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En el mundo desconocido - Capítulo 89

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  4. Capítulo 89 - 89 Ca89Demonios
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89: Ca89:Demonios?

89: Ca89:Demonios?

Ana, con su mano, giró la perilla mientras yo, desde mi sitio, la observaba.

¿Qué hace ahora?

¿Por qué?

No esperaba a nadie, ¿verdad?

Y resolviendo mis preguntas, el sonido de unos pasos se hizo presente en la habitación.

Ahora, el primero en entrar sería alto, con su corte bajo de pelo, lo cual explicaba el uniforme azul de policía, pero con su mirada recorrió el sitio para terminar mirándome.

—Oye, niño, ¿qué haces aquí?

—Mi pregunta también va para ti, grandulón.

—Chico, esto es serio.

—Sí, bueno, ya estoy contratado.

—¿Qué?

¿Cómo puede ser eso?

—Digamos solo que han pasado cosas.

En verdad, esos logros que hicimos con Soren sí que han servido.

Espero que él siga creciendo, incluso cuando vaya a Lea.

Pero rompiendo mis pensamientos, el sonido de los pasos de alguien más resonó, y el color de su pelo rosa me hizo levantar una ceja.

—¿Sara?

Y alzando su mano con una sonrisa, la movió de lado a lado.

—Jacob, ¡qué felicidad verte!

—Espera, ¿ustedes dos se conocen?

Pero el sonido de la puerta crujiendo se hizo presente mientras Ana, al cerrar, nos miró.

—Parece que entre todos nos conocemos.

¿Vamos al grano?

—Oye, Remolino, ¿qué pasa?

¿No ves que está ese niño?

—Sí, ¿qué tiene?

¿O es que te da miedo que te ganen?

—Imbécil, es muy joven para esto.

—Oye, Jacob, ¿cuántos años tienes?

—Doce, pero igual eso es lo de menos.

—Imbécil, ¿cómo puede ser lo de menos?

—Vamos, he cumplido varias misiones.

—Esto no es ninguna misión nivel G, es mucho más.

¿Misión nivel GF?

Es la primera vez que escucho sobre eso, aunque tendría sentido si no quieren ir a matar osos como en las misiones F.

—Tranquilo, tengo 20 misiones E realizadas en solitario.

Ese grandulón me miró boquiabierto, pero Sara me miró, agarrándome la mano con una sonrisa que iba de lado a lado.

—Eso es muy increíble.

Eso ya explica por qué tienes esa ropera.

Dime, ¿me la permites observar?

—Oye, por favor, primero vamos a aclarar la situación.

—Eh, bueno, sí.

Sentándonos en el sofá, nos miramos unos frente a otros.

Mis primeras dudas eran por qué ellos estaban aquí.

Saqué mi teléfono para ver la información.

¿Había algo de Eduardo para mí?

Pero al mirar, no lo encontré.

Solo me quedó encogerme de hombros para mirar al frente mientras nadie hablaba.

Esto solo me obligaba a romper el silencio.

—Bien, empiecen a explicar por qué están aquí.

El grandulón inició a hablar.

—Bueno, lo que ocurre es que esa chica está relacionada con la Guerra del Oro y Poder.

Con su dedo señaló a Sara.

Alcé mi ceja ante eso e inhalé mientras observaba a Ana, quien apretó las manos.

Miré un poco más, notando que Elizabeth no estaba presente, sino en la cocina.

Qué agradable.

—Está bien, con las bases listas, es hora de ir al tema, ¿les parece?

—¿Cuál tema, chico?

Es hora de solucionarlo.

—Sí, bueno, sal y soluciona eso por tu cuenta si no vas a escuchar.

—¿Quién mierda te crees que eres?

—Alguien que fue elegido antes que tú para esta misión.

—¿Cómo te atreves?

—Bueno, Sara, me gustaría que explicaras cómo entras en este problema.

—Oye, niño, no cambies de tema.

—¿Cambiar de tema?

Para nada, el tema original es la Guerra del Oro y del Poder.

—¡Hey, ni-…!

Pero sus palabras quedaron a medias porque Ana se paró y le dio un golpe en el estómago que le sacó el aire e hizo que se doblara mientras apretaba los puños en el suelo.

Se le había acabado la paciencia.

Yo solo logré eso después de varias burlas y con lo de Jumbo.

¿Sería ese tipo tan molesto?

Pero, venga Ana, yo quería hacer lo mismo, aunque no era necesario.

Solo esperé a que todo volviera a la normalidad mientras Sara puso sus manos en la boca a la vez que miraba al grandulón intentar recomponerse.

Cuando pudo hacerlo, se paró.

—¿Qué carajos te pasa, Remolino?

Por esta mierda es que te mantienen aislada, trabajando en solitario.

—Más bien qué te pasa a ti, Héctor, que aquí estamos centrados en el plan y tú interrumpiendo sin aportar.

—Es un jodido niño, no tiene sentido que esté aquí.

Tal vez incluso falsificó sus victorias.

—Literalmente, lo he visto pelear y ganar contra un nahual con solo tres golpes, mientras que tú aquí estás sufriendo por uno a medio hacer.

Apretando los dientes, el hombre decidió sentarse mientras Sara pasaba a su lado.

—Oye, ¿estás bien?

—S-Sí.

Mirando al suelo quedó, mientras que a mí solo me quedaba avanzar para solucionar esto antes de que se hiciera tarde.

—Bien, planteemos lo necesario.

Dime qué ocurrió, Sara.

Ella tragó saliva mientras se acomodaba en el sofá, a la vez que una gota de sudor caía por su frente.

—Un tipo raro apareció un día.

—¿Raro?

¿Por qué, Sara?

—Lo que pasa con ese tipo raro es que llevaba una máscara.

—Con razón.

Prosigue.

—Bien, ese tipo mencionó que participaríamos en la Guerra del Oro y Poder.

Interrumpiendo, Ana entró en la conversación.

—Oye, Sara, ¿cómo entraste a esa guerra?

—Ni idea, yo solo estaba caminando por la noche a casa cuando ese tipo apareció.

—¿Y qué hiciste?

—Pues intenté evadirlo; entré a mi casa y él estaba adentro.

—Eso suena a un loco.

—Tienes razón, Jacob.

—Pero ahí no se detuvo.

Me dio esto.

De su bolsillo sacó una bolsa que, al ponerla en la mesa, hizo que apretara los puños mientras miraba aquellos catalizadores que ponía.

—Me dijo que esto sería importante, que intentáramos apoyarnos.

Agarré uno de esos mientras lo ponía a contraluz, donde parecía absorber la luz en su infinita oscuridad.

—Dijeron que el bando que mató a Viento se relaciona con estos catalizadores, ¿sabes algo?

—¿En serio, Jacob?

Esos son catalizadores de demonios.

Miré a Ana mientras con mi mano giraba el catalizador.

¿Un demonio?

Tal vez eso explicaba por qué Grim tenía esas alas negras, pero entonces eso significa que esto es el residuo mágico del cadáver de un demonio.

—Pero ¿no que habían sido exterminados?

—Sí, en ningún lado de la Tierra deberíamos encontrar alguno.

¿Cómo es esto posible?

Se supone que ya no hay demonios, pero lo que tengo en mi mano lo contradice.

Pero toca volver a un punto que es algo lógico: después de todo, no es necesario que estén vivos.

—Oye, ¿qué tal si los catalizadores están en circulación en un mercado negro después de la guerra?

—Vaya, es una idea interesante, pero la mayoría deberían estar destruidos.

—¿En serio?

¿Por qué?

¿Cómo puedes asegurarte de eso?

—Simple: porque los bombardearon.

Eso me hizo detenerme mientras la miraba.

¿Un jodido bombardeo?

Eso explica por qué no duraron más de dos años, lo que me hizo temblar las piernas para después imaginarme la escena que había provocado, por lo que apreté los puños.

—O-oye, Sara, volviendo al punto base, ¿qué pasó después?

—Pues él me dijo que si lo ayudaba, me daría un arma genial.

—¿En serio?

¿Por qué te daría eso?

—Ni idea, pero debo decir que esos guanteletes sí que eran brillantes, incluso en la oscuridad.

—¿Guanteletes?

Cuenta más.

—Me dijo que era un arma con las magias artificiales.

Ana alzó una ceja mientras se ponía la mano en el mentón.

Pero, joder, ¿por qué justo cuando creía saber más o menos cómo es el mundo moderno, vienen a golpearme con mi desconocimiento?

¿Nunca terminaremos de aprender o qué?

—Bueno, continuaré.

Yo le dije que sí y él me pidió mi nombre.

—Espera, ¿por qué aceptaste?

—Porque quiero ser una ingeniera de Lea; ese guantelete sería crucial si quiero aprender lo necesario.

—Ni siquiera sabías para qué servía.

—No, de hecho, me dio una demostración.

—Cuenta.

—Es que hizo unas llamas con electricidad; podía manejar ambas cosas al tiempo, a la vez que con su mano hacía agua.

E interrumpiendo, Ana, saliendo de su trance, miró a Sara.

—Oye, ¿usar más de dos magias al tiempo?

—Sí, eso se logra con las artificiales, pero solo puedes llevar una.

Entonces no soy el único que está en constante aprendizaje.

Con una sonrisa, seguí pidiendo información.

—Bien, entonces, ¿qué desencadenó que él intentara matarte?

—Ni idea.

Yo solo le dije mi nombre; después de eso, usó el guantelete y casi me da, pero escapé.

—Oye, ¿cómo puedes decir eso tan a la ligera?

Y con una sonrisa, alzó el pulgar.

—He visto cosas más peligrosas en mi taller.

—Sara, ¿qué carajos?

—Bueno, ¿continúo?

—Sí, por favor.

—Después de eso, me oculté en el bosque hasta que amaneció.

—¿Por qué hiciste algo tan estúpido?

¿No sabes que la distancia entre la zona residencial y el bosque toma bastante tiempo recorrerla?

—Pero si me quedaba en las calles vacías por la noche, ¿no sería más fácil verme?

Mierda, dijo algo acertado, y yo que pensaba que era una completa cabeza hueca.

¿Acaso la meritocracia cambia tanto a las personas?

—Después de eso, llamé a la policía.

—Está bien, pero ¿por qué el otro día te vi por las calles?

—Ah, ese día me había perdido y mi madre me mandó a buscar.

Eres o no eres una idiota.

Jodido rompecabezas.

Tal vez te llame metrónomo por estar de lado a lado.

—Bueno, entonces, ¿desde hace cuánto es lo de la Guerra del Oro y Poder?

—Parece que desde hace una semana, pero fui la última persona.

—¿La última?

—Sí, según decía ese tipo, tomaba una semana completar la gente y yo quedé de última.

—Bueno, eso puede servir.

Es hora de unir las piezas para proceder.

Lo primero es asegurar la protección de Sara.

—Oye, Sara, ¿dónde te estás quedando?

—Pues tenía pensado ir a casa, pero parece que no debería, ¿verdad?

—Lo mejor sería que te quedaras con Ana.

—Sí, estoy de acuerdo con eso, pero ¿qué más tienes en mente, Jacob?

Ahora, con la seguridad de Sara asegurada, lo siguiente a resolver es cómo solucionar la Guerra del Oro y Poder.

Lo mejor es ir primero con un involucrado, pero Eduardo dijo que tenía teorías.

—Digamos que con eso tenemos la base.

Mañana seguimos desarrollando [el plan].

—Hum, pero más te vale preparar el terreno, mocoso.

—Sí, sí, lo que digas, Ana.

Con eso, yo me paré para salir mientras el otro hombre se quedaba en el limbo, mirando al suelo como si intentara comprender todavía lo que estaba pasando.

Idiota, no te quedes así, porque te acerca a la muerte.

Y con eso, terminé abriendo la puerta para seguir mi camino por las calles, pero ahora debía elegir si buscar al enemigo o averiguar lo de Eduardo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Volviendo un poco a las raices de capitulos algo mas largos.Espero que les guste.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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