Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el mundo desconocido - Capítulo 88

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En el mundo desconocido
  4. Capítulo 88 - 88 Cap88Un plan
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

88: Cap88:Un plan 88: Cap88:Un plan —¿Un plan?

—Agarrándose el estómago mientras una risa salía de su boca, me miraba—.

Debía esperar algo similar de ti, Jacob.

—Entonces, ¿qué te parece?

—Algo tan natural que sería raro que no me lo dijeras.

—¿Lo harás?

—Solo depende.

—Oye, hermana, ¿estás segura de confiar en alguien tan joven?

—¿Ya te he contado cómo ese tipo mató a un nahual con sus puños?

—Oye, espera, ¿eso no es una mentira?

—Si lo fuera, no confiaría en él.

—Pero, hermana…

—Sin más peros.

Si tienes otra duda, solo mira la lista de misiones que él ha completado.

Elizabeth tembló mientras me dirigía la mirada.

Con su mano temblorosa, la extendió hacia mí.

—¿Puedo ver?

—Está bien.

Saqué mi teléfono para mostrar aquella lista de misiones que había completado en el último mes.

Ella, al verlo, tragó saliva y volvió a mirarme.

—¿Estás seguro de que no eres un enano?

—Te lo juro.

Con eso, tomé mi teléfono para guardarlo, mientras ella miraba tanto a su hermana como a mí, sin poder quedarse quieta; incluso abría y cerraba los puños varias veces.

—Entonces, ¿qué tan fuerte eres?

—Ni idea.

Eso intento probarlo a diario.

—Pero entonces, ¿qué tan bueno eres con los planes?

Me acordé de lo de la piedra cuando enfrenté al nahual, lo que me hizo desviar la mirada un momento, mas en mi mente surgió un recuerdo.

—Oye, Ana, ¿cómo te pareció lo del Sombrerón?

¿Un buen plan?

—Identificaste el objetivo del Sombrerón y lo aprovechamos en equipo.

Creo que eso fue un buen plan.

—Gracias.

Bueno, ¿con eso confiarás en mí?

—Bueno, mi hermana lo hace, pero tengo mis dudas.

—Es normal, pero siempre que tengas alguna duda, házmela saber.

—Claro.

Entonces, tengo una.

—Dime.

—¿Cómo piensas solucionar lo que ahora pasará?

—Muy bien.

En este momento no hay nada claro, ¿entendido?

Tenemos pocas cosas…

ahora no tenemos la información.

Tal vez Ana había recibido algún mensaje sobre lo necesario, pero ahora necesitábamos organizar la información de manera efectiva.

Para ello debíamos usar lo que conocíamos.

—Bien.

Ahora cuéntenme sobre la Guerra del Oro y Poder.

—Ja, típico del mocoso que no sabe ni cómo funciona la economía.

¿Vamos, cómo puedes pasar de estar vulnerable por tu pasado un momento a querer molestar ahora?

¿Es que disfrutas de molestarme?

—Ana, vamos a lo más rápido y di lo que sabes.

—Bueno, solo digamos que aparecen personas raras.

Usan unas máscaras, por eso es fácil encontrarlas.

—¿Hay algún significado para que las usen?

—Por el momento no se sabe.

—Mierda, otro problema…

Pero entonces, quiero conocer un poco más, así que siento hacer esta pregunta.

—¿Cuál?

—¿Cómo se relacionaron sus padres con la Guerra del Oro y Poder?

Esta era una duda crucial.

Tal vez podríamos obtener pistas más adecuadas o fuentes de investigación que nos permitan conocer más sobre ese pasado.

Además, ayudará a comprender las reglas de eso.

Si no, tal vez debería preguntarle a Soren sobre su abuelo.

—Bueno, Jacob…

—Elizabeth miró al cielo mientras, con un respiro, apretaba aquellos puños para después mirar a su hermana a los ojos—.

Ellos fueron víctimas.

Murieron en un incendio que causó esa guerra.

—¿Un incendio?

—Sí, nosotros provenimos de Radum, un lugar con más árboles y bueno…

ya te haces la idea.

La magia puede crear un incendio.

Aún recuerdo cuando la idea de la magia llegó a mi vida; curiosamente, ese fue mi argumento: crear un incendio sin que nadie pudiera identificar quién lo hizo, lo que me metió al pelotón mágico.

—Ya veo.

Lo siento por hacerle recordar esas cosas.

—N-no hay problema.

Si es por mi hermana, mejor decirlas.

—Creo que lo mejor será ir volviendo, ¿no te parece, Ana?

—¿Para qué, mocoso?

Yo quiero ir a resolver el problema primero y ni siquiera has planteado el plan.

—Entonces digamos que necesitamos un lugar más adecuado para decirlo.

—Idiota, eso no tiene sentido.

¿Acaso es mejor en una ciudad que en un lugar aislado?

—¿Tal vez porque en el lugar aislado nuestra voz es más fácil de identificar?

—¿Cuál es la diferencia con la ciudad?

—El ruido de la gente.

Eso ayuda a encubrir mejor, aparte de que no iremos a un café para dar un plan, solo a tu casa.

Miró a los lados mientras ella respiraba, para luego soltar los hombros e iniciar a caminar.

—Está bien, pero solo por eso.

Con eso dicho, fuimos caminando por el bosque verde, el cual me trajo recuerdos de la isla donde solía entrenar.

Aún recuerdo cómo desperté en esa cabaña donde no había nadie, cómo esa ciudad estaba desierta o cómo volvían a mí los recuerdos de mi familia y la guerra.

Mas mis pensamientos se vieron detenidos cuando dejamos atrás la hierba, siguiendo el camino de concreto, donde un toque en mi espalda me hizo mirar atrás.

Era Elizabeth quien me miraba.

—Oye, Jacob, dime, ¿qué pasó con tu familia?

—Ellos murieron.

Con eso, inicié a caminar.

—Pero, ¿cómo?

¿Hace cuánto vives solo?

—Digamos que desde el año pasado.

—Eso debió ser muy duro.

—Tranquila, yo ya lo he superado.

—Pero, ¿cómo?

—Solo véalo como algo importante en tu vida, pero que es el motor para seguir avanzando.

—¿Incluso si no están?

—Claro.

Después de todo, ellos pusieron unas bases en tu vida.

—Entonces, ¿cuáles son las bases que definieron tu vida?

Como un dolor que me atravesaba el pecho de lado a lado, miré al cielo.

Después de todo, eso era algo bastante importante.

Podía recordar la frase de mi padre que me empujaba aún hoy en día.

—Mi padre dijo que, incluso si luchara, eso no era garantía de ganar.

—Eso suena algo fatalista.

—Sí, lo es, pero aún está incompleta, porque dijo que aun así lo hiciera, porque algo se puede obtener.

—¿No es contradictorio?

—Para nada.

Incluso si no está la garantía, está la posibilidad.

Eso vale mucho más.

—¿Y cuál posibilidad es la que persigues?

Detuve mi paso mientras abría los ojos una vez más.

En el pasado luché por la posibilidad de ser médico, pero mi camino tomó rumbo a lo militar y ahí me metí en la magia, donde luché por la posibilidad de la paz.

¿Pero ahora?

—Digamos que no lo he encontrado, pero intento buscarlo.

—Eh, pero te veías tan seguro cuando decías lo otro.

—En lo otro estoy seguro; en mi propósito, no tanto.

—¿En serio?

Qué contradictorio.

—Es lo normal.

Claro.

Después de todo, ¿qué te queda cuando has cumplido una meta que casi considerabas imposible?

¿Qué haces cuando lo más importante se ha logrado y vives solo, siendo un espectador de tu éxito, donde el mundo avanzó y tú te quedaste en el pasado?

Con esos pensamientos avanzaba sobre el concreto del futuro que había ayudado a construir —incluso muerto—, hasta que los edificios se asomaron a mi vista.

Su altura se comparaba con los demás, mientras estos formaban su pequeña colonia donde, vete a saber cuántas personas ahí vivían.

Entramos al lugar, cruzando la puerta principal, pasando por la entrada donde el guardia vigilaba y otro tomaba nota de quién entraba o salía.

Mas nos desplazamos hasta las escaleras, donde subimos al apartamento en un silencio que solo me hacía pensar en cómo enfrentar esto de la Guerra del Oro y Poder.

Al entrar en esa habitación una vez más, nos sentamos uno enfrente del otro.

—Bien, mocoso.

Entonces vamos a revisar la información que envió Eduardo.

—Sí, hazlo.

Sacando su teléfono, inició a deslizar el dedo por la pantalla, mientras cerraba un poco los ojos a la vez que se mordía el labio.

—Oye, Ana, ¿qué viste?

—Hermana, ¿estás bien?

—De todas las cosas…

esa persona.

¿Quién?

¿Alguien del pasado de ella?

¿O era algo más?

Pero, interrumpiendo mis pensamientos, el sonido del teléfono de Ana me hizo abrir los ojos.

Ella, con los dedos temblando, contestó: —¿Quién es?

Tras unos segundos de espera, ella mordió aún más su labio mientras que, con la mano libre, sus uñas se enterraban en la palma.

—Déjalos pasar.

Soltando los hombros, me miró una vez más.

Mas yo le respondí, mirándola y hablando: —Dime, ¿quiénes son?

—Ya lo sabrás.

Y el sonido de unos pasos en el pasillo se hizo notar, para después sonar un toc, toc, toc en la puerta.

Ana, sin más, se paró e inició a caminar hacia ella.

Cuando estuvo al frente, REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Aqui voy avanzando con cuidado, se viene un arco largo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo