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En el mundo desconocido - Capítulo 94

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  4. Capítulo 94 - 94 Cap94Efectos
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94: Cap94:Efectos 94: Cap94:Efectos Perspectiva de Ana Ring Sonó un teléfono en la pared.

Yo estaba sentada frente a Sara, quien seguía mirando televisión; con una mano jugaba con su pelo, envolviéndolo, mientras con la otra sostenía su teléfono.

—Sí, mamá, aquí me cuidarán.

Por cierto, ¿ya te mudaste?

Menos mal que Eduardo ya se había anticipado a la posibilidad de algún secuestro o algo similar, por lo que eso no ocurriría.

Pero ahora lo preocupante era Héctor, quien seguía perdido desde que le di ese golpe.

¿Aún no te recuperas?

—¿Qué carajos te pasa, Héctor?

Alzando la mirada, por fin salieron palabras de su boca: —¿Por qué lo defiendes?

—Te lo dije, es fuerte.

—¿Sabes que también hay más fuertes en la comisaría?

—Sí, ¿pero pocos líderes?

—¿Así que hasta ese chico te lidera?

—Un poco, no mucho.

—El mundo ha enloquecido si tú haces eso.

—Oh, claro, porque el mundo solo es lo que conoces.

—Pero eres idiota.

Míralo, tan joven.

—Claro, y esa es su fortaleza.

A su edad, tú no eras nadie.

—¿Y qué?

Eso es mejor que meterse en estas cosas.

—Mejor vete, que esto ya es irrazonable.

—Irrazonable tú.

Con esas palabras, él se levantó de aquel sillón, apretando los puños, y se fue caminando hacia la puerta.

Mientras él hacía eso, yo desvié mi mirada hacia mi hermana.

Sostenía el teléfono; abrió mucho los ojos, se mordió el labio y su rodilla tembló.

—… Tragó saliva.

Solo pude pensar por un instante qué estaba haciendo.

—Oye.

Me miró y de sus labios salieron las palabras: —Yo iré.

Esas palabras me dejaron aún peor que las anteriores.

Cuando puso el teléfono en su sitio con mano temblorosa, se apoyó en mí.

—Parece que Jacob perdió la pelea.

¿Pelea?

¿Cuándo?

¿Cómo?

¿Contra quién?

Pero no debía pensarlo mucho si miraba a Sara una vez más.

Al hacerlo, sentí cómo en mi corazón se hacía un hueco, como cuando él dijo que se iría a Lea.

—¿Qué?

Mierda, iré detrás de ese mocoso.

—No, hermana.

Tú debes cuidar de Sara.

Solo miré a esa chica, que seguía mirando la televisión como si nada.

Si ella no fuera parte de mi misión, saldría por Jacob, pero ¿ahora qué puedo hacer?

—Hermana, iré yo.

—Pero…

—Déjame.

Creo que es lo mejor.

Tú sí puedes cuidarla.

Tragué saliva mientras ella salía del lugar.

Yo ya no tenía más palabras.

Tuve que sentarme, apretando los puños una vez más, como en aquella guerra pasada.

Solo que ahora era más fuerte que antes, pero el problema se repetía.

—No puedo salir.

Sin más opción, me tuve que sentar.

Ahora debía elegir qué hacer: ¿decirle lo ocurrido a Sara o qué?

Alertarla sería mala idea porque podría empujarla a hacer cosas imprudentes, pero callar podría hacerla sentir culpable.

—Mierda.

Solo me quedó apretar las manos mientras miraba cómo ella seguía mirando la televisión, sin saber nada de lo que ocurrió.

Así pasó el tiempo.

El sol se fue poniendo hasta que llegó la noche con su oscuridad, y entonces mi teléfono vibró una vez más.

Mis manos temblaron al sacarlo y, al ver el nombre en la pantalla, se me hizo un nudo en la garganta.

—He-hermana.

—S-Sí, aquí estoy.

—Ya he llamado a la ambulancia.

Él aún está inconsciente.

—¿Aún?

—Sí, pero dicen que harán todo lo posible.

¿Lo posible?

¿No fueron solo unos huesos rotos?

Él se recuperaría fácilmente de eso, pero ¿qué pasó para que no pueda hacerlo?

Apreté los labios.

Solo podía imaginar a ese tipo, más fuerte que el Sombrerón, los Kappas o lo que Jacob hubiera enfrentado antes.

Este es el peso que carga la gente que lucha en estas cosas.

Tal vez no estoy a la altura.

Pero algo se debe poder hacer para ganar.

Miré a la luna, que con su brillo azulado iluminaba la ciudad.

Esta respondía con sus luces amarillas, tanto de las habitaciones como de las pantallas donde se mostraban publicidades y anuncios importantes.

—¿Hermana, aún estás escuchándome?

—Claro, Elizabeth, continúa.

—Bueno, te pasaré el hospital al cual Jacob será trasladado.

Eso llegó con una notificación, y el vacío que tenía en mi pecho ahora se sentía como una llama que quería hacerme quemar a ese tipo, como quemé el bosque en ese entonces.

—Entendido.

Adiós.

Colgué la llamada.

Era hora de mandar a esa chica a dormir.

Había una habitación de más, por lo que no había problema.

—Hey, acuéstate.

—¿Tan temprano?

—Sí, es necesario.

—Mmm, está bien.

Y con esas palabras, siguió al lugar que le indiqué.

Pero ahora, con eso listo, debía hacer lo más importante para poder seguir avanzando.

No soy Jacob, pero al menos él dijo algunas cosas inteligentes sobre cómo prepararse: —«No llevar más de lo necesario y conocer el lugar».

Pero ante esa idea solo podía apretar los dientes, porque eso significaría que hay un encuentro premeditado, como en el caso del Sombrerón.

Sin embargo, en este caso no podía ocurrir así.

Entonces, ¿qué es lo mejor?

Solo había unas pocas posibilidades.

Saqué mi teléfono para marcarle a Eduardo.

—Oye, ¿dónde está él?

—¿Jacob?

Ya te envío la ubicación.

—No, él no.

El otro tipo.

—Ah, ese.

Él…

Luego del combate en el bosque le perdí el rastro.

—¿Cómo, si él tiene máscara y capucha?

—Ese lugar es un parque natural.

Seguro se camufló.

—Pero eso no le quita la capucha ni la máscara.

—Cualquiera se hace su ropa con la magia, no lo olvides.

Tragué saliva.

Esa palabra me golpeó.

Maldición, ¿la magia era una enemiga o una aliada mía?

—¿Crees que siguieron a mi hermana?

—Tomé la prevención para eso.

Parece que no lo hicieron.

—Bien.

Iré donde ella.

—Sería lo mejor.

Mientras, intento ver en dónde podrían desarrollarse las batallas.

—¿Las batallas?

Ah, te refieres a lo de esa cosa.

—Claro.

Aunque tenga cubierta la carretera con cámaras, no cubre todo.

—Una mierda.

—Comprendo tu frustración, pero más allá de eso, rompe la privacidad.

—Es tu deber como noble.

—Mi deber como noble es tanto la seguridad de cada uno como la privacidad.

—¿Y crees que con las cámaras se salva?

—Se pierde, pero al menos no hay extremos donde hasta en tu casa estés vigilada.

—Tsk.

—Si ya lo entiendes, ¿qué vas a hacer?

—Iré donde Jacob.

—Entendido.

Con esas palabras, no había nada más que decirnos.

Colgamos.

Salí por las escaleras, donde mis pasos producían aquel eco vacío.

Cuando estuve frente al ascensor, pensé en usarlo, pero al presionar el botón y ver que la puerta no se abría, entendí que lo mejor era seguir mi camino a pie.

Continué bajando y, al salir del edificio, tomé rumbo a la carretera principal.

Allí, un coche amarillo atendió mi señal luego de que estiré la mano.

—¿Para dónde, señorita?

Saqué mi teléfono y le mostré el hospital donde se encontraba Jacob.

—Entendido.

Sin más opción, el conductor pisó el acelerador.

Miraba las señales de tránsito junto a su velocímetro, que indicaba 39km/h, mientras la señal mostraba 40km/h.

Yo miraba por la ventana, observando el paisaje pasar mientras apretaba los dientes.

No tenía más opción que esperar que todo estuviera bien.

Pero pensar en cómo estaba Jacob, o en el enfrentamiento que tuvo con ese tipo, me hacía sentir como si el aire oliera a quemado, como en el incendio de aquel entonces.

Sentía que mis ojos querían arder, pero las lágrimas tenían que ser controladas.

Apreté las manos, esperando llegar al hospital.

Cuando por fin llegamos, pagué y bajé casi tropezando para correr hacia la entrada, dirigiéndome al sitio donde estaba la recepción.

—Oye, debo ir a ver a alguien.

Esta es su habitación.

El recepcionista abrió mucho los ojos ante mi petición y, abriendo la boca, dijo: —E-Entendido.

Firme aquí y vaya a la 4ª habitación de la derecha, en el tercer piso.

Hice tal como pidió, pero al firmar solo podía apretar el bolígrafo con fuerza, esperando que no fuera tarde.

Caminé hacia el ascensor, tomándolo mientras me agarraba el hombro.

Cuando se abrieron las puertas, volví a correr, entrando en la habitación donde Jacob yacía acostado.

Mi hermana estaba sentada a un lado y una enfermera salía del lugar.

—¿Qué pasó?

—Aún está inconsciente.

—¿Pero cuáles son sus daños?

—Mire usted.

Sacó una radiografía donde se reflejaba lo ocurrido dentro de él: tres costillas rotas.

Sus piernas mostraban algunas fisuras, como grietas finas, y en sus nudillos se veían pequeñas esquirlas de hueso.

—¿Cómo llegó a eso?

—No lo sabemos.

Lo mejor será preguntarle a él.

Y con esas palabras, aquella enfermera salió, dejándonos a mi hermana y a mí sentadas frente al mocoso imprudente.

¿Cómo llegaste a esto?

Mi hermana tomó la mano vendada del chico.

—Ahhh…

Pero, como si pudiera volver en sí, sus ojos empezaron a moverse.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Uff, luego de unos cuantos dias de ser forzado a no tener internet ni posibilidad de escribir es bueno volver a hacerlo, mi mayor temor era no poder hacerlo por perder la costumbre, pero aqui estoy.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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