En el mundo desconocido - Capítulo 37
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37: Cap37:Ayuda 37: Cap37:Ayuda El cielo brillante, el sonido del viento a través de los árboles, mientras suena el canto de la cascada que está a mi lado.
Sin embargo, aquí estoy, mojado y adolorido a causa de mis propias acciones.
Por eso decidí quedarme quieto una vez que salí del agua; no me movería hasta sentir que mi cuerpo estuviera curado.
Mis piernas habían absorbido el mayor daño, aunque logré reducirlo sacrificando la barca y utilizando magia de viento.
Aguanté así unos minutos hasta que sentí que podía moverme, pero no lo hice de inmediato, pues quería asegurarme de que realmente me recuperaría por completo.
Seguí utilizando magia de vitalidad durante varios minutos más hasta sentir la confianza de moverme.
—Menos mal que la magia puede usarse de estas maneras, de lo contrario sería muy difícil recuperarme —dije en voz baja.
Agradecido, me levanté para dirigirme a mi casa.
Me tocó dar una vuelta enorme, ya que no podía simplemente escalar el precipicio.
Al llegar, el sol ya se había ocultado y la oscuridad envolvía todo.
Entré en la casa y me dirigí directamente a la habitación, como siempre, para irme a dormir.
Caí rendido en la cama y finalmente me quedé dormido, listo para ser mejor al día siguiente.
Pero mis sueños, como siempre, me llevaron a un lugar diferente.
No estaba en mi bosque habitual, pero sí estaba Aglala, quien me guiaba hacia algún sitio especial.
—Bueno, Jacob, ya casi llegamos —dijo ella.
—¿Cómo crees que reaccionará?
—pregunté con cierta duda.
—La verdad, no lo sé.
Pero es la mejor persona en quien confiar en estos momentos.
Alcancé el paso de Aglala y, ante nosotros, apareció algo gigantesco.
Nunca había visto una construcción así: muros que rodeaban su interior, un río en el exterior, el clásico gran puente que requería ser accionado por alguien más, y un castillo de piedra imponente en su interior.
—Bueno, Jacob, dame un momento para que abran la puerta.
En un movimiento ágil, Aglala alzó el vuelo, lo que llamó la atención de los guardias.
—¡IDENTIFÍCATE!
—gritó uno de ellos, vestido con una armadura de cuero.
Sin embargo, pronto reconoció a la chica.
—¿P-PRINCESA?
¡Chicos, abran la puerta!
Su majestad ha regresado.
En pocos instantes, ella descendió al suelo mientras la puerta se abría.
Ambos entramos, pero el protocolo de seguridad se activó.
—¡Eh, extranjero!
¿Quién eres?
—preguntó uno de los guardias, señalándome con desconfianza.
—Déjalo, es un invitado mío —respondió Aglala con firmeza.
—Pero, princesa, ¡míralo cómo viste!
Tal vez sea un enemigo.
—Si lo fuera, ya no estaría viva —replicó con determinación.
—Ehh…
Entendido.
Tras esa pequeña discusión, seguimos avanzando hasta el inmenso castillo.
Yo deseaba explorar cada rincón, pero sabía que debía demostrar madurez y contuve mis ganas.
En pocos minutos, Aglala me llevó frente a una puerta de madera.
—Toc, toc.
Padre, soy yo.
Con su mano, golpeó suavemente la puerta, y la voz de un hombre respondió desde el interior: —Adelante, hija.
Entramos en la habitación, que estaba llena de papeles.
Un hombre barbudo, con alas y ropas rojizas, estaba sentado resolviendo una montaña de papeleo.
—¿Qué encontraste?
—preguntó sin levantar la vista.
—Padre, al menos mira, hay alguien más aquí.
Alzando la mirada, observó curioso.
Analizó mis ropas militares, mi rostro, mis ojos y mis manos, buscando algo en mí.
—Chico, ¿qué raza eres?
La pregunta me tomó por sorpresa, pero respondí rápidamente.
—Soy un humano.
—¿Humano?
No conozco esa raza.
¿Estás relacionado con las desapariciones?
—De manera indirecta, aunque es una historia muy larga.
—Dime los puntos principales.
—Mis superiores querían los catalizadores a la fuerza.
Ante esa acción, me rebelé, y ahora soy una persona buscada.
El hombre reflexionó sobre mis palabras.
Después de todo, mis acciones representaban el dilema clásico: ética personal versus seguir órdenes.
Pero también implicaba un asunto más amplio que él debía considerar como rey.
Había gente que deseaba los catalizadores a toda costa, y mi rebelión no cambiaría la perspectiva de mis superiores; seguramente enviarían a alguien más.
—¿Hay posibilidad de diálogo?
—Creo que no.
Prefirieron evitarlo.
Han realizado varias misiones en busca de los catalizadores, y parece que fui el primero en rebelarme.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Leí todos sus informes.
El hombre suspiró y me miró directamente.
—¿Qué es lo que quieres?
—Quisiera la paz entre ambos, pero la gente en el poder no facilita eso.
Quiero pedir su ayuda para movilizar un ejército.
El rey meditó en silencio, mirando sus papeles.
—¿Y qué ganamos nosotros?
—¡PADR…!
—Tú no hables en esto.
Debemos considerar todo lo que conlleva mover un ejército, aun en estas situaciones.
Ante esa respuesta, Aglala calló y me miró como si yo fuera su última esperanza.
—Pueden ganar dos cosas en especial: nuevos aliados y nueva tecnología, lo que les permitirá ser mucho más efectivos, además de evitar las desapariciones de los pueblos —respondí con firmeza.
Aquel guardia había mencionado unos enemigos, y Aglala también se había referido a otra raza.
Tal vez ambas cosas estaban relacionadas.
Si uníamos los elementos, nuestra ayuda les sería muy útil.
—Es una buena propuesta —respondió el rey, mirando por la ventana.
—¿Pero puedes demostrar que vale la pena?
—preguntó, fijando su mirada en mí.
—Sí.
Ante mi afirmación, el hombre sonrió, como si viera un desafío en el aire.
Sabiendo que debía demostrar que mis palabras tenían peso, pregunté algo que podría parecer absurdo.
—Ese árbol… —señalé un árbol fuera de la ventana, a unos cincuenta metros de distancia—.
¿Es importante?
—Para nada.
Sin dudar, saqué mi revólver y disparé.
—¡Bam!
El proyectil, potenciado con magia de viento y fuego, atravesó y quemó el interior del árbol en menos de dos segundos.
—¿Le parece aceptable?
—pregunté, manteniendo la calma.
—Depende.
¿Es lo máximo que puedes ofrecer o el mínimo?
—Se podría decir que es el mínimo.
Ante mi respuesta, su sonrisa se ensanchó aún más, de lado a lado.
—Y dime, ¿cómo quieres que te ayude?
Al escuchar esas palabras, Aglala bajó los hombros y dejó escapar un suspiro de alivio.
—Como decía, necesito un ejército.
Debemos sacar del poder a la gente que impide la paz.
—Ir por la raíz del problema… Eso es bueno.
Pero, ¿ya tienes identificados a quienes debes derrocar?
¿Y cómo piensas esparcir la verdad?
—Ya esparcí la verdad y los nombres de quienes se oponen a esta paz.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Hay dos problemas.
En mi mundo, hay personas que no creen en la magia, y también hay rivales que utilizan magia y tecnología para obtener resultados similares, o incluso superiores.
Por eso necesitamos más ayuda.
—Ya veo.
Necesitas credibilidad y poder.
—Así es, señor.
—Te asignaré un ejército.
Aglala me contará más detalles, pero dime, ¿qué harás ahora?
—Tengo información sobre alguien a quien atacar.
Me reuniré con mis hombres para repasar el plan.
—Quédate unos minutos.
—Entendido.
El rey suspiró antes de continuar: —Sabes, nuestra raza está en conflicto.
Aunque esto lleva ocurriendo desde hace mucho, nuestros enemigos se han hecho más fuertes desde la ascensión de Grim.
Por ello, necesitamos mayor poder de ataque.
¿Nos ayudarán?
—Sí.
Lo haremos una vez que resolvamos nuestro conflicto.
—Gracias.
Espera, firmemos un documento como constancia.
El hombre tomó una hoja en blanco y comenzó a escribir.
Pasaron varios minutos antes de que terminara y me la entregara.
—En resumen: yo los apoyaré hasta que formalicemos la paz, y luego ustedes nos ayudarán.
—Entendido.
Tomé la pluma, firmé con mi nombre y le devolví el documento.
—Quédate esta noche.
Parece que no has dormido en un buen tiempo.
—Gracias, su majestad, por su hospitalidad.
—Es lo que se da a los invitados.
Tras eso, Aglala me guió hacia lo que sería mi habitación.
—Duerme bien, Jacob.
—Gracias.
Entré en la habitación.
Era simple, con una cama en el centro y un escritorio cerca de la única ventana, que daba hacia el exterior del castillo.
Me senté en el escritorio y miré mi reloj: marcaban las 7:30.
Usando mi teléfono, revisé los detalles del ataque que mi equipo realizaría al día siguiente.
Nuestra aparición debía ser emblemática, demostrar lo que el gobierno había intentado ocultar: la existencia de la magia y de otras especies además de los humanos.
Sabíamos que teníamos que ganar la confianza necesaria para evitar más derramamiento de sangre.
Aunque nuestros métodos fueran algo violentos, eran tristemente necesarios para avanzar en este conflicto y lograr la paz entre ambos mundos.
Con un plan medianamente aceptable, volví a mirar la hora: eran las 8:30.
Con el procedimiento definido, sabía que por fin dormiría bien, algo que no ocurría desde hacía mucho.
Me arropé en la cama, que era algo incómoda, pero no importaba.
Al poco tiempo, cerré los ojos y caí profundamente dormido.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Si, el milagro ocurrio, estoy actualizando siguiendo el horario,continuare asi lo que pueda.
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