En el mundo desconocido - Capítulo 92
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- Capítulo 92 - 92 Cap92El enmascarado
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92: Cap92:El enmascarado 92: Cap92:El enmascarado —¿Él?
Mierda, supongo que no es alguien a quien esperar.
—Tal vez.
Por lo que veo, no ha tomado ningún taxi.
—Muy bien, ¿dónde se encuentra?
—Al sur.
—Perfecto.
¿Cómo ir al sur cuando se tiene prisa?
Primero, la hora: son las 2 p.m., así que el sol debería estar a mi izquierda si mirara al norte.
Por eso mismo, miré el suelo donde estaba parado para ver mi sombra, que se proyectaba detrás de mí.
Entonces, giré de manera que mi sombra quedó inclinada hacia la izquierda.
—De esta manera voy al sur.
Apreté los dientes mientras miraba los altos edificios que me rodeaban.
Ahora movía mis pasos, con el teléfono en la mano, sabiendo que debía hacer algo especial.
Así que le hablé a Eduardo.
—Dijiste que está en el sur.
¿Cuánto me falta?
¿Cómo se desplaza el tipo?
—Corriendo a tu velocidad, demoras dos horas.
—Perfecto.
—Pero eso si estuvieras estático.
Tal vez él haga desvíos.
—Entonces, guíame.
—Te diré cuándo haya algo más.
La opción de ir en taxi está descartada, pensé mientras uno pasaba a mi derecha sin problema.
Él podría hacer maniobras para evadirme, por eso me deslicé más rápido con mis pasos mientras cortaba el viento.
Menos mal que siempre entreno el cuerpo antes que el maná.
Mis pasos hicieron poco sonido en comparación con el bullicio de la gente, las sombras de los edificios e incluso el sonido del avanzar de los carros.
Pero yo era el único que se movía tras este objetivo, nadie más lo estaría haciendo.
Es más, debo asegurarme.
—Oye, Eduardo, ¿les dijiste a los demás?
—No lo hice.
Supuse que eso te gustaría.
—Perfecto.
Meter ahora a los demás sería pésima idea; podrían descuidar a Sara.
Entonces, solo me quedaba avanzar sin miedo, mientras la gente que dejaba atrás me miraba como si fuera una sombra y el calor me azotaba en mi camino.
—Debo dejar de vestir de negro.
Podía sentir ahora cómo el sudor me caía por la espalda, mientras tenía que limpiarme la frente.
Y mientras pensaba eso, vi cómo a un lado mío aparecía una estatua de cuatro personas: el primero con un francotirador en la espalda, vistiendo un traje de corbata; el segundo con su conjunto de paño y chistera; y otro que vestía su uniforme militar.
Más arriba de ellos, con alas de piedra, estaba suspendida la estatua de esa chica con sus ropas de lino.
—El tiempo ha pasado… Mierda, no es hora de esto.
Hundiéndome las uñas en las palmas de mis manos, reaccioné una vez más con nuevas fuerzas para correr hacia aquel lugar al que debía ir.
Alcé mi teléfono por si acaso.
—¿Cuánto falta?
—Diez minutos a tu derecha.
—Bien.
Sin más opción, respiré moviendo hasta el abdomen.
Ahora no debía detenerme a pensar en cosas del pasado.
Por ello, al correr de nuevo, movía la mirada de lado a lado, esperando poder encontrar a ese tipo.
Con el sonido de un eco, miré a las paredes por donde él se movía, haciendo que la gente lo mirase mientras se apartaban para escapar de él.
Al notarlo, me detuve un instante.
¿Qué ganaré?
¿Sabré más de esta guerra?
¿Podré salvar la vida de Sara?
¿Esto valdrá la pena?
Sin poder hacer más, bajé un poco mi cuerpo mientras dejaba que el maná fluyera de mí.
Usaría la especialidad de fuerza para saltar.
Mis músculos ardieron.
Apreté los dientes a la vez que mi mano temblaba.
Él usaba versos.
—¡LEGS!
Como un grito ahogado salió de mi boca, y sentí un ardor que pasaba desde el dedo gordo hasta la cintura; era mi dolor.
Si esto es lo mío, ¿quién sabe lo que es lo de él?
Y pasando entre el viento, me alcé como una bala, volando en un brinco hacia la pared donde aterrizaba.
Mi mano izquierda se apretaba a la vez que, en este estallido aéreo, salía contra él.
Mas cuando este tipo sintió lo que hacía, alzó su mirada, mostrándome aquella máscara que reflejaba el sol en el blanco de su material.
Su modelo era sencillo, donde apenas había huecos para los ojos y la nariz.
En su movimiento, saltó hacia el concreto mientras mi puño se clavaba en la pared.
El ladrillo fue destruido, creando una onda expansiva que hundió como dos metros de radio.
—Mierda.
Espero que esto no sea caro.
Sin nada que detuviera mi caída, ahora debía apretar los dientes mientras la gravedad hacía lo suyo.
Pero debo hacer mi parte, así que: —¡AIR!
La velocidad de mi caída bajó lo suficiente como para que diera un salto en el aire.
¡Qué trucazo aprendí en la isla!
Y con una voltereta, aterricé rumbo hacia él, quien había salido antes que yo.
—Vamos, no te escapes.
Saqué mi teléfono una vez más.
—Eduardo, ¿a dónde está yendo?
—Tomó rumbo a la izquierda.
—Bien.
Moví mis piernas, que aún seguían ardiendo por lo anterior.
—Ahora toca subir el entrenamiento.
No quiero que este dolor me destruya en un futuro; debo superarlo.
Así que dejé que el maná circulara mientras corría, permitiendo que la rama de cura hiciera lo suyo, a la vez que miraba al frente, donde mi vista era interrumpida por coches.
Mas yo sonreía.
Hay pocas personas.
Este tipo vino a una calle principal.
Debería ubicar qué hacer ahora.
Pero él seguía avanzando en medio de los carros, haciendo que unos pitaran mientras otros cambiaban de dirección.
Incluso parecía que uno de ellos decidió atropellarlo, porque aumentó su velocidad en vez de disminuirla para ir contra él.
Mas este saltó, evadiéndolo, hasta que cruzó la calle.
Tragué saliva mientras debía solucionar esto.
No usaré vitalidad si no quiero destruirme antes de tiempo.
Entonces: —¡AIR!
Cubriendo mi cuerpo con esa capa de aire, inicié a correr.
Salté la valla metálica apoyando mi mano en ella, sintiendo el calor del sol en mi piel.
Los coches pitaron mientras yo corría, pero no en línea recta por el camino que él recorrió, sino trazando una diagonal hacia él.
Mientras él seguía avanzando, se metió a una zona verde donde los árboles ahora cubrían el lugar.
Movía mi mirada de lado a lado mientras buscaba indicios de él.
¡CRACK!
Alcé mi mirada ante ese sonido, viendo una vez más al tipo, quien se apoyó en la copa de un árbol.
—Mocoso idiota.
—¡EARTH!
Con una bola de arcilla que generé en un instante, la arrojé contra él, quien decidió saltar al frente mío.
Cerré mi puño para ponerme en postura mientras él caía, cortando el viento.
Hasta que, al estar enfrente de mí, solté mi puñetazo en dirección a él, mas este fue detenido por el bloqueo en cruz que hizo en esa caída.
—Vaya, eso es un golpe aceptable.
Pero apreté mi puño derecho para continuar.
Dejé que el combo ganador surgiera, cubriendo mis brazos.
—¡¡VAMOS!!
Con un verso activé esa combinación de rama de velocidad, viendo mis manos.
El hombre dio un salto atrás, mas en medio de este fue interceptado por mi golpe, que aceleró su ida hacia atrás.
—Eso… Eso sí que es un avance.
¿Un avance?
¿Sabes lo que esto duele?
—Oye chico, ¿en los Cazadores qué nivel eres?
—Eso no se habla aquí.
Correr hacia él fue mi opción.
Cada paso que daba en la hierba me acercaba a donde él iniciaba a ponerse en postura.
—Chico, supongo que a puños será REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Inicia el conflicto.
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