En el mundo desconocido - Capítulo 73
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73: Cap73:Academias 73: Cap73:Academias Arrastré mi pierna mientras caminaba hacia el taxi que nos llevaría de nuevo a la ciudad.
Una vez dentro, comencé a hablar con Soren.
—Hey, ¿entonces cómo fue el combate con la sargento?
—Bueno, con ella no tuve problemas.
—¿En serio?
Eso es bueno.
—¿En verdad te parece?
—Claro, después de todo, significa que te puedes adaptar a diferentes comandantes.
—Oh, ya veo.
Bueno, déjame continuar: ella actuó bastante agresiva.
—Ja, lo suponía.
—Cuando dijiste que primero golpea y luego pregunta, se pudo comprobar ahí mismo.
—Pero parece que les fue bastante bien.
—En parte fue porque ella se encargó de las cosas importantes, como separar a los nahuales.
—Eso es algo difícil si no los conoces.
—Pues ella mandó a volar a uno con una patada.
—Me imagino que usó la magia de vitalidad.
—¿En serio?
Bueno, eso tiene sentido.
—Continúa, parece que usaste las pistolas.
—Sí, la verdad estuve tembloroso al usarlas porque ella sostenía al nahual.
—Espera, ¿qué hizo qué?
—Ella agarró al nahual desde la espalda mientras le sostenía la boca.
—Maldición, ella no duda ni un poco.
—Sí, eso es lo que la hace increíble.
—Tal vez.
Dije mientras miraba por la ventana, donde solo podía ver cómo anochecía mientras llegábamos a aquellos edificios donde entramos para dormir hasta el día siguiente.
Quien me despertó fue el calor en mi cara, que me hizo arrugarme un poco más al moverme en la cama.
Recordé un hecho: —Mierda, no hemos reportado lo de la misión.
Con mi mano, alcancé el escritorio donde estaba mi teléfono.
Al mirar la hora, decía las seis de la mañana; era hora de levantarse, así que me paré.
—¡Ay!
Miré mi pierna; todavía no estaba curada.
Decidí cerrar mis ojos mientras aplicaba la magia de vitalidad, como había aprendido en la isla, para sanarla.
Podía ver cómo la piel se ponía en su sitio mientras las marcas de lo que quedaba de la mordida cicatrizaban.
Con un suspiro, puse mi pie más fuerte en el suelo, notando que el dolor ya no estaba.
—Esto fue bueno.
Miré una vez más el teléfono, notando un hecho: —¿Media hora?
Maldición, estas cosas toman mucho más de lo esperado.
Espero que no se repita.
Sin dudarlo un poco más, envié aquel mensaje a Eduardo: —Eduardo, la misión la completamos el día de ayer.
Lo siento por no haber informado.
—No te preocupes, Ana lo reportó.
Por cierto, ¿cómo sigue tu pierna?
—Gracias por la preocupación, pero ya está curada.
—¿En serio?
¿Puedes mandarme una foto?
Haciendo caso a su pedido, tomé la foto con el teléfono y la envié.
—¿Ves?
Está bien.
—En serio se ve bastante bien.
No entiendo por qué Ana se preocupó.
—¿Ella se preocupó?
—Parece que te has ganado algo de respeto por pelear sin maná.
Por cierto, ya verifiqué lo de la cueva; se ve que tuviste un combate duro.
—Sí, eso fue por un error mío.
—Ya veo.
Entonces, ¿qué harás hoy?
—Tal vez me una a las academias.
Algo nuevo se puede aprender.
—Ya veo, eso sería de ayuda.
Por cierto, ¿podrías venir con Soren a la casa, aquella que despejaron?
—Está bien, iré con él.
Con eso dicho, salí del cuarto y comencé a caminar por los pasillos hasta llegar donde estaba Soren, quien estaba cocinando.
Al verme, señaló la mesa.
—Gracias.
Con eso dicho, me senté mientras me disponía a comer, aunque tenía en mente algo que preguntarle a Soren: —Hey, ¿investigar por internet o ir a la escuela?
—La escuela, sin duda.
—Ya veo, tal vez le haga caso a ella.
—¿En verdad irás?
Creo que te irá genial.
—Espero aprender algunas cosas.
Por cierto, hoy debemos ir a la casa que estaba maldita.
—¿En serio?
¿Por qué?
¿Hay algún nuevo secreto?
—Ni idea, parece que será algo importante.
—Ojalá así sea.
Comencé a comer y, cuando terminé aquel plato, era hora de hacer la parte de la rutina que me correspondía: lavar los platos.
Una vez hecho esto, salí rumbo a aquella academia.
Al salir del sitio, comencé a caminar por las calles de concreto mientras me dirigía hacia donde solía entrenar esgrima con Soren.
Al entrar en el edificio, me moví al primer salón que encontré, donde había una señorita sentada frente a una computadora.
—Oye, disculpa, pero estoy interesado en las clases.
—Oh, eso es bueno.
Dígame, ¿tiene un conocimiento básico de magia, artes marciales o experiencia en combate, o por su lado quiere ir a clases más técnicas como tecnología, historia, matemáticas y demás?
—Iré a las de combate.
—Está bien, déjeme verificar qué profesores están aceptando o dentro de cuánto estará disponible el siguiente cupo.
Comenzó a dar clics mientras presionaba teclas hasta que, una vez que terminó, me habló: —Parece que la siguiente ronda de estudiantes será en una semana.
—Ya veo, entonces vendré para ese entonces.
—Gracias por su consideración.
Salí del sitio mientras el sol me quemaba la cara.
Parece que tendré que esperar más tiempo para poder adaptarme de una mejor manera.
Esto de tener 80 años de retraso es un asco, así que le escribí un mensaje a Soren: —Iré donde Eduardo.
No había nada más que hacer en el día de hoy, solo me quedaba saber qué era lo que él quería o tal vez meterme en otra misión de cacería de osos.
Aunque tal vez debería intentar con goblins en solitario, o hasta con los kappa, pero no corro el riesgo porque en este mundo debo aprender mucho, tal vez más que en el pasado.
Comencé a caminar mientras los edificios, que parecían querer tocar el cielo, se veían cada vez más grandes.
Mi mirada se movía de lado a lado, observando solo sus montones de anuncios, hasta que tomé aquel taxi que me llevó desde la ciudad hasta esa vereda donde el reino de lo verde funcionaba como el contraste perfecto al color gris de la urbe.
Al bajar, solo pude dar un respiro mientras sentía cómo aquel viento inundaba mis pulmones.
Supongo que estar solo algunas veces te hace disfrutar el campo, pero ya viví un año en soledad que, hasta cierto punto, me hizo detestarlo.
Por lo tanto, es mejor equilibrar ambas cosas.
Caminé subiendo la pendiente mientras veía aquel edificio de cuatro pisos.
Hoy no tenía su puerta cerrada, sino abierta, y lo primero que vi fue un montón de gente caminando de un lado a otro, cuyos pies hacían sonar el eco de lo gigante que era esta mansión.
Cada uno movía bultos como si fueran a reconstruir.
En el edificio se notaba la ausencia de la alfombra, mientras que los trabajadores se movían de un lado a otro con los objetos.
Al alzar la mirada, lo vi.
—Hey, Jacob, ven.
—Ya voy, Soren.
Y comencé a moverme subiendo las escaleras hasta llegar al segundo piso, donde vi a Soren frente a una puerta.
—Aquí es.
Al abrirla, hizo crujir la madera.
Dentro del sitio estaban tanto Eduardo como Ana.
—Vaya, mocoso, en verdad te has recuperado en poco tiempo.
—Lo hice esta mañana.
Igual, Eduardo, ¿por qué querías llamarnos?
—Miren, la verdad es que aún hay un problema que necesito solucionar.
Ante esas palabras, pude ver a Soren temblar, mientras una gota de sudor se formaba en su cara.
La sargento se quedó mirando la hoja que Eduardo estaba sacando.
—Es un sombrerón.
Me gustaría que fueran a cazarlo.
—Espera, sé que hemos logrado varias cosas, pero estás yendo demasiado rápido.
Aún sigo temblando por lo de los nahuales.
—Tranquilos, les daré un mes de preparación.
Dando un paso al frente, miré a Eduardo, luego a Ana y finalmente a Soren, quien seguía temblando.
—Dime qué tan peligroso es.
—Es un Nivel E, pero está cerca del D.
Suele ser usado como una misión de transición.
Eso servirá si quiero prepararme para completar el contrato.
Aún me quedan dos años, pero hace falta prepararse al máximo.
Después de todo, jamás falto a mi palabra.
La sargento Ana miró la hoja mientras comenzaba a caminar hacia afuera.
—No lo haré.
Con una sonrisa, solo le toqué el hombro a Soren mientras miraba la hoja.
—Jacob, no es buena idea.
—Vamos, hay un mes de preparación.
Algo podremos adquirir.
—Pero siento que nos irá mal.
—Ja, entonces te entrenaré para que no tengas que sufrir.
Recuerda, entrena de tal manera que la guerra parezca un descanso.
—¡JACOB!
Y con una sonrisa, me senté, tomé aquel bolígrafo e hice lo necesario.
—Maldito mocoso, ¿en verdad lo vas a hacer?
—Ya firmé, tengo que hacerlo.
—Loco, enfermo, ¿qué carajos te pasa?
Cuando te vi salir después de enfrentar al nahual, pensé que habías perdido la cabeza y ahora mírate.
—Oye, orejas, a mí no me molestes, que aún hay tiempo para prepararse.
No será lo mismo que en esa pelea.
Es más, hasta gané con apenas maná, eso tiene su mérito.
—Jódete.
Y ella, con sus pies que hacían crujir la madera, tomó el bolígrafo para firmar, mientras Jacob se ponía la mano en la cara.
—Dios, solo dime que estoy pagando para que los vuelvas a juntar.
Ante eso, Eduardo solo sonreía.
—Ja, son tan funcionales como disfuncionales, pero si mantienen el nivel del trabajo, les daré 10.000 zenits a cada uno.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Dejo este capitulo hecho porque el dia de mañana parece que no podre hacerlo
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