En el mundo desconocido - Capítulo 95
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95: Cap95:Marcas 95: Cap95:Marcas Jacob: Mas, entre mis recuerdos, me perdía.
El dolor de aquel golpe que me dejó en el suelo con los ojos pesados, mientras el recuerdo de la casa de mi padre entraba en mi memoria: aquel tiempo donde solo éramos papá y yo; yo con mis nudillos rojos y él con las cervezas en la mesa.
Ese día yo no estaba en esa rutina de autodestrucción, sino acostado en la cama mientras miraba el techo, a la vez que apretaba los dientes por el dolor que recorría de lado a lado mi pecho.
Y como un golpe de realidad que surgió como una llama en mis manos, la intenté agarrar.
Mis párpados se hacían más pesados y, a la vez, sentía un peso en el pecho que me asfixiaba.
Mas cuando apreté los labios, dejaba de estar en la habitación de mi vieja casa para volver a un cuarto donde el techo blanco, que se iluminaba por una luz del mismo color, se mostraba.
—¡Jacob!
Moví la mirada, mientras mi cuerpo seguía quieto.
Observé quién era la dueña de esa voz para ver su pelo blanco: era Ana.
—¿Ana?
—Sí, soy yo y mi hermana.
Abrí un poco más mis ojos mientras desviaba la mirada hacia mi mano, que me había traído a la realidad.
Ahí, era sostenida por Elizabeth, quien me miraba con un temblor en sus manos que trajo calor a mis frías manos.
Pero es hora de recordar lo que ha pasado.
Primero, había perdido contra ese tipo.
—¡Cierto!
Ana, ¿dónde está Sara?
Y en un movimiento, intenté sentarme, mas la presión en mi pecho me hizo tragar mis intentos.
—Mierda, mocoso, aún no te preocupes por eso.
Quédate quieto.
Me recosté en la cama mientras miraba la ciudad, que se alumbraba con sus pantallas, luces artificiales y demás tecnologías.
Pero eso no significaba nada cuando has perdido el combate y quién sabe lo que eso conlleva.
Si ya caí, debo levantarme entonces.
—Heal.
Inicié a usar los versos.
Ahora usaría la magia de vitalidad con el enfoque de curación para poder salir de aquí.
Mas mi visión giró a la vez que un ¡PLAM!
sonó y el ardor en mi mejilla ocurrió.
—¡Idiota!
—Con su mano extendida, Ana me había abofetado.
—Debo ir.
—¡NO!
Por favor, mira esta mierda.
Y, poniendo unas hojas en la cama, solo pude hacer caso a lo que ella pedía, agarrando esas cosas para ponerlas a contraluz: eran unas radiografías.
Abrí mis ojos ante lo que veía.
Esto, en el pasado, me hubiera dejado quién sabe cuánto tiempo fuera de combate, pero ahora puedo hacer algo más.
—He…
—¿¡Qué te dije!?
—Oye, Ana, es necesario.
—¿Ni qué necesario ni qué mierda?
Mejor di qué pasó.
—Solo perdí el combate.
—¿Perder?
Te rompieron las costillas.
—Eso es lo de menos en una pelea.
Mas Elizabeth habló para detener esto.
—Oigan, por favor, no hagan eso ahora.
—¿Es que no lo ves, hermana?
Está a punto de cometer alguna idiotez, ¿y quieres dejarlo hacerlo?
—¿Idiotez?
Lo que quiero es proteger a Sara.
—¿Cómo estás?
No lo lograrás.
—Per…
—¡Ya paren de una jodida vez!
Entiendo sus preocupaciones, pero, por favor, cálmense.
Forzándonos a eso, solo nos quedó hacerle caso.
Lo primero que ella hizo, luego de gritar eso, fue mover sus dedos mientras intentaba mirarnos a ambos e intentar mover sus labios, mas las palabras no podían salir de ella.
Con un suspiro, yo decidí intentar solucionar esto.
—Está bien, nos calmaremos.
Solo déjenme un momento a solas.
—Pero no intentes curarte.
¿Sabes lo malo que es eso?
—Te refieres a las malas curaciones, claro que lo sé.
—Pues no parece, por lo que estabas por hacer.
—Solo déjame solo un momento.
—Está bien.
Y ellas salieron de este cuarto del hotel, dejándome a mí arropado entre esas cobijas que no me aportaban tanto calor como me gustaría, mas sí me servían como base para aguantar el frío de esta noche.
«He perdido».
Era lo primero y más básico.
Quiero salir para remediar mi error, mas ahora, ¿cómo lo hago?
Supongo que hacerlo en plena fase de recuperación es mala idea, entonces lo que intentaré será curarme afuera y con más información.
Aún recuerdo esas feas cicatrices que tenía la gente cuando hacían malas curaciones.
Pero, hablando de eso…
Algo escéptico, moví mi bata hacia arriba mientras me descubría de esas cobijas, quedando con mi cuerpo al aire libre mientras estaba acostado.
No era lo mejor que vería ahora, pero era necesario.
Entonces, apretando los dientes, descubrí la herida que llevaba en mi cuerpo: donde estaba golpeado, mis costillas se hundían de una manera que se veían a simple vista y, con cada respiración, estas se movían.
Mi mano tembló ante eso, mas cuando noté cómo la piel donde había recibido el impacto presentaba huecos y, a la vez, tenía unas líneas negras que se marcaban en el sitio.
La prueba del golpe con fuego y electricidad aún estaba en mi cuerpo.
«Aún soy débil».
Mi debilidad no la estoy solucionando pese a los riesgos que estoy tomando.
Entonces, ¿qué debería hacer?
Si no puedo hacer eso, ¿qué hago?
Mas decidí dejar esa introspección a un lado.
Si estoy aquí, estoy vivo, y solo así puedo cambiar las cosas.
Entonces, debería pasar a algo importante: solucionar mi ahora, las dudas de ellas.
Entonces me arropé una vez más, mientras evitaba moverme mucho porque, al hacerlo, sentía cómo la costilla se hundía en mi cuerpo, dificultándome respirar.
Cuando me acosté, solo respiré hondo mientras la puerta se abría, dejándome ver a Elizabeth, quien entraba, mas Ana se quedó afuera.
—Entonces, Jacob, ¿qué pasó?
—El tipo del guante me venció.
—Eso ya lo sabemos, pero ¿qué tan fuerte era?
¿Cómo mides la fuerza en alguien así?
Entiendo que el poder mágico pueda ser influyente, mas el profesor de la escuela había demostrado que la práctica y dominio del maná eran lo que hacían fuerte a alguien.
—¿Cómo mido esa fuerza?
—Bueno, lo siento por mi pregunta.
—No hay problema, pero contra el sombrerón fue más fácil.
Sí, había sido así.
Tal vez fue porque me comprometí seriamente a hacer eso bien y trabajamos en equipo.
¿Equipo?
¿Sería esa mi manera de superar mi debilidad?
—Entonces, ¿pudiste sacar algo de él?
—Más allá de que quiere matar a Sara, no.
—¿En serio?
—Sí, es alguien extraño para solo buscar eso.
¿Cómo solucionas aquí, cuando solo sabes una parte de la verdad, pero no todo?
Entonces, lo mejor sería ver todo lo que sé sobre él.
«No usaba armas más allá de los guanteletes».
Miré la ciudad mientras aún podía sentir los golpes de él.
Pero eso ya explicaba más de su estilo: alguien directo.
Y si añadimos el uso de su guantelete, podemos imaginar que es o alguien muy fuerte o dependiente de su tecnología.
Yo no sé cómo se maneja eso.
Tal vez debería preguntarle a Soren, quien está más familiarizado con la tecnología.
—Oye, Jacob, aparte de eso, ¿hay algo que te inquiete?
—Mi debilidad, no hay más.
—Y-ya veo.
Bueno, iré a hablar con mi hermana, pero creo que nos veremos hasta mañana.
—Gracias.
Con ese intercambio terminé la conversación.
Mas ahora solo quedaban algunas cosas que pensar: ¿qué hacer ahora?
Lo mejor es centrarse en la preocupación, analizar mis posibilidades…
pero lo mejor sería ir donde el abuelo de Soren con él.
Sin más que hacer, me quedé acostado en la cama mientras dejaba que el sueño me pesara, para que, cuando los primeros rayos de sol nacieran, lo entendiera: ahora debo conseguir alguna manera de salir.
Mas, rompiendo esos planes, los pasos de alguien más entraron en el lugar.
—Es hora de tu cirugía.
Vestía de color blanco desde la cabeza hasta los pies, lo que denunciaba con facilidad su profesión, sobre todo en este lugar.
Era la enfermera.
—Está bien, ¿qué hago?
—Quédate acostado, yo te traslado.
Hice eso durante el viaje, que me sacó del frío lugar a uno donde solo escuchaba llantos de las personas que estaban sentadas afuera.
Mas también ese silencio se rompió cuando alguien más dio un abrazo a su acompañante.
—Gracias, doctor, le has salvado la vida.
—De nada, es nuestro trabajo.
Y con ese intercambio de palabras, el doctor y las personas tomaron rumbos opuestos.
Mas yo era también movido hacia un quirófano donde, al entrar, volvieron esos recuerdos: aquel catalizador más grande de lo necesario que marcó un antes y después en mi vida.
Mas hoy no era el día de esa preocupación porque las personas me pusieron la anestesia, de manera que lo siguiente que me despertó fue el frío, que me hacía temblar desde la punta de los dedos de los pies hasta mis manos, mientras era llevado a una habitación donde no había nadie más que yo y la enfermera que empujaba la camilla donde estaba acostado.
—Chico, en tres días podrás salir.
—¿T-tres días?
—Sí, la recuperación es algo lenta, pero saldrás bien.
—G-gracias.
Con esas palabras me dejaron en soledad mientras yo miraba por la ventana, donde solo podía pensar en qué sería lo que ahora pasaba.
Realmente parece que el mundo se ha estancado en esos 80 años…
y míralos ahora, resolviendo los problemas de esta manera tan efectiva.
Pero también este mundo me trajo la memoria de ese enmascarado.
Mas también, ¿qué debía hacer ahora?
Le debía informar a Soren, y por eso miré si tenía el móvil cerca de mí.
Mas al mirar en el escritorio con un vistazo, mover las cobijas que me envolvían no daba resultado, ni había otra persona…
Solo quedaba decir una cosa: —Tengo que llamar a la enfermera.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Bien, aqui esta un capitulo mas.
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