunas y pasto, pero camino no existía.
Tragó saliva mientras que, luego de un tiempo, el carro se detuvo.
El conductor se bajó y habló mientras caminaba al frente.
—Bájense, es por aquí, síganme.
Asintieron todos e hicieron lo que él dijo, así que se metieron aún más en el bosque mientras los rayos de sol pasaban por algunas hojas hasta poder llegar al lugar donde la luz del sol mostraba algo.
No era grande, sino del tamaño de una puerta.
La rodearon viendo sus cuatro paredes mientras el conductor solo caminó al frente y la abrió.
El primero en hablar fue el sargento.
—¿Una puerta?
Oye, ¿explícanos qué pasa?
—Así que en verdad estoy viendo una puerta sin lógica aquí, supongo que en verdad resisto muy bien el alcohol.
—Entren ahí y lo entenderán.
García fue el primero que se acercó.
—Bueno, yo los veo luego.
García entró a esa puerta y la cerró.
Al hacerlo, esperamos unos instantes, y luego el conductor volvió a abrir la puerta, mostrándola vacía.
—¿Qué pasó?
Explícanos.
—Ya les dije que si entran será más fácil de explicar.
—Ehh…
—No se preocupen, yo ya he bajado por ahí.
Soltaron los hombros, se miraron entre sí para después asentir.
—Entendido.
De uno en uno fuimos entrando hasta que llegó mi turno.
—¿Nervioso?
—Preguntó el sargento.
—Un poco, pero confiamos en el gobierno y en usted.
La Verdad Revelada Como el penúltimo del grupo, entró ahí.
Las cuatro paredes lo hicieron mirar de lado a lado mientras apretaba sus puños y, como un ascensor, bajó hasta mostrar a los demás que llegaron antes.
Dio un paso al frente mientras el sonido del metal se hacía presente.
La luz blanca de los bombillos era lo que existía y se reflejaba un poco en el suelo, donde se movían científicos de lado a lado.
—Rápido, Jacob, ven.
García llamaba mientras estaba al frente de una cosa redonda y grande.
—¿Qué están haciendo?
—Mira, ¿ves esa cosa redonda en la pared?
—Sí, ¿qué pasa?
¿Cómo se relaciona con la misión?
—Dicen que de ahí vienen las piedras.
—¿En serio?
¿Cómo funciona?
¿Cómo nosotros estamos relacionados?
—En un rato lo activan y dicen que nos explicarán después.
El sargento salió del elevador y se unió al grupo.
—Espero que estén listos.
—Sí, señor.
La máquina encendió algunas luces, luego empezó a temblar mientras cada uno intentaba mantenerse de pie, pero los científicos solo seguían moviéndose como si nada.
—¡Oee!
Era el sargento quien estaba temblando; él se agarró a una silla.
Algunos de ellos se quedaban de pie mientras que otros se agachaban y cubrían sus cabezas.
—No se preocupen, pronto pasará.
Un científico nos habló y en ese instante terminó el temblor.
Luego vimos a través del círculo de antes qué había pasado.
—¡Esperen!
¿Por qué ahí veo un bosque?
En ese círculo se mostraba un bosque de árboles más altos que de donde habían pasado.
Las hojas y la hierba eran más grandes, junto a sus troncos, que eran aún más gruesos.
E incluso, al fondo, se veía un manantial de donde brotaba agua y se formaba un río, podíamos verlo.
—¡¿QUÉ PASÓ?!
—nuestro grupo exclamó; pronto el científico respondió.
—Logramos conectar con otro mundo; entren ahí y conseguirán las piedras mágicas.
—Ya escucharon, muchachos, debemos entrar.
—Sí, señor.
Cada uno dentro del bosque tomó rutas separadas, donde el francotirador tomó camino con García.
El ambiente hacía que en su espalda se empezaran a formar marcas de sudor mientras avanzaba con cada pisada en casi silencio.
Él respiraba, dando un largo suspiro como si para disfrutar el lugar se tratara.
—Viento, una vez que recorras un total de 1.5 km al noroeste, establécete.
—Entendido, sargento.
Miró al cielo para después ver en su reloj la hora, e inició a tomar la ruta necesaria mientras caminaba hasta donde se le pidió.
Una vez ahí, empezó a poner su fusil mientras se acostaba en el suelo.
—Ey, Jacob, ¿por qué nos pidieron que nos preparemos así?
—Ni idea.
Por eso intento preguntar tanto.
—Pero, ¿en verdad harás lo que te pidan?
—Sí, ¿tienes miedo?
Trabajamos literalmente para el país.
—Creo que hay algo raro en esto.
—Yo también; a mí me dijeron que las piedras no eran de este mundo, supongo que a esto se referían.
—Sí, algo así había escuchado por parte del sargento.
Y el sonido de la radio los hizo tener que parar de charlar entre ellos.
—Viento, ¿me escuchas?
Era el sargento hablando por la radio.
—Fuerte y claro.
—Bien, verifica la zona.
—Entendido.
Sacó los binoculares y empezó a mirar de lado a lado buscando su objetivo.
Y en el medio de este bosque terminó encontrando algo que le hizo tener que quedarse a mirar.
La madera se acumulaba en un lado, eran casas de madera y piedra.
Apretó el binocular mientras lo movía de lado a lado sin encontrar la información que quería.
Así que intentaría con el rifle.
Lo puso en el hombro y empezó a apuntar en la zona que había visto.
Mas abrió la boca al mirar a través de esa cosa.
—¿Niños?
Sus cabellos dorados mientras corrían de lado a lado donde en sus espaldas cargaban unas alas de un color blanco como las nubes del cielo, forzando a que el francotirador se levantara.
—…¿Qué viste, Jacob?
Agarrando la radio con un temblor, miró a su compañero mientras abría los ojos.
—Aquí Viento, ¿cuál es el objetivo, sargento?
—Conseguir las piedras mágicas destruyendo todo el asentamiento.
—…¿Qué demonios?
No hubo palabras, solo una mirada y un vistazo al pasado.
Siempre a quienes asesinaron eran criminales, pero, ¿matar hasta a niños por esas piedras?
Apretaron los dientes mientras que miraban sus manos con un temblor y hablaron por la radio.
—Sargento, ¿usted está de acuerdo con esto?
—…Será la decisión que tomes.
Se agachó una vez más donde vio a esos niños que tal vez eran familia.
Se vio a sí mismo presionando aquel gatillo donde la idea de matar a uno de ellos le hizo recordar sobre la muerte de su hermano con quien solía jugar igual que ellos.
Movió el rifle a otro lugar donde vio a una pareja de adultos hablando, donde el recuerdo de su madre volvía a él.
Ellos quienes representaban la justicia debían elegir.
Tragó saliva mientras deslizaba el dedo para agarrar el gatillo, pero se levantó y habló por la radio.
—No, sargento, no lo haremos.
Hemos matado criminales por justicia, no por el dinero.
—Es bueno saber que aún conservas la moral.
—¿A qué se refiere?
—Parecía que matabas a los criminales por dinero.
—Oye, sargento, pero yo no lo hacía por eso.
—Sí, pero al ver que siempre le ponías tanta importancia, pensé que te habíamos perdido.
—Sin dinero no podremos tener operativos para limpiar el país, ¿qué esperabas?
Bueno, mejor ahora, ¿qué sigue?
—No lo sé, encárgate tú.
—Ehhh, ¿por qué yo?
—Porque decidiste no atacarlos, es el peso de las acciones, ¿qué vas a hacer?
Y con una sonrisa, miró atrás.
—No mataré a una familia porque mi país me lo diga, no elegire entre esa familia y mi país, haré una tercera opción destruiré la necesidad de elegirlo, reformar mi país.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Pasando el mismo dia de 1736 palabras a 2654, ya no confio en mi para recortar.
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