Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el mundo desconocido - Capítulo 99

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En el mundo desconocido
  4. Capítulo 99 - 99 Cap99Opciones desesperadas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

99: Cap99:Opciones desesperadas 99: Cap99:Opciones desesperadas Toc, toc, toc, hice con mi mano mientras miraba la puerta de madera que había sido golpeada tantas veces.

Ana y Sara solo podían mirar, observando cómo el tiempo pasaba, hasta que el sonido de unos pasos resonó en el fondo del pasillo, indicando que habíamos sido escuchados.

La puerta crujió y, como si el exterior tuviera que iluminar el interior, el hombre salió.

—¿Quién carajos son ustedes?

Su pelo hasta el hombro, que era rojo, lo hacía parecer más joven que el padre de Soren, pese a que él era el abuelo.

Entonces, decidí tragar saliva mientras me preparaba para hablar.

—La verdad es que necesitamos su ayuda.

—¿Ayuda?

¿Para qué carajos quiere mi ayuda un crío?

—Es que, señor, ocurrió una nueva guerra del oro y poder.

—Ja, esa cosa siempre ocurre.

—Pero…

—No me interrumpas.

¡Soluciónenlo!

Dando la espalda, cerró la puerta sin dar más opción de hablar.

—Vaya, Jacob, Eduardo no se equivocó al decir que era un cascarrabias.

—Oh, cállate.

¿Ahora qué carajos hacemos?

—Si nos devolvemos, podremos decidir.

—¿Entonces solo podemos hacer eso?

—Oigan ustedes dos, ¿por qué creen que él no quiere hablar?

—Ah, ni idea, pero el cascarrabias no quiere ayudarnos y eso es lo que importa.

—Tiene razón Ana, ese viejo ermitaño no parece siquiera querer ayudar.

Mejor irnos.

—Pero, ¿no creen que hay una razón?

—Razones puede tener, pero si no quiere ayudar, no lo podemos obligar.

—Ya, ¿pero así nos derrotan?

Intentamos huir usando estas pelucas para que no nos reconocieran y, como fracasamos, ¿nos devolvemos?

—Si seguimos insistiendo, eso será como lo del caballo muerto.

—¿Caballo muerto?

¿A qué te refieres, Jacob?

—A una cosa que escuché en el pasado.

—Jo, ¿de qué trataba?

—La tontería de meterle dinero a un caballo muerto.

—¿Es que quién en su sano juicio haría eso?

—Eso trata de ejemplificar cuando algún negocio ya no es rentable.

—Tienes razón, esto es como eso.

Entonces, ¿nos largamos?

Y, moviendo sus pasos en el bosque, Ana intentó irse, pero Sara, tomándome del hombro, me miró con sus ojos amarillos.

Tuvo que pararse de puntillas para lograr detenernos.

—Oye tú, intentemos una vez más.

—Ya viste lo que él hizo, ¿qué lo hará cambiar de opinión?

—Solo déjame preguntarle una cosa antes de eso.

—Pero ni te ilusiones de que él responderá.

—No, eso no ocurrirá, solo quiero hacerlo.

—Está bien.

Dejé que la chica girara rumbo a ese lugar mientras yo la miraba y pensaba: “¿Por qué quieres intentar presionar a ese viejo?

Eso no hará que él responda tus preguntas solo porque sí.

Tal vez hasta te envíe a la mierda.” Pero cuando ella se paró frente a la casa y tocó una vez más, el ermitaño salió a la ventana del segundo piso.

—¿Qué carajos quieren?

¡Ya les dije que no!

—Pero señor, ¿por qué usted insiste en que no?

—Porque se me da la jodida gana.

¡Lárguense!

Entonces ella me miró, a la vez que ese hombre cerró la ventana, dejando temblando el vidrio.

Ella, con una sonrisa, decidió acercarse a mí mientras con su mano hacía una señal para Ana.

—Ven, tengo una idea.

Ana, mirándola mientras se acercaba, le tomó del hombro.

—¿Qué te dije?

Vámonos.

—No, tengo una idea.

—Vamos, Sara, sabes que dialogar con ese ermitaño no está dando resultado.

—Sí, claro, pero ¿qué tal si hacemos esto?

Sacando los catalizadores, los puso en el suelo mientras Ana y yo nos mirábamos.

—¿Qué te parece si intento experimentar con esto?

—Ahh, ¿pero para qué?

—¡Estallémosle la casa al viejo para que nos tenga que ayudar!

Me callé.

Ana también.

Nos miramos entre sí.

Además, decidí, por si acaso, limpiarme la oreja con los dedos, dando un suspiro mientras intentaba alzar los labios, pero estos no querían hacerlo.

—Oye, ¿qué fue lo que dijiste, Sara?

—Como oíste, Jacob, estallémosle la casa.

La tomé de los hombros mientras con un movimiento de adelante y atrás la sacudía.

Ana seguía con los ojos en nosotros, con su boca quieta, como cuando Sara dijo su idea por primera vez.

—¿Pero qué carajos?

¡No somos terroristas!

—Pero si no lo hacemos, él no nos ayudará.

—O sea, entiendo tu necesidad, pero nos demandarán.

—Entonces, ¿estás de acuerdo parcialmente?

—Ehh, oye Ana, dile algo a esta chica que está pensando en tonterías.

Pero Ana, quien me respondió mirándome, solo sonrió mientras que, al verme devolverle la mirada, giró la cabeza de lado a lado.

—El poder debe usarse.

Con esas palabras, ella inició a caminar hacia la puerta.

Al pararse frente a ella, levantó la pierna, pero cuando la iba a estirar para darle el patadón, tuve que agarrarla de los hombros y hacerla girar.

—Oye mocosa, no interrumpas con esto.

—¿Interrumpir?

Lo que nos meterán será una multa.

—Una multa será poco en comparación con lo que pasará si nos quedamos aquí sin hacer nada.

—…Tsk, no creo que lo mejor sea patear una puerta entonces.

Entonces Sara, levantando sus brazos, se apuntó a sí misma.

—Entonces, ¿solo amenazarle?

—Mira Ana, ya le estás metiendo tus influencias terroristas.

—¿Influencias?

No creo, ella está perfectamente bien.

—No me vengas con esa tontería, ¿cómo carajos lo explicas?

Y con una sonrisa, ella se separó de mí.

—¿Te acuerdas de los catalizadores que ella decía?

De ahí mismo.

—No me jodas, entonces lo que estás pensando es…

—Claro que sí, solo será uno de los tres.

—No creo que sea buena idea hacer eso.

—Prefiero una multa a dejar esto a medias.

Solté mis hombros mientras caminaba hacia Sara.

—Está bien, amenazaremos al viejo.

Dime cómo viene el plan.

—¿Cómo que un plan para todo, mocoso?

—Oye, toca preparar lo básico al menos.

—Está bien, pero dilo rápido.

—Intentaré un experimento con los catalizadores aquí.

—Oye, ¿pero no dijiste que necesitabas algunas cosas demás?

—Ja, eso es poco cuando eres una enana.

Solo para rectificar, la miré de arriba abajo mientras giraba la cabeza a un lado.

Gestionar razas en el pasado por medio de solo papeles es una pésima idea, debí conocerlos más.

—¿Enana?

Ya decía yo que eras baja, pero no tanto.

—Ja, eso es lo de menos, lo importante es que tenemos buena compatibilidad con la magia de creación.

—Y aun así, la señorita ingeniera gasta el dinero de catalizadores en estas cosas.

Tenle más cuidado al menos, loca.

—¡No, déjame, Ana!

Yo quiero experimentar con total libertad.

¿Verdad, Jacob, que eso es mejor?

Después de todo, ya has roto uno.

Sostuve el mío un momento mientras la miraba una vez más, a la vez que soltaba un suspiro.

—Lo mío no fue por experimentar.

—¿Ja, entonces?

—Fue por la maldita casa de los Montes.

—¿Esa familia?

Dicen que estuvo relacionada con la guerra del oro y poder de hace tiempo.

—Ehh, espera, ¿qué?

—Sí, es más, te muestro.

Sara, sacando el teléfono de su bolsillo, buscó algunas páginas para finalmente, con una sonrisa, mostrarnos eso a mí y a Ana.

—Ven, aquí dicen los participantes.

—¿Cómo carajo que están los participantes anotados?

¿Eso no es privado o algo?

—Algunos revelan su identidad.

—Caray, ¿qué carajos buscan con eso?

—Pues lo mismo que todos, mocoso.

Prestigio.

—Odio esto de la meritocracia.

—Pues ódiala mucho, porque solo te queda aceptarla.

—Bueno, volviendo al tema, ¿qué haremos?

—¿Te parece intentar hacer unos planos de bomba y estallar la casa?

—Sabes, siento que esto no tendrá una solución fácil.

Déjame pensar.

Con eso, me senté bajo el árbol mientras veía cómo la oscuridad bajo él era un poco mayor.

Al notarla, alcé mi mirada, viendo cómo el sol se seguía hundiendo en el horizonte del mar.

Apretando los dientes, inicié a evaluar las opciones: si hago un acto de destrucción, nos tachan de terrorismo o podemos demostrar que aquí estamos, lo que haría que pudiéramos ser descubiertos.

Entonces, ¿qué hacer?

¿Lanzar una amenaza al viejo y decirle a Eduardo por antelación lo que podría suceder?

Entonces me paré mientras sacaba mi teléfono.

Ring, ring, ring.

Entonces una voz salió del teléfono: —Hola, ¿qué pasa, Jacob?

—Eduardo, ¿hay problemas si hay actos de terrorismo?

—¿Terrorismo?

Claro que no, soy un noble, ¿cómo carajos podría dejar eso pasar?

¿Hay algún desgraciado?

—Solo estoy considerando la posibilidad de tumbarle la casa para forzar a que el viejo colabore.

—¿Pero tú en qué momento enloqueciste?

—No, enloquecer es pragmatismo.

—Ignorando el utilitarismo.

—A mí esa cosa no me la menciones, mientras el tipo siga vivo será suficiente.

—¿Suficiente?

Eso te lo perdono, pero siento que irás a torturarlo.

—No, eso sí que no, ahí tengo la línea.

—Esa línea es bien delgada; mientras mayor sea el objetivo, más delgada será.

—Eso lo entiendo, pero ¿me dejas?

—…

Ese silencio me hizo apretar mis uñas mientras miraba a Sara y Ana, quienes tragaron saliva y desviaron la mirada hacia la casa.

¿Ese viejo colaboraría a la fuerza?

—…

—…Solo no le hagas daño.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES fucken_132 Un nuevo capitulo, mientras siga publicando me gustaria que mencionen cosas que puedan sentirse superficiales o sin conexion con la trama para que pueda correguirlos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo