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En el mundo desconocido - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 Cap69Nahuales
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69: Cap69:Nahuales 69: Cap69:Nahuales Los tres días pasaron volando.

En esos días, lo único que hice fue enfocarme en descansar y recolectar información sobre los Nahuales.

Según Ana, serían débiles al elemento tierra, pero yo consideraba la posibilidad de que existieran otros, por eso compré la pistola.

Hoy era el día de la misión, así que me levanté de la cama y salí al pasillo, donde estaba Soren.

—Entonces, hoy es el día.

—Sí, así será.

Cocina algo y prepara un almuerzo.

No sabemos cuánto tiempo duraremos.

—Entendido.

Soren fue a la cocina, mientras yo me sentaba en el sofá y miraba por la ventana la ciudad.

A medida que mi vista se alejaba, la ciudad se transformaba en campo, hasta llegar a la costa, donde había estacionado mi barco.

Alguien me interrumpió.

—Ten, Jacob.

—Gracias, Soren.

Volteé y tomé el plato de comida, lo puse en la mesa y empecé a comer.

—Me pregunto cómo haremos con las estrategias.

—Vamos, deja de preocuparte, Jacob.

—Es difícil no hacerlo cuando no puedes confiar en quien debería ser tu superior.

Comí a cucharadas, mientras Soren me observaba con una mueca.

—¿Quieres decirme algo?

—Eh, no, nada.

Él comió su comida hasta que terminó.

Eso significaba que era hora de salir para encontrarnos con Ana.

—Por cierto, Jacob, ¿ya te dijeron dónde será?

—Aquí tengo la ubicación.

Le mostré a Soren el mensaje que Eduardo me había enviado.

Parecía ser en el campo, cerca de un arroyo.

—Por cierto, Soren, lleva botas, ¿listo?

—Sí, sí, lo que digas.

Me hizo caso, fue a la habitación y volvió con unas botas que se puso.

Finalmente, decidimos salir, cerrando la puerta con llave.

Bajamos las escaleras y caminamos hasta la calle, donde tomamos un taxi que nos llevó del área tecnológica al campo verde.

—Aquí es, señor.

Nos bajamos y caminamos hacia el punto de encuentro, donde encontramos a la oficial reclinada en un árbol, con los brazos cruzados.

—Pensé que traerían más cosas.

—Traer más de lo necesario es un estorbo.

—Vaya, entonces confías en lo básico y esencial.

—Claro, junto con un buen plan, eso basta y sobra.

—¿Un plan?

¿En serio?

¿Acaso no puedes adaptarte en medio del combate?

—Oh, entonces la sargento Ana es alguien que primero golpea y después pregunta.

—Eres un idiota.

Para empezar, tú eres el más pequeño del grupo.

—¿Qué pasa?

¿No puedes argumentar contra lo que dije y por eso tienes que insultarme?

Di un paso al frente e hice tronar mis nudillos.

—Mocoso engreído.

Yo, mirándola a los ojos, agarré el látigo de mi cintura, lo solté y empecé a caminar.

—Supongo que esto sí es una solución.

Pero Soren se puso en medio, con los brazos en alto.

—¡Oigan, oigan!

¿Qué demonios están haciendo?

—Tú cállate.

Le respondí al chico, que tenía gotas de sudor en la cara.

La sargento lo apartó.

—¿Continuamos o qué?

Cuando me disponía a dar el siguiente paso, algo entró en mi mente: la tontería que estábamos a punto de hacer.

—Mejor no lo hagamos.

—¿Qué?

¿Te dio miedo?

—Idiota, recuerda por qué vinimos.

Ella tragó saliva, apretó los puños y nos miró para después darse la vuelta.

—Muy bien, para enfrentar al nahual, debemos encontrar su escondite.

Parece que está cerca de este río.

Parece que puede pensar.

Entonces, lo que debemos hacer es encontrar huellas, marcas y similares.

—Sargento, entonces, ¿qué animal es el nahual?

—Vas directo al grano.

Parece que te criaron bien.

—Sin rodeos, por favor.

—Parece que es un cocodrilo.

Esto limita nuestras armas.

La ropera es un arma ligera que se basa en la agilidad y no en el poder.

—Soren, no podrás usar tu ropera.

Deberemos luchar cuerpo a cuerpo o con magia.

—Eh, ¿espera qué?

—Recuerda que los cocodrilos tienen varias escamas.

—Ja, no estás del todo equivocado, niño, pero te olvidas de una cosa.

—¿Puedo saber qué?

—Te olvidas de que pueden adoptar formas parecidas a humanos.

—Ah, entonces lucharán en su forma más vulnerable.

Claro que no.

—¿Y crees que pelear convertido en cocodrilo será mucho mejor?

—Tener la ventaja de la defensa será mucho mejor que sacrificar todo por una supuesta mejor ofensiva.

Empezamos a caminar, mirándonos a los ojos, pero el idiota de Soren se metió en medio.

—¿Otra vez?

¿Qué demonios les pasa?

—Simple, estoy viendo a alguien que no razona.

—Qué curioso, supongo que te estás viendo en un espejo.

—Maldita orejona.

—¿Qué dijiste?

—Mierda, ustedes dos, ¿qué demonios les pasa?

¿Por qué demonios se quieren agarrar a golpes a cada rato?

—Tchz.

Nos dimos la espalda y empezamos a caminar en direcciones opuestas.

—¿Por qué te quedas, Soren?

Debemos investigar.

—¿Espera qué?

¿Ahora qué demonios quieres investigar?

—Lo principal, el escondite del Nahual.

—Ehh, bueno, supongo que sí.

Me acerqué al arroyo, mientras que la sargento lo recorría caminando a contracorriente por la orilla.

Yo me quedé quieto, mirando a ambos lados, viendo que no había ningún indicio de que hubiera pasado algo cerca del sitio.

No había huellas, lo que nos obligaba a seguir caminando detrás de la sargento.

—Oye, Jacob, ¿por qué quieres encontrar primero el escondite?

—Debemos preparar una emboscada.

Las orejas de la sargento se movieron.

Supongo que no son de decoración, sino que permiten escuchar chismes a medio kilómetro de distancia.

Sacando pecho, habló.

—Ja, ¿una emboscada?

Ya se me hacía raro que fueran tan eficientes si usan métodos de débiles.

—No me digas que tú quieres un enfrentamiento cara a cara.

Soren, anota por si acaso, jamás confiar en la sargento.

—Imbécil, si debes confiar ciegamente en un plan, cuando ese se rompa, todo se joderá.

—¿Y acaso crees que ir cara a cara con todo lo que te encuentres te sirve?

—Idiotas.

Seguimos caminando mientras buscamos más huellas, hasta que el sonido del agua golpeando nos indicó que llegamos a una cascada.

—Aún no hemos encontrado nada.

Eh, oye, Jacob, mira.

Señalando al suelo, Soren llamó nuestra atención.

Ahí estaban las marcas de pasos de cocodrilo, de lado a lado, junto con huellas humanas.

—¿Será que hubo una pelea aquí?

La sargento llegó y habló.

—No lo creo.

Si hubiera sido una pelea, las pisadas serían más profundas y habría manchas de sangre o incluso parecería que alguien cayó.

—Exacto, pero hay otra cosa que me llama la atención: el tamaño.

Tal vez hay más de un nahual.

—Yo digo que no es eso, sino que lleva mucho tiempo aquí y ha estado creciendo.

—Podría ser, pero me inclino más por la primera.

—Oh, ¿y qué te hace pensar eso, niño?

Con una sonrisa que se burlaba de mí, se había dirigido a mí.

Con mis venas palpitando, hice tronar mis nudillos, pero otra vez Soren se puso en medio.

—Imbéciles, todo iba tan bien hasta que se ponen de egocéntricos.

Lo peor no es solo que el novato nos esté ordenando, sino que tiene razón.

Por eso, solo puedo sentir un sabor amargo en mi boca mientras decido darle la espalda para respirar otra vez y seguir con los objetivos.

—Muy bien, Soren, entonces ahora será localizar el escondite.

—No hará falta.

Poniendo un brazo en la cascada, se hundió hasta el hombro.

—Aquí será.

Supongo que la mezcla de huellas húmedas y la cascada lo hacía obvio.

Y empezamos a movernos hacia la cascada, entrando uno por uno después de preparar el látigo y la pistola.

Soren también agarró la pistola con ambas manos, mientras que la sargento se puso un puño americano.

Ella fue la primera en entrar, seguida de Soren, y yo fui el último, para asegurarme de que no viniera nadie más.

Al cruzar el agua, me golpeó en la cara, y al dar el siguiente paso, vi que el entorno era diferente, mostrando un lugar donde la oscuridad predominaba, iluminado solo por la luz del sol que entraba por la cascada.

La sargento encendió una linterna e iluminó el sitio.

—¿Qué?

¿No trajeron una linterna?

Esto es importante.

—Hay alternativas, llevarla puede ser innecesario.

—Realmente me pregunto cómo hicieron lo de la casa.

—Solo unas cuantas llamaradas y listo.

—Imbéciles, esa es una mansión de madera y me llaman a mí idiota.

—Eso no importa ahora, mira las cosas.

Señalé la vajilla y los pocos muebles que había, donde se notaba una mesa con sillas, además de algunos platos.

—¿Qué tienen?…

Mierda.

—Ya lo notaste, ¿verdad?

—Oye, Jacob, ¿a qué te refieres?

Solo pude respirar y exhalar para darles la noticia.

—No es solo uno, son dos o tal vez más.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Aqui el capitulo,espero que lo disfruten

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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