En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 ¡No quiero tus Ofertas!
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10: ¡No quiero tus Ofertas!
10: ¡No quiero tus Ofertas!
—¡Jeje, jeje, jajaja, jajajajaja!
¿¡Entonces, considerarías la oferta!?— balbuceó un sujeto mientras una lluvia de puñetazos caía sobre su cara.
Una delgada mano cubierta de vendaje blanco se encontraba manchada con sangre y saliva, proporcionadas por la docena de extraños individuos que se acercaron a extender propuestas de reclutamiento, saldar viejas deudas o buscar protección.
—¿Qué pasa con ustedes?
Soy medianamente buscado por el gobierno ¿Y te parece una buena idea juntarte conmigo?— preguntó Liam, últimamente en su personaje frío y despiadado de Hiruko, al tipo que golpeaba.
—Pff, Es, pff, una cuestión de, pff, publicidad— dijo mientras escupía sangre y fragmentos de dientes rotos.
Una vena palpitante apareció en la frente de Hiruko.
—Explica— ordenó con frialdad.
A su pesar, el loco con antifaz debajo de él sonrió.
—Verás, el que un mocoso como tú haga enojar al gobierno al punto de emitir un boletín sobre ti, y además de eso tenga las pelotas para haber quitado una vida desde tan temprana edad, es un indicio de tu futura carrera, chico— dijo el hombre.
—Aunque pienses que hay muchos dementes por ahí— continuó, ignorando por completo el hecho de que él comparte similitudes con esos dementes.
—La verdad es que la mayoría son puro ladrido y nada de mordidas.
Robar bancos lo hace cualquiera.
Diablos, golpear gente y enviarlos al hospital no es la gran cosa ¿Pero matar?— de repente su voz se puso seria.
—Matar es una línea que no muchos están dispuestos a cruzar.
Aquellos que comienzan, nunca terminan…
Después de dejar inconsciente al rarito con antifaz y dejarlo frente a la comisaría, Liam continuó su viaje.
Los eventos en Maine lo obligaron a salir de ese Estado.
Ahora recorre el país, en dirección sur, considerando seriamente lo que hará a continuación.
La situación ha sido más complicada de lo que le dio crédito en un inicio.
La policía ya no ve con buenos ojos sus intervenciones para ayudar.
Las personas que llegan a reconocerlo sacan sus teléfonos, no inteligentes, para llamar a las autoridades.
Algunos criminales de poca monta y otros con más recursos se le acercan para ofrecer trabajo.
Incluso se topó con otro meta humano, una chica cebra o algo así, la cual intentó capturarlo con su fuerza equina.
Basta decir que un shinobi de rango Jōnin necesita más que un caballo de fuerza para ser sometido.
Los últimos tres meses de Liam no han sido lo más divertidos.
Lo único bueno de todo esto, es que los constantes combates le hicieron alcanzar en 52% en su progreso de plantilla.
La Liberación Veloz y la Liberación Acero han estado trabajando horas extras.
La Liberación Tormenta sigue sin ser adecuada para tratar con gente normal.
Una descarga de chakra convertida en rayo es más que suficiente.
Ni hablar de la Liberación Oscura.
Simplemente está allí, sin ser tocada.
No hay shinobis en este mundo que porten chakra.
Ha intentado absorber energía de los trajes de combate o las armas avanzadas, pero no funciona.
A menos que otro pobre bastardo haya reencarnado aquí con una plantilla shinobi, la Liberación Oscura permanecerá en la oscuridad.
Actualmente, Liam recorría los campos de Kansas, un borrón de movimiento atravesando el área rural.
Eligió moverse hacia el sur a través del centro del país, sin ganas de pasar por Gotham City o Metrópolis.
La suerte no es una amiga confiable de Liam y no querría tener al bati-maníaco persiguiéndolo.
Lo que Liam desconocía, es que su rastro era seguido por agentes de Amanda Waller.
Las llamadas corrían de un lado a otro y una gran fuerza se preparaba para interceptarlo en Kansas City.
Un helicóptero transportaba a Katana y un equipo especial, con trajes de combate y algunas drogas particulares para facilitar la captura de un meta humano.
Entre los integrantes de este grupo, se encontraba un hombre con casco metálico, una ventanilla circular de cristal rojo alrededor de donde estaría su ojo derecho.
******************************** —Finalmente, hombre— suspiró Liam.
Había estado corriendo y parpadeando constantemente durante unas cuatro horas para llegar a Kansas City.
Aquí descansaría un par de días para recuperar sus reservas de chakra, las cuales habían caído al 60% por toda la carrera y los shunshin.
En caso de necesitarlo, contaba con una píldora de soldado, un artículo bastante útil cuando se es un shinobi.
Su noche fue tranquila.
Cambió su apariencia con un Henge y caminó un rato por la ciudad, comiendo en puestos callejeros y alquilando una habitación en un barrio no muy lujoso.
Tuvo que lidiar con algunas damas de compañía algo entusiastas con su apariencia ilusoria.
Le molestaba el hecho de no poder disfrutar del tacto femenino durante unos años más.
Su cuerpo adolescente exigía muchas cosas que no estaba dispuesto a darle aun.
A la mañana siguiente, los problemas comenzaron.
Una radio en algún lugar del motel de mala muerte donde dormía parloteaba sobre un incendio que estaba sucediendo en el centro.
Aparentemente, había personas atrapadas en el edificio, en las plantas superiores.
Sin más que hacer, Liam decidió levantarse, lavarse la cara rápidamente y masticar pasta dental mientras salía despedido por la ventana.
En menos de 15 minutos, alcanzó el lugar donde nubes oscuras se elevaban de la mitad inferior de un alto edificio.
Tu típico lugar de oficinas.
Sin ánimos de darle vueltas al asunto y permitir que muera gente inocente, Liam llenó su cuerpo con chakra y saltó más arriba de las llamas, aterrizando suavemente sobre el cristal de las ventanas sin siquiera hacerles un rasguño.
Corrió horizontalmente, escalando hacia los pisos superiores, donde podía ver ventanas abiertas y manos agitando pañuelos.
A unos cientos de metros, en otro edificio, un hombre con traje de combate y un ojo rojo se posaba tranquilamente, apuntando con su arma hacia el edificio en llamas.
Una voz en su oído comunicó con algo de estática.
-“Está aquí.
Vigila las ventanas, ese chico puede correr por las paredes como si fuera tierra firme”.
El hombre no respondió.
Paseaba su vista a través de la mira telescópica, buscando.
Finalmente, lo vio.
Un borrón de movimiento a alta velocidad, una silueta difuminada completamente blanca.
El objetivo.
Ajustó el cañón de modo que el tiro se dirigiera a donde estaría, no a donde estaba, ya que se movía con demasiada rapidez.
No la suficiente para evitar a DeadShot.
Apretó el gatillo y una bala surcó el aire, desplazándolo furiosamente.
Liam sintió el peligro, sus instintos shinobi aumentados en el modo Hiruko.
No sabía de donde vendría el ataque, ni si tendría tiempo de esquivarlo.
Ante tales dudas, su cuerpo reaccionó primero que su mente.
Liberación Acero.
Piel ennegrecida lo recubrió, aunque no muy visible bajo la prenda y el vendaje.
Liberación Veloz.
Desvió su camino ligeramente y giró sobre sí mismo justo a tiempo para ver un proyectil atravesar el cristal y dejar un surco en su frente, ahora endurecida con la Liberación Acero.
Sospechando del individuo con la puntería letal, Hiruko decidió saltar y alejarse del edificio.
Como sospechaba, en el momento en que se fue, las supuestas víctimas atrapadas en la cima saltaron tras él, figuras vestidas con trajes de combate algo ajustados y de apariencia incómoda.
—Me pregunto cómo soportan el calor en esas cosas.
Los olores que debe soportar el pobre diablo encargado de lavarlos…
Un destino cruel, de verdad— pensó para sí mismo, intentando ignorar la creciente frustración que sentía hacia la responsable de esta mierda.
No fue difícil adivinar quien había orquestado esta trampa, considerando cuántos tiradores había al mando de una loca manipuladora.
Mientras aterrizaba en un estacionamiento de autos, vislumbró un destello afilado que se balanceaba en su dirección.
Con destreza, Hiruko sacó un kunai e interceptó la hoja.
—Señorita Samurai— dijo Hiruko sin gracia.
Katana le asintió.
—Shinobi-San.
Siguió otro duelo de espada contra kunai, las chispas volando mientras Hiruko esquivaba las salvas de disparos que amenazaban sus piernas.
Los atacantes querían inmovilizarlo.
Para su sorpresa, este grupo de idiotas no eran los únicos que le disparaban.
Katana se alejó rápidamente y al instante siguiente, decenas de hombres y mujeres con trajes al puro estilo de Men in Black salieron de las azoteas, automóviles, locales y edificios circundantes, todos armados.
Lo habían rodeado de verdad.
—¿Todo esto por rechazar un trabajo?— preguntó Liam a nadie en particular.
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