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En el mundo desconocido - Capítulo 49

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  4. Capítulo 49 - 49 Cap49Navegante
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49: Cap49:Navegante.

49: Cap49:Navegante.

Escape del Mothman.

Ahora estaba en mar abierto, mirando el cielo.

—Por el este sale el sol y por el oeste se oculta.

Con esto podía ubicarme en el mar durante el día.

A mi izquierda estaba el sol, proyectando sombra hacia el oeste, lo que significaba que navegaba rumbo al norte, hacia la isla más cercana.

Miré las velas extendidas, impulsadas por el viento, tal como lo había planeado.

Pero ahora no tenía nada que hacer.

Todo lo que hubo en la isla se hundió con ella, gracias al Mothman, dejándome aquí, en el mar.

—Iré a mi habitación.

Con eso, me di la media vuelta y entré en el cuarto donde dormía.

Al entrar, vi la cama en una esquina, el escritorio con el mapa sobre él y su respectiva silla.

Como algo extraño, había otra silla con algunas prendas de vestir, a pesar de que tenía un armario para la ropa limpia y un canasto para la sucia.

Pero la ropa de la silla no encajaba en ninguno de esos lugares.

No estaba lo suficientemente sucia para lavarla, pero tampoco tan limpia como para guardarla.

Por eso tenía esa silla, para dejar la ropa cuando no supiera dónde ponerla.

Me acerqué al mapa que ya había revisado antes.

En él, cientos de islas estaban esparcidas a lo largo del mundo, y yo había estado en una de ellas.

Ubique mi objetivo: al norte, aquella isla marcada en verde.

Pero no sabía cuánto tiempo tomaría llegar hasta allí.

Tal vez horas, días o incluso meses.

Sin embargo, eso no debía desmoralizarme; tenía que superarlo.

Después de todo, solo habían pasado un par de horas desde que salí de la isla.

Era mejor ir a la sala de los remos para acelerar el viaje.

Con ese pensamiento, me levanté de la silla y salí, bajando las escaleras hasta el sitio donde estaban los remos.

Pero el suelo aún estaba mojado por culpa del Mothman.

Al darme cuenta de esto, tuve que regresar a buscar un balde y un trapeador.

Volví y comencé a limpiar: pasaba el trapeador, lo escurría en el balde y, cuando este se llenaba, subía a tirar el agua al mar.

Hice esto unas cinco veces hasta que el suelo quedó seco.

Al ver mi trabajo terminado, alcé los puños en señal de victoria, pero enseguida recuperé la compostura para retomar mi propósito inicial.

Me senté, abrí las ventanas, saqué los remos y comencé a mover el barco.

No tuve que usar demasiada fuerza, solo remar con constancia, a diferencia de cuando huía del Mothman, que incluso tuve que usar magia.

Así pasé el tiempo, hasta que mis brazos comenzaron a doler.

Al sentir el cansancio, decidí que era momento de parar.

Cerré las ventanas, guardé los remos y fui a descansar.

Cuando salí a la cubierta, vi que la noche había caído.

El sol se había ocultado, dejando ver las estrellas, mientras la luna colgaba en su fase inicial.

Di un suspiro y regresé a mi habitación, donde me acosté a dormir.

Cerré los ojos, esperando que el día siguiente fuera mejor.

Cuando llegó la mañana, no me despertó ni el graznido de los pájaros ni siquiera la luz del sol.

Lo único que me sacó del sueño fue el vaivén de las olas golpeando mi barco.

—Ojalá no haya cambiado de dirección.

Salí a cubierta para comprobar la sombra.

Era igual que ayer: el sol salía por el este, proyectando la sombra hacia el oeste.

Sin mucho más que hacer, decidí usar la ropa de la silla.

Era hora de comer, así que fui a la cocina improvisada.

Había usado piedra en lugar de leña, para evitar incendios en el barco.

La estufa estaba conectada a una chimenea con protección para evitar que la lluvia mojara el interior.

Coloqué un pedazo de madera y lo encendí con magia elemental de fuego.

Solo me quedaba disfrutar de cocinar algo.

Saqué un pescado de la nevera.

No comprendía cómo funcionaba ese refrigerador.

En la casa del bosque seguía funcionando incluso después de tanto tiempo.

Solo podía agradecer al contratista que me lo dio, pues no consumía electricidad, lo que lo hacía perfecto para este lugar, donde no tenía una fuente de energía.

—Aunque alguien que supiera seguro lo haría funcionar.

Mi mayor limitante no era la falta de electricidad, sino mi desconocimiento.

Al no entender el fundamento científico de la electricidad, no podría hacerlo funcionar, incluso si tuviera magia.

Fue gracias a la magia y a lo que vi en películas sobre barcos, además del principio de Arquímedes que aprendí en la escuela, que logré hacer funcionar este barco.

La magia me ayudó a fabricar herramientas, construir un carro para transportar madera, cortarla correctamente y perfeccionar los detalles que no lograba cuadrar.

No fue fácil, pero lo logré.

Me pregunté qué haría alguien con verdadero conocimiento.

El mundo debía haber cambiado mucho en estos ochenta años.

Quizás la magia había sido como la Revolución Industrial, trayendo tanto beneficios como problemas a la sociedad.

Tal vez ahora las energías eran 100 % limpias.

¿Habríamos conseguido al fin los coches voladores?

Tenía miles de expectativas sobre cómo sería el mundo.

Mi única limitante era llegar a tierra firme.

Luego correría de un lado a otro, maravillándome con los cambios.

Ese pensamiento me hizo sonreír mientras avanzaba en mi barco.

Pero todo eso tendría que esperar hasta llegar a algún sitio.

Para acelerar el viaje, volví a la sala de los remos y repetí el proceso del día anterior.

Mientras remaba, me asaltó una duda.

—¿Será que me estoy desviando?

Desde la sala de remos no podía ver nada.

Miré por el periscopio, pero no distinguí nada a mi alrededor.

Comprendí que tendría que hacer una brújula.

Recordé un experimento que había visto cuando era pequeño y decidí intentarlo.

Tomé un clavo de metal y lo froté con mi ropa para cargarlo de energía.

Luego puse un balde con agua y coloqué un pequeño corcho flotando en su interior.

Volví a frotar el clavo y lo deposité sobre el corcho.

Este comenzó a moverse hasta apuntar hacia el frente.

—Entonces, sí voy hacia el norte.

Sin más dudas, seguí remando durante horas hasta que no pude más.

Exhausto, fui a mi cama.

Me pregunté qué sería de mí ahora.

Solo podía seguir remando rumbo al norte, verificando con el periscopio si estaba cerca de algún sitio.

No debía rendirme.

Cerré los ojos hasta el día siguiente.

Al despertar, todo seguía igual.

El cielo despejado, mi barco avanzando sin que supiera a qué velocidad.

El sol salía por un lado, y yo no tenía nada para distraerme del aburrimiento.

Sin más opciones, decidí lavar mi ropa.

Llené un balde con agua y otro con jabón.

Sumergí las prendas y las restregué hasta que el agua salió oscura.

Luego las enjuagué y repetí el proceso hasta que estuvieron limpias.

Coloqué una cuerda de lado a lado y colgué la ropa.

Después, volví a la sala de los remos y repetí mi rutina.

Agotado, fui a mi cama, preguntándome cuánto tiempo más viviría así.

Al día siguiente, me levanté casi arrastrándome.

Abrí la puerta y vi lo impensable.

—Sí…

llegué a la isla.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Con esto doy inicio al nuevo arco donde el protagonista se enfrentara a diversas cosas, algunas esperadas y otras no tanto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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