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En el mundo desconocido - Capítulo 56

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  4. Capítulo 56 - 56 Cap56Como en el ejercito
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56: Cap56:Como en el ejercito 56: Cap56:Como en el ejercito Me tomé unos minutos para respirar mientras me curaba con magia de vitalidad.

El golpe que ese goblin me dio fue mucho más potente de lo esperado, pues me había dejado incapaz de moverme durante unos minutos, pero ya estaba mucho mejor.

—Oye, Soren, ¿cuántos goblins han sido?

—Ehh, pues creo que acabamos con los 15.

—Ya veo…

qué mal.

Puse una mano en mi cara mientras me quitaba el sudor.

No ganamos nada hoy.

—Ehh, déjame verificar.

Sacó su teléfono e inició a hablar.

—400 de la ropera, 300 de las técnicas y los tres tiros serían un total de 1,000 zenits…

Mierda, tienes razón.

Al final, lo único bueno sería la experiencia.

Mañana tendría que empezar a entrenar tanto a Soren como a mí.

—Soren, recuerda, iremos por misiones clase F.

—¡NOOOoooo!

El tonto se quejaba, pero lo de hoy solo mostraba lo evidente: apenas sobrevivimos y nuestras ganancias fueron inexistentes.

Es mala idea apresurarnos, por lo que tendríamos que centrarnos en el entrenamiento.

—Pero Jacob, ¿cómo mejoramos si no nos enfrentamos a enemigos distintos?

Eso podría ser un tema interesante, pero carecía de algo.

—¿Podrías luchar contra esos enemigos distintos?

Tragó saliva para luego suspirar.

—Está bien, lo entiendo, pero ¿cómo vamos a entrenar?

—Ahí en la guía debe decir.

Sacó su teléfono y comenzó a mirarlo, leyendo todo el artículo por fin.

Después, me dirigió su mirada con los ojos bien abiertos, como si no hubiera esperado lo que leyó.

—Espera…

eso no es humano.

—Es el precio de querer ser más fuerte.

Vamos, en el ejército la pasabas peor.

Ahí aparece un entrenamiento básico, y hasta puedes usar magia si no tienes la fuerza necesaria.

—Pe… —Nada de peros, te pondremos a entrenar.

Al final, quedamos en ceros; en eso iniciamos y en eso terminamos.

Qué molesto.

Entonces, lo que ahora haríamos sería manejar mejor el tiempo para entrenar.

—Hey, Soren, ¿cuál es tu horario de estudio?

—De 8 a.m.

a 12 p.m., aunque con las clases opcionales podrías quedarte hasta las 3 p.m.

Hasta en eso redujeron el tiempo.

Sin lugar a dudas, esto ya no es el lugar que conocía.

¿Cuántas veces la vida debe enseñarme la brecha generacional?

—Entonces, de 4 a 7 a.m.

te entreno.

—Ehhh.

Oye, yo te salvé.

Era un hecho, pero que los hábitos militares no mueran.

Con eso en mente, tomamos rumbo a la casa.

Mi lección aprendida sería que nunca te cures si no estás resguardado.

Tan obvio y tan fácil de olvidar.

Al entrar a la casa, estaba despejada.

Seguro el padre de Soren se había ido a dormir, así que yo también haría lo mismo, pero no sin antes ver la hora.

—9 p.m.

No te olvides de ir a dormir.

Ni tan tarde era, aunque sí necesario.

Tendría un buen sueño, y con eso en mente puse la alarma a las 4 a.m., como había prometido.

Me eché a dormir para que, cuando sonara la alarma, despertara.

Estirando los brazos, miré la ciudad desde el alto edificio.

—¿Cuánto valdrá vivir aquí?

En mis tiempos, estos lugares eran carísimos para vivir, pero ahora ni idea.

En este edificio tan grande entraban cientos de familias, a diferencia de otras zonas donde eran muchas menos.

Me pregunto la razón por la que ahora esos sitios se ven tan vacíos.

Mas no dejé que eso me detuviera.

Salí de mi cuarto para ir donde Soren, quien aún seguía durmiendo.

—PLAP.

Di un aplauso con mis manos, lo que hizo que Soren se moviera al otro lado.

—PLAP.

—Mmmnn…

no.

Seguía durmiendo.

Tal vez no debía usar un aplauso, así que me acerqué a su oído y con la lengua hice un…

—CLOAK.

Ese movimiento de la lengua hacía un potente sonido que tapaba el oído de mis amigos.

Soren no se salvó y se movió para taparse la oreja.

—¡¿Qué te pasa?!

—Es hora de entrenar.

Rápido, vístete.

—Nooo.

—Rápido.

—Está bien.

Salí de su cuarto y en 10 minutos ya estaba listo.

—Oye, ¿y el desayuno?

—Todavía no.

—¿Espera, qué?

—Iremos en ayunas.

—Me moriré.

—Vamos.

Sacándolo de la oreja, lo llevé afuera.

Era hora de entrenarlo para que pudiera aguantar todo lo necesario.

Así que nos fuimos a las calles.

En ello, solo fui a un parque.

—Bien, ¿sabes qué es el test de Cooper?

—¿Por qué siento que sufriré?

—Responde.

—Ehh…

no.

—Bien, solo debes trotar 12 minutos sin magia.

¿Listo?

—Entendido.

Usé el cronómetro de mi teléfono para medir el tiempo, pero no me quedé en eso.

También puse un contador de pasos para identificar qué tan grande era el parque.

En este se veían sus clásicos árboles, zonas verdes y caminos de cemento por los cuales nos desplazábamos.

El sonido de mis pies golpeando el cemento me recordaba a aquellos días en el ejército.

Qué curioso que al final me rebelara, pero aun así mantuviera tan fresca mi memoria de aquellos días.

Al terminar la vuelta, inicié a hacer algunos cálculos.

El parque tenía un total de 1 km de diámetro, bastante bueno para el test.

Miré el cronómetro, el cual indicaba que habían transcurrido unos cinco minutos.

Nada mal para mí.

Al final, tendría que acompañar a Soren para darle un conteo preciso tanto de tiempo como de distancia.

Mas cuando iba llegando, vi cómo de su cara caía el sudor.

Su camisa estaba empapada, como si le hubieran tirado un balde de agua.

Sin más opción, decidí acompañarlo.

Una vez que terminamos, inicié a ver cuánto había corrido.

—1,843 metros.

Ni bueno ni malo.

—¡AHHHH!

Pero ¿por qué si lo hice sin magia?

—Porque la idea es ver qué puedes hacer sin magia.

—Pero si la podemos usar, ¿por qué limitarnos a no usarla?

—Dime, ¿qué puedes hacer sin magia?

Este era uno de los problemas con la magia: facilitaba tanto las cosas que su eficacia era absurda.

Por eso decidí entrenar tanto mi cuerpo como mi magia durante la isla.

—Pues…

poco, ¿no?

—Exacto.

La idea es equilibrarlo.

—Eso dicen los profesores.

—Normal.

Porque puedes sacar más provecho cuando tienes ambos equilibrados que cuando dependes solo de uno.

—Bueno, eso mismo dicen.

—Entonces, si lo sabes, ¿por qué no lo aplicas?

—Ehh…

bueno…

pereza.

Dijo mientras se rascaba la cabeza.

Si quiero que pueda recuperar su título, tendremos que solucionar estas cosas.

—Bien, entonces iniciaremos.

—Oye, oye…

¡déjame reposar!

—Ja, todavía no.

Hay que entrenar tan duro que la guerra sea un descanso.

Con eso en mente, lo hice entrenar con su maná.

Le pedí que, con su magia elemental, formara algunas figuras que conocía, como triángulos de tierra, llamas controladas, ventiscas (ya fueran controladas o simplemente corrientes de aire muy pequeñas).

Después de eso, le pedí que intentara crear agua, lo cual resultó en poco o nada de eficacia.

—Mejor no lo hagas.

Si sigues, te desgastarás.

Mejor comamos.

—¿Pero qué sería?

No me digas que…

—Sí, como sospechabas, cociné antes.

Con eso en mente, saqué la maleta e inicié a sacar el desayuno, el cual comió.

Abrió la boca y metió grandes cantidades de comida con la cuchara.

Una vez que terminó de comer, se agarró la barriga.

—Ya puedo morir en paz.

—Hey, se te olvida que debes ir a clases.

—EHHhh, cierto.

Pasó de estar acostado a ponerse de pie en un segundo y se movió en dirección a la escuela, pero yo no lo acompañé.

Decidí caminar por la calle para ver algunas cosas que no había apreciado antes.

En medio de la ciudad, pese a la hora, los que más salían eran los estudiantes.

Ya no vestían uniforme, sino ropa casual.

Se movían en dirección al colegio, y en la reja sacaban su teléfono y lo usaban como si fuera una tarjeta, pero mediante un código QR, el cual parecía ser bastante efectivo.

Sin embargo, mi objetivo no era la tecnología, sino buscar más información sobre el contrato.

Para ello, decidí usar el teléfono para dirigirme a una biblioteca.

Al encontrarla, tomé rumbo a través del asfalto, observando los semáforos y a las distintas razas que convivían en paz.

Me sorprendía ver la variedad de alturas, colores de piel y formas particulares de sus cuerpos, como los ojos o el cabello de colores llamativos, que en mis tiempos eran raros, pero ahora parecían parte del día a día.

Era algo curioso, sobre todo para mí, que luché por esto.

La paz, que pensé que sería frágil, no lo era.

En cambio, parecía bastante fortificada.

Con el paso del tiempo, las razas terminaron uniéndose más en lugar de separarse.

Al llegar a la biblioteca, vi un gran edificio blanco que imitaba la forma de un iglú, pues su estructura era completamente circular y mantenía la misma forma hasta el techo.

Al entrar, vi las estanterías organizadas en filas, dejando espacio entre ellas para las mesas de lectura.

A mi lado estaba el bibliotecario, a quien no le di una respuesta explícita sobre lo que buscaba.

Simplemente le dije que miraría los títulos.

Me puse a leerlos y encontré cosas raras, como “Cómo hacer que tu hijo no sea un traidor”.

Vamos, ¿qué clase de nombre es ese?

Miré a mi alrededor, pero ninguno de los títulos sugería algo sobre el contrato.

Lo único que sabía hasta ahora era que estaba en un grupo de 7 vs.

7, pero más allá de eso, como los lugares, las dinámicas de combate y demás conocimientos, no había información disponible para mí.

Por eso, decidí volver a buscar en internet, pero solo encontré la misma información del día anterior.

No había ningún cambio.

Todo era lo mismo.

Tal vez debería buscar a alguien que supiera sobre el contrato.

Mi única esperanza era Aglala, pero yo no sabía dónde estaba.

—Mejor no me afano.

Entreno durante unos años con potencia y listo.

Con eso en mente, inicié a caminar otra vez por las calles, pero no imaginé que, en una plaza pública, vería a un hombre de rodillas con la espalda al aire mientras un grupo lo golpeaba.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Se me paso lo del dia de ayer,disculpen

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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