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En el mundo desconocido - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 R-CAP20Dudas
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20: R-CAP20:Dudas 20: R-CAP20:Dudas Abrí mis ojos para ver cómo el recuerdo del pasado se había terminado.

Me senté en la cama donde solo respiré, mientras que la memoria de haber apuntado a esos niños me hizo apretar las manos.

Pero una sonrisa se dibujó en mí; al final, me rebelé contra esas órdenes.

Me levanté, pero miré mi pierna enyesada —el yeso que me puse la noche anterior— y caminé sin dejar que tocara el piso.

Tomé rumbo directo a la ventana, la abrí y fui recibido por el viento que pasaba de lado a lado por mi cara.

El verde del bosque me rodeaba, y mantenía vivos los recuerdos de ese pelotón.

Puse mis manos en la ventana y miré al cielo.

—¿Dónde estarán todos?

El sonido de sus risas aún permanecía en mis memorias, haciéndome morder el labio.

El contrato me trajo aquí.

Tragué saliva y dejé que mis ojos se movieran por la habitación, donde el único sonido era el de mis pisadas al caminar fuera del cuarto.

Al llegar a las escaleras con el yeso, mis uñas se clavaron en mis manos.

Me senté en el borde de ellas e inicié a arrastrarme con la pierna herida estirada hasta poder bajar a la primera planta.

Allí me apoyé en la baranda de las escaleras para ir a la cocina, donde abrí la nevera como siempre, sacando lo necesario para comer.

Al mirar al exterior, una pregunta me invadió: —Si debía matar a esos inocentes, ¿de dónde venían las piedras mágicas?

¿Las poseían ellos?

¿O era algo más?

Miré mis manos, las cuales temblaron.

Tragué saliva un instante para recordar el olor a alcohol donde se me puso la piedra mágica.

Estiré mis dedos e, igual que el coronel, saqué una llama de magia pura, haciéndome girar la cabeza por un instante.

—Pero, ¿por qué puedo usar magia ahora?

Miré mi reflejo un momento en la ventana, donde esa apariencia de once años aún se mantenía, haciéndome suspirar.

La imagen mía y de Jonathan corriendo de lado a lado volvió a mis memorias.

En ese entonces no existía la magia, pero ¿por qué ahora, con mi cuerpo de once años, puedo usar algo que obtuve con mi cuerpo de veintiuno?

—¿El contratista?

Mi primera posibilidad surgió.

Este contrato, de alguna manera, me había hecho perder los recuerdos, aunque estos estaban en constante recuperación.

Miré un momento mi reflejo en la ventana, lo que me hizo asentir con una posibilidad, y miré mi mano que abría y cerraba.

Tal vez por cómo había rejuvenecido tanto es que terminé con esa pérdida de memoria.

—Pero entonces, ¿para qué firmé aquel contrato?

Aquel recuerdo donde había desafiado a mis superiores seguro me metió en grandes problemas, pero no explicaba cómo terminé firmándolo.

El recuerdo de cómo puse mi magia en esa hoja seguía en pie, y un recuerdo más entró en mi mente.

—Espera, ¿la magia no era confidencial?

¿Sería esa la razón por la que firmé el contrato?

Pero Jonathan no estaba en el ejército y él fue quien lo consiguió, ¿cómo pudo ocurrir eso?

¿Fugas de información?

¿Quién las hizo?

—Supongo que esas cosas se suman al porqué firmé el contrato.

Enfrentarme a bestias, ese es mi contrato.

¿Qué pedí a cambio?

Ni idea.

Parecía relacionado con la magia, sí.

Lo que había pasado es lo que no logro saber, y una nueva duda llegó a mí.

—¿Cuál es la necesidad del contratista?

Otra duda surgió.

Se me dijo que tendría que luchar contra bestias, pero ¿a qué tipo de bestias se referían?

Hasta el día de hoy me había enfrentado a otras cosas, como lobos y osos.

—Supongo que por eso se clasificaron como rango F.

Son animales fuertes, pero no algo muy mágico, que digamos; tal vez era por eso que estaban en aquella categoría.

Pero volvía a lo de antes: ¿qué quería lograr el contratista?

Mi amigo dijo que debía esperar unos ochenta años para cumplir el contrato y me daban tres para prepararme.

—Espera, ¿ochenta años?

Mi boca se abrió ante ese número.

El rostro de Jonathan entró una vez más en mi mente mientras apretaba las manos, a la vez que un sudor frío recorría mi espalda, haciéndome mirar el suelo.

Tal vez él ya no esté vivo.

Y ese pensamiento, como una estaca, pasaba de lado a lado, haciéndome un nudo en la garganta.

—Jo-Jonathan.

Y no era el único; las voces de mi equipo estaban incluidas.

Mi padre, el sargento y mis amigos, ya no los vería más.

Pero esta vez miré al frente, donde se encontraba la comida preparándose.

—Aún no es hora de caer.

Ya había recuperado los recuerdos de la pérdida de mi madre, de mi hermano; ahora, notar que también mis amigos podían haber muerto me hizo sentir cómo mis piernas temblaban.

Me apoyé donde estaba escribiendo, tomé el cuchillo e inicié a cortar las zanahorias.

Mas las lágrimas cayeron en la tabla, el nudo no desaparecía, sus voces y anécdotas de la fiesta aún persistían gracias al recuerdo del ayer.

Mis manos apretaron el cuchillo, pero aun así se escurrió de mis manos mientras yo caía, recostándome en el estante donde había estado cocinando.

El recuerdo de aquellos entrenamientos, mientras el sol caía sobre mí, donde nos contábamos chistes de poca gracia para aun así terminar riéndonos, era lo que seguía en mi memoria.

Alcé la mirada al frente, donde la madera era lo único que existía, donde mis respiraciones eran el ruido.

Al sacar la mirada por la ventana, el bosque me escondía del mundo.

Apreté los dientes mientras solo quería verlos una vez más.

Ahora vivo yo, más joven, en un futuro donde ellos están muertos y yo aquí, incapaz de saber por qué firmé un contrato que me separó de ellos.

—¿Ellos sabían que esto pasaría?

Jonathan sí, pero ¿y los demás?

Solo hay una manera de saberlo: seguir recordando.

Y esta idea solo me erizó los pelos.

Mas, tragando saliva, puse una mano en el suelo y me levanté.

Agarré el cuchillo e inicié a cortar una vez más, mientras que una idea entraba en mi mente, haciéndome detener mis cortes.

—¿Cómo es el mundo ahora?

Ya habían pasado ochenta años; ¿cómo había afectado la magia al mundo?

—Cierto, en la biblioteca.

En ella había leído los fundamentos de la magia, los catalizadores que se parecían a las piedras mágicas, el nombre de razas que no sabía que existían, lo que me hizo soltar la boca un instante.

—El mundo ya no es el que recuerdo.

Aquella conversación con Jonathan sobre la contaminación, de cómo era importante el comercio para lograr un sándwich, volvía a mi mente.

—Una fuente de energía efectiva que no contamina.

Vaya, Jonathan, mira que al final sí se pudo.

El recuerdo de aquellos seres alados a quienes debía dispararles volvió a mi mente.

El recuerdo de apuntarles me hizo sentir un sabor amargo en la boca.

Mas aun así decidí continuar cortando con el cuchillo para terminar el desayuno.

—Ya veo, entonces ahora vivimos en conjunto.

Mis hombros se soltaron mientras continuaba añadiendo los condimentos en la olla.

Alcé mis labios mientras la imagen de esas posibles razas viviendo en un mundo del siglo XXI se formaba en mí.

—¡Ja!

Qué me guardará este siglo XXII.

Cuando salga de este lugar, iré a explorar todo el mundo.

Ellos ya no están, el contrato lo cumpliré, pero viviré en este mundo sin remordimientos.

Tal vez viví hasta viejo con ellos, esto es una oportunidad.

Con eso en mente, terminé de cocinar para finalmente servir mi comida en un plato.

Mas, cuando me estaba moviendo para la mesa, una idea entró en mi mente.

—Mejor salgo.

Arrastré mi pierna hasta lograr llegar a la puerta exterior donde, al girar la manija, se reveló el exterior.

Me senté una vez más a la vez que la hierba me absorbía.

El viento susurraba mientras al fondo veía cómo los zorros se movían de lado a lado, haciéndome sonreír.

E inicié a comer mientras ese sabor dulce quitaba la amargura que se había formado en mi boca.

—Sí, es importante dudar.

Edgar, el sargento que me había entrenado como francotirador, tenía razón al hacerme cuestionar sobre eso.

Finalmente entendía por qué debía dudar antes de hacer cualquier cosa; sería algo difícil de hacer, pero lo haría.

Si no lo hubiera hecho en ese entonces, tal vez hubiera apretado el gatillo.

Esa idea me hizo apretar los dientes, para después hacerme sonreír al dar la siguiente cucharada.

Una vez que terminé de comer, miré mi pierna enyesada.

—Nada de pierna.

Mas, cuando me moví a donde dejé las pesas, las dudas volvían: ¿quién era mi contratista?

¿Cómo se obtenían las piedras mágicas?

¿Por qué elegí firmar el contrato?

¿Cuál era el objetivo de mi contratista?

¿Cómo era el mundo y qué había pasado con mis amigos?

—¡Ahh, maldición!

Ni en lo que recuerdo de mi pasado ni el presente tienen las respuestas.

¡Qué mierda!

Levanté mi mirada, quedándose en el azul del firmamento, donde el recuerdo de aquella vez que mi padre me abrazó después de reconciliarnos me hacía sonreír al recordarlo.

—No me rendiré, debo ser mejor.

Entonces di un paso al frente, mas el ardor y temblor me hicieron tragar saliva.

—¡Ayyyy!

Me había apoyado demasiado en la pierna herida, así que me agaché e inicié a arrastrarme hasta llegar a las pesas que había dejado.

Las sostuve con las manos e inicié a moverlas de arriba a abajo.

—Iniciar con brazos.

El tiempo pasaba mientras el sol ayudaba a hacerme sudar en demasía.

Tragué saliva, mis manos temblaban cuando ya finalizaba la rutina, pero apretaba los dientes mientras la pesa terminaba su serie.

Me senté y el recuerdo de los lobos que me rodearon volvieron a mí.

El escalofrío fue lo que sentí, y apretando los dientes respondí.

Miré mi pierna, me apoyé en la buena, de mi cintura agarré la pistola, la levanté mientras la movía de árbol a árbol hasta encontrar el más cercano.

—Esa vez improvisé, pero debería intentar hacerlo mejor.

Cerré los ojos un instante, sentí mi corazón palpitar un instante que encendió la chispa del maná para moverse hasta mi mano, de donde surgía como una cuerda y dejaba que al final de la punta tuviera el peso de acumulando el maná en ese sitio.

—Humm, pero ¿y si intento algo diferente?

Con mi pierna herida, decidí avanzar sin apoyarme en ella.

Una vez que estuve más cerca del árbol, miré sus ramas, levanté mi pistola, apreté el gatillo.

—¡PUM!

Salió la bala, golpeó la rama y cayó.

Moví mi otro brazo, fallando y golpeando el aire.

—Tchz, al menos ya sé cómo entrenar por ahora.

La pistola me ofrece distancia, el látigo área.

Si esas son superadas, miré mis nudillos con una sonrisa.

—Te lo agradezco, Jonathan, pero también a ti, papá.

Estos no van a golpear por odio, sino por justicia.

Repetí la mezcla de mi látigo y pistola hasta que finalmente logré pegarle a una de las ramas, forjando una sonrisa en mi cara.

Tengo una base de combate que improvisé ayer.

Entonces, ahora debía unir mi magia creacionista y la vitalista, junto al catalizador, para tener un arsenal completo y sobrevivir en este lugar.

—Mi magia creacionista hará balas para la pistola, con el látigo mantendré la distancia, mi magia vitalista me ayudará a moverme y el catalizador será el golpe final.

Supongo que esto es un arsenal bastante completo.

Solté mis hombros mientras apretaba las manos.

—Seguiré intentando.

Y disparé a una rama.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Pasando de 1388 palabras a 1930, vaya cosa que se estira en una revision.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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