En el mundo desconocido - Capítulo 35
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35: Cap35:Estragos 35: Cap35:Estragos Entre mis sueños que revelaron mi pasado fui llevado a la base militar, aquel sitio rodeado de bosque y que tenía edificios de concreto que no superaban los dos pisos.
A su vez, se formaban caminos mediante señales hechas en el suelo.
Ahí estaba de pie con los soldados, quienes habían empacado cada uno en una maleta sus pertenencias.
—Muy bien, es hora de explicar otras cosas que el coronel ocultó.
Inicié a dar mi discurso.
Era hora de explicar todo lo que hacía falta para que ellos colaboraran y yo fuera mejor que ese coronel.
Si ese tipo ocultó la información, yo la liberaría para todos.
Y la mejor manera de mostrar lo que se escondió fue alzar mi puño en alto y, acto seguido, usar mi magia para prenderlo en llamas.
—¿Qué?
—escuché la reacción de los demás soldados, quienes no comprendían cómo había pasado eso.
Ahora tenía lo necesario para poder iniciar.
—¿Saben?
Esto es magia, literalmente.
Hubo un momento de silencio mientras intentaban comprender cómo podía hacer eso.
Yo, respondiendo, dije: —Chicos, aunque no lo crean, la magia es posible.
Y esto es lo que el general buscaba al querer matar a los inocentes que les había mencionado.
Pero aún confundidos, alzaron sus manos para preguntar: —¿Pero por qué sería necesario matar a la gente?
—¿Cómo existe la magia en el mundo?
—¿Nosotros podremos usarla?
Sería una charla larga, pero necesaria, así que inicié a responder todo.
—Los científicos no han comprendido del todo cómo funciona la magia, pero hay dos cosas seguras.
Una: necesitas maná en el cuerpo.
Y dos: todo ser vivo puede usar maná.
Ante mis palabras, la gente inició a hablar entre susurros mientras sonreían como si fueran niños a quienes se les regalara un obsequio que siempre anhelaron.
Pero también debía continuar respondiendo las preguntas.
—Ahora, respondiendo la primera pregunta: ¿por qué el coronel necesitaba matar a los inocentes?
Esos inocentes podían usar el maná como un acto natural.
Con esas palabras volvieron sus miradas hacia mí y guardaron silencio para poner atención en lo que diría.
—Cada vez que uno de ellos moría, su cuerpo condensaba su maná en una piedra.
Esa piedra son los catalizadores, y mediante cirugías se nos implantó para que pudiéramos usar la magia.
Aquellos soldados abrieron sus ojos como si hubieran despertado y les tiraran un balde de agua fría.
Temblaron porque seguramente sintieron que aquel regalo les sería negado.
—Tranquilos, aún hay cosas que se pueden hacer para que usen la magia.
Y, recuperando el ánimo, los soldados gritaron: —¡SÍIIIII!
En el fondo, todos tenemos algo de niños, no pude evitar pensar eso.
El método que usaríamos era menos efectivo que el implante, pero cumplía con el objetivo de que pudieran usar la magia y crecer mediante el entrenamiento.
—¡Aglala, trae las bebidas!
Llamé a la princesa por la radio,ella seria quien nos ayudaría con lo necesario para que la gente pudiera usar magia.
Los científicos y los nativos de aquel mundo investigaron para lograr esto.
Si queríamos disminuir la posibilidad de querer matar a los seres alados para poder usar magia, necesitábamos métodos más accesibles para que todos pudieran usarla.
Luego de unos minutos, ella llegó a la base.
—Oigan, ¿qué es eso que vuela?
—dijo un soldado, apuntando al cielo con su arma.
—Tranquilo, ella les dará lo necesario para poder usar magia.
Ante eso, ellos volvieron a gritar y, en unos minutos, llegó Aglala.
—Vaya, sí que es una multitud.
—¿Qué esperabas, Aglala?
—Mucho menos, pero sí hay para todos.
Mas por la llegada de alguien tan desconocido, los soldados rodearon a Aglala.
—¡Hey!
Espera, ¿cómo tú tienes alas?
—¿Quién eres?
—Oye, preciosa, ¿te gustar…?
—Mas interrumpí el pésimo intento de ligar tapándole la boca.
¿Quién en su sano juicio inicia con esa frase en esta situación?
—Luego les explicaremos todo.
Volvamos al punto central.
¿Quieren usar magia?
—¡Claro!
—Entonces hagan fila, será algo rápido.
Aglala soltó de su espalda un gran barril, y yo lo puse en una mesa.
Hice que los soldados tomaran el líquido del barril mientras Aglala verificaba que ninguno repitiera.
Otros seres alados trajeron más barriles, y así hasta que todos en la base tomaron un poco del líquido.
—Señor, ¿cómo iniciaremos a usar magia?
—preguntó un soldado mientras los demás caminaban por ahí, dando vueltas.
—Cierra los ojos e intenta sentir todo lo que fluye en tu cuerpo.
Siguiendo mi orden, el soldado hizo lo dicho.
—Bien, ahora intenta sentir algo que sale del corazón y muévelo a un dedo mientras imaginas una llama.
Siguiendo mi instrucción, el soldado lo hizo funcionar, y desde sus dedos surgió un pequeño fuego.
—No gastes mucha magia, que te dolerá después.
—¡S-sí, señor!
—dijo mientras intentaba contener su emoción.
Al terminar, salió corriendo con los demás, mostrando lo que hizo.
Unas horas después, inicié con la siguiente parte.
—Chicos, iremos a la nueva base.
—Entendido.
Todo el grupo nos siguió.
Tomamos rumbo al área del portal donde ellos entrarían, pero vi a alguien a quien debía encargarle esa parte porque yo tenía otros objetivos.
—Salazar, te los dejo a ti.
Yo continuaré con mi parte.
—Entendido, Jacob.
Luego de eso, Aglala me llevó volando hacia una zona cercana de la base, pero con suficiente distancia para lo que ahora haríamos.
—Cubre tus oídos, Aglala.
—Toc.
—¡BUM!
Presioné el interruptor con el cual la base estalló, generando una zona llena de humo, levantando el polvo y causando un leve temblor donde estábamos.
Cuando pasó el polvo, Aglala me miró con los ojos abiertos.
—¿Eso?
¿Eso es posible sin magia?
—Sí.
—Me recuerda a ellos.
—¿Ellos?
—Sí, son otra raza con quienes tenemos conflicto.
—Vaya, eso sí que no lo sabía.
—Ayyy, pues es que te enfocaste en hacer guardia todo este tiempo.
—Era necesario.
—Sí, pero tú lo llevaste al extremo y no pareces que vayas a parar.
—Solo me detendré cuando ya no pueda o cuando ya termine.
Aparte, tú también pasaste por algo similar, quedándote hasta tarde ayudando a los científicos.
Pensé en nuestras acciones.
Al final, tal vez por eso éramos cada uno el respectivo líder de su área, verificando y haciendo todo lo posible para cumplir el objetivo, incluso si eso nos desgastaba más que a los demás.
—Oye, Aglala, ¿quieres conocer cómo es este mundo?
—Me gustaría, pero supongo que necesitará pasar mucho tiempo para que pueda moverme libremente.
—Se hará lo posible.
Es más, creo que podemos conocer un poco de lo que está pasando en el mundo.
—¿En serio?
—Sí.
Saqué un teléfono que pedí prestado con anterioridad.
Yo ya no tenía el mío y era mejor no usarlo porque seguro era un objetivo, así que me deshice de él en el otro mundo.
—¿Tiene datos?
—¿Datos?
—Internet, el medio por donde pasamos toda la información.
—Decías que era algo increíble, demuéstralo.
Ante sus palabras, mostré la publicación donde se divulgó toda la información.
Esta había estallado en internet, y la gente comentaba sobre las posibilidades.
Algunos decían: “Esto debe ser una broma”, “Oigan, el 28 de diciembre no ha llegado”, mientras otros analizaban cada detalle: “Esto se ve demasiado real, tal vez lo es”.
La gente no quería fiarse de las pruebas divulgadas, pero eso cambió cuando el gobierno hizo una publicación: “Se busca vivo o muerto: Jacob Méndez”.
En ella estaba una foto mía, pero también las de soldados del pelotón, científicos y hasta el coronel.
Esto generó pequeñas revueltas en algunas ciudades, donde iniciaron protestas para que el gobierno diera una respuesta.
—Ja, vaya problema iniciamos.
—Idiota, ¿no ves que el gobierno ahora te va a buscar?
—Sí, eso me lo esperaba.
—¿Y de qué te ríes?
—Mira, hay protestas, tenemos un pequeño ejército que nos apoya, y la gente está dudando del gobierno.
Eso significa que tenemos oportunidad de cambiarlo todo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Bueno,desde mañana inicia mi universidad y ahora si se vienen las dudas de si podre mantenerme publicando
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