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En el mundo desconocido - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 R-CAP21Donde estas Papá
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21: R-CAP21:Donde estas Papá?

21: R-CAP21:Donde estas Papá?

Miré al suelo por donde la luz de la luna entraba por la ventana.

Solté un suspiro mientras avanzaba, haciendo crujir la madera, y al mirar a aquellos árboles que se movían de lado a lado con el viento, susurraban a través de sus hojas.

Alcé la mano para ponerla frente a mí, apretándola y soltándola un par de veces, haciendo sonar los nudillos que trajeron de vuelta aquellos recuerdos.

Esos golpes que hundieron la cara de otros jóvenes, esos nudillos con los que golpeaba hasta quedar con la mano roja.

—Al menos ya no golpearé por eso.

Al seguir avanzando, agarré las cobijas donde me arropé, hundido en esta cama en medio del bosque, mientras que nadie ha intentado venir.

¿Cuándo tendré la fuerza para salir y ver si hay más personas?

—Esto se parece a ese tiempo, te extraño, mamá, y también a ti, Alex.

Pero el recuerdo de aquel abrazo de mi padre me hacía levantar mis labios para curvarlos en una sonrisa que logró que mis hombros se soltaran.

—Tan similar y tan distinto, qué raro.

Esa vez la soledad era solo la mente, ahora es la mente y el cuerpo, tal vez lo sea hasta más.

El recuerdo de Jonathan, mi pelotón y los demás, aún me hacía tragar saliva, donde sentía cómo el corazón era atravesado de lado a lado como si estuviera amarrado.

Dejé que mis ojos se cerraran mientras mis uñas se clavaban en mis manos.

Un tiempo después, mi cuerpo se hacía más ligero, mis manos se soltaban y, viendo aquel fragmento del pasado, como era costumbre, estaba ahí parado.

Ese joven con una maleta en la espalda avanzando entre paredes blancas, donde sus pasos hacían eco, hasta que cuando giró su cara en una esquina, abrió los ojos.

No dio un paso más, solo su mandíbula cayó y se quitó la maleta.

—¡Hey!

Comenzó a gritar mientras salía de su parálisis, apretando sus puños y empezando a correr hacia un lugar.

Jalo a una de esas personas del hombro, que giró su cara únicamente para recibir un golpe que lo tiró al suelo.

—¡PUM!

Tanto el golpe como la caída del chico hicieron que las personas que rodeaban a esa persona prestaran atención.

Unas diez personas, mientras alguien en el medio tenía los puños a la altura de los ojos y un morado tenía en su cara.

—¡Maldita sea, Jacob!

No quería que vinieras.

Era Jonathan, quien, aun así, dio una sonrisa mientras daba un puñetazo a alguien más, enviándolo al suelo.

—Oye, no me critiques.

Después de todo, ¿quién en su sano juicio pelea contra diez personas?

Los demás intentaron golpear a aquel chico del pasado, solo para que diera un suspiro, agarrara el puño del más cercano y lo moviera para que el otro golpeara en el brazo.

Dio una sonrisa y golpeó a uno de ellos, haciéndolo caer.

—Y tu gran idea es convertir un 10 contra 1 en un 10 contra 2.

—Yo veo que solo hay 8 de pie.

Más bien, ¿en cuánto tiempo podemos ganar?

—Estás como una cabra.

—Sí, claro, pero al menos esta cabra no olvida a un amigo.

Y dio un golpe a otro más, enviándolo al suelo.

—Ya quedan 7, ¿te apuras o qué, Jonathan?

—Bueno, aquí vamos una vez más.

De pie, ambos con una sonrisa, siguieron con la pelea donde los golpes sonaban, las personas caían y ellos seguían de pie sin doblarse.

Salieron del lugar donde ahora el sol tenía su color anaranjado mientras se fundía con el horizonte.

Ellos salieron, cada uno tenía algún moretón en la cara, pero erguidos, avanzaron por el camino.

—Haa, Jacob.

No imaginé que sería tan difícil.

—Pues claro que lo era, ¿no viste la cantidad?

Y luego yo soy el soberbio.

—Si no lo fueras, no habrías entrado y hubieras buscado a algún adulto responsable.

—Oye, vi a un amigo peleando, y aparte, ¿qué tantos adultos responsables dejarían que escalara tanto el problema?

—Ja, como siempre, un amigo leal, pero si la situación lo requiere, se lanza.

Eso me trae recuerdos.

—Cierto, cierto.

¿Recuerdas aquel día?

—Sí, parecías un pitbull intentando mantener la calma.

—Claro que lo era.

Alcé el rostro mientras solté los hombros y con un suspiro, mirando al cielo, donde vi las estrellas, vi ese recuerdo que una vez tiré por el retrete.

—Ya sabes esa parte de la historia.

—Claro, seguir viviendo por allá era una condena.

—Sí, algunas veces me pregunto cuánto tiempo hubiera necesitado para ser un vagabundo adicto a las drogas.

—Aún recuerdo que el día que nos conocimos te estuve molestando hasta que me golpeaste.

—Lo tenías bien merecido.

Con esas preguntas tan incómodas, ¿cómo querías que me aguantara?

—Ahora dices eso, pero cuando lo hiciste, empezaste a llorar porque no querías ser violento.

Jonathan miró el camino, él giró a la izquierda para ir camino a la ciudad.

—Bueno, aquí nuestros caminos se separan.

Ten cuidado, Jacob.

—Sí, hasta luego, Jonathan.

Cada uno tomó un rumbo diferente para ir a su casa.

En ese camino, él avanzaba oyendo el bramido de las vacas, el sonido del viento pasando entre los cultivos y el motor de los tractores, hasta que llegó a casa.

Puso la llave, la movió un poco para abrir la puerta e inició a caminar por la casa, pasando por los pasillos, donde fue directo a una habitación.

Abrió las ollas y les echó un ojo por dentro y al ver el vacío, alzó una ceja y miró los platos limpios.

—Qué raro.

Supongo que papá aún sigue durmiendo y no cocinó.

Miró atrás, donde había abierto la puerta.

—No tenía seguro.

Este viejo y sus mañas.

¿Tendré que sermonearlo de nuevo?

Tzch.

Y con sus quejas, agarró una olla, un cuchillo, abrió la nevera, pero dejó de hacer sus deberes un momento.

¿Era necesario que se pusiera el delantal?

Agarró sus herramientas una vez más, sus ingredientes de la nevera y el olor se extendía hacia su nariz, mientras con una sonrisa agarraba un plato donde sirvió la comida.

—Esto debe ser suficiente.

Salió de la cocina, en una mano tenía el plato de comida, en la otra, la movía al azar, como improvisando el sermón que daría.

Mas, mientras subió por las escaleras, algo le hizo dejar de avanzar.

—Huele raro.

Un leve olor a hierro entró en su nariz, olió la comida una vez más.

Un escalofrío le pasó por la espalda e inició a dar pasos con mayor eco mientras subía las escaleras.

El olor se intensificó y su mano disponible se apretó.

En frente de la puerta, tragó saliva.

El olor entraba en su nariz y un temblor en sus piernas sucedió.

Mas, golpeó la puerta.

—Toc, toc, toc.

El sonido de metal hizo eco, esperando una respuesta, la cual no llegó.

Tocó con más fuerza, solo para que la realidad diera el mismo silencio.

Giró la manija y en un instante el olor le hizo taparse la cara.

No era el único olor que existía, ese olor metálico se mezclaba con azufre que le hizo brotar una lágrima.

Sus ojos temblaron al abrirse, el plato que cargaba en sus manos se resbaló.

Mas el chico corrió hacia la cama de la cual goteaba sangre.

Con una mano alzó la cobija, mientras que al ver la escena, dio un paso atrás.

Aquel hombre a quien buscaba, estaba ahí tendido en la cama.

Su cara contenía moretones de los cuales escurrían sangre, su cuerpo dividido por extremidades era lo que se escondía debajo de las sábanas.

Otro paso más dio el joven, mientras que de sus ojos brotaban lágrimas que cayeron sobre sus puños.

—¿Por-por qué?…

Una nueva vida, a eso habían venido a vivir a ese sitio.

¿Por qué ahora esto terminaba separando a la familia por segunda vez y sin marcha atrás?

Con un temblor, mordiéndose los labios, se levantó, para mover sus piernas haciendo estruendo mientras bajaba las escaleras.

Movió sus ojos por la sala, de donde agarró el teléfono fijo y, marcando un número, puso el teléfono a su oído mientras timbraba.

—Policía, ¿cuál es su emergencia?

Soltando un suspiro mientras clavaba sus uñas en las manos y temblaban sus piernas, habló sin poder dejar salir sus lágrimas.

—¿Qué…

qué hago?

Han…

han asesinado a mi padre.

—Eh…

—¡VENGAN LO MÁS RÁPIDO!

—Señor, enviaremos a la policía.

—¡PERO QUE VENGAN RÁPIDO!

Quiero que investiguen esto ya, o ¿a quién debo llamar?

—Sí, señor, iremos, pero ¿dónde se encuentra?

Dio su dirección mientras se quedó agachado, agarrando sus piernas.

Con los dedos, inició a contar posibles culpables.

—¿Deudas?

No, mi papá siempre hizo las cosas a tiempo.

¿Entonces problemas con las personas?

No se llevaba mal con nadie que yo recuerde.

Y quedó con sus dedos estirados mientras el tiempo pasaba hasta que las alarmas de la policía llegaron.

Tocaron la puerta, a lo que se levantó, caminó mientras miraba al suelo para soltar sus hombros al ver a la policía.

—Chico, hemos venido a investigar, ¿podemos entrar?

—Entren, por favor, en…

en el segundo piso lo verán.

Soltó esas palabras.

Uno de ellos fue a ese lugar, el otro se quedó, agarrando su hombro lo miró a los ojos.

—Lamento lo que viste, pero ¿crees que tengas información sobre esto?

—No lo sé, intenté recordar detalles y no encuentro nada.

—Entendido, por el momento lo mejor sería que vengas con nosotros a la comisaría.

—Gracias, pero investiguen lo más rápido que se pueda.

—Haremos todo lo posible.

En ese momento, el sonido de unos pasos dentro de la casa se hicieron presentes, se giró el chico y el policía para ver quién era, reconociendo al compañero del segundo.

—Ya he tomado las fotos, lleva al chico.

Con esas palabras se subió al carro donde dejó la vista por las calles donde él miraba sus manos.

No daba palabra alguna en ese lugar de manera que ni el otro policía hablaba.

Una vez que llegó a la estación, pidió una llamada.

Sus dedos temblaron mientras tenía el teléfono en la mano, tragó saliva un instante mientras que con su brazo se limpió las lágrimas que escurrieron de sus ojos rojos.

El teléfono timbraba hasta que alguien contestó y él habló.

—Hey, Jo…

Jonathan.

—¿Jacob?

¿Qué pasa?

Tu voz está rara.

—Sí, soy yo.

Pasó algo.

—Oye, ¿no te fuiste a casa?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué me llamas desde una estación de policía?

Se detuvo un instante para ver a su alrededor mientras que exhalando un suspiro miró sus nudillos una vez.

—Resulta que mataron a mi padre.

—Eh…

¿Espera, qué?

—Sí, como lo oyes.

—Entendido, ya voy.

Colgó el teléfono.

El chico se quedó sentado en la oficina donde el silencio era el dueño del lugar.

—El mundo es una puta mierda.

Sus manos se cerraron mientras quedaba con la mirada al suelo.

Luego de unos minutos, aquel chico llegó poniendo una mano sobre su hombro.

—Gracias por venir.

—Tú lo hubieras hecho sin dudar.

Se levantó.

La policía le hizo firmar unos documentos antes de salir, mas al hacerlo, se pudo ir a la casa de Jonathan, donde el tiempo pasaba, él miraba sus manos, algunas veces llorando, otras veces sin hacer nada.

—Toc, toc, toc.

Habían pasado tres días desde entonces y él seguía en su misma rutina de no hacer nada o solo dejar que sus ojos hablaran.

Mas ante el sonido de la puerta principal, se levantó, miró a Jonathan a un lado, quien se paró.

Sin embargo, lo detuvo poniéndole una mano en un hombro.

Caminó primeramente a una esquina de la casa de donde encontró un bate y agarrándolo, sus hombros se tensaron para después ir a caminar hacia la puerta, donde puso la mirada en mirilla.

Su mano se soltó y dejó el bate a un lado para abrir la puerta, mostrando al policía de la vez anterior.

—Ahh…

Buenos días, oficial.

—Buenos días.

Tenemos información sobre el asesinato de su padre.

Esa frase le hizo abrir los ojos a la vez que sus manos se abrieron.

Tomó al oficial de los hombros y lo agitó un poco.

—¿De verdad?

Cuenta todo, dígame lo que yo no he podido saber que pasó.

—Sí, pero primeramente venga conmigo a la estación.

El oficial se dio la vuelta para subirse al carro, el chico movió su mano en despedida hacia Jonathan y subiéndose al carro, quedó una vez más en silencio hasta llegar a la estación.

Al entrar en aquel lugar, un hombre lo hizo sentar en una silla mientras miraba unas hojas e inició a hacer algunas preguntas.

—Joven, ese día usted venía de la escuela a las 6:00 p.m., ¿verdad?

—Sí, señor.

—¿Tiene a alguien que lo corrobore?

—Sí, ese día Jonathan y yo tuvimos una pelea contra diez personas.

—¿Cree que ellos sean culpables de esto?

—No, eso eran problemas por otras cosas.

El hombre dejó los papeles a un lado, se inclinó al frente para clavar sus ojos en los del chico.

—Iré más directo, ¿tiene usted alguna relación con el narcotráfico, ya sea como consumidor?

—¿Relaciones yo?

No…

espera, ¿como consumidor?

Como tal, no consumí, pero sí me ofrecieron hace años.

—¿Quién?

¿Recuerda algún detalle especial de él?

—Un hombre, no lo recuerdo mucho y menos su nombre, pero si lo volviera a ver, lo reconocería.

—Tenemos una lista de sospechosos.

Creo que deberías verla.

El oficial salió del lugar y volvió con unas fotos, las puso sobre la mesa y el chico tomó una por una mientras miraba los ojos, el cabello, la ropa y demás en cada una de esas hasta que en una se detuvo.

Entrecerró los ojos un momento, la señaló y habló.

—Oficial, es este.

Habían pasado unos años, pero aquel vendedor seguía viéndose igual que aquella vez y el recuerdo de esa noche mirando la luna considerando hacerlo le hizo mirar al suelo.

—¡Bingo!

Teníamos sospechas de él.

Gracias por su colaboración.

El juicio inicia mañana, usted deberá ir como testigo.

—Entendido, oficial, pero ¿el hombre será encarcelado?

—Tenemos pruebas suficientes, con su testimonio, seguro.

Y con esa conversación terminó ese interrogatorio.

Le hicieron anotar algunos papeles y cuando cayó la noche era hora de volver, por lo que subiéndose una vez más en el coche que lo trajo, fue llevado a la casa de su amigo donde al entrar, caminó hasta la habitación donde descansaba de manera temporal.

Abriendo la ventana una vez más, el recuerdo de aquella vez volvía a su mente.

—Papá, si hubiera tomado un mejor camino desde antes, no hubieras terminado así.

Con esas palabras se quedó mirando el firmamento mientras el aire entraba por esa ventana.

Dejando que su cabeza fuera cubierta por sus brazos, aquellas lágrimas se escaparon mientras que una pregunta le quedó.

—¿Cuál será mi camino?

Y con esas palabras el viento sacudía sus huesos mientras que el peso de sus párpados le hicieron cerrar los ojos para hacerlo esperar hasta el día siguiente, donde las ojeras quedaron en su rostro hasta que lo citaron al lugar del juicio.

Caminó por los pasillos y cuando las puertas se abrieron, el murmullo de las personas continuaba, cada uno hablando entre sí mientras que aquel hombre con su traje estaba sentado, mordiéndose las uñas.

—La sesión inicia —dictó el juez con un martillazo que hizo que los demás se callaran.

El chico caminó mientras tomaba asiento donde el oficial le indicaba.

Sus hombros se soltaron mientras veía al hombre, sin embargo, este al ver al chico rompió su uña y el juez sin dar tiempo habló.

—Testigo Méndez, diga su testimonio.

Tragó saliva, mas se levantó y con ello, apretando el puño, de su boca salieron los hechos.

Hubo algunas preguntas, pero lo mismo de la comisaría, donde con cada respuesta aquel sujeto solo podía clavar sus manos en la cabeza.

—Con las pruebas, con el testigo y con las investigaciones anteriores se declara que el acusado es culpable.

Y martillando una vez más, terminó la sesión.

Pero aun así, la pregunta de la noche anterior le hacía seguir mirando sus manos con las que una vez golpeó sin sentido, con las que en su presente ahora golpeaba a quien golpeara a su amigo, con las que quería ser médico, pero con las que no pudo salvar a su padre.

—Ni ser médico hubiera salvado a mi padre.

Solo dejó caer y abrir su mano para salir del lugar donde se encontró con el policía que lo trajo y, tocándole el hombro, el chico inició a hacer preguntas.

—Oficial, dígame, ¿por qué crees que asesinaron a mi padre?

Él no tenía ningún motivo para eso.

—Por lo que veo, necesitaban que la gente les temiera.

—¿Temerles?

Eso no tiene sentido, para iniciar, mi padre no tenía lazos o algo así.

¿O sí los tenía?

Dígame la verdad.

—No es que tu padre los tuviera, es que, según investigué un poco, tu padre los había denunciado.

—¿Espera, qué?

¿Denunciarlos?

¿Por qué?

Un temblor que pasaba desde la punta de sus pies hasta sus hombros le hizo quedarse sin poder parpadear mientras que formulaba una pregunta.

—¿Cómo pudo enterarse mi padre?

Nunca le dije nada sobre eso.

—No todo lo que digas es importante, algunas veces será más importante el cómo vives.

—¿El cómo vivo?

En ese entonces era bastante violento, pero aun así quise cambiar.

—Podría ser que te ofrecieron porque te vieron en tu momento más bajo y por eso se quisieron aprovechar.

—Entonces mi padre ya tenía sospechas de que algo así me podría pasar.

—Sí, supongo que por eso los denunció.

Desde entonces limitaron su actividad en su zona y fueron perdiendo poder, por eso decidieron ir con los asesinatos.

Con esas palabras, el chico solo pudo morder sus labios al terminar la conversación, por lo que se dio la vuelta para ir caminando para salir del lugar sin ser capaz de levantar la mirada del suelo.

Hasta que una voz le hizo levantar la cabeza.

—Hey, Jacob.

Girándose ante esa persona, lo miró a los ojos, soltando un suspiro habló.

—Jonathan.

—Veo que al fin terminó el juicio.

Dime, ¿el bastardo quedó encerrado?

—Sí y con cadena perpetua.

—Al fin pagó algo de todo el sufrimiento que hizo.

—Sí —respondió, mirando sus manos una vez más, para apretarlas mientras miraba al cielo—.

Tal vez debería hacer algo mejor.

Supongo que cambiaré eso.

—¿Cambiar qué?

—No seré doctor.

—¿Eh?

—El mundo es una mierda,por eso seré un militar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Uff volviendo a reescribir un poco,tan solo pasamos de 1694 palabras a 3084

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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