En el mundo desconocido - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 Cap78El esgrima de Soren
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78: Cap78:El esgrima de Soren 78: Cap78:El esgrima de Soren Entré por los pasillos del lugar, con Soren siguiéndome de cerca, hasta que llegamos al área de entrenamiento.
Al dar los primeros pasos, estos fueron absorbidos por el suelo.
No era mucho, pero sí lo suficiente para amortiguar cualquier caída.
Al entrar, observé a los demás calentando de un lado a otro.
Yo estaba con mi amigo, quien miraba al suelo, mientras los demás le lanzaban miradas de reojo.
Recordé el rencor que le tenían.
Apreté la mandíbula mientras seguíamos avanzando hasta llegar a una esquina.
Al ver que el profesor no estaba, decidí estirar un poco los músculos, comenzando por los brazos.
—Hey, Soren, estira, no lo olvides.
—Sí, sí, pero el entrenamiento de esta mañana no será suficiente.
—Nunca hay prevención suficiente.
—…Jódete.
—Sí, sí, lo que digas.
Continué con mis estiramientos, esperando a que el maestro llegara, mientras una duda me asaltaba.
—Oye, Soren, dijiste que habías entrenado con la espada larga con algún maestro, ¿has seguido haciéndolo o has cambiado a la ropera?
—Ah, eso, bueno, he cambiado de maestro para entrenar con la ropera.
—Ya veo, ¿pero no hay penalizaciones o algo así?
—No, las penalizaciones son si el alumno demuestra su interés por aprender y se demuestra que el maestro no lo está ayudando.
—Ja, entonces esto de la meritocracia es exigente en todas partes.
—No hay lugar donde no lo sea.
Más bien, ¿cómo era el mundo antes de eso?
Callé antes de continuar.
Habían pasado ochenta años desde entonces, pero no debía revelar nada.
Aún recuerdo cómo en esos tiempos luchaba contra el gobierno para traer la magia.
Teníamos un interés que jamás explotó del todo.
Jonathan, como siempre, era el mejor.
Aunque ahora ya no vive, me pregunto cómo fue la vida después de mi muerte.
Si no hubiera ocurrido, sería genial.
Sacándome de mis recuerdos, alguien más entró al lugar.
Su altura lo obligó a bajar la cabeza al entrar.
Se movió mostrando su camisa sin mangas, necesaria debido a su musculatura.
Su rostro contrastaba con la sonrisa que tenía.
—Muy buenos días, hoy iniciaremos con un calentamiento básico para después revisar sus conceptos de esgrima y complementar con práctica.
Los alumnos dejaron de molestar y se pusieron en fila frente al maestro, quienes al terminar de hablar dijeron: —Entendido, maestro.
La gente confía en el sistema como el sistema confía en la gente.
Aunque tengo mis dudas sobre la meritocracia, parece que ha hecho avanzar al mundo, recuperando el valor de profesiones como la de maestro.
En mis tiempos, casi parecía una broma.
—Bien, entonces ahora sigan lo que haré.
El hombre realizó un estiramiento similar al que le estaba dando a Soren, y luego dio otras órdenes.
—Bien, ahora necesito que troten dando quince vueltas al salón.
Los alumnos asintieron y comenzaron a trotar, mientras el maestro observaba a los últimos y a los primeros.
—No vayan ni tan rápido ni tan lento, se agotarán antes de lo necesario, pero también deben entrar en calor.
Los alumnos obedecieron, al igual que yo, quien mantenía el mismo ritmo que cuando trotábamos con Soren.
Nos mantuvimos cerca de los lugares principales, pero sin liderar, y así hasta que el maestro usó el silbato que colgaba de su cuello.
—Muy bien, entonces es hora de continuar.
Todos ustedes van a usar la esgrima de la ropera, ¿entendido?
—Sí, señor.
—Bien, entonces recuerden, la ropera es un arma de velocidad.
Asentí, al igual que los demás.
Supongo que están repasando las bases.
Aunque tengo algunas por lo que leí en internet, estar aquí será más útil.
Soren, en cambio, solo miraba al maestro.
Es obvio que tener un guía es mejor que ser autodidacta.
—La ropera contra un arma pesada debe usar su potencial para desarmar al oponente.
Se paró frente al maniquí.
Con un movimiento fluido, desenfundó la ropera, girando el hombro para lanzar una estocada precisa, desplazando el peso de su cuerpo hacia adelante con el impulso.
—Mantener los movimientos al mínimo, reconocer dónde atacar, esperar el momento adecuado y ejecutar son las bases de la esgrima.
Un alumno levantó la mano para preguntar: —Entonces, maestro, ¿cómo mantenemos los movimientos al mínimo?
—Mediante la práctica.
Se equivocarán mucho, pero siempre hay maneras de reconocer los errores.
—¿Cuáles pueden ser esas estrategias?
—Grabaciones.
Grábense ejecutando una acción, luego analicen desde los pies hasta la cabeza cómo se mueven.
—Pero entonces, ¿si quiero aprender un movimiento específico?
—Eso será conforme avancen.
Lo primero es aprender una base para después incorporar otras cosas.
—¿Cuál es esa base?
—La defensa.
Parándose recto, puso su ropera al frente, dejando caer la punta unos grados.
—Esto es una postura de defensa, permite mantener la distancia, pero no nos deja atacar.
En cambio, ayuda al contraataque.
—¿Y cómo podríamos iniciar un ataque?
—Hay dos tipos de ataque: estocada y corte.
Ya vieron el primero, pero el segundo no.
Parándose frente al maniquí, adoptó la postura de defensa y, al dar un paso, cortó cerca del cuello, pasando su ropera desde adentro hacia afuera, quitando una parte de este.
—Esto es un corte, no es el más letal, pero depende de dónde se haga.
Ahora necesito que practiquen.
Tomen de ahí los palos para practicar con un compañero.
Claro, aquí tienes la corrección ortográfica y gramatical del texto que proporcionaste: El maestro señaló una parte donde estaban las réplicas de las roperas.
Junto a Soren y los demás, fuimos a agarrar una réplica.
Las agarré con fuerza, eran tan pesadas como una original, pero no por ello debían tener la misma letalidad.
Sus bordes suavizados eran prueba de ello, al igual que la punta que tenía un círculo para evitar que terminara en punta.
Es hora de ver cómo Soren ha mejorado en su esgrima.
—Entonces haremos lo que dijo el maestro, ¿verdad?
—Sí, aunque me pregunto qué tal te irá, Jacob.
—Eso se descubrirá, no te preocupes.
—Ja, entonces más te vale demostrarlo.
Con una sonrisa, asentí al desafío que me planteaba.
Yo era mejor físicamente, pero la esgrima exige algo que no es físico.
Imité la postura de defensa del maestro con la espada en alto, dejando caer la punta, al igual que Soren.
Di un paso hacia un lado mientras que Soren respondía moviéndose al mismo lado.
Su espada intentó alcanzar mi cara, pero yo la agaché, sintiendo cómo mi mentón se lanzaba hacia adelante.
Era un rodillazo que dio.
Sonreí mientras recuperaba el equilibrio para poder dar una estocada, moviendo mi cuerpo hacia él para que fuera evadida, dejándolo al descubierto para que lanzara la siguiente hacia mí.
Gracias a mi altura, pude agacharme, evitándola, y cuando me giré de nuevo hacia donde él se encontraba, lo miré para notar que venía hacia mí.
Con mi arma, la moví hacia él para dar un corte al abdomen, pero él, notándolo, bloqueó desviando hacia un lado.
Luego, dando vueltas, controló la espada, mas yo, no queriendo rendirme, alejé mi espada con un movimiento hacia atrás e incluí un salto hacia atrás.
—Vaya, parece que sí que has aprendido.
—Sí, desde que iniciamos, llevo entrenando esgrima, no me has puesto a prueba todavía.
—Ja, con razón estás tan confiado.
Lanzándome de nuevo, di una estocada a cada paso mientras él retrocedía, aprovechando para controlar la distancia gracias a que, al ser más alto, tenía más rango, lo que le permitía evadirme, mientras que yo tenía que acercarme.
—Vamos, ataca.
—No todavía.
Parece que la paciencia la está desarrollando al ser esgrimista.
Alcé mi brazo mientras dejaba caer la punta de la espada, y después inicié un ataque, únicamente para que este golpeara mi muñeca y finalizara con la espada apuntando a mi cuello.
—Jacob, perdiste.
—Tienes toda la razón.
Cada vez es más exigente el mundo.
Vivir de viejas glorias es un veneno.
¿Qué importa que yo librara y ganara esa guerra si al final soy quien soy?
Estiré mi cuerpo mientras miraba afuera, donde los árboles crecían.
Esa vieja lección de que toca crecer con el tiempo es algo que debo recordar a diario.
—Dime, Soren, ¿cómo piensas enfrentar al Sombrerón?
—Lo único que se me ocurre es dar unas estrategias para cuando aparezca, después comunicarnos para ejercer un ataque simultáneo.
—Eso es buena idea, pero ahora la dificultad radica en su ejecución.
—Como siempre, dando a las debilidades.
—¿Qué esperas?
Soy tu maestro, por ello debo guiarte.
Sonrió mientras me miraba a los ojos.
—Sí, sí, lo que digas, pero más te vale llevarte mejor con Ana.
—A Jumbo no la incluyas, porque seguro ve al Sombrerón y le mete más tiros que en plena guerra.
—Ja, ja, idiota, seguro podría.
Con esa pequeña charla terminó la lección del día de hoy, mas la preparación contra el Sombrerón no está completa.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Parece que este volumen sera mas largo que el primero, pero espero que lo disfruten.
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