En el mundo desconocido - Capítulo 59
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59: Cap59:Adios 59: Cap59:Adios Al entrar a la ciudad, lo primero que vi fueron los centros comerciales, donde la gente se ponía a hablar mientras se vendían productos.
En algunos puestos había verduras, en otros, carnes, y otros vendían objetos más personales.
Mientras tanto, Soren inició a caminar hacia un puesto en específico.
Según veía, había algunas cosas en el suelo mientras él tomaba algunas.
—Oye, ¿cuánto vale este juego?
—Serían unos 60 zenits.
—Vamos, no creo que deba ser tan caro.
Es más, ¿quieres compararlo con el precio de mercado?
—Joven, deja de molestar si no vas a comprar nada.
—Pero en verdad quiero comprarlo, aunque a un precio más accesible.
Sin dejar que Soren continuara esta conversación —pues seguro no llegaríamos a nada—, decidí tocar su hombro para llamar su atención.
Él me devolvió la mirada mientras se llevó un dedo a la boca para después girar hacia el vendedor.
—Joven, entonces, ¿lo comprarás?
—Mira, si me lo vendes al precio original, claro que lo hago.
—Está bien, ¿cuál es el precio?
Sacó el teléfono de su bolsillo e inició algunas búsquedas.
Al terminar, le dejó ver la pantalla al vendedor, quien dio una respiración profunda antes de hablar.
—Está bien, tú ganas.
Y con una sonrisa, Soren le dijo: —Gracias.
Se hizo el pago e iniciamos a caminar mientras tomábamos rumbo por ahí.
Pero lo que él hizo me dio algo de curiosidad, porque él no solía insistir en las cosas…
o bueno, hasta donde yo sé.
—Entonces dime, Soren, ¿por qué insistías en ese juego?
—Bueno, era algo de mi infancia.
—¿En serio?
Cuéntame un poco.
—Cuando era pequeño, mi papá me compró una colección de juegos para que me entretuviera mientras él estaba trabajando.
—Ya veo, me hago la idea.
—Sí, pero después de eso, se me terminaron dañando por el poco cuidado que les di.
Eso me recordó cómo vi la casa cuando llegué; hasta me tocó ayudar con el desorden.
—Ya me hago la idea, pero ¿no era mejor usar la versión digital?
—Vale la pena más el físico, mira.
De la caja hizo un movimiento con las manos para abrirla.
Luego de ahí sacó lo que parecía un cartucho y después varios manuales junto con revistas.
Incluso tenía un pequeño libro sobre el lore.
Esa cosa, en mis tiempos, me hubiera encantado, porque ya no solían sacarlos, lo que me hizo sonreír.
—Qué genial.
—Sí, aunque en el pasado todo se me perdió.
—¿En serio?
—Los llevé al colegio, pero cuando volví, ya no estaban.
Eso me hizo empezar a analizar posibilidades.
¿Fueron realmente una pérdida o sabotaje?
Porque si ni siquiera quisieron hacer un grupo con él, me hacía pensar en algo raro.
Mas no lo dije, pues no sabría cómo abordar el tema.
Así que continué caminando mientras miraba el cielo azul y los edificios altos, que parecían querer tocar el cielo.
A medida que caminaba por la acera, empecé a ver a más personas.
Pero estas tenían ropas algo distintas, donde el color predominante era el azul, ya fuera en las piernas o en el pecho.
También llevaban guantes blancos en las manos.
Ese grupo, aunque disperso, nos miraba.
En respuesta, toqué el hombro de Soren y le di una mirada rápida hacia esas personas, que no pasaban de tres.
—Oye, ¿los reconoces?
—Oh, ellos son la policía.
Dando la espalda, continué caminando con Soren mientras mis hombros caían en tranquilidad.
—Ya veo, pensé que era gente como la del grupo nivel E.
—No, para nada.
Mas cuando me disponía a seguir caminando, sentí una mano agarrar mi hombro, haciéndome girar hacia atrás.
Era un policía, cuya altura hizo que su sombra me cubriera por completo.
—Chico, ven conmigo.
—Eck, eh…
¿qué?
Mis palabras apenas se formularon.
Soren giró para poder presenciar lo mismo que yo, dándome miradas rápidas a mí y al soldado.
—Oye, Jacob, ¿qué está pasando?
—No tengo idea.
—Te dije que debes venir a la comisaría.
—¿Pero por qué?
—De ese tema no se habla por aquí.
Decidí callarme un momento para después analizar las posibilidades y alguna solución en caso de ser necesaria.
—Lo haré, pero déjame hacer unas cosas.
—No te demores.
—Claro, no me demoraré.
Primero, Soren, pásame tu número.
Segundo, ve a casa.
Y tercero, yo te informo qué pasó.
—Eh…
bueno.
Saqué mi teléfono y anoté el número rápidamente, pero por si acaso me lo memoricé para después llamarlo.
Luego de eso, inicié mi camino hacia la comisaría, siguiendo al hombre.
Al llegar, vi el edificio con el letrero “Comisaría”.
Entré y me llevaron a una sala con la clásica mesa y paredes blancas que me encerraban.
Movieron la silla del acusado para que me sentara y luego encerraron mis manos.
Al sentir eso, miré al techo, donde estaba la luz, y recordé aquellos tiempos del pasado.
Parecía ahora un mal chiste estar sentado aquí, porque antes yo era quien realizaba los interrogatorios.
Pero no tuve mucho tiempo para mi monólogo, pues la puerta se abrió y entró alguien.
—Jacob, supongo.
—Sí, ese soy.
Era una mujer que, como era normal con todas las personas, me superaba en altura.
Su cabello de color plata caía en su espalda, y con sus ojos verdes me miraba, entrecerrándolos.
Pero hubo una cosa que me llamó la atención: sus orejas alargadas, lo que ya me indicaba su raza de elfa.
Al entrar, se sentó enfrente de mí y sacó un cuaderno.
—¿No usarás un informe?
En mis tiempos, solía usar carpetas con información de la persona interrogada.
—No lo usaré, tomaré notas.
Inhalé algo de aire para después exhalar e intentar ver cómo salir de aquí.
—Bueno, entonces, ¿cuáles son las preguntas, o me dejarás hacer algunas?
—Iniciaré yo.
¿Quién eres?
—Jacob Méndez.
Pero, ¿eso cómo afecta esto?
—No responderé la pregunta hasta el final.
—Bueno, entonces, más allá de Jacob Méndez, no hablaré, porque no entiendo la razón de mi arresto.
Con su esfero, que presionó una, dos, tres veces, noté que, aunque mantenía su rostro en calma, parecía forzarse a decirme algo.
Pero yo debía enfocarme en el porqué.
¿Si no usaba un informe y me preguntaba quién era, qué significaba eso?
¿Es que no tenían información sobre mí?
Lo cual era normal, porque estuve muerto 80 años.
—Déjame adivinar, ¿estás buscando mi identidad para acusarme de algo que no hice?
Ante esa declaración, la sargento abrió los ojos y sonrió.
—Ja.
¿Algo que no hiciste?
No, es algo que sí hiciste.
—Pues lo niego.
—¿Cómo vas a negar lo más obvio?
Ese robo millonario.
Por un lado bingo,ella cayo en el anzuelo ,pero ante eso, levanté mi ceja mientras intentaba saber cuál era ese supuesto robo.
Tal vez se refería a la herencia, pero eso no me hacía culpable de algún crimen.
—¿Puedes explicar la problemática?
—¿Qué, nunca fuiste a la escuela?
—Vamos, no intentes deducir cosas sobre mí.
¡PLAP!
Ante esa pequeña provocación, ella golpeó la mesa, quedando parada frente a mí y acercando un poco su cara.
—Oh, intenta pensar.
¿Cómo un chico de 12 años puede sacar tanto dinero en minutos?
Es más, es una transacción hecha hace 60 años.
Tal vez hubo un robo.
—En caso de ser un robo, debes demostrar que sí lo hay.
—Que el dueño original esté muerto.
—¿Y si es una herencia?
—¿Puedes demostrarlo?
Menos mal que tengo la carta que me quedo de Jonathan en el barco,con esto me liberare de este problema así que sonreí mientras mis hombros cayeron para dar mi respuesta —Sí.
—Ja, pues qué inútil.
Esas palabras hicieron que frunciera el ceño mientras la miraba a los ojos.
—¿Por qué dices que es inútil?
—Ah, en resumen, son ilegales.
—No tiene sentido.
—Ja, se nota que nunca fuiste al colegio.
—Pues, si es tan importante, explícalo.
—Las herencias son ilegales.
No por nada vivimos en una meritocracia.
Miré al techo.
Ella me manejó por completo al confiar en mi pensamiento de que la herencia valía la pena.
Una lástima, porque era lo que me dejó mi mejor amigo.
Al pensarlo, apreté los puños mientras ponía fuerza en los pies, pero respiré hondo para recordar un hecho: el mundo en el que ahora vivía era diferente.
—Entonces, ¿qué se procede?
—Al ser menor de edad, se te congelará la cuenta.
Adiós, mi dinero.
Pero también sentí que debía hacer algo más.
—¿Todo el dinero?
—No, se te dejarán unos 5,000 zenits.
—¿Pero se limitará la cuenta por completo?
—A medida que sigas trabajando, se irá desbloqueando.
Perdí mucho, sí, pero me dejaron una cantidad suficiente para moverme y una forma de recuperar el resto con el tiempo.
Si sigo preguntando o quejándome, podría generar mas problemas que me lleven a una situación peor.
Así que mejor callar y seguir adelante.
—Ya veo.
Entonces, ¿qué procede?
—Nada más.
Pero no olvides mantener en silencio todo lo que se habló aquí.
—Sí, lo entiendo.
Con eso entendido, me quitaron las esposas para poder irme.
Perdí mucho dinero…
Ni en la guerra perdí tanto como en este día.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Volvi xD
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