En el mundo desconocido - Capítulo 87
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- Capítulo 87 - 87 Cap87El pasado de ana
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87: Cap87:El pasado de ana 87: Cap87:El pasado de ana Ante mí se encontraba la puerta detrás de la cual estaba aquella chica llamada Ana.
No había nada más que hacer que esperar a que Elizabeth abriera la puerta.
Así que, usando su tarjeta, la pasó por el lugar de siempre, produciendo un clic.
Acto seguido, la puerta retrocedió y comenzamos a caminar.
La forma de la habitación era semejante a la de Soren, pero esta vez la televisión estaba encendida y, en el sofá, de lado a lado, se encontraba la otra chica de pelo blanco.
—Oye, Ana, alguien te estaba buscando.
—Hum…
Supongo que es él.
Sentándose, se acomodó y señaló el sofá de enfrente.
Caminé hacia allí para sentarme.
—Entonces, mocoso, ¿él te dijo bien lo que era?
¿O por qué sigues cargando esa cosa?
—¿Esto?
Hoy iba a salir a misiones cotidianas.
—Claro, porque todos los niños de 12 años salen a enfrentar enemigos de nivel E.
—Cállate y vamos a lo importante.
¿Qué es lo que toca hacer?
—Solo me dijeron que era una investigación.
Pero más allá de eso, no tengo información.
Mientras comenzábamos a discutir, los pasos de Elizabeth se alejaron, dejándonos cara a cara.
Yo, con un suspiro, empecé a hablar.
—Le diré a Eduardo que aquí estamos.
—Bien, eso es importante.
Antes de que pudiera tomar mi teléfono, ella lo agarró de la mesa y empezó a escribir en él.
Un minuto después, recibí una notificación.
—Dice que lo hará por llamada.
—Eso es raro.
Lo mejor sería en un informe.
—Sí, sí, pero él es quien paga.
Entonces, aquella llamada comenzó y se empezó a tratar el tema que podría ser un buen escape a esta falta de qué hacer.
—Hey, Eduardo, ya llegó el mocoso.
—Vaya, qué rápido.
Se nota que es puntual.
—Oye, vamos al grano.
Di ahora qué quieres.
—Bien, bien, no hacía falta eso.
Lo primero es: ¿ustedes conocen la guerra del oro y el poder?
Ese tema me suena.
Empecé a recordar un poco…
Fue unos días después de que había llegado a este sitio, cuando estaba investigando qué posibilidades había con mi contrato, pero ese tema parecía desligado, como si fueran cosas aparte.
—Ese es un tema que conozco, pero ¿cómo se relaciona con lo que debemos hacer?
Mientras esperaba que Ana dijera algo, ella apretó los puños y se mordía los labios.
—¿Es…
eso?
Esa maldita cosa…
¿Cómo diablos va a ocurrir?
—Así es, Jacob y Ana.
Puede ocurrir, pero tengo teorías de cómo evitarlo.
—¿Y qué esperas para decirlas?
Debes hacerlo ahora.
Por algo eres un noble, ¿no?
—Tranquila, Ana.
Vamos, Jacob, dile algo.
¿Qué decirle?
Si desde aquí se ve que es importante para ella…
Yo solo puedo apretar los puños aquí mientras dudo qué decirle.
Pero lo mejor es seguir con esto.
—Ahora que inicias el tema, debes terminarlo.
—Está bien.
Jacob, ¿te acuerdas de los catalizadores de la mansión?
—Claro.
Esa fue la primera misión que hicimos con Soren para usted.
—Sí, gracias por recordarlo.
Resulta que parece que hay elementos relacionados.
—¿Cómo se relacionan esos catalizadores con la guerra del oro y el poder?
—¿A ustedes les suena la historia de Viento?
Claro que me suena.
Lo soy.
Pero ahora vivo en este mundo que no me necesita.
Con un suspiro, seguí mirando la pantalla.
—¿El rebelde?
Claro, fue el militar y político que reconcilió el mundo.
—Claro, eso fue algo…
¿Pero y lo de su muerte?
—Escuché que él fue asesinado el mismo día que firmó la paz, pero ¿eso qué tiene que ver?
—Es algo más de la magia de ese bando.
—Así que ellos aún tienen que ver…
Malditos.
Con razón, si no pueden hacer más que eso.
—Oye, Ana, tranquila.
—No te metas, mocoso.
Habla, Eduardo.
—Bien.
Resulta que parece que hay personas relacionadas al tema.
Su deber será encontrarlas e interrogarlas.
—Oye, Eduardo, ¿tienes fotos o algo así?
—Tenemos una red de seguridad y hemos identificado a unos cuantos sospechosos.
—Eso suena interesante, señor Eduardo.
Pero dígame, ¿hay algo más?
—Claro que lo hay.
Deben evitar la confrontación directa; ellos se la pasan en zonas civiles.
—Entendido.
Intentaremos hacerlo lo mejor posible.
—Gracias.
Adiós.
Con eso dicho, Eduardo terminó la llamada.
Entonces, algo desconocido parecía estar relacionado con esa vieja guerra.
Tragué saliva mientras apretaba los puños.
¿Ahora resulta que mi existencia será la causa de más guerra?
Es más, ¿qué tipo de guerra es esa?
Tal vez podría preguntarle a Soren; según sé, su abuelo estuvo en eso.
Mientras pensaba, podía ver cómo la espalda de Ana se perlaban de sudor que caía sobre su clásico uniforme.
A la vez, apretaba los puños mientras se mordía los labios.
Se dio la vuelta y empezó a correr.
—¡Ana!
—¿Qué te pasa, mocoso?
Voy a solucionar esto ahora.
—¿El qué y cómo?
Debes tener los medios.
—No.
Esto es algo que debo hacer ahora.
—Cállate…
y escúchame, ¿te parece?
—No.
Y empezó a correr por las escaleras.
Apreté los puños mientras me disponía a perseguirla, pero cuando estaba por salir, Elizabeth apareció.
—Oye, ¿qué le pasó a mi hermana?
—Le mencionaron la guerra del oro y el poder y empezó a correr.
—Mierda, esa cosa.
—Vamos rápido y me cuentas.
—Eh, sí, claro.
Con eso, ella cerró la puerta e iniciamos la carrera detrás de ella.
Pasábamos bajo el sol picante y sobre la acera de cemento, que parecía reflejar el cielo mismo.
Mientras, a los lados se movían los carros, pero su silueta jamás desaparecía mientras seguía corriendo rumbo al bosque.
¿Por qué corría con esa fuerza?
Era su magia de vitalidad, pero también parecía que huía o corría hacia algo.
¿Es como yo, con lo del peligro para hacerme más fuerte, o es más que eso?
Y a medida que seguíamos corriendo, hasta que el camino nos obligó a salir del concreto para llegar al bosque, pasaron unos minutos.
Cuando estábamos en la zona, Elizabeth subía y bajaba los hombros con fuerza mientras, con una mano, intentaba respirar, pero ella no parecía poder mantenerse de pie por los temblores de sus piernas.
—Oye, no estás bien.
Si quieres, te cargo.
—En serio, qué caballeroso.
Dándole mi espalda y pese a mi altura, la sostuve con la fuerza de mi cuerpo.
Mientras este peso era añadido, solo un recuerdo de la isla —yo con troncos de madera al hombro— me pasó por la mente.
Sonreí por un segundo para después apretar el puño mientras miraba de lado a lado, buscando dónde estaba Ana.
—¿Te suena este lugar?
—No, de hecho, hace poco nos mudamos mi hermana y yo.
Empecé a correr por el lugar mientras buscaba posibilidades.
—Entonces, ¿qué es lo que pasó?
¿Por qué le molesta tanto esa guerra?
Tragando saliva y haciendo más fuerte su agarre por un segundo, pero al darse cuenta, perdió la fuerza —Ahí murieron mis padres.
Eso me hizo sentir un pequeño hueco en el corazón.
—Sé cómo se siente.
Intentar aconsejar ahora sería hacerlo desde el error.
Aún recuerdo cómo en aquel entonces, cuando mi madre y hermano murieron, me uní a la violencia, pero el tiempo me ayudó a reconciliarme con mi padre y a darme nuevos sueños que quería seguir, hasta que él fue asesinado.
Entonces, solo caminé con ella a cuestas mientras nos movíamos, hasta que el pelo blanco de esa chica se encontraba zumbando de lado a lado mientras que con sus pies seguía avanzando.
—¡Ana!
Dándose la vuelta, ella me miró con sus ojos, que en un instante miraron al suelo, incapaces de mirarme, e inició a seguir caminando.
—Oye, por favor, dime lo que estás haciendo.
—Y yo pensaba que era más que claro.
Iré a solucionar esta mierda.
—Hermana, eso no fue tu culpa.
—No importa, es algo que debo solucionar.
—Pero…
—No digas nada, hermana, solo déjame hacerlo.
¿Y tú, mocoso, qué piensas hacer?
Me imagino que ya sabes algo.
—Sí, me lo contó tu hermana, pero por eso es que he venido.
—¿Para juzgarme?
Ya desearía ser tan desapegada a las cosas como tú.
¿De verdad parezco tan desapegado de las cosas de mi vida?
Sé que no suelo mostrar muchas emociones, pero no es que no valore eso, así que debo solucionar ese malentendido, pero primero te apoyaré.
—Si fuera para eso, no hubiera venido, sino para ayudarte.
—¿Y cómo lo piensas hacer?
—Será con un plan, pero ¿estás dispuesta a seguirlo?
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Aqui un nuevo capitulo, espero que les guste.
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