En el mundo desconocido - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - 79 Cap79Buscando a Ana
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79: Cap79:Buscando a Ana 79: Cap79:Buscando a Ana Una vez que aquella clase de esgrima terminó, salí por la puerta por donde habíamos entrado con los demás alumnos.
Nos tocó salir de últimos porque los demás se apresuraron para ir a sus siguientes clases.
Lo sé porque, al salir, tomaron rumbo a otros salones y ninguno se quedó caminando despacio conmigo o Soren mientras salíamos del lugar.
Entonces, solo me quedó avanzar, cambiando de la iluminación artificial a la natural que daba el sol, quien calentaba el suelo.
—Parece ser un buen maestro.
—Sí que lo es, Jacob.
Parece que ha ganado diversos torneos en diferentes armas.
—Ja, eso explica por qué estaba tan musculoso.
—Tienes razón.
Me acuerdo de que la primera vez que lo vi, yo solo podía temblar al ver su altura.
—Por cierto, cambiando de tema, ¿cómo nos enfrentaremos al Sombrerón?
—Ehm, bueno, no lo tengo muy claro.
—Entonces toca consultar con Ana.
—Pero tú mismo sabes que ella no será la más colaborativa en esto.
—Sí, lo sé, pero al menos podremos saber qué estupidez hará.
No es lo mismo que ella inicie un tiroteo mientras estamos con el Sombrerón a dos metros a que lo haga luego de dar una señal para alejarnos.
—Eso puede ser una buena idea.
—Claro que lo es, porque se basa en la lógica del trabajo grupal: saber qué hará el otro.
—¿En verdad es muy importante?
—Hagamos de ejemplo una exposición de grupos.
—Entendido, pero ¿cómo se une lo uno a lo otro?
—¿Tú expondrás tu tema o el del otro?
—Pues el mío.
¡Ahh!
Con razón, Jacob.
—Entonces tenemos que buscar a Jumbo.
—¿En verdad por qué la llamas así?
—Nada importante, solo una vieja película.
El apodo le queda como anillo al dedo.
—¿Por qué siento que si la llamo así, me muero?
—Tal vez morir sea poco.
Con esa pequeña discusión, solo seguimos adelante mientras pasábamos a buscarla.
El mejor lugar para ello sería el más adecuado para que alguien como ella estuviera, aquel lugar que se alzaba con su cartel donde ya estuve adentro una vez y, aunque fuera un interrogador, me hizo temblar.
Esto era la estación de policía.
—Oye, Jacob, ¿en verdad viniste aquí?
—Vamos, razona.
Es una policía, lo mejor es preguntar a sus compañeros.
—Mierda, ¿es que no te da miedo?
—Vamos con lógica, ¿has hecho algo ilegal?
—Obvio que no, pero… —Exacto, si no puedes argumentar un “pero”, solo quédate atrás.
Con eso dicho, entré por la puerta mientras aquellos agentes con sus ropas me miraban, mas yo solo ignoraba para moverme en el sitio hasta que lo vi.
Su altura, que en el pasado me cubrió y aún lo hacía.
Era el hombre quien me detuvo para traerme a este sitio por primera vez.
Sonreí mientras avanzaba.
—Oye, ¿has visto a Ana?
Con esas palabras, el hombre se giró hacia mí mientras me miraba a los ojos.
Los abrió un poco ante la pregunta, mas los volvió a cerrar mientras me respondía.
—¿Ella?
Lo último que dijo es que irá por el Sombrerón y que estaba preparándose.
—¿Ayer o hoy?
—Hoy.
—Gracias.
Entonces, cuando me devolvía, el hombre puso su mano en mi hombro.
—Oye, ¿para qué la buscas?
—Se resume en que debo trabajar en equipo con ella y no quiero que traiga tantas armas como para una guerra.
—¿En verdad intentarás eso?
¿Con ella?
No seas idiota, ella es caso perdido en eso de trabajar en equipo.
—Tal vez tengas razón con lo de Jumbo, pero igual no quita el hecho de que tengo que hacerlo.
—Maldición, la juventud sí que es terca en todo.
—¿Y acaso ustedes no?
—Nosotros sabemos cuándo parar.
—¿Es eso o en verdad sigues usando la misma excusa?
—¿Cuál jodida excusa?
—”Yo sé lo que hago”.
—Ja, pues claro que lo sé y no es ninguna excusa.
—¿En verdad?
Entonces, ¿por qué todos la usan?
—¿De qué hablas?
—Todos, ya sean grandes o pequeños, dicen lo mismo: “Yo sé lo que hago”.
Ya hasta parece una broma.
Con esas palabras que dejé al aire, seguí camino afuera mientras el hombre se quedó mirando mi espalda, mas yo continué hasta salir con los puños apretados.
“Yo sé lo que hago”.
Maldita vieja excusa.
La usaba en esa guerra para decir que todo estaría bien porque tenía el poder de matar a todos mis enemigos, mas lo hice por el objetivo de no querer ser como el coronel, quien sacrificó a una minoría para salvar a su mayoría.
Pero yo hice algo similar, matando a una minoría para salvar a una mayoría.
Realmente, la única diferencia fue la cantidad y no los hechos.
Odio esa tontería de pensar que lo conozco todo, aunque al final de cuentas lo termino haciendo.
Con ese pequeño monólogo, salí de aquel sitio para poder encontrarme con Soren, quien estaba al frente, recostado en una pared.
—Eso fue rápido.
—Ni que me fuera a demorar.
—Entonces, ¿qué haremos?
—Dicen que se está preparando, tengo una idea de dónde está.
—¿En serio?
Vamos.
E inicié a caminar rumbo hacia el sitio donde sé que la encontraría.
Ese lugar había de ser la tienda donde compré el rifle y la ropera.
Al mover la puerta, podía ver su pelo blanco mientras con sus manos sostenía una granada.
—Oye, orejas, si vas a usar granadas, mínimo avisa.
—Maldito mocoso, ¿qué te pasa?
¿Ahora qué buscas?
—Rectificar la estrategia.
—Oh, vamos, si en el pasado la tuya falló, ¿qué te asegura que va a funcionar ahora?
—Simple, que no la hice yo.
—¿Entonces ahora el novato será quien lo hace?
—Tiene que agarrar algo de experiencia.
Mas Soren, parándose en medio, puso los brazos mientras apretaba los puños, mirándonos con miradas cortas.
—Oigan, otra vez peleando.
Hagamos las cosas primero.
—A ver, novato, di qué es lo que piensas.
Sacó su teléfono para ponerlo en la vitrina de cristal.
En aquel teléfono monstruo, el mapa donde parece que deberíamos buscarlo.
—Miren, este será el lugar, ¿lo conocen?
—Yo no he ido ahí.
—Pero yo sí, mocoso, ese lugar es conocido por su cantidad de cuevas.
—Otra vez, bueno, continuemos.
Aquí se desarrollará el combate.
Por el teléfono diremos quién lo encuentra primero.
—Espera, Soren, ¿estás sugiriendo dividirnos para la cacería?
—Sí, de esta manera podremos encontrarlo más rápido.
—Bien, eso es entendible, ahora, ¿cómo nos comunicamos?
—Para eso usaremos el método de llamada rápida.
—Ehh, ¿espera, qué?
—Ja, parece que el mocoso no sabe.
—Es un modo para que, al presionar o dar una señal al teléfono, se active la llamada junto a otras funciones.
—Eso parece bastante útil.
—Sí, así es porque se hizo para los cazadores.
—Interesante, bueno, entonces, ¿qué es lo siguiente?
—Ligaremos la llamada rápida al mapa para poder ubicarnos entre todos.
—Nada mal, novato, parece que estás revisando las opciones.
—Sí, gracias, sargento.
Bueno, continuando, llevaremos armas livianas para no sobrecargarnos.
—¿Entonces dices que no debería llevar este arsenal?
Ana señaló una caja de donde se notaba su personalidad: unas cuantas granadas, rifles y mucha munición.
—Oye, orejas, ¿te preparas para matar al Sombrerón o para una batalla?
—El Sombrerón no es cualquier cosa.
—Sí, sí, lo que digas, mas no entiendo entonces por qué no llevaste armas para lo del nahual.
—¿Crees que un nahual es similar a un Sombrerón?
Incluso entre clases hay más fuertes.
—Puedo entender eso, pero lo único que le falta son balas de cañón para que tu arsenal esté completo.
—¿Y por qué no una bazuca?
De hecho, estaba considerando una.
—Oigan ustedes dos, dejen de dar ideas tan estúpidas, ¿se les olvida que el daño al ambiente les pasará factura?
—Tchz, maldita moralidad de esclavos.
—Estúpido sistema.
—Oigan.
—Ya, ya, continúa.
—Bien, entonces, cuando encontremos al Sombrerón, debemos apoyarnos entre todos para acabarlo.
Al llegar de distintos lugares, lo podremos rodear más fácil.
—Nada mal, eso suena como una buena estrategia.
—Ahí sí atacaremos con todo, ¿entendido?
—Sí, entendido, Soren.
—Espero que dé resultado, novato.
Sin más palabras que agregar, Ana salió mientras que Soren y yo nos quedamos.
—Buen plan.
—Gracias, Jacob.
—Por cierto, saldré.
—Ehh, ¿para qué?
—Debo entrenar.
—Y ahí va el demonio.
—Sí, sí, pero no te quedes atrás, que aún hay tiempo para mejorar.
—Entendido.
Con esas palabras mías, saqué mi teléfono para mirar la app de los cazadores.
Me puse en una misión simple nivel E, la cual era del kappa.
La diferencia es que ahora iría en solitario y listo para usar el esgrima, así que con mis pasos lentos caminé hacia la carretera, donde tomé el clásico taxi quien siempre estaba disponible e inició a llevarme, mas yo miré en las calles viendo el hecho de que los carros propios eran menos que en el pasado porque ahora reinaban los taxis o autobuses.
¿Fue para disminuir la contaminación?
La gente se está tomando eso muy en serio.
Miré al cielo, donde en mis tiempos se notaría el humo de las fábricas, para ver el hecho de que ya no había humo.
Solo hice una sonrisa rara, esto era bueno, pero a su vez extrañaba eso, aunque entendía que era malo, mas el taxi avanzó sacándome de aquella ciudad para adentrarme en el campo, pasando del concreto a lo verde, dejándome con un pensamiento.
—Es hora de la misión.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Aqui el siguiente capitulo, veremos algunas cosas aplicadas en el siguiente capitulo.
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