En el mundo desconocido - Capítulo 50
- Inicio
- Todas las novelas
- En el mundo desconocido
- Capítulo 50 - 50 Cap50La nueva isla
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
50: Cap50:La nueva isla 50: Cap50:La nueva isla Sí, ya había tierra a la vista.
Ante esto, miré el sitio al que me dirigía, viendo cómo en la orilla había una playa y, más adentro, comenzaba a vislumbrarse la ciudad.
Esta contenía grandes edificios, como si fueran conjuntos residenciales en el interior de la isla.
Se destacaban por su altura, que los hacía visibles desde la lejanía, junto con aquel característico color ladrillo.
Sin embargo, a pesar de ese entorno predominantemente residencial, también buscaban preservar la naturaleza, ya que había enormes zonas verdes visibles incluso desde mi posición.
En esos lugares se erguían majestuosos árboles, similares a los de la isla anterior.
Era una vista increíble, porque significaba que en ese lugar había vida, a diferencia de donde estuve tanto tiempo.
Ya sentía cómo mi cuerpo me empujaba a ir a conocer a todas esas personas, a toda esa modernidad.
Sin más dudas, comencé a buscar un lugar donde pudiera estacionarme.
La playa la descarté de inmediato, pues no era buena idea llegar en barco a una posible zona turística.
Si fuera tan estúpido como para hacerlo, me arriesgaría a recibir una multa, un posible encierro o incluso pasar un buen tiempo en prisión.
Dejé que el viento golpeara mi rostro sin más quejas, porque si intentaba rodear la isla desde tan lejos en busca de un puerto seguro, me demoraría demasiado.
Lo mejor era acercarme lo suficiente para rodearla con mayor facilidad.
Entonces, decidí hacer lo principal: desayunar.
Había pospuesto la comida por haberme quedado analizando el paisaje de la isla.
Sin embargo, otra duda me invadió.
—¿Qué les diré?
No tengo papeles, aunque tal vez la tarjeta que Jonathan me dejó sea suficiente.
De hecho, la tenía olvidada y solo la traje porque desconocía su funcionamiento o propósito.
Me dirigí al cajón y saqué aquella tarjeta dorada del tamaño de una de crédito, decorada con símbolos extraños.
—¿Cómo funciona esta cosa?
En mis tiempos, las tarjetas de crédito tenían un tamaño similar, pero no habría razón para ponerle este tipo de estampado.
O tal vez sí, porque la magia era algo cotidiano y había cambiado por completo la normalidad con la que yo vivía en el mundo.
Incapaz de responder esas preguntas, volví a la realidad y busqué un lugar donde estacionar mi barco, pues ya estaba lo suficientemente cerca para rodear la isla.
Moví el timón, que había preparado con anterioridad mediante el sistema de poleas conectado al volante.
Mientras giraba alrededor de la isla, comencé a notar terrenos dedicados a la agricultura.
En ellos, la gente utilizaba varias máquinas para el cultivo de diferentes alimentos.
Sin embargo, parecía que aún no estaban en época de cosecha, ya que no había actividad en los campos.
Las horas pasaban mientras mi barco avanzaba lentamente en busca del supuesto puerto que debía existir.
Esta isla era mucho más grande que la anterior, por lo que decidí ir al lugar de los remos, quitar las ventanas e iniciar a remar.
Mientras lo hacía, usé el periscopio para observar si había algún sitio donde pudiera estacionarme.
Así continué hasta que cayó la noche, cuando finalmente pareció aparecer el lugar que me permitiría atracar.
Había otros barcos en el puerto, pero mientras me acercaba, noté que uno de ellos comenzó a moverse.
No le di importancia, pues mi único objetivo era llegar y conocer el mundo moderno.
Sin embargo, cuando vi que el barco venía en mi dirección, lo observé nuevamente.
Era negro, pero no parecía hecho de madera, sino de metal.
No tenía chimeneas de donde pudiera salir carbón ni velas para impulsarlo.
Tal vez usaba magia para moverse.
Cuando llegó a una distancia prudente, vi cómo un hombre de aproximadamente 1.75 metros, vestido con un abrigo café y pantalones oscuros, se asomaba y, con un altavoz, comenzó a hablarme.
—¡DETENGA EL BOTE E IDENTIFÍQUESE!
Con ese grito me dieron la bienvenida a este nuevo mundo.
Sin más opción, tiré el ancla para detener mi barco e inicié el proceso de elevar las velas.
Al hacerlo, aquel barco se acercó más y, cuando estuvo bien cerca, se detuvo para que su tripulante subiera a bordo.
—¿Quién eres?
Miré al hombre y esta vez pude verlo bien.
Su rostro, libre de arrugas, y su voz algo ligera eran indicios de que no era exactamente un adulto, sino alguien que podría estar entre los 16 y 18 años.
—Mi nombre es Jacob, vengo de la isla que el Mothman hundió.
—¿Esa isla?
Esa cosa estaba vacía desde hace una década.
—Bueno… digamos que pasaron algunas cosas.
—Niño, ¿y tus padres?
Aquel adolescente me miró de pies a cabeza y luego observó el barco junto a las habitaciones que tenía preparadas.
—Estoy solo.
—¿Solo?
Supongo que eso explica por qué apenas hay habitaciones.
Pero, ¿qué pasó con ellos?
—Bueno, ya no están conmigo.
El joven se dio una palmada en la cara y suspiró antes de lanzar otra pregunta.
—¿Y tu teléfono?
En mis tiempos, los teléfonos eran habituales, pero ahora no tenía ninguno.
—No tengo, ¿pero para qué?
—Por el amor de Dios… cada vez me dejas con menos opciones.
—¿Para qué lo necesitabas?
—Para que pagues el estacionamiento.
Supongo que ahora todo era virtual.
Tal vez un teléfono e internet me habrían servido para salir de la isla más rápido o vivir mucho más cómodamente.
Tendría toda la información del mundo en la palma de mi mano.
Pero al darme cuenta de que estaba divagando, recuperé la compostura.
En el pasado, fue un medio para lograr un golpe de estado, pero jamás lo exprimí al máximo.
¿Cómo se exprime algo así hasta el límite?
—Jacob, entonces, ¿qué harás?
Porque dejarte estacionar sin pagar no puedo.
El golpe de realidad me obligó a suspirar.
—¿Se puede pagar en cuotas, iniciando dentro de 15 días?
—¿Así que trabajarás para pagarlo?
Es una buena opción, pero no tienes cómo cubrir la cuota inicial y seguramente tampoco tienes historial crediticio.
No jodas… ¿Acaso la gente de su edad ya se preocupaba por esas cosas?
En mis tiempos, mi mayor preocupación a los 17 años era cómo reemplazar la bandera del colegio por la maleta de Jonathan.
—En efecto.
¿Qué te parece si me haces un préstamo para cubrirlo?
—Suena bien, pero tampoco tengo dinero.
—Espera… entonces, ¿qué haces aquí?
—Horas sociales.
No me dejan graduarme sin cumplirlas.
Maldición… ni siquiera en el futuro podías escapar de las 80 horas de servicio social.
¿No se supone que el tiempo debía cambiar y no dejar esas reglas?
—¿Conoces a alguien que pueda ayudarnos con esto?
—Mi padre.
—¿Podemos contactarlo?
—Sí.
Sacó su teléfono e inició una llamada.
Me alejé por respeto a su privacidad, pero al terminar, se dirigió a mí.
—Dice que sí, aunque con un interés final del 10%.
—¿Cuánto cuesta el estacionamiento?
—100 Zenit por día.
Incluso la moneda había cambiado.
¿Se usaría la misma en todo el mundo?
—¿Cuánto vale la hora del salario mínimo?
—Si vas a intentarlo por ese lado, no te lo recomiendo.
El mínimo apenas cubre lo necesario para vivir.
—Entonces, ¿qué opciones hay?
—Hay trabajos mejor remunerados, aunque son algo más peligrosos.
—Eso no me preocupa.
¿Cuánto pagan?
—Con un trabajo bien hecho puedes obtener 1,000 Zenit, y solo tomaría tres horas, pero no por eso es fácil.
—Bueno, sobreviví solo en una isla con osos y lobos, creo que algo puedo lograr.
—Ja, ja, ja.
Cualquiera puede con las bestias de nivel F, pero ¿has enfrentado una de nivel E?
Ahí es donde realmente comienza lo difícil.
—¿Cuánto pagarían por una bestia de nivel E?
—Lo que te dije, 1,000 Zenit.
—Ya veo.
Entonces, hagamos el trato.
Di mi mano, lista para estrecharla.
—No tan rápido.
Pero él no la respondió.
—¿Por qué?
—Quiero saber de dónde obtuviste este barco.
—Me tocó construirlo antes de que el Mothman hundiera la isla.
Aquellos recuerdos de cómo tuve que apurarme para acelerar mi construcción cuando escuché su ensordecedor grito llegaron a mí, para luego recordar cómo esa cosa negra consumió la isla hasta hacerla desaparecer.
—¿Hiciste todo esto tú solo?
Miró una vez más el lugar, dio un par de pasos para asegurarse de que la madera era de calidad, tocó un poco las puertas, revisando si estaba bien tratada y no era solo algo rústico.
Esto me hizo sudar las manos, porque sentía que me estaban poniendo a prueba.
—Sí.
Al darse cuenta de la calidad de la madera, me miró con ojos felices.
—¿Sin internet?
Al fin solté la tensión de mis hombros y respondí, casi sacando pecho.
—Sí.
—Pero esa isla no tenía nada, literalmente fue vaciada.
Sufrí por eso, pero ahora era algo de lo que podía sentir orgullo, porque aprendí lo necesario y me superé varias veces.
—Lo sé.
Me tocó improvisar mucho, usar magia para crear mis herramientas, fabricar mis armas y lograr huir de ese sitio.
—Increíble… La verdad, no me imagino haciendo eso.
—Entonces, ¿hacemos el trato?
—Primero, debes armar un grupo.
La verdad, yo quería formar uno, pero no me dejaron porque mis compañeros lo crearon antes que yo.
Así que estaba pensando que podríamos formar uno juntos.
—¿No hay problema con tus horas sociales?
—Al contrario, las favorecen.
—Ya veo.
Entonces, formémoslo.
Di mi mano una vez más, y él dijo: —Con gusto.
Soy Soren.
—Jacob.
Con esto, formé el grupo que me permitiría enfrentarme a bestias superiores a las de mi isla anterior.
El reto continuaba.
Debía cumplir mi contrato, lo que eventualmente me llevaría a luchar contra contratistas que superaban con creces a las bestias.
Así que tenía que prepararme para este mundo.
Pero, pese a todo, me sentía genial por la oportunidad de conocer más sobre el mundo de ahora.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Listo,con esto iniciamos la nueva trama.Es la hora del laburo xD
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com