En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 104
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104: Él Es…
104: Él Es…
En lo alto de un edificio en la ciudad de Metrópolis, un hombre de complexión musculosa se sentaba en el borde.
Su capa de color rojo ondeaba con el viento, la luz del sol bañando su imponente figura, dando brillo a su piel y llenándolo con fuerza.
Su traje azul opaco abrazaba con fuerza su musculoso cuerpo, su cabello negro siendo levemente agitado.
Su mirada serena se posaba sobre una de las grandes pantallas de la ciudad, donde se mostraban imágenes de la situación que ocurrió en Jump City hace unos días.
El rostro familiar de un adolescente bajito y de cabello blanco aparecía con frecuencia.
Con su oído súper humano, pudo escuchar las mismas noticias que había estado oyendo desde que el incidente se volvió tendencia.
Su mente corría a toda velocidad, buscando desentrañar la verdad de las mentiras, pero su corazón no pudo evitar sentir orgullo.
A pesar lo que el mundo podría pensar de él, Súper Man sabía que el joven que le confió la verdad de sus crímenes y se entregó sin más resistencia no era una mala persona.
¿Cruel?
Seguro.
¿Vengativo?
Definitivamente.
¿Una especie de santo?
Absolutamente no, pero a él no le molestaba eso.
¿Cómo podría él, de todos los seres de este mundo, juzgar bajo esos estándares?
Independientemente de su personalidad o su falta de tacto, Súper Man sintió que el joven albino podría hacer mucho más bien que mal.
Su fuerza era algo que podría utilizarse para ayudar a las personas.
Para proteger, en lugar de destruir.
-Me pregunto por qué no has ido allí tú mismo – dijo una voz femenina y fuerte detrás de él.
El hombre sonrió y contestó a la mujer sin darse la vuelta.
-No es necesario.
Las cosas están bajo control ahora.
Él lo tiene bajo control, estoy seguro.
Wonder Woman se sentó a su lado, mirando a la distancia, donde se describían el número de terroristas que fueron atrapados y llevados a prisiones de alta seguridad.
-Es un niño.
Dudo que haya mucho que pueda tener bajo control – replicó ella.
-¿No confías en su fuerza?
– preguntó Súper Man con curiosidad.
-Sé que es fuerte, pero el poder por sí sólo no siempre basta.
Tú lo sabrás mejor, Hombre de Acero – dijo, sus ojos brillando con diversión al recordar un acontecimiento pasado.
Diana admitiría que en términos de fuerza, poder bruto, estaba totalmente superada por el hombre a su lado.
Aún así, le dio una paliza el día que se conocieron porque ¿De qué sirve la fuerza si no sabes cómo usarla?
Súper Man rio entre dientes.
-Realmente te preocupa, ¿Verdad?
-He estado en este mundo mucho más tiempo que tú, Súper Man.
Soy consciente de lo que los gobiernos humanos han hecho, hacen, y estarían dispuestos a hacer para controlar a las personas con poder.
Ese chico, está recorriendo un camino peligroso – respondió Diana.
-¿Has hablado con él?
– le preguntó Clark Kent.
Diana negó con la cabeza.
-Yo sí lo hice.
Me di cuenta de algunas cosas cuando lo conocí – comenzó el hombre, su mirada perdiéndose en el recuerdo.
Rememoró su conversación con el albino.
Su forma de hablar, su postura, su respiración y corazón tranquilos.
Era un joven, un huérfano que no tuvo nada en su vida, según lo que Clark sabía.
Alguien sin nada pero con el poder de tomarlo todo si quisiera.
Por mucho que lo intentara, Liam no engañó a Súper Man.
Con su visión, el hombre pudo ver las irregularidades en el cuerpo del shinobi.
Vio la energía arremolinándose en su interior, la complementación y fusión perfectas de sus Kekkei Genkai en su cuerpo.
El hombre de Acero no lo sabía, pero el sistema le dio a Liam un cuerpo mucho mejor que el del Hiruko original.
Allí donde el personaje casi se destruye a sí mismo al integrar las líneas de sangre, Liam se formó casi como si naciera así.
Por eso, Súper Man era consciente de que el poder que había mostrado hasta ese entonces no era todo lo que podía ofrecer.
Claro, no sabía el alcance de sus técnicas, ni la naturaleza del chakra, ni las Liberaciones Elementales.
Pero había algo que sí sabía con certeza.
A pesar de manejar ese poder, uno que le permitió burlar a toda una rama del gobierno, uno que incluso le permitió enfrentar a la Amazona a su lado y escapar de ella con tan sólo 15 años, un poder que le hubiera permitido tener todo lo que nunca tuvo como huérfano, y nunca lo usó para sus propios fines.
Fuera del asesinato de David Lynn, no había registro alguno de crímenes cometidos por él.
¿Cómo no iba a pensar que el chico tenía redención?
¿Cómo no iba a pensar que un niño, capaz de provocar estragos con su poder y que eligió no hacerlo y vivir humildemente en las calles, no podría convertirse en un verdadero Héroe?
-Él es diferente, Diana.
Yo creo que algún día hará cosas grandiosas para este mundo.
Yo creo que él puede protegerlo, como tú, como yo.
Wonder Woman contempló las palabras del hombre.
Si bien la Liga no se había formado en este universo, todavía, Ella ya conocía a Súper Man.
Aunque no eran los mejores amigos como llegarían a ser, no tomó sus palabras a la ligera.
-Hm, de verdad confías en él.
Pero aún así tengo que comprobarlo yo misma.
-Puedes intentarlo.
Aunque, recomiendo no forzar tus ideas sobre él.
Dudo que te tome aprecio si llegas a molestarlo demasiado – le aconsejó el hombre.
Con un resoplido, la mujer salió disparada en el aire, desapareciendo con un estampido sónico.
*** -¿Así que, todavía intentarás ocultarme la existencia de esos monstruos?
– preguntó Amanda en un tono inexpresivo.
A sus espaldas, caminaban Katana y Rick Flag.
El dúo se miró un momento, intentando dejar la responsabilidad al otro.
Con un suspiro, Flag decidió hablar.
-No tenemos mucha información tampoco.
Sólo sabemos que puede crear, o transportar, a algunas bestias particulares.
Es un poco similar a cuando usa sus duplicados, apareciendo y desapareciendo con una explosión de humo.
-Creí que se formaban a partir de agua – comentó Waller, todavía caminando por un pasillo tenuemente iluminado con puertas reforzadas a los lados.
-Uh, bueno.
Tampoco sabemos cómo funciona eso exactamente, pero al parecer sus duplicados a base de agua y los que aparecen en una explosión de humo son distintos.
No podría decir en qué.
-Katana, pareces ser la más cercana al mocoso.
Te enviaré a más misiones con él, así que intenta ganar su confianza y averigua cómo demonios funcionan sus poderes.
Ya me estoy cansando de este juego de adivinanzas – informó Waller a la nipona, quien guardó silencio.
Rick Flag continuó con el tema anterior.
-En cuanto a las bestias, uno es una especie de mantarraya voladora.
Tiene una especie de propulsores en sus patas con los que gana velocidad rápidamente.
El que logramos ver en la ciudad era un…
Cerdo gigante, de unos seis o siete metros de alto, con púas en la espalda que se asemejaba al de esos dinosaurios acorazados.
También podía escupir fuego, o eso pareció hacer cuando llegó a la batalla.
Waller consideró la información dada por el soldado.
Una criatura voladora capaz de derribar cazas y un tanque con patas, si la descripción de Flag era precisa.
Problemático, enigmático, pero útil si cae bajo su control.
El trío caminó al lado de un ventanal enorme en la pared.
En el interior de la sala, se podía ver a un hombre de cabellera blanca y ojos rojos, completamente desnudo y atado con armazones de acero.
Estacas de madera descansaban sobre su pecho, justo donde estaría su corazón, sostenidas por pistones que empujarían hacia adelante si el prisionero intentaba algo gracioso.
Era un vampiro del grupo mercenario.
Uno de los que Flag, Tessa y Kevin junto a otros operativos lograron capturar.
Tubos transparentes perforaban su carne en varios lugares, extrayendo muestras de sangre para un estudio posterior.
Un collar con púas de plata rodeaba su cuello, inmovilizándolo más de lo que ya estaba.
Aunque horrible, el trío ignoró la vista y llegó al final del pasillo.
Waller abrió una puerta tras escanear su retina y vieron a uno de los hombres más peligrosos del mundo en una condición similar a la del vampiro.
Un cuerpo cuya edad casi pasaba su mejor momento, pero conservando su musculatura sobre humana.
Cabello grisáceo, un parche en el ojo derecho y un rostro templado, inexpresivo, como si no estuviera prisionero.
-Slade Wilson – dijo Amanda, con un toque de entusiasmo leve en su tono.
-Hablemos un poco, si no te importa.
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