En el mundo desconocido - Capítulo 91
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
91: Cap91:Teorias 91: Cap91:Teorias Y al entrar, un hombre con el cabello rojizo, con sus entradas notorias, hizo presencia.
Era el padre de Soren.
—Buenas tardes.
—Vaya, Soren no ha vuelto.
—No, aunque si quiere, le escribo.
—No hace falta.
Es mejor.
—¿Mejor?
—Claro.
En el pasado se quedó mucho tiempo jugando videojuegos.
—No creo que eso sea malo.
—Jugar videojuegos no, pero que sea tu escape de la realidad, sí.
Tragué saliva mientras recordaba un poco el día siguiente a conocerlo.
Ahí fuimos para lo de esa tarjeta, además de que vi al grupo nivel E, esa gente que lo intimidaba.
¿Desde hacía cuánto tiempo pasabas por esto?
Apreté mi mano cuando me acordé de hace cuánto se perdió ese título de noble.
—Ya veo.
—No hace falta que te preocupes tanto.
Como te he dicho, eres buena influencia.
Eso no quita lo que él pasó.
En mi tiempo de soledad, yo era alguien violento que se desfogaba con quien fuera.
No fue hasta que pude reconciliarme con mi padre, cuando nos fuimos de ese sitio para formar una nueva vida, aunque no terminó del todo bien.
—Pero igual, esa soledad es fatal.
—Si no la sabes manejar, claro.
—Y dime, ¿cómo te parece que le está yendo a él?
—Mejor que nunca.
Eduardo habla bastante bien sobre lo que ha hecho.
—Claro que es normal que él lo haga.
Quiere limpiar el apellido.
—Eso es bueno, aunque espero que no se lastime mucho.
—En ese caso, lo mejor es entrenarlo hasta el límite.
—Jaja, hablas como…
mi padre.
Lo miré una vez más para recordar algo.
—¿No habían dicho que él participó en la guerra del Oro y Poder?
—Sí.
Él estuvo y ganó el título de noble por eso.
—¿Espera, qué?
—Es de esas cosas raras, bastante peligrosas, pero con grandes recompensas.
—¿Pero todos saben qué le dieron?
—Claro.
Le dieron una isla de cultivos con la que ganó popularidad y fortaleció su ascenso al poder.
—Increíble.
¿Pero hay más?
—Lastimosamente no.
Hasta hemos cortado comunicación con él.
—Vaya problema.
—¿Que debías contactarlo?
Ese viejo cascarrabias es alguien que no se dejaría ver.
—¿Sabes el porqué?
—No, aunque eso parece ser bastante personal.
—Joder, qué problema.
—Sí, es de esos problemas grandes.
Bueno, no te robo más tiempo y gracias por cuidar de Soren.
—De nada.
Con eso, solo me quedé mirando el teléfono mientras pensaba en escribirle algo a Soren, mas éste se me adelantó, mostrándome una foto donde él estaba parado enfrente de un cartel donde, atrás de él, mostraba su nombre y el de otras personas.
“¿Un torneo de esgrima?”, pensé.
Todavía no han iniciado lo de los nobles.
Supongo que está puliendo sus técnicas para cuando sea el momento, lo que me hizo sonreír y decidí levantarme.
Si él se prepara, entonces debo hacer lo mismo con mis metas.
La de ahora es la del Oro y Poder; más adelante, ni idea.
Pero el presente es ahora.
Con esos pasos decidí salir del lugar mientras caminaba por la calle.
Mi objetivo sería buscar posibilidades sobre cómo atacar a ese tipo raro.
Lo primero es, desde ahora, establecer el lugar del combate.
Saqué mi teléfono para poder darme una idea del lugar en el que me encontraba.
Mostraba varios puestos de lado a lado, lo que me hizo descartar este lugar.
“Si hay varios puestos, hay mucha gente”.
Lo más atractivo serían lugares de poca gente.
Tal vez ir al bosque para forzarlo a salir, pero ¿cómo coordinaríamos el equipo?
Si lo que queremos es que salga, deberíamos buscarlo como a un perro.
—¿Un perro?
Tal vez ahí está el secreto.
Sonreí mientras tenía una idea básica, mas cuando estaba a punto de dar un paso rumbo a la casa de Ana, no lo hice.
—¿Qué mierda iría a analizar?.
No hay objeto que lo permita.
Tal vez lo mejor sería buscar alguna otra pista.
—¿Cuántas personas son las del Oro y Poder?.
Toma una semana elegir eso, pero entonces, ¿cuántas son?
¿Siete?
¿Una por día?
No es bueno ir deprisa.
Entonces, lo mejor es que camine de lado a lado.
Tal vez lo mejor sí sería buscar al abuelo de Soren.
Lo mejor sería preguntarle a la persona que tiene ojos por el sitio, así que en mi teléfono fui al contacto de Eduardo para finalmente hacer lo necesario: escribirle.
—Oye, estoy buscando al abuelo de Soren.
¿Me ayudas?
—¿Ese viejo cascarrabias?
Me imagino que ya sabes de su pasado.
—Lo importante, pero me gustaría una charla con él.
—Debo decirte que es un hueso duro de roer.
¡Con decirte que no le he sacado información!
—Sí, sí, bueno, iré igualmente.
—Terco como las mulas.
Bueno, ve con él.
Me mandó una dirección.
La puse en el buscador, lo que me hizo alzar la mirada.
—¡Vete al diablo, ermitaño de mierda!
Estaba en la otra punta de la isla.
No había carretera, sino un gran bosque de vete tú a saber cuánto.
De aquí a que llegue a ese lugar, primero amanece.
Y yo necesitando respuestas rápidas.
Mas una llamada entró a mi teléfono.
—¿Qué te pareció?
—Es del asco, Eduardo.
¿Quién carajos se aísla tanto en su vida?
—Jajaj, ¿ya te has rendido?
—¿Rendido?
Oh, no, eso todavía no.
Solo lo aplazaré.
—Sí, sí, pero eso no te salvará del problema de que tendrás que ir allá para hablar con él.
—Solo iré, pero el día de mañana.
Lo de ahora es asegurar a Sara.
—Eso sí es importante.
¿Qué piensas sobre eso?
—Dejé a Sara con Ana y los demás.
Creo que está en buenas manos.
—Es una buena idea.
¿Pero hay algo más?
—Iré a mirar si aparece el tipo raro.
—Entendido.
Si algo pasa, te aviso.
Y no olvides darle su merecido.
—Claro, confía en mí.
Con eso colgó la llamada e inicié a moverme en el sitio mientras alzaba la mirada, que se obstruía por los edificios que hacían sombra.
Normal, cuando tienen más de 15 pisos.
Y luego de eso, caminé mientras intentaba reconocer algunas cosas que fueron notorias: lo primero es que debía ser ágil y tener un cuerpo fuerte; lo segundo sería la altura.
Entonces decidí caminar a un lugar en especial: era aquel sitio donde Sara había sido atacada.
Aquí miré de arriba abajo para darme una idea de la altura, pero ahora, ¿cómo lo haría?
Saqué mi teléfono mientras ponía el video a reproducir donde mostraba al tipo.
Sí, no era tan fácil hacerme una idea, mas al mirar podía estimarla si contaba los ladrillos.
Por eso me quedé un rato mientras me hacía una idea.
—Digamos que será alguien entre 1.70 y 1.80.
Eso sirve.
Ahora añádele un cuerpo musculoso.
Listo.
Con eso, lo siguiente será intentar saber cómo encontrarlo.
Para iniciar, la manera de moverse en este lugar es por medio de taxi y buses.
En un bus resaltaría esa persona, aparte de que andaría en caminos más localizados dentro de la ciudad y no tanto en el bosque.
Esto me fuerza a investigar con los taxis.
Ante esa idea solo pude tragar saliva, porque no tenía opciones claras para buscar de esa manera.
Miré el teléfono una vez más para recordar que la ciudad está en el centro y lo que la rodea es campo.
Si esto no es problemático, es un fastidio.
Por eso guardé mi teléfono mientras me ponía a caminar en el lugar.
Ir al bosque en soledad sería arriesgado, pero, en cambio, ir y hacer grupos sería ineficaz.
¿Cómo se supera este dilema?
¿Quemando el bosque?
No.
Si hago algo tan loco, podría generar víctimas como lo fueron los padres de Ana.
¿Será que ellos murieron por algo similar?
Sin más opción, solo me quedó avanzar y, una vez más, saqué el teléfono para hablar con Eduardo.
—¿Qué te pasó, Jacobo?
—Opciones limitadas.
No tengo adónde ir.
—Ja, eso sí que es duro.
Pero, en eso, mejor te cuento una teoría mía.
—¿Y cuál es esa?
¿Ayudará con eso?
—De ayudar, ni idea, pero creo que es que los demonios siguen vivos.
Eso me hizo apretar el labio.
—¿De-demonios?
¿No que murieron hace 80 años?”.
—Claro.
Con el asesinato del joven revolucionario firmaron su sentencia.
—Sí, ¿pero cómo se relacionan?
—Lo más seguro es que no fueran exterminados.
—Fueron bombardeados.
¿Sabes la potencia de eso?
—Claro, ¿pero acaso eso puede eliminar a todos?
—Entonces me dices que sobreviven y ahora viven entre nosotros.
—Es una posibilidad, pero creo que hay mucho más.
—¿Y por qué?
—Digamos que mueren todos ellos.
¿Qué pasaría con los catalizadores?
—Ahí dependería del cuidado de la gente.
—Sí, serían reliquias, pero no lo fueron.
—Ajá.
¿Entonces afirmas que viven entre nosotros por eso?
—No solo eso.
Cada cierto tiempo hay una guerra del Oro y Poder.
O sea, hay varios por ahí.
—Y dime, ¿no son fáciles de reconocer?
Ya sabes, por sus alas y demás.
—Bueno, ahí sí me matas, pero creo que siguen vivos.
—Vamos, ir con esas cosas a medio hacer no es bueno.
—Sí, sí, claro.
Pero bueno, ¿qué harás?
—Esperar a que esa cosa haga su movimiento.
—Entendido.
Colgamos el teléfono mientras la posibilidad rondaba en mi mente.
¿Seguían vivos esos demonios?
Aún recuerdo cómo ese tiro me atravesó y morí desangrado.
¿Pero hacer una guerra por eso hasta el punto de un exterminio?
Supongo que lo que decía Sara era importante para saber qué tan importante fui.
Mas, rompiendo mi monotonía, Eduardo llamó.
—¡Es él!
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Ya es hora, no pensaba en extenderme tanto para el combate xD
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com