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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 105

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  4. Capítulo 105 - 105 Christopher White
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105: Christopher White 105: Christopher White Christopher sintió como si su consciencia fuera tirada desde lo más profundo de su sueño.

Trató de resistirse, no queriendo enfrentar lo que podría estar esperando por él una vez que abriera los ojos.

Su mente embotada no lograba ubicarse en tiempo ni espacio, pero un miedo primario le advertía de un muy mal final para él.

Era como el sentimiento de un niño al ser atrapado por sus padres, haciendo algo que no debería.

La única diferencia fue que, en este caso, el hombre más rico de Jump City sabía que las consecuencias no serían tan ligeras como un castigo.

-¡AAACK!

-gimió al sentir un toque eléctrico recorrer su brazo.

No pudo evitar abrir los ojos, encontrando un espacio cerrado, incoloro, rodeado por paredes de metal en todas las direcciones.

Apretó los dientes ante la sensación que le roía el brazo, sus músculos contrayéndose y la carne ardiendo.

Vio marcas de quemaduras recorrerle desde la muñeca hasta el codo, aunque sólo pareció afectar su piel.

Finalmente, posó su mirada en su captor y no pudo evitar sorprenderse un poco.

Ojos carmesí le devolvieron la mirada, inexpresivos, sin brillo, sin nada más que aburrimiento.

O eso parecía a simple vista.

-¿Ah, supongo que no estás aquí para salvarme de los villanos?

– preguntó Christopher con una sonrisa tímida.

El shinobi negó con la cabeza lentamente, su presencia sofocante aumentando a cada segundo.

Christopher no se permitió sorprenderse más.

No era tan estúpido como para no sumar dos y dos y darse cuenta de que las cosas no iban a terminar bien para él.

El sentimiento de calamidad que presintió aún estando inconsciente le cosquilleaba en la nuca.

Un sudor frío bajó por su espalda.

Encontrándose de nuevo con los ojos de Hiruko, supo que esta sería la última cara que vería en su vida, y la última conversación que tendría.

-Ya…

Ya veo – dijo el hombre todavía sonriente, aunque en esta ocasión fue una sonrisa de derrota.

De aceptación.

-No necesitamos alargar esto, Christopher.

Sólo dime quiénes están involucrados – habló Hiruko con tranquilidad.

-Me temo que no puedo hacer eso, mi heroico amigo.

Mi familia es…

– las palabras de Christopher se apagaron cuando una pantalla descendió del techo.

Al encenderse, vio a su socialmente reconocida nieta atada de pies a cabeza, con los ojos y la boca cubiertos, sentada en una silla de metal y rodeada por una bestia gigante con forma de lobo.

Más grande que cualquier caballo que Christopher hubiera visto, el lobo se recostaba al lado de su niña, sus fauces goteando saliva y un deseo depredador en sus ojos que alarmó al magnate.

Dirigió una mirada atónita al albino, quien no se movió de su lugar.

-Tú…

Tú no lo harías.

No, no lo harías – dijo con severidad, como si desafiara al shinobi.

Como para demostrar su punto, el Ninken pasó su gigantesca pata sobre el muslo de Clara, dejando un corte profundo que hizo que la niña se retorciera en su asiento.

-¿Qué no puedo hacer?

¿Matarla?

Nadie sabe dónde están ustedes dos.

Han pasado un par de días, Christopher.

A ojos del mundo, ustedes están efectivamente muertos.

Ahora, empieza a hablar y tu “nieta” será rescatada por mi, milagrosamente, o la familia White tendrá que comenzar de nuevo con tu “hija” completamente sola – habló Hiruko con frialdad.

Christopher negó con la cabeza, su mirada intensa taladrando al shinobi y su mandíbula apretada.

Viendo la obstinación del hombre, Hiruko envió una orden mental a su invocación, y el Ninken hundió más su garra, bajando lentamente por la pierna de la niña y abriendo su carne hasta exponer músculos y una parte del hueso.

Aunque sin sonido, Christopher pudo ver a su niña empezar a convulsionar, saliva y espuma brotando de entre las ataduras de su boca.

-Incluso si crees que no soy capaz de hacerlo, quitarle ambas piernas es algo que definitivamente no querrías, ¿Verdad?

– la voz monótona de Hiruko llegó a los oídos de Christopher.

Agachando la cabeza, el hombre suspiró.

-Para, por favor.

Hablaré.

Y así lo hizo.

Christopher White compartió todo lo que sabía sobre HIVE, algunas de sus bases en la ciudad, negocios que eran una tapadera para las operaciones de la organización, funcionarios que estaban de su lado, agentes de policía, abogados.

Incluso mencionó que HIVE tenía topos en algunas agencias gubernamentales, aunque no tenía idea de cuáles ni quiénes eran.

Habló de las familias más prominentes de la ciudad que formaban parte de su círculo, siendo la minoría de ellos quienes realmente eran perros de HIVE, lo que sorprendió un poco a Liam, aunque no lo demostró.

Tras contar las cosas que Hiruko quería, Christopher decidió sacarse una duda de encima después de algunos segundos de incómodo silencio.

-¿Desde cuándo lo sabes?

-Hm.

La noche de la gala, hice algo con tu guardián, Nico.

Podrías considerarlo como algún tipo de hipnosis que quedó en estado pasivo hasta que la activé e hice que me contara todo, incluida tu pequeña trampa- respondió el shinobi.

-Eso no.

Me refiero a mis…

Circunstancias con Elizabeth.

Un silencio incómodo invadió al dúo de nuevo.

La mirada de Hiruko se volvió incluso más fría, haciendo que Christopher bajara la cabeza.

-¿Te refieres al hecho de que fornicas con tu hija?

-¡H-hijastra!

– corrigió el hombre.

-¿Eso lo justifica?

Y para responder a tu pregunta, lo descubrí hace tiempo – explicó el shinobi, sus manos haciendo un gesto que abarcaba la sala en la que estaban y todo lo que había afuera.

-Esta base perteneció a cierto científico que se obsesionó con la creación de híbridos máquina-animal.

Cuando me apoderé de ella, encontré todo tipo de datos entre sus archivos.

En circunstancias normales, habría desechado esa basura de villanos, pero resulta que la investigación de ese tipo me favorecía – dijo, asintiendo en dirección al lobo gigante que estaba al lado de una desmayada Clara White.

-Mientras revisaba el papeleo que dejó el científico, me encontré con algunos documentos que aludían a un contrato entre un tal Christopher White y Robert Scheinman.

En ellos se mencionaba un nombre particular: Elizabeth.

El silencio volvió a la sala.

Christopher podía sentir la repugnancia manando del pequeño shinobi frente a él.

Sus ojos cansados dejaron de enfocarse en Hiruko y miró hacia la pantalla, hacia su verdadera hija.

-Yo la amo de verdad – dijo en un susurro.

Hiruko resopló con desdén.

-No estoy interesado en oír tu retorcida historia de cómo te aprovechaste de una jovencita y la embarazaste, cosa que tú confundes con amor.

-Por favor…

Sólo te pido que me escuches, no que me entiendas.

Quizás entonces me tengas un poco menos de asco del que me tienes ahora – dijo Christopher e Hiruko guardó silencio.

El hombre lo tomó como una concesión.

Aunque las circunstancias los trajeron a este punto, ninguno de los dos afirmaría que se odian, o que son enemigos.

Por eso, Liam decidió escuchar la versión de Christopher.

Eso no cambiaría el hecho de que el destino del hombre mayor ya estaba dictaminado.

***  Nezu observaba una proyección holográfica en tiempo de real.

En ella, pulso eléctricos zumbaban de un lado a otro, trazando el camino desde los nuevos y sintéticos nervios ópticos hasta el cerebro de cierta moldava.

Las cuencas una vez vacías de la mujer ahora estaban ocupadas por dos orbes de metal de color blanco, con círculos verdes que emulaban la apariencia de pupilas.

El Hombre Quimera, ahora encarcelado en el cuerpo de un prototipo de agente infiltrador, escuchó el siseo de una puerta al deslizarse a un lado.

Paso ligeros se acercaban a su posición desde atrás.

Mirando por encima del hombro, la rata vio a su captor de cabello blanco acercándose, gotas de sangre empapando el suelo y su mano derecha hasta el codo.

Hiruko se posicionó a su lado, el dúo mirando en silencio a una inconsciente Ileana.

-¿Está muerto?

– preguntó Nezu, su voz monótona perturbando el silencio de la habitación.

-Sí – respondió Hiruko.

No dijeron nada más.

El peso de las decisiones pasadas aplastaban el corazón de la rata con sentimientos de arrepentimiento, culpa e ira.

-¿Te lo contó?

– preguntó de nuevo, esta vez su tono adquiriendo un toque de tristeza.

-Sí- volvió a responder el shinobi.

-¿Qué harás con la niña?

– interrogó la rata.

-¿Terminaste con Ileana?

– preguntó Hiruko, ignorando al ratón y cambiando de tema.

Nezu no presionó y decidió contestar.

-Está hecho.

Los sedantes la mantendrán fuera por un día, hasta que culmine la integración.

En cuanto hubo terminado sus palabras, la rata recibió un fuerte golpe en el costado, lo que lo envió a estrellarse contra una pared.

Crujidos de huesos y metal resonaron desde su cuerpo.

Cayó al suelo, escupiendo sangre y con sus sistemas internos advirtiéndole de severos daños a su integridad.

Pero ignoró los mensajes cuando una sombra se cernió sobre él, ojos carmesí mirándolo fríamente.

-No intentes actuar como una víctima, rata asquerosa- amenazó Hiruko antes de volver hacia la mesa de operaciones donde descansaba la bruja.

Sin replicar, Nezu se levantó y salió cojeando de la sala.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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